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miércoles, 22 de mayo de 2013

Apuntes sobre el folklore armenio

El monte Ararat, uno de los grandes símbolos de la tradición
y la cultura armenias, desde el monasterio de Jor Virap.
(© Andrew Behesnilian)

Por Aram Ghanalanian

Se considera que el folklore armenio es uno de los más antiguos y ricos del mundo.

Hasta la creación de la escritura y la literatura (siglo V) fue, sin duda, una de las formas de manifestación de las emociones e inquietudes del pueblo, de su vida y de su lucha. Luego, cuando la cultura pasó a ser patrimonio de los estratos más altos de la sociedad, mantuvo un papel fundamental.

El folkore tradicional armenio refleja, como se ha dicho, las penalidades y los combates del pueblo, sobre todo contra los invasores extranjeros. Traduce, al mismo tiempo, las protestas vehementes contra las exacciones laicas y clericales y describe con realismo la vida diaria, el trabajo, las concepciones y las creencias de la gente.

El mítico guerrero Haik representado en una escultura
de la ciudad de Ereván, capital de Armenia.

De entre las viejas leyendas armenias citemos las de Haik y Bel, la de Aram, de la Trok Angegh, la de Ará Geghetsik y Shamiram, la de Artavazd y Vahagn, que Movsés Jorenatsí (385-487, más conocido como Moisés de Corene), célebre historiador armenio del siglo V, relata en su Historia del pueblo armenio. Haik y Bel y Ará Geghetsik y Shamiram [1]; esas leyendas recuerdan los combates heroicos que los antepasados de los armenios (como los pobladores del reino de Urartu) libraron contra los invasores asirios. [2]

Moisés de Corene según el pintor armenio
contemporáneo Gevorg Avagyan.

La leyenda-canción Vishapakagh Vahagn, por su parte, con sus coloridas y pintorescas imágenes, es una auténtica joya del arte trovadoresco avant la lettre: describe el nacimiento milagroso del héroe de fuego, con su sable-rayo que utilizaba para luchar contra los terribles dragones que retenían el agua celeste, ajaban la vegetación y echaban a perder las cosechas.

El cielo, la tierra y el mar púrpura
sufrían los dolores del parto;
en el mar, la pequeña caña roja
era presa de esos dolores.
De la caña salía humo,
de la caña salían llamas;
y entre las llamas corría un adolescente rubio;
sus cabellos ardían,
ardía su barba
y sus ojos eran soles.

Los cuentos populares son numerosísimos y muy variados: Hazaran Blbul, Odzamanuk y Arevhat, Garnik Ajper, Ojik, Kadzhants Tagavor, Kadj Nazar, El tejedor sabio, El calvo ingenioso y muchos otros evocan mundos de luz y tinieblas, poblados por genios negros y blancos; se encontraban en ellos manzanas maravillosas que ofrecían el don de la inmortalidad, caballos en llamas, viejas brujas, bravos y valientes jóvenes a quienes ningún obstáculo podía detener, y dulces y bellas muchachas.

Cubierta de la versión en español del libro 
Cuentos y leyendas de los armenios, un pueblo 
del Cáucaso, de Reine Cioulachtjian 
y Catherine Chardonnay.

Todos esos cuentos reflejan los deseos y las aspiraciones de labriegos y artesanos, sus sueños de tareas apacibles, de una vida libre sin limitaciones, una vida donde reinaran la abundancia y la felicidad. El mantel mágico que aparece a menudo en los cuentos armenios es la expresión alegórica de esas esperanzas: quien estuviera en posesión de ese mantel viviría en la abundancia y dispondría de manjares de toda especie, de objetos milagrosos (una muela de molino prodigiosa, una antorcha hechizada, etc.).

El célebre cuento Hazaran Blbul (‘El pájaro Blbul’) es de una belleza extraordinaria; el delicioso canto del pájaro consigue que florezca de nuevo un jardín abandonado y arrasado por fuerzas malévolas. [3]

Hazaran Blbul representado en una 
ilustración de Hratchuhi Grigorian 
para un cuento infantil armenio 
de Ghazaros Aghayan.

La novela épica Sassountsi Davit (‘David de Sasún’) es el tesoro más preciado del folklore armenio. Esta epopeya aúna el espíritu y la sustancia de las leyendas mitológicas más antiguas, los cuentos mágicos, las narraciones, las crónicas, las canciones… Se compone de cuatro partes: Sanasar y Baltasar, Mher el Grande o Mher el León, David de Sasún y Mher el Pequeño. La parte más desarrollada, sin embargo, es la de David.

