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miércoles, 2 de junio de 2010

¿Serbio, croata o serbocroata?

Entrevista al prestigioso lingüista
Ranko Bugarski

Por Bojan Munjin
Feral Tribune, Split (Croacia), 6 de septiembre de 2007

Con respecto a las cuestiones lingüísticas que se plantean actualmente, estamos seguros de que no podíamos encontrar mejor interlocutor que el profesor Ranko Bugarski: su biografía profesional es realmente impresionante. Con su Obra completa en doce tomos y una gran cantidad de trabajos en los campos de la lingüística general, la lingüística aplicada y la sociolingüística publicados en diversas revistas científicas europeas, Ranko Bugarski ejerce como profesor de Filología en la Universidad de Belgrado y en una docena de prominentes universidades europeas y norteamericanas, y es miembro de asociaciones profesionales de lingüistas en todo el mundo. Sus libros Jezik od mira do rata (‘La lengua de la paz a la guerra’), Nova lica jezika (‘Los nuevos rostros de la lengua’), Jezik u kontekstu (‘La lengua en su contexto’) Žargon (‘Jerga’) han sido reeditados varias veces, pero lo que más atrae en él es que habla de los actuales dilemas lingüísticos sin exaltarse, contrariamente a lo que es habitual hoy entre los eslavos del sur cuando se enzarzan en una discusión sobre la lengua.

Usted ha participado en un encuentro científico dedicado a las cuestiones actuales de la lengua que se ha celebrado recientemente en Split, ¿verdad?

He tenido el honor y el placer de haber sido invitado al congreso anual de la Sociedad Croata de Lingüística Aplicada, que se celebró a finales de mayo en Split, de cuya organización se ocupó mi colega Jagoda Granić, del departamento de Humanidades de la Universidad de Split. Lamentablemente, fue la última vez que vi a mi estimado colega Dubravko Škiljan, un lingüista excepcional, y no tan sólo en el ámbito croata. Desde el punto de vista profesional, esta invitación ha significado mucho para mí, pero aún más porque me parece un síntoma importante de los avances que se están haciendo con respecto a la normalización de la cooperación cultural en el territorio de la ex Yugoslavia. El tema general del encuentro ha sido la relación entre la política lingüística y la realidad de la lengua, y yo hablé sobre “La política lingüística europea entre la globalización y la diversidad”, intentando responder a la pregunta sobre el modo como esta política aparece en los programas y las actividades de las instituciones europeas, y sobre cuáles son sus objetivos y las indicaciones para los miembros de la Unión y de la comunidad europea.

¿Qué resultados ha obtenido su compromiso?

He intentado conseguir un equilibrio entre las tendencias contradictorias que suelen ponerse sobre la mesa: por un lado nos encontramos ante el avance de la globalización, cuyo símbolo principal es la lengua inglesa; por otro lado, tendemos hacia la diversificación, que afecta también al inglés y que se ha descompuesto en diversas variantes nacionales. He puesto el acento en la necesidad de mantener la variedad lingüística dentro de cada país y también en la necesidad de la diversidad en el ámbito de la comunicación internacional. En relación con ello, es importante la cuestión del multilingüismo, y aunque muchos diferencian las grandes lenguas de las pequeñas, hemos de acostumbrarnos a una manera de pensar que prevea no sólo el mantenimiento, sino también el desarrollo de las diversas lenguas. Las instituciones europeas se han fijado el objetivo de conseguir que en un determinado plazo de tiempo todos los ciudadanos de Europa sean capaces de utilizar dos lenguas además de su lengua materna, lo cual significa que, en el futuro, los ciudadanos pertenecientes a las minorías nacionales conocerán cuatro lenguas. A muchos esta exigencia les parece excesiva, pero supone el único camino para superar el etnocentrismo y el “linguacentrismo”, es decir, el encierro en un ethnos, una nación y una lengua. Ese modo de ver las cosas es muy bienvenido en el ámbito ex yugoslavo, donde a causa de las recientes guerras somos menos proclives a pensar así.

¿Qué representa para usted el concepto de identidad nacional y lingüística?

