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martes, 10 de septiembre de 2019

Un cuento popular búlgaro

Sonata para dos y unicornio, pintura de la artista búlgara Albena Vatcheva.


Explica Denitza Bogomilova Atanassova (1) en el prólogo a su traducción de los Cuentos populares búlgaros (2), que “en los Balcanes siempre ha existido una disposición de las masas a abandonar la oficial cosmovisión cristiana, y por eso la huella que los bogomilos (3) dejaron en la memoria del pueblo fue tan profunda que, muchos siglos después de la extinción de su ideología, seguían existiendo y gozando de amplia difusión varios cuentos populares con elementos bogomilianos. […] En los conceptos de los bogomilos –combatir la riqueza, declararse contra las guerras y predicar la paz y la justicia social– se manifiestan elementos de racionalismo y de humanismo impropios de la Edad Media. El bogomilismo se propagó no solo en Bulgaria sino que, desde el siglo XI hasta el XIII, penetró también en otros países (Bizancio, Serbia, Bosnia) y encontró terreno abonado en la Italia septentrional y la Francia meridional donde influyó en los valdenses y los albigenses o cátaros (4)".

Asimismo, la traductora hace esta interesante puntualización: “Un texto que ha sido considerado ‘central’ en su propia cultura casi nunca puede llegar a ocupar la misma posición en la cultura de llegada, entre otras razones porque las expectativas genéricas no son las mismas en las distintas sociedades, con la casi única salvedad de los cuentos populares que formaron su estructura básica en unos tiempos tan remotos que las distinciones genéricas todavía estaban flotando en el mar común de la expresión verbal. Su validez general funcionó durante siglos hasta que las crecientes diferencias entre etnias y naciones impusieron también al cuento ciertas marcas diferenciadoras no pudiendo, a pesar de todo, hacer que la convergencia sucumba ante la divergencia”.

El ámbito de la literatura popular, fundamentada en la tradición oral, ha sido objeto de multitud de estudios que, en efecto, concluyen en cierta universalidad de los orígenes, que para los europeos se sitúan en la mitología india y del Próximo Oriente. Como señala acertadamente la citada autora, “cuando los hermanos Grimm publicaron su primer volumen de cuentos populares pertenecientes a la tradición oral alemana, los eruditos de Alemania creyeron que esos cuentos se encontraban solo en la tradición oral de aquel país. Creían que mayor parte de cuentos alemanes eran restos de la mitología indoeuropea. Unas teorías que fueron perdiendo valor cuando empezaron a publicarse colecciones de cuentos populares de otros países y cuando se descubrió que la mayoría de los cuentos de los hermanos Grimm se hallaba en versiones semejantes en otras partes de Europa”.

Presentamos a continuación uno de los cuentos traducidos del búlgaro por la Dra. Atanasova, en el que queda patente el espíritu bogomiliano al que se refiere.

Albert Lázaro-Tinaut


Tres muchachas de perfil, del artista alemán Otto Mueller (1921).


Los hijos del voivoda

Estas eran tres hermanas cuyo padre tenía un molino de agua. Las dos mayores eran guapitas, aunque no tanto, mientras que la menor brillaba por su belleza como el lucero vespertino. Vivían las tres molineras en la casa paterna, el tiempo pasaba e iba convirtiéndolas en mozas casaderas. Una noche se sentaron con sus ruecas a la puerta del molino para hilar a la luz de la luna, empezaron a hablar y, de palabra en palabra, la primera dijo:
     –Si el hijo del voivoda gustase tomarme por esposa, le hilaría una madeja de lana con la que le tejería tanto paño como para vestir a toda su tropa.
     Entonces dijo la segunda:
     –Si gustase tomarme a mí, le amasaría una hogaza tan blanca como para dar de comer a toda su tropa.
     –Si gustase el hijo del voivoda casarse conmigo –dijo entonces la menor– le daría dos hijos de cabellos de oro y dientes de plata.
     Todas las noches el hijo del voivoda pasaba junto al molino, camino del río, adonde iba a abrevar su caballo blanco. Justo cuando charlaban las tres hilanderas, cruzó por ahí, paró su caballo y las escuchó. Luego, al volver, entró en el molino a buscar al viejo molinero y le dijo:
     –Abuelo, déjame tomar por esposa a una de tus tres hijas.
     –¿A cuál quieres? –preguntó alegrado el molinero.
     –A la menor.
     –Es tuya, hijo, pero antes te preguntaré qué oficio tienes.
     –Soy el hijo del voivoda, abuelo, mi padre ya es viejo y, cuando me case, me hará comandante de toda la tropa. Seré voivoda.
     –Ah, bueno, si es así, está bien –dijo el molinero.


