jueves, 10 de septiembre de 2015

Liberland o un poco de “Surrealpolitik” en los Balcanes

El acto de proclamación de la independencia de Liberland, el 13 de abril de 2015.

(Fuente: losdespertadores.com)
La disputa, no resuelta, entre Croacia y Serbia por minúsculas parcelas de territorio fronterizo y pequeñas islas fluviales, ha dado lugar a un hecho insólito: 7,37 kilómetros cuadrados a orillas del Danubio, en el noreste de Croacia, que forman un espacio boscoso conocido como Gornja Siga, no reclamados hasta ahora por ninguno de los dos países y convertidos, pues,  en tierra de nadie (Terra nullius en términos jurídicos clásicos, o No man’s land, en inglés, como se suele denominar internacionalmente), fueron ocupados por el político y activista checo Vít Jedlička y algún militante más de su partido, Strana svobodných občanů (‘Partido de los Ciudadanos Libres’), más conocido como Svobodní –de ideología liberal derechista–. El 13 de abril de 2015 (fecha elegida en honor al natalicio de Thomas Jefferson) Jedlička y sus acompañantes proclamaron la República Libre de Liberland.  

Vít Jedlička.
(Foto © Jan Husák, 2014)

La proclamación de la independencia de la República Libre de Liberland tuvo lugar junto a la única edificación que se levanta en aquel reducido territorio, una pequeña casa rural abandonada; Jedlička, acompañado por su novia, Jana Markovičevá, y un compañero de escuela, hincó en el suelo la bandera diseñada al afecto y pronunció el lema nacional: Žít a nechat žít (‘Vivir y dejar vivir’); el himno aún no está compuesto. La unidad monetaria de la nueva república es, al menos de momento, el bitcoin.

Jedlička, elegido presidente del nuevo “Estado” balcánico, anunció el envío de mensajes diplomáticos a Zagreb y Belgrado para informar del hecho y pidió formalmente a todos los gobiernos que reconocieran su república. Los primeros en responder no fueron autoridades de país alguno, sino miembros de dos formaciones políticas checas: el Partido Democrático Cívico (Občanská demokratická strana, fundado por el expresidente de la República, Václav Klaus) y la rama checa del Partido Pirata. Más tarde se unió a ellas el “Reino” de Sudán del Norte. Croacia calificó el “caso”  de broma, y Serbia, de frívolo, aunque ambos países coincidieron en que Liberland no infringía ningún tratado fronterizo.

La situación geográfica de Liberland, en el noreste de Croacia, 
a orillas del Danubio, que lo separa de Serbia.

En declaraciones a la BBC, Jedlička dijo que “quería fundar un país distinto, donde se vivieran todas las libertades, fuera del alcance de las fuerzas políticas, algo que ya existe en otras partes del mundo, como Singapur o Hong Kong, pero no en Europa”. Según la la web oficial de Liberland “se aceptan peticiones de ciudadanía”, de las que quedan excluidos comunistas, neonazis y “otros extremistas”.

El artículo que sigue proporciona información obtenida in situ por un colaborador del think tank (laboratorio de ideas) italiano Osservatorio Balcani e Caucaso.

Albert Lázaro-Tinaut

(con información tomada en parte de Wikipedia)



Vista aérea de Liberland y de su único territorio insular: 
la isla de Libertad, en el Danubio.

(Fuente: Liberland.org)



Liberland, la tierra de todos y de nadie

Por Giovanni Vale

Al principio todo hacía pensar que se trataba de una broma, un fake que circulaba por internet para engañar a los crédulos en las redes sociales y reírse de ellos. Sin embargo, van pasando las semanas y el “globo” de Liberland no parece tener visos de desinflarse.

El 13 de abril de este año, un grupito de ciudadanos checos declaró la independencia de un pequeñísimo pedazo de tierra situado en la frontera entre Serbia y Croacia, en la orilla derecha del Danubio; un minúsculo territorio que, según ellos (y oficialmente no les falta razón) no pertenece a nadie. La creación de Liberland se anunció a través de la web oficial creada para la ocasión. Siete kilómetros cuadrados de superficie, un solo edificio, un lema… En pocas horas el nuevo país se dotó de todos los símbolos tradicionales de la estatalidad, y el jefe de aquella pandilla, un joven militante del partido euroescéptico checo Svobondí, Vít Jedlička, de 31 años, fue elegido presidente.

Vít Jedlička junto a su novia en un acto de presentación de Liberland.

(Fuente: Liberland.org)
Durante los primeros días, Liberland se limitó a dar a conocer al mundo sus intenciones: convertirse en el tercer Estado más pequeño del mundo, después del Vaticano y el Principado de Mónaco, y acoger a todas las “personas honestas” que deseen “prosperar sin ser oprimidas por los gobiernos mediante restricciones e impuestos inútiles”…, es decir, convertir el territorio en el que Jedlička y los suyos habían izado su novísima bandera gualdinegra en un paraíso fiscal.