Se trata de una grandiosa evocación del pasado trágico y glorioso del pueblo armenio, de sus incesantes luchas contra los numerosos invasores extranjeros del país; pero es también una enciclopedia precisa y detallada de sus hábitos y costumbres, de su acontecer cotidiano, de sus creencias y de sus concepciones religiosas. En esta obra se encuentran los hechos y las figuras de la época de la dominación brutal del califato árabe (siglos VIII a X), las exacciones de los opresores y las revueltas populares de la región de Sasún y de las provincias limítrofes. El patriotismo de David, su humanidad, su anhelo de paz, su inquebrantable voluntad de justicia, su bravura y su valentía conservan aún hoy en día el valor emotivo. Esta obra, además, puede considerarse sin duda uno de los monumentos de la cultura universal, y figura entre las mejores novelas épicas del mundo. [4]

David de Sasún representado en una película 
de animación de Hayk Manikuyan.
(© Hayasa Pictures)

Las canciones populares (cantos de labor, de amor, de emigración, himnos a la naturaleza, danzas, cantos pastoriles, cancioncillas humorísticas, canciones de cuna…), destacan por su belleza y su gracia y ocupan un lugar destacado en el folklore armenio. En los cantos de emigración (o de gharib) palpita siempre el corazón nostálgico del exiliado; se trata en todos los casos de bellas canciones patrióticas:

Era yo un plantón de melocotonero
que crecía en un roquedal.
Vinieron ellos, me arrancaron, me llevaron consigo
y me plantaron en su jardín.
Con azúcar hicieron un jarabe
y lo rociaron sobre mí.
¡Venid, hermanos, llevadme con vosotros
a mi roquedal, regadme con agua de nieve!

Dentro de este rico folklore hay que dar cabida también a los dichos populares y los refranes. Concisos y claros, son muy numerosos y constituían un modo de expresar muchas cosas, pero también un medio para denunciar a los opresores. El genio satírico del pueblo armenio es de una gran viveza. Veamos algunos ejemplos:

Nunca se sienta un armenio si no es que cae de pura fatiga.
Tierra de Armenia, tierra de lamentaciones.
No cualquier madera sirve para hacer un cucharón.
Todos los montes no pueden ser el Ararat.
Si dulce es la sangre del padre y de la madre, dulces son la tierra y el agua de la patria.

Las tradiciones populares y el folklore tradicional
se mantienen 
todavía muy vivos en Armenia.
(Fuente: Village Log / The COAF Blog)

A lo largo de los siglos, el folklore ha sido fuente de inspiración para los escritores armenios; dos grandes poetas especialmente, Hovhannes Tumanyan y Avetik Isahakyan, compusieron sus mejores obras, tanto en prosa como en verso, a partir de materiales recogidos del folklore o inspirados en él.

(Versión y notas de Albert Lázaro-Tinaut a partir
de 
la traducción al francés de T. Kara-Sarkissian.) 

[1] Semíramis, la legendaria reina de Asiria, en armenio.
[2] Son muy interesantes los datos históricos sobre la antigua Armenia que se encuentran aquí.
[3] Se identifica a esta ave maravillosa con el pájaro de fuego, común a diversas tradiciones indoeuropeas, entre ellas, sobre todo, la rusa.
[4] Para obtener más información en español sobre esta epopeya, merece la pena leer el artículo de Vartán Matiossián “La epopeya armenia ‘David de Sasún’: Introducción a su interpretación histórica”, publicado en Transoxiana, Buenos Aires, núm. 5 (diciembre de 2002); se puede encontrar a través de este enlace.

Este artículo se publicó originalmente en la revista Europe, París, núm. 382-383 (febrero-marzo de 1961). El traductor agradece a Maria Ohannesian la revisión del texto).


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sábado, 20 de octubre de 2012

La personalidad musical de Aram Jachaturián



Por Egon Friedler *

Aram Jachaturián, de origen armenio (su apellido suele escribirse en la transcripción anglosajona, Khachaturian, o bien en la francesa, Khatchatourian; en armenio su nombre es Արամ Խաչատրյան) fue uno de los compositores más destacados de la Unión Soviética. Nació el 6 de junio de 1903 en Tbilisi (Georgia) y falleció el 1 de mayo de 1978 en Moscú.

Hijo de un encuadernador de libros establecido en la capital georgiana, demostró interés por la música desde muy joven, pero no se distinguió por su precocidad. Su talento musical sólo se puso en evidencia cuando a los dieciocho años se trasladó a Moscú. Pese a no tener ningún conocimiento formal, en 1922 fue admitido en la Academia Musical Gnesin y comenzó a estudiar violonchelo. Sus dotes creativas, sin embargo, se manifestaron rápidamente, y en 1925 accedió a las clases de composición de Mijaíl Gnesin [1].

Mijaíl Gnesin.