Por fin te encontré, pintura de Albena Vatcheva.

     Al día siguiente, que era viernes, el hijo del voivoda celebró la boda. Fue a buscar a la hija menor, se la llevó al palacio de su padre en una carroza dorada y empezaron a vivir felices. Al cabo de cierto tiempo, el viejo voivoda, que ya iba perdiendo fuerzas, cedió el puesto a su hijo, quien llegó a ser un buen voivoda. Un día se presentaron en el palacio las dos hermanas mayores y comenzaron a decir:
     –Hermana voivodisa, recógenos en tu palacio para que nos demos un poco de buena vida nosotras también. Estamos hasta la coronilla de ir todo el día cubiertas de harina, ya nos hemos hartado del molino de papá. Es mucho mejor vuestro palacio.
     –Veníos, pues –les dijo la voivodisa invitándoles a su palacio.
   La hermana mayor, que era muy envidiosa, no se podía estar tranquila ni de día ni de noche, paseaba por el palacio tramando planes de cómo echar a su hermana y casarse con el voivoda. Un día la voivodisa tuvo dos hijos, dos niños maravillosos de cabellos de oro y dientes de plata. Miraba a sus hijos con lágrimas de emoción en los ojos y no cabía en sí de gozo. El marido había salido de caza e iba a volver tarde por la noche. La hermana mayor, la envidiosa, permanecía cerca del lecho de la parturienta reventando de rabia y de pronto dijo:
     –Hermana voivodisa, mira lo cansada que estás, ¿por qué no te echas un sueño?
     –¿Y mis hijos? –preguntó la madre.
     –Yo los acunaré y los meceré hasta que se duerman.
     La madre, fatigada como estaba, cerró los ojos y se adormeció. Entonces la envidiosa agarró a los recién nacidos, salió corriendo, se adentró en lo más tupido del parque y los mató. Luego, después de enterrarlos en medio del jardín, se fue donde la perra, le quitó dos cachorrillos y los acomodó en la cuna. Mientras la voivodisa seguía dormida, se puso a mecerlos y a cantarles. Tarde por la noche volvió el voivoda y la hermana salió a su encuentro diciéndole:
     –¡Enhorabuena, que ya eres padre!


Cachorros, óleo del artista chino T. F. Lu.

     –¿Dónde están mis hijos? –gritó alegre el joven voivoda corriendo hacia la cuna, pero al ver los dos perritos, palideció de ira y ordenó:
     –¡Fuera de aquí! Echad a esos perros y expulsad del palacio a su madre, hacedle una cabaña de paja por ahí, por el río, y que de ahora en adelante cuide de mis patos.
     –Y tú, ¿cómo te apañarás sin mujer? –preguntó la envidiosa.
     –Eso es pan comido –dijo el voivoda enfadado–: me casaré contigo.
     Sus órdenes fueron cumplidas aquella misma noche.
    Al día siguiente el voivoda salió a dar un paseíto por el jardín y ¡vaya sorpresa!: allí donde la envidiosa enterró a los dos niños habían crecido dos maravillosos árboles de hojas de plata y flores de oro. El voivoda se quedó asombrado y llamó a su nueva mujer:
     –Ven a ver. ¡Ha obrado un milagro!
     Primero pasó bajo de los árboles el voivoda y estos se inclinaron para acariciarle la cabeza. Luego pasó la voivodisa y los árboles se doblaron azotándole la cara.
     –El voivoda llamó a unos carpinteros y les dijo:
     –Colocad dos camas entre el ramaje de esos árboles que esta noche la voivodisa y yo vamos a dormir ahí arriba, en medio de las flores de oro y las hojas de plata.
     Los carpinteros armaron las camas y a la noche el voivoda y su mujer se acostaron a dormir bajo el runrún de las hojas de plata.
     El voivoda se durmió enseguida porque las flores le acariciaban la cara mientras que la voivodisa estaba en ascuas y no podía pegar ojo, pues las ramas le hacían daño. Cerca de medianoche los dos árboles hablaron con voces humanas:
     –Hermano –dijo uno–, ¿puedes con el voivoda?
     –Sí, no me pesa –contestó el otro– porque es mi padre. Le encuentro más liviano que una pluma. Y tú, ¿qué tal con la voivodisa?
     –Me pasa más que una vaca en brazos y me hace crujir las ramas.
     La voivodisa los oyó, se bajó del árbol y pasó la noche entera tiritando tumbada en la hierba húmeda.
     Al día siguiente, cuando el voivoda bajó y se fue otra vez a cazar, la voivodesa agarró un hacha, cortó los árboles y los quemó hasta reducirlos a un montoncito de ceniza.