A continuación el país recién independizado abrió sus puertas a los primeros colonos. “La República libre de Liberland acepta peticiones de ciudadanía, los requisitos aparecen en nuestra web oficial”, decía Jedlička en su primer comunicado de prensa. Quienes deseen convertirse en ciudadanos de Liberland tan sólo han de rellenar un formulario online, especificando sus creencias religiosas, el importe de su último salario y, si es posible, adjuntar un curriculum vitae en PDF.

Página de inicio de la web oficial de Liberland.

Mientras se multiplicaban las peticiones (más de 300.000, según los últimos datos), el nuevo Estado, como es tradición, enviaba notas diplomáticas a las autoridades de Belgrado y Zagreb, a las Naciones Unidas y a otros países. Y es ahí donde aparecieron los primeros obstáculos: no sólo Serbia y Croacia ignoraron los correos electrónicos de Jedlička, sino que consideraron el caso como una necedad que no merecía la mínima atención.

“Las bromas online no son más que bromas online”, manifestaron desde el ministerio de Asuntos Exteriores croata. Y sus colegas de Belgrado se limitaron a decir que Liberland no se había fundado en territorio serbio. Además, según los mapas oficiales croatas la Gornja Siga, ese pedazo de tierra convertido en un nuevo Estado, no está considerado territorio croata. Desde este punto de vista, esa zona fronteriza situada entre los dos países balcánicos figura entre los No man’s land relacionados en Wikipedia (que fue donde Jedlička “se inspiró”).

La casa junto a la que se proclamó la independencia 
de Liberland, único edificio del territorio.
(Fuente: Liberland.org)

A finales de abril, ante la evidencia de que no se producía ningún acontecimiento, las autoridades de Liberland organizaron “visitas oficiales” a Zagreb para entrevistarse con “algunos empresarios interesados” (aunque no los identificaron) y con los croatas que habían solicitado la ciudadanía del nuevo Estado. Inmediatamente después Jedlička acudió dos veces al país que preside: el 1 y el 9 de mayo, para celebrar la victoria en la segunda guerra mundial.

Pero he aquí que al regreso de un fin de semana de festejos, Vít Jedlička fue detenido por la policía croata. “El presidente de Liberland ha sido detenido al cruzar la frontera legalmente, sin haber violado la ley”, hicieron saber en Facebook las “autoridades” del nuevo pequeño país. En efecto, desde que las visitas a orillas del Danubio se incrementaron, las fuerzas del orden croatas impidieron entrar “por vía terrestre” a Liberland, obligando a los curiosos a alquilar barcas. Además –insistían los independentistas–, “no es cierto que el territorio de Liberland haya sido reivindicado por algún país fronterizo”: si lo reivindicara Croacia, la policía no podría detener a nadie por “cruzar ilegalmente una frontera”. Y por lo que respecta a Serbia, se recordaba que el ministerio de Asuntos Exteriores de Belgrado había declarado oficialmente que aquel territorio no era de su competencia.

La "frontera" de la República Libre de Liberland con el municipio 
croata de Zmajevac, cuya iglesia aparece al fondo.

(Fuente: limescroatia.eu)
Los habitantes de las localidades croatas vecinas –Batina, Zmajevac y Kneževi Vinogradi– no saben a quién pertenece aquel pedazo de tierra, pero eso no parece preocuparles mucho: “Yo creo que ese lugar no es de nadie –afirma un poco sorprendido por la pregunta Kovač, un campesino de la zona–: mi casa está a orillas del Danubio, de manera que ahora tengo un vecino checo…”, prosigue encogiéndose de hombros y sonriendo. A pocos metros está Zoran sentado en su tractor, y se ríe divertido: “Ese tipo está chiflado –asegura, refiriéndose al presidente a Liberland–: Croacia y Serbia todavía no han resuelto el problema de pertenencia de ese territorio y él ha deducido que no es de nadie”.

El domingo 10 de mayo, el presidente de Liberland emitió un comunicado asegurando que “había percibido cierto apoyo por parte de la policía y el sistema judicial croatas”. Pero hasta ahora las autoridades de Croacia no han expresado de ninguna manera su voluntad de colaborar con su nuevo vecino.

© Giovanni Vale / Osservatorio Balcani e Caucaso.

(Este artículo se publicó originalmente en Osservatorio Balcani e Caucaso el 15 de mayo de 2015. Ha sido traducido del italiano por Albert Lázaro-Tinaut.)

domingo, 30 de agosto de 2015

A vueltas con la educación: una ojeada al modelo sueco

(Fuente de la fotografía: La Educación Que Nos Une / www.laeducacionquenosune.org)

En 1980, el eminente escritor italiano Italo Calvino decía en un artículo: “Un país que destruye su escuela no lo hace nunca por dinero, porque falten recursos o el coste sea excesivo. Un país que echa por tierra la educación ya está gobernado por aquellos que tienen algo que perder con la difusión de los conocimientos”. [1]