Hoy en día la identidad ya no se determina de manera tradicional, sino que está estrechamente vinculada a la etnia o la lengua. Se trata de un fenómeno dinámico y estratificado que no se determina una vez para siempre en función del lugar de nacimiento.

La identidad lingüística también es un fenómeno complejo, mucho más de lo que les parece a quienes no son especialistas en la materia, porque hay muchas personas en el mundo que tienen más de una lengua materna. La gente suele creer que cuando uno es bilingüe, lo es porque es hijo de un matrimonio mixto, pero esta norma monolingüística no es más que la expresión de la ideología romántica y del nacionalismo del siglo XIX. Mi identidad lingüística personal, por ejemplo, es mucho más amplia que mi orientación nacional, y me parece que vivir con tres lenguas y dos alfabetos, al menos desarrolla la tolerancia. Es más fácil vivir con diversas lenguas que en la estrechez de una sola lengua.

Miroslav Krleža dijo una vez que croatas y serbios son dos pueblos con una lengua y un Dios compartidos. Desde su punto de vista, ¿existe la lengua serbocroata o el serbio y el croata son dos lenguas distintas?

Hay tres niveles de observación que permiten responder a esta pregunta. En el primer nivel, que sería el lingüístico-comunicacional, no hay duda de que el croata, el serbio, el bosnio y el montenegrino son una sola lengua. Las diferencias lingüísticas entre estas lenguas son poquísimas: las cuatro utilizan el noventa por ciento de un mismo léxico y desde el punto de vista fonético, morfológico y sintáctico son muy parecidas: podemos decir, pues, que hablamos la misma lengua. Este grado tan alto de similitud se refleja, por ejemplo, en el hecho de que los habitantes del territorio de la ex Yugoslavia con una educación media o baja se comunican entre sí sin dificultad alguna.

En un segundo nivel, que definiríamos como político-simbólico, la lengua serbocroata fue sepultada juntamente con Yugoslavia, de la que era expresión simbólica y el principal medio de cohesión. Dicho de otro modo, fue sepultada porque las lenguas croata, serbia y, más tarde, bosnia y montenegrina, emergieron como lenguas de los estados que nacieron de la desintegración de Yugoslavia, y funcionan como indicadores simbólicos de las nuevas soberanías.

El tercer nivel sería el socio-psicológico, y aquí es importante comprobar cómo cualquier persona normal y corriente se relaciona con la lengua que habla. Hoy en día, la mayoría de la gente os dirá que habla serbio o croata, pero también hay quienes dicen que hablan serbocroata, o viceversa (croataserbio); y cuando lo dicen, no piensan en la política. Por si puede ser útil, yo mismo considero que mi lengua materna es el serbocroata, pero no por “yugonostalgia” o por provocación política, sino porque crecí, fui a la escuela y me formé en Sarajevo, en un ambiente excepcionalmente multicultural donde la lengua había sido siempre el serbocroata, y no veo ningún motivo para cambiar la denominación de la lengua que hablo por el hecho de que hayan cambiado las circunstancias políticas.

Desde el punto de vista científico, ¿qué ha ocurrido con estas lenguas en los últimos quince años?

Es difícil decir, por ejemplo, si la lengua serbia se ha enriquecido o se ha empobrecido; en todo caso, se ha vuelto más serbia. Con la independización de los estados y de sus lenguas nacionales se ha evidenciado la necesidad de los pueblos de demostrar que cada uno tiene una lengua distinta de las demás, con el fin de justificar simbólicamente su nueva denominación nacional. El ejemplo más significativo es el que se ha visto en el caso de la lengua croata, que es la que ha llegado más lejos con la introducción de arcaísmos y neologismos; pero también es interesante el caso de la lengua bosnia, que ha tenido que diferenciarse tanto del serbio como del croata. El único recurso para lograr la diferencia ha consistido en rebuscar en la tradición oriental e introducir turquismos y arabismos; esta “islamización” parcial de la lengua, sin embargo, resulta irrelevante desde el punto de vista lingüístico. Los hechos lingüísticos reales demuestran que esta gente, a la hora de comunicarse, habla una misma lengua, y a partir de su habla es imposible dilucidar de qué nacionalidad es cada cual. Si ahora, en Sarajevo, tuviéramos ocasión de escuchar una conversación entre tres jóvenes -un croata, un serbio y un bosnio-, no tendríamos la sensación de que hablaran lenguas distintas; pero si les preguntarais qué lengua hablan, probablemente os responderían: “la nuestra” o dirían, en broma, que hablan croata, serbio y bosnio.