Ovejas 3, pintura de Jesús Fernández Escobar.

     La pastora de patos, que era la madre de los niños asesinados, cogió un puñado de ceniza y lo esparció por los arriates, en los que aquella misma noche brotaron tallitos de albahaca dorados y plateados. La envidiosa se dio cuenta de que la albahaca había crecido de la ceniza de los árboles y dejó entrar en el jardín a una oveja para que se comiera la albahaca. Durante la noche esta oveja parió dos corderitos de lana de plata y cuernecillos de oro. Al verlos, la envidiosa los metió deprisa en un canasto y, embreándolo, lo arrojó al río. Los corderitos flotaron a la deriva pero, por suerte, el canasto encalló justo en el salcedo que había delante de la cabaña de paja donde vivía la pastora de patos. Hambrientos como estaban, se pusieron a dar balidos lastimeros, y la mujer al oírlos se levantó y se acercó al salcedo con una vela encendida en la mano. Halló el canasto embreado, lo abrió y ¡vaya sorpresa!: se encontró con los dos corderitos de plata con cuernecillos de oro. Enseguida reconoció en ellos a sus hijitos, se los llevó a la cabaña y les dio el pecho. Tan pronto empezó a mamar el primer corderito, se convirtió en niño. Entonces la madre se alegró, dio de mamar al segundo y este también se convirtió en niño.
     Los dos chicos de cabellos de oro y dientes de plata se quedaron a vivir en la cabaña de paja, fueron creciendo, dieron los primeros pasos, empezaron a hablar. A menudo salían a jugar a la puerta de casa y todos quienes por ahí pasaban se detenían maravillados a mirarlos. Una vez pasó la voivodisa y los niños se pusieron a tirarle piedras. Pasó el voivoda y salieron corriendo a barrer el sendero por el que iba a pasar su caballo.
     El voivoda, al verlos, se quedó pasmado: ¿de dónde habrían salido esos dos muchachos de dientes de plata y cabellos de oro? Precisamente así serían los que prometió darle en su día la mujer que ahora cuidaba de sus patos. Tuvo una corazonada y salió en su busca. Ella estaba junto al río, apoyada en un largo cayado, cuidando de los patos.
     –¿Cómo es que tienes a esos niños? –inquirió el voivoda.
     –Me los trajo el río en un canasto embreado –contestó la mujer y se metió en la cabaña.
     El voivoda regresó al palacio y encontró a la voivodisa intentando atrapar al gato y darle una paliza por haber pegado unas lengüetadas a la leche.


Gato, pintura de la artista estadounidense Debbie Crawford.