El debate (tal vez convenga pluralizar: los debates) sobre la educación a principios del siglo XXI suelen tratar de los cambios sociales que se han producido durante las últimas décadas, el papel que deben desempeñar las nuevas tecnologías en la escuela, la utilidad o el enfoque de ciertas materias de estudio para formar a los ciudadanos que en el futuro tendrán voz y voto, la validez de las teorías pedagógicas tradicionales, el sexismo, el “problema” de la enseñanza a hijos de inmigrantes, etc. [2] Pero ese debate, tan acuciante y con frecuencia polémico en los países del sur de Europa, difiere mucho del que se produce en los del norte, donde se asumen con absoluta normalidad y sentido común los cambios y se experimentan concienzudamente en las aulas para llegar a conclusiones sin duda más acertadas, porque habrán sido fruto de la reflexión y el consenso.

Reunión del Claustro de profesorado en una escuela española. 
(Fuente: DaTuOpinion.com)

Para educar e integrar a los niños en el universo de la cultura (y entiéndase ésta en su acepción más amplia) con el fin de formar ciudadanos conscientes y bien preparados para su vida adulta, es evidente que no basta la escuela, sino que –como se ha repetido muchas veces, y además es obvio– tienen que implicarse las familias, para las que la educación de los hijos debe ser una prioridad y una responsabilidad fundamental. La escuela no es el lugar donde se “aparca” a los pequeños y se les recoge a unas horas determinadas: la escuela proporciona conocimientos, habilidades, competencias, valores…, pero sin la contribución familiar no puede educar.  

De ahí el éxito, que suele ponerse como modelo, de la educación en Finlandia (equivalente en Europa al de Canadá o Corea del Sur, por citar dos buenos ejemplos), donde el enseñante es alguien respetado tanto por los alumnos como por las familias y muy bien considerado socialmente. Allí, el director de una escuela suele ser el primero en acudir cada día al trabajo para leer los correos electrónicos o los sms que las familias han enviado preocupándose por tal o cual aspecto educativo, contestarlos y, además, comunicarse con los padres o tutores de los alumnos problemáticos y convocarlos, si es preciso, para debatir conjuntamente la manera de resolver la cuestión. Dirigir una escuela, en países como Finlandia, requiere un alto grado de preparación, mientras que en la escuela pública española, al menos hasta hace poco tiempo, cualquier profesor podía optar al cargo (lo del concurso de méritos a veces se limitaba a un puro trámite administrativo)… o verse obligado a aceptarlo “porque le tocaba apechugar con él” y con los problemas inherentes al cargo. La diferencia es abismal.

Aspecto de un aula en una escuela infantil en Espoo (Finlandia).  
(Fuente: This is Finland, Life & society)

Los constantes cambios curriculares en algunos países, y en España en particular, no hacen más que empobrecer la educación y crear confusión. El desprecio que últimamente se manifiesta en las leyes educativas españolas por asignaturas fundamentales para formar la sensibilidad de los estudiantes (la aberrante supresión de la educación musical y artística, por ejemplo) y para desarrollar su capacidad analítica y su personalidad eliminando del currículo de la enseñanza media algo tan básico como la filosofía (y ya no hablemos de las lenguas clásicas…), sólo puede responder a la voluntad de ofrecer únicamente unos conocimientos elementales, y ya sabemos lo que eso significa: (de)formar ciudadanos, incapaces de pensar por sí mismos (es decir, obedientes al poder establecido, sin argumentos para oponerse a él) y privarlos del goce que puedan producir las manifestaciones artísticas, algo horripilante si se analiza en profundidad, equivalente a una castración intelectual. Las palabras de Italo Calvino, que hace treinta y cinco años ya detectó el problema en la escuela pública italiana, son de una claridad meridiana, y aplicables sin ningún género de dudas a la realidad actual.

El artículo que presentamos a continuación sobre una experiencia escolar en Suecia pone de manifiesto una vez más el lamentable abismo histórico que separa el Norte del Sur, con el agravante de que se ensancha y se hace más y más profundo.

Albert Lázaro-Tinaut


¿Cómo aprenden a leer los niños en Suecia?

Por Clàudia Rius

Hoy es 16 de febrero de 2015. Son las ocho de la mañana y los niños empiezan a llegar a la escuela. Juegan a pelota, esperan en la puerta, se tiran bolas de nieve. Visten ropa de esquí, porque en Suecia y en días fríos como este hay que ir bien equipados.

Cuando entran en el centro, los niños se quitan las botas, las chaquetas, los gorros, las bufandas y mil capas de ropa, y lo dejan todo en el vestíbulo. La profesora agita una campanilla que resuena en esta pequeña escuela de Kalmar, una localidad del sureste de este país escandinavo. Es hora de dar comienzo a las clases, en calcetines. Los alumnos, sin embargo, no se sientan directamente, sino que esperan de pie, delante de la silla, a que la maestra les diga: “Buenos días, podéis sentaros”. God morgon, responden. Y empieza la clase.