Entre 1926 y 1927 ejecutó con éxito sus primeras obras, para violín y piano y piano solo, y en 1929 fue admitido en el Conservatorio de Moscú, donde tuvo como maestro al destacado y prolífico compositor Nikolái Miaskovski [2]. Después de obtener su diploma en 1934 continuó estudios de posgrado hasta 1937.

Sus obras tempranas incluyen el Trío para clarinete, violín y piano (Opus 30, 1932) que Serguéi Prokófiev recomendó para ser ejecutado en París, la Primera sinfonía (Opus 35, su obra de graduación, de 1934, dedicada al 15.º aniversario de la República Socialista Soviética de Armenia) y el Concierto para piano (Opus 38, 1936), que le valió fama internacional. Le siguió el igualmente exitoso Concierto para violín (Opus 46, 1940).

En 1937 Jachaturián se convirtió en uno de los activistas de la recientemente creada Unión de Compositores Soviéticos, en la que desempeñó diferentes cargos. Incluso cumplió con lo que se esperaba de todo compositor soviético “respetable”: compuso una cantata en honor a Stalin. Pero su fidelidad a la ortodoxia no le sirvió de mucho cuando en 1948 un decreto emitido por Andréi Zhdánov –consuegro de Stalin y férreo defensor del realismo socialista (su código ideológico, de 1950, se conoce como zhdanovismo)–, atacó a un grupo de prominentes compositores acusándolos de formalismo. Jachaturián estuvo entre los autores censurados, junto a Prokófiev y Dmitri Shostakóvich, pese a que su música tenía un claro colorido nacionalista y carecía de las complejidades que habían irritado al dictador soviético.     


Aram Jachaturián en la década de 1930.

Para evitar medidas que pudieran poner en peligro su carrera, Aram Jachaturián hizo un simulacro de autocrítica y durante los dos años siguientes se dedicó a componer partituras para películas (una de ellas sería reelaborada por él mismo en 1949 como una “Oda funeraria en homenaje a Lenin”). Durante aquella misma década compuso, además, el ballet Gayaneh (Opus 50, 1942), que incluye la celebérrima “Danza del sable”, la Segunda sinfonía (Opus 56, 1943), el Concierto para violonchelo (Opus 65, 1946) y la Tercera sinfonía (conocida como Sinfonía poema, Opus 67, 1947).

En 1950 expandió sus actividades musicales dedicándose a la dirección de orquesta y la enseñanza de la composición. Después de la muerte de Stalin, en 1953, fue el primero entre los compositores soviéticos más eminentes en reclamar una mayor libertad creativa a través de las páginas de la revista Sovietskaia Muzyka [3].

Al año siguiente terminó la composición del ballet en cuatro actos Espartaco (Opus 82), que se convertiría en uno de sus mayores éxitos y por el que obtuvo el Premio Lenin en 1959. Previamente había recibido el Premio Stalin por su Concierto para violín. A partir de 1954 también se le permitió viajar a Occidente para actuar como director de orquesta, casi siempre con obras propias. 

Representación de Espartaco por la compañía 
del Ballet Mijailovski en el Coliseum de Londres (2008).

Dmitri Shostakovich escribió en 1955: “La individualidad de Jachaturián, derivada de su gran talento creador, se revela no sólo en su lenguaje, en la impresión que deja en cada compás; esta individualidad es mayor e implica algo más que tecnología musical: comprende también la visión del mundo de Jachaturián, que es basicamente optimista. […] El carácter nacional y popular de su música es evidente en todas sus composiciones, por más diferentes que sean entre sí”.

Pero el carácter popular y la inspiración folklórica de las obras de Aram Jachaturián también han motivado juicios críticos negativos. Por ejemplo, el compositor y musicólogo español Tomás Marco considera que su colorido orquestal no es sino un pálido remedo de la obra de Rimski-Kórsakov, mientras el musicólogo británico Robert Stevens elogia su Trío para clarinete, violín y piano (1932) precisamente porque evita “el orientalismo a la Rimski-Kórsakov que se encuentra en algunas de sus obras más tardías”. Por su parte, el austriaco Otto Maria Carpeaux reprochó a Jachaturián que “se conformara con acumular melodías de manera rapsódica, sin intentar crear arquitecturas musicales”.

Jachaturián representado en un billete de banco armenio 
de 50 drams (1998).

Una posición más favorable es la del musicólogo italiano Armando Gentilucci, para quien “la música de Jachaturián, generosa, impulsiva, desenvuelta, a menudo ilustrativa, expresa con bastante fidelidad un realismo socialista, aunque en su acepción menos problemática y menos ‘gorkiana’ del término”. 