Por otra parte, los miembros de las élites necesitan legitimarse en clave nacional también en cuanto a la lengua, pero no porque esas lenguas sean diferentes, sino por su promoción personal como políticos. Para tener éxito, un político “serbio” de Bosnia y Hercegovina ha de hablar serbio, un “buen” bosnio ha de hablar bosnio, y un político croata ha de hablar “más croatamente” que otro de Zagreb.

¿Es por eso que usted habló hace poco de “esquizofrenia lingüística” en Bosnia y Herzegovina?

La consecuencia de esta situación es que hay mucha gente que empieza a temer a su propia lengua y a sentirse insegura cuando se comunica públicamente: temen utilizar palabras “equivocadas”. Eso no es una situación sana. Cuando se obliga por decreto a la población que utiliza habitualmente la forma ijekava, como es el caso de los serbios de Bosnia y Herzegovina, a usar la forma ekava y a escribir con caracteres cirílicos, se provoca una situación de deterioro para el desarrollo normal de esa lengua y peligrosa para el desarrollo político de ese Estado. Dicho en términos lingüísticos: mezclar las variedades de una misma lengua en el habla desestabiliza la lengua como sistema.

¿Qué se puede decir de la propuesta de una lengua distinta llamada montenegrino?

Quienes sostienen que el montenegrino es una lengua aparte tienen un espacio muy exiguo para la “diferencia”, de modo que han tenido que dar un gran paso atrás en la historia para introducir, mediante una especie de “folklorización”, los antiguos dialectos y características regionales. Han propuesto que algunas formas morfológicas, casos y arcaísmos se introduzcan en la lengua estándar y, concretamente, han intentado introducir en la lengua fonemas completamente nuevos, como por ejemplo el fonema específico ž (žjenica en lugar de zjenica [‘pupila’]), o bien šj (šjekira en lugar de sjekira [‘hacha’]) y dz (jedzero en lugar de jezero [‘lago’]). Esta es una dirección totalmente equivocada desde el punto de vista lingüístico y no merece especial atención, ya que se trata de dialectalismos o de la simple pronunciación dialectal de algunas palabras. Este dz (en el habla coloquial de Voivodina se encuentra, por ejemplo, en la expresión popular dzevdzek – šaljivčina [‘bufón’]) se puede oír, pero no se escribe. Si Montenegro quiere tener una lengua moderna estandarizada, no tiene sentido regresar al pasado y al folklore. Y para cerrar esta discusión, conviene precisar que el nombre de una lengua es una cosa y su sustancia lingüística, otra completamente diferente.

¿Qué significa que la lengua serbia se ha vuelto “más serbia” que antes?

La lengua serbia no ha sufrido tantos intentos de diferenciación de las otras, o al menos no tantos como habría podido esperarse, ya que está vinculada a la creencia política de que los serbios supusieron una especie de pilar histórico del reagrupamiento yugoslavo; la diferenciación ha afectado sobre todo al alfabeto. Mientras que la Constitución serbia de 1990 aún permitía el uso oficial del alfabeto latino, la nueva Constitución de 2006 dice, en su artículo 10: “En la República de Serbia se utilizan oficialmente la lengua serbia y el alfabeto cirílico. El uso oficial de otras lenguas y escrituras se regula según la ley…”. Con respecto a esta ley, todavía tendremos que esperar un poco, como si tuviéramos no sé cuántas “otras lenguas y escrituras”. No obstante, yo mismo he visto la otra versión de la Constitución, que incluía como oficial también la escritura latina, así que creo que esa visión resultante de la lengua es fruto de un acuerdo con los partidos políticos conservadores que quieren marcar la exclusividad de Serbia como Estado independiente. Y eso abre puertas a la manipulación política, a decir que los serbios han escrito “desde siempre” en cirílico, que el alfabeto latino fue introducido más tarde y desde fuera por razones políticas, cuando se trataba de integrar a Serbia en Yugoslavia y en Europa… Sea como fuere, hoy podemos encontrar por las calles de Belgrado a literatos de segunda que van con una libretita bajo el brazo apuntando los letreros de las tiendas escritos con caracteres latinos para demostrar que la lengua serbia y el cirílico están amenazados.