(Fuente de la fotografía: erectalpalo / Taringa, 2012)

En el aula hay unos veinte alumnos, que suelen repartirse entre dos salas para acabar siendo diez en cada una. Disponen de dos profesoras, claro. Durante toda la mañana, los niños y las niñas combinan las clases con momentos de tiempo libre. Tienen 8 años: la educación obligatoria comienza a los 7, y la mayoría de ellos han asistido a la escuela desde los 6, edad en la que reciben un curso que los introduce en el mundo del aprendizaje. Hoy darán cinco asignaturas y tendrán cuatro tiempos libres de treinta minutos entre clase y clase. A la hora de comer, las 10:45, disponen de más tiempo. La comida, lo mismo que el material escolar y la propia escuela, es gratuita.

En clase, cada alumno tiene un cajón donde guardar sus libros y el estuche. Encima del mueble hay bolígrafos, rotuladores, reglas, gomas de borrar y lápices a su disposición. También disponen de una gran cantidad de cuentos que pueden leer con el permiso de su maestra.

En esta escuela, el método para hacer las actividades escolares es el siguiente: los enseñantes explican el tema tantas veces como haga falta, hasta que todos lo hayan entendido; los ejercicios también se explican tantas veces como sea preciso, hasta que todos los hayan entendido. Luego les dejan que resuelvan los problemas mientras la maestra va de mesa en mesa para ayudar a quien lo necesite. No hay prisa, la clase se adapta a las necesidades de los pequeños. Si los alumnos no acaban de entender algo y la clase ha de limitarse a explicar la asignatura, no pasa nada. Tampoco hay que darse prisa para ajustarse al ritmo de los libros de texto.

(Foto © REX / The Telegraph, 3.12.2013)

La idea básica con respecto a los libros de texto es que sólo son un material auxiliar. No es obligatorio acabarlos, ni siquiera utilizarlos. Lo repito: ni siquiera utilizarlos. Pienso en mis profesores de Cataluña, hechos un manojo de nervios porque no acababan con el temario del libro y no podían aprovechar todas sus partes. Recuerdo haber tenido que llevarme a casa muchas tareas porque no habíamos tenido tiempo de hacerlas en clase.

En Suecia, el ritmo de las asignaturas varía según convenga. El profesor no se siente presionado: decide él. Planea las clases, pero no puede saltarse el plan de estudios. Para nosotros los libros educativos tienen, sin duda, un papel más importante porque los pagamos, y no son baratos. Tenemos que amortizarlos, y ellos, no. Quién sabe si uno de los motivos por los que los estudiantes suecos aprenden en un ambiente tan distendido se deba a eso.

(Foto © Lene Odgaard)

Una vez que la maestra ha ordenado hacer las tareas y los pequeños se concentran en ellas, toda la clase se sumerge en un silencio absoluto. Cuando un alumno acaba, se lo dice a la maestra, que revisa el trabajo. Si no está bien, se lo volverá a explicar. Si está bien no le pondrá más tareas. Cada uno va a su ritmo, pero toda la clase progresa a la vez. Nadie seguirá adelante con el temario hasta que todos hayan terminado las tareas que se les haya mandado hacer. Aunque se dé el caso de que el alumno más rápido se pase toda la clase sin seguir practicando la asignatura. ¿Qué hacen estos niños y niñas mientras esperan a que acabe el último? ¿Cómo se consigue que los alumnos se mantengan en silencio y quietos, que aprendan aunque no avancen en el temario? Sorpresa: leyendo.

Junto a cada aula de esta pequeña escuela hay una sala con un sofá y mesas. Quienes ya han terminado su tarea pueden ir allí y leer, o bien pueden hacerlo en el aula. Cada uno escoge el cuento que más le atrae, o bien lee algún libro traído de casa. Terminados los ejercicios que haya mandado la maestra, ni siquiera preguntan qué han de hacer: se ponen a leer. No protestan, no piden que les dejen ir a jugar: ya tendrán tiempo para hacerlo. Saben que pueden leer, y leen. Y si al final todo el mundo acaba la tarea y aún no es la hora de salir al patio, la profesora no intentará introducir más temario: dejará que los alumnos continúen leyendo o bien les pedirá que se sienten y ella misma les contará un cuento.

(Fuente: Kristeligt Dagblad, 31.1.2012)

Del mismo modo que la asignatura, el material, los libros de texto, la calma y la lectura pasan a un segundo plano, se sale al patio a jugar; y si a algún niño no le apetece salir a jugar con la nieve se quedará con la boca abierta mientras la voz de la maestra le susurrará al oído que al cabo de cuatro páginas alguien ha creado un mundo nuevo, que no estará obligado a entrar en él, pero ¡qué buen rato pasará si lo hace!

© de este texto: Clàudia Rius, 2015.


[1] Italo Calvino: “L’apologo dell’onestità”, en La Repubblica, 15.3.1980.
[2] Para tener una idea más completa de esos debates propongo la lectura de algunos de los artículos que se encuentran a través de este enlace.