     –No me pegues que le contaré al voivoda cómo mataste a sus hijos y los cambiaste por unos perritos –maulló el gato.
     Al escuchar esto, el voivoda arrebató el palo a su mujer y lo tiró por la ventana, luego se agachó. Cogió el gato en brazos y se puso a interrogarlo. El gato, como no duerme de noche, conocía toda la historia y le contó al voivoda de cabo a rabo qué fue lo que hizo la envidiosa con los niños, los árboles, la albahaca y los corderitos.
     –¿Y cómo fue que los corderitos se convirtieron en niños? –preguntó el voivoda.
     –Eso también lo vi –habló el gato–, me encontraba cazando ratones en la cabaña de la pastora de patos cuando ella sacó los corderitos del canasto. En cuanto les dio el pecho, enseguida se convirtieron en niños.
     Entonces el voivoda se llevó consigo al palacio a su primera mujer y a los niños de ambos, mientras que a la envidiosa bien que la arrojaron al mar.


Tres, ilustración de Albena Vatcheva.

Notas

1. Denitza Bogomilova Atanassova (Sofía, 1969) es licenciada en Filología Hispánica y Filología Eslava por la Universidad de su ciudad natal y doctora en Traducción e Interpretación por la Universidad de Salamanca. Además de dedicarse a la docencia y la interpretación, desde 1997 es traductora jurada para las lenguas castellana y búlgara.
2. Cuentos populares búlgaros contados en castellano. Traducción, introducción y notas de Denitza Bogomilova Atassanova. Secretariado de Publicaciones e Intercambio Editorial, Universidad de Valladolid, 2002. Colección “Disbabelia”, núm. 4.
3. Czesław Miłosz se refiere así a los bogomilos: “Una secta maniquea de la Bulgaria de la Edad Media, que surgió en estas tierras porque Bizancio, en cuyas provincias orientales de Asia se propagaba la religión herética del profeta Mani, intentó deshacerse de los maniqueos expulsándolos hacia el sur. Los bogomilos se refugiaron en los monasterios. La tendencia de las sectas rusas a presentar el mundo material como un dominio del diablo, cuando no directamente como una creación suya, podría ser una herencia búlgara, tal y como lo es el dialecto eslavo eclesiástico” (en Abecedario. Fondo de Cultura Económica, México, 2003, pp. 67-68).
4. Sobre las influencias de los bogomilos en los cátaros, véase https://www.loscataros.com/influencias-de-bogomilos-sobre-los-cataros/.


martes, 2 de noviembre de 2010

Blaga Dimitrova, la poeta que fue erosionando los muros del totalitarismo

Blaga Dimitrova en una foto de juventud.

“En el primer mitin libre en Sofia, en noviembre de 1989, entre las pancartas que flotaban en el aire por encima de la multitud exaltada se alzaba un libro, una novela, El rostro, de Blaga Dimitrova. Un libro publicado en 1981 y luego prohibido, confiscado, perseguido, hasta encarcelado nueve años enteros. En la segunda mitad del siglo XX, mientras se divulgaban los retratos retocados de los líderes del partido único, la verdad del verdadero rostro del régimen la sofocaban bajo siete llaves. Bajo tres muertes. Y la novela de Blaga trascendía a través de su belleza la verdad sobre los entresijos del poder, sobre los sutiles mecanismos de ocultamiento y de autoengaño en virtud de los cuales el alma del creador se pone al servicio de las dictaduras y la crueldad de la utopía.”

Con estas palabras empieza Zhivka Baltadzhieva el prólogo –titulado “El inmortal espíritu humano”– a su antologia bilingüe, en búlgaro y castellano, Espacios*, de Blaga Dimitrova (Блага Димитрова), la poeta búlgara nacida en la ciudad norteña de Biala Slatina el 2 de enero de 1922 y fallecida en Sofía el 2 de mayo de 2003, que después de la caída del régimen comunista se puso al servicio de su pueblo y ejerció como vicepresidenta del gobierno durante un breve período, entre 1992 y 1993.

El moderno edificio
del Ayuntamiento de Biala
Slatina, la ciudad natal
de Blaga Dimitrova.