¿Le parece útil hoy el esfuerzo para exclusivizar el cirílico en Serbia?

Los defensores de la idea de la exclusividad del cirílico dicen que “en ningún lugar del mundo existe ningún pueblo que escriba con dos alfabetos”, o bien proclaman: “mirad a los griegos, nuestro fraternal pueblo ortodoxo: escriben en su propio alfabeto y no necesitan nada más”. Olvidan, sin embargo, que escribir en dos alfabetos significa riqueza, y no decadencia. El peligro que esto origina actualmente en Serbia es que a quienes utilizan el alfabeto latino se les considere “malos serbios” o, incluso, traidores nacionales, algo que nos conduce nuevamente a la situación de los años noventa, cuando se institucionalizó la separación entre patriotas y traidores. Al fin y al cabo, ni el alfabeto latino es de origen croata, ni el cirílico es auténticamente serbio: observemos que en los tiempos del glagolítico el cirílico se utilizaba en las islas de Dalmacia y el alfabeto latino se usaba en Serbia mucho antes de que se produjeran las divisiones recientes.

¿Cuál es el problema más importante de las lenguas (nacionales) en el territorio de la ex Yugoslavia?

Se dan dos hechos de dimensión catastrófica cuando se trata de la lengua, y no sólo en Serbia; no obstante, ningún debate actual los menciona. El primero es que, por lo que respecta a Serbia, entre un tercio y la mitad de la población es funcionalmente analfabeta. Eso significa que una gran parte de la población adulta está en condiciones de firmar con su nombre, distinguir las letras y leer los titulares más sencillos de los diarios, pero tiene serias dificultades para entender textos un poco más largos, y ya no hablemos, claro está, de su capacidad para redactar cualquier tipo de texto. El segundo de estos hechos es que el nivel de cultura lingüística es inadmisiblemente bajo, y no me refiero únicamente al uso de la lengua oral y escrita, sino también a la capacidad de escuchar a los demás y de reconocer las variedades lingüísticas en la propia lengua. Una persona culta no puede ser aquella que utiliza con facilidad la lengua estándar mientras que desprecia la jerga y los dialectos. A partir de la posición que se adopta sobre la lengua y sobre las lenguas se ve muy bien qué se piensa en general de los demás; está profundamente vinculada a la cuestión de la tolerancia entre las personas.

Da la impresión de que en Serbia el espacio público se haya llenado de los discursos de los políticos, plagados de lugares comunes, que se comunican entre sí con excesos verbales y de forma agresiva. ¿Qué opina?

Sí, tiene razón, y por eso pienso que no importa demasiado en la actuación pública si se conocen las reglas de correcta acentuación de las palabras, sino que lo que verdaderamente importa es el tono de la comunicación. El lenguaje agresivo de políticos (de algunos partidos) así como el lenguaje de los medios de comunicación son la expresión lingüística de la atmósfera política que reina en la sociedad, y no hacen más que contaminar tanto la lengua como las relaciones políticas. En este sentido son característicos los excesos verbales, que han estado siempre presentes en el “folklore” de los eslavos del sur; la novedad es que se han introducido en el vocabulario político y llegan a millones de telespectadores. Lamentablemente, no podemos esperar mejoras en el “saber estar” de la comunicación lingüística mientras no cambien las relaciones políticas, aunque éstas sean impuestas desde el exterior mediante la implantación de los estándares de comunicación europeos.

Su último libro se titula Jerga. En la comunicación de hoy, ¿qué relación hay entre la lengua estándar y la jerga?