(Este artículo fue publicado originalmente en catalán con el título “Com aprenen a llegir els nens a Suècia?” en Núvol, digital de cultura, Barcelona. IMPEDIMENTA agradece a su autora la autorización para traducirlo y publicarlo en castellano. La traducción es de Albert Lázaro-Tinaut).

miércoles, 22 de julio de 2015

Matoub Lounès, el cantautor berebere que pagó con su vida la lucha por el reconocimiento del pueblo amazigh


Matoub Lounès (nombre que adoptó Lwennas Maub, su nombre en la variante tamazigh cabileña) nació en Thawrirt Moussa, provincia de Tizi Ouzou (en la región histórica de la Cabilia, al norte de Argelia) el 24 de enero de 1956 –en plena guerra de Liberación–, y fue asesinado en la aldea de Thala Bounane, muy próxima a su localidad natal, el 25 de junio de 1998. Aunque su muerte fue atribuida a los radicales del Grupo Islámico Armado (GIA), persisten las dudas, pues su familia culpa de ella al aparato represivo del Estado argelino.

Poeta, músico y cantautor, además de militante por los derechos históricos y lingüísticos del pueblo amazigh (bereber), no ocultó nunca su militancia ni sus ideas antiislamistas (se declaraba ateo y se opuso a la oficialización de un Estado religioso), y no cejó en su lucha contra el colonialismo cultural, por lo que fue objeto de reiterados actos de represión por parte de las autoridades argelinas: en 1988 la policía atentó gravemente contra su vida con cinco balazos, por lo que estuvo hospitalizado durante dos años y fue intervenido quirúrgicamente diecisiete veces: fue el primer “aviso” serio que recibió. El segundo fue un secuestro, en 1994, por parte del GIA, que lo sometió a tortura y lo condenó a muerte en un “juicio popular” islamista.

En 1975, al principio de su carrera musical.

Muchas de sus canciones, muy populares en Argelia y entre los imazighen, son amorosas. La mayor parte de ellas, sin embargo, aluden a la democracia, la paz, la laicidad, los derechos humanos y los del pueblo amazigh, y denuncian a las claras los abusos del poder establecido en su país. Los poemas que componía y después musicaba eran directos, sin metáforas ni matices, y se pueden inscribir perfectamente en lo que se conoce como “canción de protesta”, pues en ellos predomina la denuncia social y política. Su osadía, añadida al desprecio que el poder absoluto del Estado argelino sentía por los imazighen y su cultura, acabaría costándole la vida.

Pese a todo, dejó una obra considerable. Su discografía comprende veintiocho álbumes (los últimos, editados póstumamente), y su voz no ha dejado de sonar en toda Tamazgha, como queda patente en el texto que se reproduce a continuación. En 1994 se le concedió en París el Prix de la Mémoire de la Fundación Danielle Mitterrand y fue homenajeado por el director de la UNESCO. Al año siguiente publicó un libro de memorias, Rebelle.*

Matoub Lounès al recibir de manos de Danielle Mitterrand 
el Prix de la Mémoire (diciembre de 1994).

Quienes deseen entrar más a fondo en la cultura amazigh pueden pinchar en este enlace. Para acceder a una pormenorizada biografía de Matoub Lounès (en francés), con toda su discografía, pinchar aquí. Muchas de sus canciones (algunas con subtítulos en francés) se encuentran en Youtube.

Albert Lázaro-Tinaut

* Lounès Matoub: Rebelle. Éditions Stock, París, 1995. 306 pp. 


El alfabeto de la lengua tamazight (denominado tifinaɣ
superpuesto a la bandera de Tamazgha.
(© Afus Deg Wfus, 1993)


Matoub Lounès fue profeta en su tierra

Por A. Igoudjil

Hace ya diecisiete largos años que el inmenso Matoub Lounès se cruzó con sus asesinos en una carretera de las montañas de la Cabilia.

Era un día caluroso de verano, el jueves 25 de junio de 1998. Matoub Lounès regresaba de poner su voz, en Francia, para uno de sus álbumes más iconoclastas. El artista iba feliz a reencontrarse con los suyos, con su Cabilia, con su esposa Nadia. Fue el momento que quienes tenían órdenes de acabar con su vida eligieron para tenderle una emboscada mortífera.

El automóvil en el que viajaba Matoub Lounès acribillado 
por sus ejecutores: recibió 78 impactos de bala.
(Fuente: Imaziren 4 Everwww.tizigirl78.skyrock.com)

En mitad de aquel día fatídico, Matoub Lounès se encontró solo, cara a cara frente a un comando, en Thala Bounane [1]. Sus intentos de resistencia fueron inútiles, los asesinos no le dieron ninguna oportunidad. Numerosas zonas oscuras rodean aquel cobarde asesinato. Su familia no ha dejado de llamar a todas las puertas para pedir una investigación seria. No se hizo nada. Incluso Abdelaziz Buteflika [2], a quien pidió personalmente ayuda la madre del artista en Tizi Ouzou, olvidó pronto su promesa de encontrar a los asesinos. Una pesada losa cubre el affaire Matoub Lounès.