(Foto © Nikolina / Flickr)

“Blaga Dimitrova no era la disiden- te típica –dice Zhivka Baltadzhieva en su prólogo–. Pero sí se sublevó radicalmente a través de su palabra poética que aspira a expresar y devolver a la plenitud el ser humano rebajado, sometido al masivo entrenamiento de no pensar, de sentir cada vez menos, de extinguirse. Su texto tiene una única finalidad: nombrar, rescatar al individuo abandonado, suprimido y cada vez más solo frente a los mecanismos del absurdo cotidiano. Arrancarlo de las trampas del lenguaje ruti- nario que aniquilan los territorios de la memoria, la duda, la compasión y la confianza. A lo largo de todo su camino, día tras día, su mirada elegíaca hacia el interior humano, su pregunta irónica, su complicidad con el otro y lo otro, quietamente articuladas desde el amor y la resistencia contra un espacio de pensamiento suspendido, hacen vibrar la atmósfera, ampliando los círculos de la inquietud. […]

Primer tomo de los diez que
forman las obras completas
de Blaga Dimitrova.

Pero la auténtica heroicidad de Blaga está en su palabra poética. En el poder transforma- dor
de esta palabra, que nos hace mejores personas. […] La obra de Blaga les niega a las ideologías y a las leyes de la sociedad cualquier derecho a imposición en nombre de nada. Y no elevando pancartas o participando en conspiraciones y mítines multitudinarios, ni creando una obra de corte social. Lo hace a través de un radical alejamiento de aquel lenguaje mediocre y sin savia, impuesto por la doctrina totalitaria, que pretendía atender sólo lo común y general. Su revuelta y su compromiso se expresan en el proceso de liberación y libertad que conquistan en el poema la poesía misma, el lenguaje y el sentimiento; en su viaje hacia lo imprevisible e innombrable; en el avance de la individuación del Yo poético, contradictorio e íntegro, rebelde y angustiado, nunca determinado en un solo plano, nunca determinista, siempre interrogándose, cuestio- nándose, fiel a sus propias dudas y amarguras; en la ruptura con el lenguaje oficial donde lo individual, la diferencia, el Yo profundo o simplemente propio y singular son tabúes. Es la ruptura con un mundo donde la vida no puede ser propia. […]

La voz de Blaga se desmarca progresivamente del pensamiento lineal y unidireccional del socialismo real. Y lo hace de una manera tan natural y tan profunda, con tanta vitalidad y sutil ironía, que, a través de sus poemas, un susurro y una leve e instantánea sonrisa cómplice llegan directo a los corazones: lo otro no está extinguido, lo otro existe, está aquí, ingenuo y trágico, frágil e insistente, empuja y elucida el dentro y el fuera, zigzagueando hacia el aire, respirando al borde mismo de la ardiente lava del odio y la exclusión que corre tras las huellas de lo vivo. Lo otro que eres tú existe, tú existes, yo existo…”

El dirigente soviético Leonid Brézhnev y el Secretario General
del Partido Comunista de Bulgaria, Todor Zhivkov (1911-1998),
se muestran públicamente tomados de la mano en 1971.
El régimen comunista, establecido el 9 de septiembre de 1944,
acabó con la dimisión de Zhivkov el 10 de noviembre de 1989.

(Foto © Itar-Tass)

IMPEDIMENTA presenta a Blaga Dimitrova no sólo a través de estas palabras de su traductora al castellano (y recomienda la lectura íntegra del prólogo: el libro es asequible), sino también de la interpretación que hace de la obra mencionada el poeta español Jaime Siles, y ofrece al lector cinco poemas del libro mencionado. Invitamos a seguir el consejo de Zhivka Baltadzhieva: “Leamos los poemas de Ajmátova, Tzvetáieva, Szymborska, Blaga. ¿De dónde vienen sus voces, esa rara poesía que no necesita deslumbramientos retóricos, efectos luminosos? ¿De dónde las dudas, interrogantes, inquietudes, ansias, ternura, sonrisa, ironía, amor, todo este alboroto que despiertan en nosotros? ¿De dónde las ondulaciones y el alcance de estas voces que llegan erosionando los muros, las murallas, las rejas, superando el vacío del pensamiento lineal, pronunciando la otredad como algo inherente a nosotros mismos, a nuestro propio universo, personal y único? Son poetas que proceden de los países del totalitarismo. Sus circunstancias, su mundo de opresión, corrupción, ira y frustración, las condenaban a la uniformidad, la nivelación, la esterilidad, la alienación, el absurdo, la fugacidad, la ausencia…”.