Sin embargo, quien ha definido mejor a Jachaturián es el musicólogo neoyorquino Boris Schwartz, autor de un libro fundamental sobre la vida musical soviética: Music and Musical Life in Soviet Russia 1917-1970 (1972). Escribe Schwartz en su artículo sobre el compositor en el diccionario Grove: “La exitosa carrera de Jachaturián representa la feliz implementación de la política soviética básica en materia artística: la conjunción del folklorismo regional y la gran tradición rusa. Su herencia armenia (y en un sentido más amplio, transcaucásica) se refleja en sus lánguidas melodías, sus ritmos animados y la sugestiva vitalidad de su lenguaje musical, aunque su imaginación fue disciplinada por un academismo basado en Rimski-Kórsakov. El orientalismo de un Borodin o un Balákirev [4] parece artificial frente a la genuina fogosidad de Jachaturián. Entre los compositores anteriores que influyeron sobre él figuran los armenios Gomidas y Spendarián [5], y también asimiló ciertos rasgos de Ravel y Gershwin. Siempre que utilizó el folklore lo reelaboró de manera muy personal (por ejemplo, en el movimiento lento del Concierto para piano). Su orquesta tiene un sonido rico y sensual, esencialmente postromántico, enriquecido por una colorida percusión”.


Caricatura de Aram Jachaturián
por 
el artista gráfico armenio
contemporáneo 
Ara Aslayan.



Jachaturián vivió hasta el final de sus días como un respetado y reconocido compositor soviético. Su esposa, Nina Makarova (1908-1976) también fue compositora, al igual que su sobrino Karen (1920-2011).

Puede visitarse a través de internet el Museo virtual dedicado a su memoria.

He aquí los enlaces a algunos vídeos con interpretaciones de sus obras más destacadas:

- El segundo movimiento del Concierto para piano (1936) interpretado por Lev Oborin con la Orquesta de la Radio de Moscú, dirigida por el propio Jachaturián.
- El primer movimiento del Concierto para violín (1940) interpretado por Antal Zalai con la Orquesta Sinfónica del Estado de México, dirigida por Félix Carrasco.
- El “Vals” de la obra escénica Masquerade (1941) interpretado por la Orchestra Mandolinistica di Lugano, dirigida por Mauro Pacchin.
- La “Danza del sable”, del ballet Gayaneh (1942) interpretada por la Berliner Philharmoniker, dirigida por Seiji Ozawa.
- La Segunda sinfonía (1943) interpretada por la Royal Scottish National Orchestra, dirigida por Neeme Järvi. El “Adagio” de Espartaco (1954) interpretado al piano por Matthew Cameron.

Cubierta de un disco ruso con dos de las obras más conocidas de Jachaturián: Espartaco y Gayaneh.

[1] Mijaíl Fabianovich Gnesin (Михаил Фабианович Гнесин, 1883-1957) fue un destacado compositor y pedagogo musical judío ruso, hijo de un rabino de la ciudad meridional de Rostov del Don. Formado en el Conservatorio de San Petersburgo, tuvo entre sus maestros a Nikolai Rimski-Kórsakov y Alexandr Glazunov. Destacó también como conferenciante y a él se debe la edición de la obra literaria de Rimski-Kórsakov.
[2] Nikolái Yákovlevich Miaskovski (Николай Яковлевич Мясковский, 1881-1950), miembro de una familia polaca radicada en Kazán (Tataristán),  fue uno de los músicos más notables de la Rusia soviética. Militar de profesión, contribuyó a reconstruir e impulsar el Conservatorio de San Petersburgo, y en 1921 fue contratado como profesor por el de Moscú. Comparado en su tiempo con Piotr Chaikovski, se plegó a las exigencias del realismo socialista, pero una de sus composiciones, El Kremlin de noche, molestó a Stalin, por lo que sufrió represalias hasta su muerte.
[3] Sovietskaia Muzyka, Moscú, núm. 11, 1953.
[4] Alusiones al gran compositor romántico ruso Alexandr Borodin (1833-1897), autor de las conocidas Danzas polovesianas y de la ópera El príncipe Ígor, y a otro clásico de la composición y la pedagogía musical, Mili Balákirev (1837-1910), maestro de Rimski-Kórsakov y de Músorgski y autor de una notable colección de canciones folclóricas rusas.
[5] Gomidas Vartabed (Կոմիտաս Վարդապետ, conocido también como Komidas, 1869-1935) fue un monje nacido en Anatolia y considerado el fundador de la música clásica armenia; a partir de 1915 fue víctima de las persecuciones de los armenios en Turquía y murió en París, adonde consiguió huir. Alexandr Spendarián (Ալեքսանդր Սպենդիարյան, 1871-1928), por su parte, nacido en Kajovka (Cáucaso ruso), fue alumno de Rimski-Kórsakov y se le considera el padre de la música armenia moderna.


* Este texto es una adaptación y ampliación del que escribió el musicólogo uruguayo Egon Friedler en 2003 con motivo del centenario del nacimiento de Aram Jachaturián.

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