Primera página del diario amazigh argelino 
Le Matin con la noticia de su asesinato.

¿Ignoraban sus verdugos, al asesinar a ese cantante sin igual, que apagaban con él una de las voces más inspiradas de su generación? Lounès tenía un don único para hacer juegos de palabras con la lengua de la Cabilia. Su chaabi [3] lo convirtió en una de las grandes esperanzas para la supervivencia de este canto popular argelino. Él murió, pero su arte es imperecedero.

Con el paso de los años su popularidad no ha hecho más que incrementarse: continúa siendo el artista más popular en Argelia. Matoub Lounès fascina incluso a los más jóvenes, a quienes nacieron después de su desaparición. Al cabo de diecisiete años de aquel jueves negro, de aquel 25 de junio de 1998, los homenajes a Matoub Lounès se suceden, se multiplican, se diversifican. En Francia, muchas calles y plazas llevan su nombre, se han erigido decenas de estelas con su efigie en toda la Cabilia. Sus canciones suenan por doquier: en los autobuses, en los cafés, en los bares, en las casas de los jóvenes. Su sombra planea sobre toda la región.

Cubierta de su primer álbum, 
Ay izem (‘El león’, 1978).

Esta popularidad irrita, sin duda, a sus enemigos y a sus asesinos. Las fotos y los poemas de ese rebelde, como gustan adjetivarlo, y como prefieren referirse a él también sus fans, sus admiradores, se multiplican en las redes sociales. El éxito de Matoub es eterno. Su popularidad se ha convertido en un auténtico fenómeno de masas. Y si lo idolatran de ese modo es, sin duda alguna, por su lucha y su valentía. Jamás ha perdurado tanto en el tiempo la popularidad de un artista argelino.

Matoub Lounès se ha convertido en un referente, y también en un refugio, para todos los bereberes del norte de África. Es el héroe amazigh por excelencia desde Libia hasta Marruecos, desde Túnez hasta las islas Canarias. Su recorrido artístico, lleno de dificultades, en el que tuvo que sortear muchas asechanzas, es conocido por todos los imazighen y los militantes que luchan por el triunfo de la justicia y los derechos humanos.

Thawrirt Moussa, la localidad natal de Matoub Lounès, 
en las montañas de la Cabilia.
(Fuente: Association Culturelle Taourirt Moussa)

“Matoub Lounès fue y es una personalidad fuera de lo común. Además de su coraje y de su lucha por el reconocimiento de la lengua y la identidad del pueblo amazigh, demostró un gran talento para combinar apasionadamente palabras y notas musicales. Solo hace falta escuchar sus álbumes, en cada uno de los cuales cambia de estilo, algo que se da muy pocas veces en el mundo de la música”, ha dicho de él Omar Mohelbi, un periodista cabileño que le conoció muy bien.

La tumba de Matoub Lounès junto a su casa-museo, en Thawrirt Moussa.
(Fuente: Blog de fennecs-dz, www.fennecs-dz.skyrock.com)

La casa de Matoub Lounès se ha convertido en lugar de peregrinación de demócratas y amantes de la música. Los adeptos al cantante llegan de todas partes. Decenas de personas acuden diariamente a Thawrirt Moussa, en Ath Douala, para recogerse ante la tumba del artista y visitar su residencia, convertida en museo. La fundación que lleva su nombre organiza todos los años actividades artísticas y conmemorativas para recordar la fecha de su asesinato. Matoub Lounès es amado por los suyos. ¡Matoub Lounès es profeta en su tierra!

Traducción del francés: Albert Lázaro-Tinaut


Placa de la calle dedicada a Matoub Lounès 
en el distrito 19 de París. 
(Fuente: CoursPlus.net)

[1] Aldea situada cinco kilómetros al norte de Thawrirt Moussa, localidad natal de Matoub Lounès.
[2] Presidente de la República Argelina desde 1999.
[3] Melodía popular argelina, derivada de la música andalusí, que se propagó en Argelia desde principios del siglo XX. La palabra árabe chaabi o shaabi (شعبي) significa “popular”.


(Este texto se publicó originalmente en el periódico 
Le Matin Algérie el 24 de junio de 2015.)

martes, 14 de julio de 2015

Eça de Queirós, testigo de la inauguración del canal de Suez en 1869

Desfile inaugural de barcos que recorrió el canal de Suez 
en noviembre de 1869, según un grabado de la época.

El escritor portugués José María Eça de Queirós (Póvoa de Varzim, 1845 - París, 1900) viajó a Egipto y Palestina entre finales de 1869 y comienzos de 1870, y estuvo presente en los festejos que se celebraron en Port Said, Ismailía y Suez con motivo de la inauguración del canal de Suez el 17 de noviembre de 1869, presidida por la emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III de Francia, e Ismail Pachá, virrey de Egipto. Sobre aquellos faustos, Eça de Queirós escribió unas coloridas crónicas que aparecieron en el Diário de Notícias de Lisboa entre el 18 y el 21 de enero de 1870 y se recogieron luego en su libro póstumo O Egipto (1926). Egipto era entonces un virreinato autónomo sometido al Imperio otomano.