Albert Lázaro-Tinaut

* Blaga Dimitrova: Espacios
Antología poética bilingüe
Traducción y prólogo de Zhivka Baltadzhieva
Ed. La Poesía, señor hidalgo. Barcelona, 2006
348 páginas. ISBN-13: 84-95976-36-9



Blaga Dimitrova levanta un ramo de flores durante la toma
de posesión de Zhelyu Zhelev como presidente de la República,
en enero de 1992, tras la victoria electoral de la Unión de las Fuerzas
Democráticas en las primeras elecciones libres en Bulgaria tras
la caída del régimen comunista. Ella ocupó la vicepresidencia
del país desde el 22 de enero de 1992 hasta el 6 de julio de 1993.


Reflexión y lenguaje
Espacios, de Blaga Dimitrova

Por Jaime Siles

En su libro más conocido (Osúdeni na Ljubov, publicado en 1967) la búlgara Blaga Dimitrova (1922-2003) cambió el rumbo de la poesía comprometida, al introducir dentro de uno de los ochenta y siete poemas que lo formaban dos versos que, en su momento y por haber sido escritos en un lugar tan significativo como entonces lo era Vietnam, fueron muy discutidos en el resto del mundo. Los dos versos en cuestión eran éstos: “La paz interior la encontré / en este país en guerra”. Su escritura –caracterizada por una inclinación a lo emocional declamatorio que se adecuaba muy bien a su poesía de agitación– cambió aquí de rumbo, combinando su enorme capacidad sintética con otra que podríamos llamar “analítica” y que se prestaba muy bien tanto a la subjetiva captación de impresiones como a un intenso trabajo de lenguaje, en el que la palabra servía de instrumento a la denuncia sin dejar por ello de ser materia de reflexión. Dos elementos facilitaban la evolución que había ido tomando este proceso: su imponente formación humanista, recibida en Sofía, en el Primer Liceo Femenino de Lenguas Clásicas, y su posterior doctorado en Moscú con una tesis sobre Maiakovski. La confluencia en ella de esas dos directrices determina el perfecto equilibrio entre clasicismo y modernidad que define su mundo. La antología que nos la presenta no permite distinguir sus distintas etapas: habría sido mejor una ordenación cronológica que aquí, ignoro por qué razón, falta.

Lectura visual

Sin embargo, tanto por el gran número de textos recogidos como por el celo y cuidado puestos en la traducción, Espacios es un libro que merece los máximos elogios. El universo de la autora –sobre todo, el de los últimos treinta años– está muy bien objetivado aquí, con sus compuestos que esta versión mantiene en sus mismas palabras (‘homosaurios’, ‘equisaurios’, ‘subatmosféricos’, ‘terraqueoestereotípicas’) y con el juego de siglas, heredadas del futurismo, que ella, en pocos poemas, adaptó. Su poetización de SOS es un ejemplo de ello, pero no el único ni el más interesante, porque la singularidad de esta escritura no está en los detalles ni el conjunto sino en el sentido de su evolución y en la extrema unidad que hay en el amplio recorrido de su marcha. Pero lo que más llama la atención de ella es su idea del poema y la “versografía”, la pictografía, con que su autora la concibe y las modelaciones y modulaciones que, a lo largo de los años, les da: poemas como bloques, pero no guillenianos, que poseen un componente óptico y que, por ello, reclaman una lectura plástica y visual. A veces nos recuerda el hermetismo humanizado del último Montale, como en “¡Sirio, estrella de mis noches de verano! / Iluminado insinúas que / más allá de la ilusión terrestre no existe otra más celestial»; otras ahonda en la identidad: «Aluvión tras aluvión, / capa tras capa, / raspo mi verdadero YO, / que me resulta cada vez más extraño”.