José María Eça de Queirós.

Al igual que otros viajeros y escritores europeos de la época (coincidió con Théophile Gauthier en el hotel Shepheard de El Cairo, donde se alojó durante una semana), Eça de Queirós, pese a ser un escritor realista, quedó admirado por el “color local” –característico de la literatura romántica– de aquel mundo tan exótico, tan ajeno a la Europa de entonces y a la vez tan próximo, y por el cosmopolitismo de Alejandría y, sobre todo, de El Cairo, pero también describió las duras condiciones de vida de gran parte de la población. Dejó constancia de sus impresiones en algunos textos recopilados, también póstumamente, en el libro titulado Cartas de Inglaterra (1905).

El fragmento que se reproduce a continuación está extraído del libro Estampas egipcias [1]
A. L.-T.



Fastos con motivo de la inauguración del canal de Suez 
según un grabado publicado en The Illustated London News 
el 11 de diciembre de 1869.


Entre el Mediterráneo y el mar Rojo

Los lagos Amargos son lo que queda del antiguo golfo de Heliópolis, aguas del mar Rojo que llagaban hasta aquí.

Fue en este lugar por donde cruzaron los judíos, guiados por Moisés; fue aquí donde quedaron sepultadas las legiones de los faraones, quince mil hombres y mil doscientos carros. Del lado de Egipto la luna blanqueaba una vasta llanura: era Gosén, la tierra de los patriarcas. Los faraones habían dado aquel lugar a los judíos, lugar entonces lleno de cultivos y campos, hoy cubierto de arenas. Fue de allí de donde partieron a hacer sus peticiones a Canaán. Desde allí fueron hacia el sur, a los desiertos de Arabia y el Sinaí, para evitar el encuentro con los ejércitos egipcios.

Situación de Gosén, entre el delta del Nilo y el istmo de Suez,
y supuesta ruta 
del éxodo de los israelitas de Egipto hasta Canaán. 
(Fuente: Mapas de la Biblia online, www.encinardemamre.com)

Moisés conocía bien estos lugares. Había pasado su juventud en el istmo. Además, aquel lugar había sido paso tradicional de quienes venían de Siria por Caldea y por Isumeia [2]. Abraham, José, Jacob habían pasado por allí en sus viajes por Egipto. Fue por allí también, un poco más al norte, a poca distancia del lago Timsah, que muchos siglos después el descendiente de tantos patriarcas y profetas, Jesús, pasó en el regazo de su madre mientras huían al valle del Nilo. Los árabes muestran aún hoy el lugar. Mientras mirábamos aquellos lugares bíblicos los fuegos artificiales seguían estallando en el aire [3].

Al día siguiente por la mañana nos íbamos acercando a Suez. Salimos despacio, pues la marea del mar Rojo venía ya en nuestra contra. Este asunto de las mareas y de la desigualdad de nivel entre el mar Rojo y el Mediterráneo fue el origen de una de las grandes oposiciones a las que tuvo que hacer frente la construcción del canal.

                       El delta del Nilo y el istmo de Suez en un mapa de 1798.

Se decía que, según los primeros sondeos hechos bajo la dirección de Lepère en 1799 [4], el mar Rojo era nueve metros más alto que el Mediterráneo; se decía también que la obra era impracticable, por causa de las arenas movedizas y de los vientos del desierto; se decía, en fin, que la navegación del mar Rojo no podía, por su dificultad, por su peligrosidad, constituirse nunca en un verdadero camino marítimo. Una comisión internacional fue al istmo a esclarecer estas dudas. Se trataba de una legión de sabios, de arqueólogos, de ingenieros, de geólogos.

Said Pachá les dio la bienvenida con recepciones reales. Atravesaron el istmo, para sus estudios, de Suez a Peluse. Sondearon todas las ensenadas, todos los lagos, estudiaron todos los terrenos. Acamparon grandiosamente, y los seguía una caravana de ciento setenta camellos. Los árabes llegaron de todos los puntos para ver pasar aquel extraño cortejo. La comisión disipó todas las objeciones.

Una caravana de camellos en el istmo de Suez 
antes de la construcción del canal.

El nivel de los dos mares fue declarado el mismo, por nuevos y más perfectos sondeos; se reconoció que las arenas no eran un obstáculo; si las arenas traídas por el viento iban a ser capaces de sepultar el futuro canal, ¿por qué no habían hecho lo mismo con las antiguas ruinas o por qué no habían, al menos, borrado los vestigios de las caravanas de la última peregrinación a La Meca? Por último, el mar Rojo fue, contra los impugnadores del canal, declarado apto como vía marítima. ¿Qué tiene de malo el mar Rojo? Algunas rocas. ¿No las tiene el Adriático? ¿No las tiene el canal de La Mancha? ¿No las tiene el Archipiélago? El mar Rojo tiene vientos regulares; crecidas conocidas; la admirable claridad de sus noches. ¿Impide eso la navegación? Si el mar Rojo fue de fácil navegación para las flotas de Salomón; si venecianos y portugueses consiguieron en él derrotar a los turcos, ¿qué dificultad habría hoy, con los medios científicos de navegación y con el vapor? Todas las objeciones cayeron por su propio peso.