Varias claves

El suyo es un lirismo sin aparato, que se va haciendo cada vez más lacónico y que opta por una economía concentrada en el signo concebido como largo aprendizaje de la muerte, como indica su poema “Sin”. El final de “Refracción de la luz” utiliza combinaciones de términos muy próximos a los usados por las exhortaciones afectivas de Vicente Aleixandre, como el “tarde o nunca” del penúltimo verso, o como la idea de límite tan presente en aquel como aquí. Herencia también de las vanguardias es la noción de deseo explícita en “Hasta el final”: “el anhelo de algo distinto y otro / en otro tiempo, / de otra manera, / en otro mundo, / otra vez”. Pero Blaga Dimitrova lo combina con formulaciones procedentes de la ciencia y la filosofía, de las que extrae sus modos de expresión. Para ella también “lo eterno es relativo”. Y eso le lleva a una visión del tiempo como instantaneidad, en la que lo cotidiano participa de lo intemporal y lo absoluto, sin que ello suponga un “a priori” metafísico sino más bien una experiencia existencial. Su idea del canto como lenguaje no la emparenta con Rilke sino con una línea de poesía ecológica, muy arraigada en ella y que tal vez constituya su mayor novedad. Pero su escritura no puede ni debe reducirse a una sola clave, ya que son muchas las que la constituyen y la pueblan, y en todas ellas se realiza y desarrolla su unidad. Por eso he insistido antes en la necesidad de comprender la interacción de todas sus etapas. Blaga Dimitrova es –y conviene saberlo– una de las grandes líricas de nuestro tiempo. Ahora habría que traducir a Elisaveta Bagrjana y a Dora Gabe: de ese modo tendríamos completa la tríada lírica femenina de esta lengua y de este país.

[Texto publicado en “ABCD”, suplemento cultural del diario ABC, Madrid, el 28 de septiembre de 2006.]


Blaga Dimitrova con el poeta y disidente Radoi Ralin (1923-2004),
a la salida de la recepción ofrecida por el presidente François Mitterrand
en la Embajada de Francia en Sofía (enero de 1990).

(Foto © Gueorgui Panamski)


Cinco poemas de Blaga Dimitrova
pertenecientes a la antología Espacios,
traducidos por Zhivka Baltadzhieva



Dimensiones o cruz

De ala a ala,

abierta,
la medida del ave
para el horizonte.


De mano a mano,

en la cruz clavada,

la medida del hombre

para el Universo.



Измерения или разпятия
От крило до крило, / разперени - / мярката на птицата / за хоризонта. // От ръка до ръка, / пригвоздени - / мярката на човека / за Вселената
.


Siembra a ciegas

Arrojadas de ninguna parte

por la mismísima mano vacía del Universo,

semillas de laboratorio,
esparcidas y abandonadas a su suerte,

o peor todavía,

bajo permanente control,

nos precipitamos

y precipitamos

cada vez más aceleradamente,

más unidireccional,
más vertical,

cada vez más y más

hacia la Tierra,


hasta sembrarnos en ella.

¿Y qué brotará?


Сляп посев
Хвърлени отникъде си, / от самата празна шепа на Вселената – / пръснати опитни семена / на произвол, / или още по-зле – / под безспирен надзор, / ние падаме ли, / падаме // все по-ускорително, / все по-еднопосочно, /все по-отвесно, / все по-все / към Земята, // за да се посеем в нея. // Какво ще поникне от нас?



Futuro radiante

–¿Pájaro? –preguntarán los niños–. ¿Pero qué es eso?

–Algo policromo, con plumas, alado.
Muy hermoso, etéreo.
Vuela hasta las nubes.

Y canta como una campanilla cristalina.

¿Vuela? –exclamarán los niños– ¿Sin pilas,
por sí sólo?
¿Su canto hechiza?
¿Todo plumas de colores deslumbrantes?
¿Y no nos ataca, no mata?
¡No! ¡Fantasías!

¡No ha habido, y menos habrá todavía
un ser así, de cuento de hadas!


Сияйно бъдеще
– Птичка? – ще питат децата. – Що е то? / – Нещо пъстро, пернато, крилато. / Много красиво, много изящно. / Чак до облаците лети, / Пее като кристална камбанка. / – Хвърка? – децата ще ахат. – / Без батерийка, сам-само? / Даже пее така вълшебно? / Цяло в шарени, чудни пера? / И не напада, не ни убива? / Не! Това е измислица! / Нямало е и не може да има / такова приказно същество!