El canal de Suez y el monte Djebel Attaka (a la izquierda) 
según un grabado de 1869.

En las orillas del canal comenzamos a ver muchos campamentos de obreros: venían casi hasta el agua a aplaudir a los navíos que pasaban, saludando con pañuelos y velos entre grandes hurras. Desde los barcos les respondían. Había un sol fuerte: el desierto lucía hasta el horizonte. Veíamos a nuestra izquierda el camino de las caravanas que van a La Meca, a Medina, a Bagdad, y a Damasco, en la alta Siria. Arabia y Asia quedaban al otro lado de aquel desierto. Del lado de Egipto, al fondo del arenal cubierto de salinas, estaba la oscura y triste ciudad de Suez. Más allá se alza el monte Djebel Attaka, llamado de la Liberación porque cuando las caravanas que vienen del desierto lo avistan se sienten ya fuera de peligro. Al fondo, atenuada por la pulverización de la luz en el horizonte, se entrevé la cordillera del Sinaí. A mediodía entrábamos en Suez entre salvas.

Un aspecto de la ciudad de Suez tal como se muestra 
en un grabado de mediados del siglo XIX.

Suez es una ciudad oscura, miserable, decrépita; es el comienzo de nuevas regiones; ya casi es Asia e India. Tiene un aspecto mortuorio; el cólera y la peste la visitan con frecuencia, y no casualmente. En algunos barrios arruinados, casi deshabitados, sus construcciones desmoronadas conservan sin embargo un notable carácter de la vieja y pura arquitectura árabe. Por lo demás, la civilización europea comienza a hacerse presente en Suez, por medio de cafés cantantes y mujeres fáciles de Marsella.

El mercado del trigo de Suez 
en 1862.

Suez tuvo, hasta hace poco tiempo, una vida incompleta por falta de agua. En Suez el agua se conservaba en cajas de hierro traídas de El Cairo. El agua de la fuente de Moisés, que está a tres leguas, solo es potable para los camellos. En temporada de lluvias había, además de la de El Cairo, algo de agua potable a seis leguas de distancia. En tiempo de calma la sed era una enfermedad: había mercados de agua en los que los precios eran increíbles, horribles. Los ricos bebían un agua medio salubre. Los pobres bebían el agua de los camellos o morían de sed. En Suez no había entonces (ni hay hoy en día) ni un árbol, ni una flor, ni una hierba. Había gente que, habiendo vivido allí siempre, ni se imaginaba cómo era la vegetación. Se contaba de árabes de Suez que, habiendo ido a El Cairo por primera vez, huyeron de los árboles como de monstruos desconocidos. 

Ferdinand de Lesseps (1805-1894), 
el ingeniero francés artífice de 
la construcción del canal de Suez.

Esto hace la raza dura, áspera, hostil. El canal de agua dulce cambió este estado de cosas. El agua es gratuita y abundante. El día en que el agua llegó a Suez fue un vértigo. Los pobres árabes no se lo podían creer: se zambullían en ella, bebían hasta encontrarse mal, tumbados a orillas del canal, gritaban como locos. Algunos estaban aterrorizados y pasmados ante la pérdida de tanta riqueza. La población gritaba llena de amor en torno a Lesseps, postrándose y besándole las manos. Y desde entonces la ciudad intenta renacer y revivir.

Traducción del portugués de Martín López-Vega


Sello postal emitido por la Compagnie universelle du canal 
maritime de Suez en la segunda mitad del siglo XIX.


[1] José María Eça de Queirós: Estampas egipcias. Traducción del portugués y prólogo de Martín López-Vega. Editorial Impedimenta, Madrid, 2012.
[2] Se refiere, muy probablemente, a Sumeria.

[3] Alude a las celebraciones con motivo de la apertura del canal de Suez, en las que Eça de Queirós estuvo presente, que duraron varios días. De hecho, este texto forma parte de su descripción del viaje inaugural, en el que un desfile de barcos de vapor cruzó el canal de norte a sur: el lago Timsah y los lagos Amargos, al sur de Ismailía, forman parte de esta vía marítima artificial.
[4] En efecto, cuando Napoleón invadió Egipto, Palestina y Siria (después de tomar Malta) en 1798 y lo ocupó hasta finales del año 1800, encargó a un ingeniero de su expedición, Jacques-Marie Le Père (o Lepère) que estudiara la posibilidad de construir un canal a través del istmo de Suez que comunicara el Mediterráneo con el mar Rojo.