Hasta dónde llegaremos

De la época de los enormes dinosaurios,

a pesar de que corrían a desmayante velocidad,

apenas han llegado a nosotros fósiles

de vértebra o cascarón.

¿Desde nuestra época de vanidosos homosaurios

que vuelan a velocidad supersónica,
hasta dónde llegaremos bajo las cenizas

con el herrumbroso casquillo de bala?

¿Bajarán? los superiores equisaurios,

subatmosféricos buceadores-arqueólogos,

a arrancar con telepáticas uñas

desde el fondo del tiempo de nuestros barcos,


hundidos para siempre jamás,

el congelado embrión de una loca idea,

las huellas dactiloscópicas del dolor,

los moluscos de unos verbos:

Non omnis moriar.
To be o not to be.

SOS.



Докъде ще стигнем
От ерата на грандиозните динозаври, / макар че са бягяли шеметно бързо, / едвам са стигнали до нас вкаменелости / на прешлен, копито. // От нашата ера на наперени хомозаври, / хвърчащи със свръхзвукова скорост, / докъде ще стигнем изпод пепелищата / с ръждясала гилза? // Дали по-висши бъдещи хиксозаври / ще спуснат водолази aрхеолози /с телепатични нокти да изчегъртат / из дъното на времето // от потъналите ни навеки гемии / замразен ембрион от безумна идея, / отпечатъци от болка, изкопаемо от песен, / молюски от словеса: // Non omnis moriar. / To be o not to be. / SOS.



Muralla china

A primera vista la reconocí, y ella a mí.

Peldaño tras peldaño
siempre hacia arriba

por la milenaria muralla dentada.
Ningún guía me hacia falta,

ni lengua de confusiones.

El ancestral cordón umbilical me conducía

a ciegas.


Echaba vistazos por las aspilleras.
Al otro lado permanecían
la misma hierba ingenua,
las mismas montañas y bosques y cielo
radicalmente otros:
amenazantes, prohibidos, ajenos,
guaridas del terror y los sobresaltos.

Mucho tiempo anduve por esa espalda de dinosaurio,
alzada de horizonte a horizonte,
de época a época

sellando el aire,

suspendiendo el eco.

Sólo el tiempo como culebra

se abre paso sin obstáculo,
instante tras instante,

convulsión tras convulsión,

siglo tras siglo.

Palmeaba el hombro de la piedra
con un gesto familiar y le decía en silencio:
Estás en mis células, emparedada,
desde antes de nacer.
Tus aspilleras
son mis ojos hacia el mundo
entornados de desconfianza.
Tu cuerpo está soldado
con mi sangre, sudor y lágrimas
piedra sobre piedra,
horror sobre horror,
silencio sobre silencio.

¿Cuántos milenios de eternidad me serán necesarios
para en mí misma derrumbarte?


Китайска стена
Още от пръв поглед я познах и тя – мене. / Стъпало по стъпало / право нагоре / по хилядолетния зъбат зид. / Не се нуждаех от гид, / нито от език за / недоразумения. / Поведе ме пъпната правръв / слепешком. // Надзъртах през амбразури на бойници. / Отвъд / уж същата невинна трева / и планина, и гора, и небе, / а съвсем други: / чужди, забранени, опасни – / свърталища на ужаси. // Дълго вървях по нейния динозавърски гръб, / вдигнат от хоризонт до хоризонт, / от епоха до епоха, / затулил въздуха, / спрял ехото. / Само времето като смок / безпрепятствено се промушва през нея / миг по миг, / гърч по гърч, / век по век. // Свойски потупвах камъните / и мълчешком й говорех: / Ти си вградена в клетките ми / още преди да се родя. / Твоите амбразури / са моите очи към света, / подозрително присвити. / Твоите зидове са споени / с моята кръв и пот и сълзи / камък връз камък, / страх връз страх, / мълчание връз мълчание. // Колко ли хилядолетия вечност ще ми трябват, / да те съборя в себе си?



IMPEDIMENTA agradece a Zhivka Baltadzhieva la cesión
y supervisión de estos textos.