Ante todo hemos de ponernos de acuerdo sobre el concepto de jerga que, obviamente, no es sólo la lengua de la calle. En el libro he intentado estratificar este concepto en tres sentidos: la jerga de los jóvenes (que, a grandes rasgos, para mí es el slang), la jerga subcultural de los estratos sociales más pobres y de los grupos criminales (a la que corresponde la expresión francesa argot) y la jerga profesional, a la que pertenece el lenguaje de los mecánicos, los juristas, los médicos, los políticos, etc.

Podríamos decir que la jerga profesional perjudica a la lengua estándar porque carece de imaginación, suele ser repetitiva y está llena de lugares comunes, sobre todo en el caso de los políticos. Los dos primeros grupos, en cambio, son vivos, creativos, ingeniosos y actuales. Muchas formas jergales se introducen en la lengua literaria estándar a través de la terminología urbana y subcultural, salvándose del olvido, ya que son de naturaleza efímera. […]

Hemos empezado esta conversación con la globalización, y me gustaría que la termináramos con lo que usted piensa de las palabras ajenas (extranjeras) en la lengua.

No me gusta la palabra ajeno, porque tiene una connotación negativa respecto a los demás; me gusta más hablar de préstamos (léxicos) o de “prestados”, como se diría en la lengua estándar croata. Desde que el mundo es mundo, los pueblos se han prestado recíprocamente las palabras, excepto en el caso de los antiguos griegos, que no tenían a nadie de quien tomarlas. Hoy en día no se puede vivir sin palabras de origen extranjero, pero de uso local. Además de centenares de palabras de las que ningún pueblo del espacio yugoslavo ni siquiera es consciente de que son turquismos, por ejemplo, el punto de mira es actualmente la lengua inglesa, de la que se toman muchas expresiones. No hay duda de que el inglés es hoy por hoy la lengua más difundida del mundo y de que influye sobre muchas otras lenguas; pero conviene decir, de paso, que el inglés “devuelve” ahora muchos préstamos de otras lenguas que ha ido incorporando durante siglos. No podemos evitar la anglización, pero tampoco hay necesidad de hacerlo; lo que sí que hemos de hacer es utilizar los anglicismos de forma adecuada. Si vamos por la calle en Zagreb o Belgrado y preguntamos a una persona normal y corriente qué es el gay pride, no nos entenderá y no podrá respondernos, aunque esta expresión inglesa identifique un desfile de personas que tienen una determinada orientación sexual y aparezca con frecuencia en los medios de comunicación, porque a los periodistas les da pereza averiguar qué significa cualquier palabra inglesa. Este tipo de ignorancia sobre el uso de los anglicismos es lo que ahoga el espacio público de comunicación, y no el hecho de que existan anglicismos. Por consiguiente, está bien que se utilicen palabras extranjeras, pero con mesura y conocimiento de causa.

Título original: “Svaki je naški 90 posto vaški”
(http://nwbih.com/news.cgi?ref1=1222)

Traducción de Marija Djurdjevich y Albert Lázaro-Tinaut

Traducción publicada originalmente en el foro de la Casa de l’Est el 28 de septiembre de 2007
(http://www.casadelest.org/foro/topic.asp?TOPIC_ID=986).

Serbi, croat o serbocroat?

Entrevista al prestigiós lingüista
Ranko Bugarski


Per Bojan Munjin
Feral Tribune, Split (Croàcia), 6 de setembre de 2007

Pel que fa a les qüestions lingüístiques que es plantegen actualment, estem segurs que no hauríem trobat un interlocutor millor que el professor Ranko Bugarski: la seva biografia professional és realment impressionant. Amb la seva Obra completa en dotze volums, la gran quantitat de treballs en els terrenys de la lingüística general, la lingüística aplicada i la sociolingüística apareguts en diverses publicacions científiques europees, Ranko Bugarski exerceix com a professor de Filologia en la Universitat de Belgrad i en una dotzena de càtedres prominents, europees i nord-americanes, i és membre de diverses associacions professionals de lingüistes d’arreu del món. Els seus llibres Jezik od mira do rata (‘La llengua de la pau a la guerra’), Nova lica jezika (‘Les noves cares de la llengua’), Jezik u kontekstu (‘La llengua en el seu context’) i Žargon (‘Argot’) han estat reeditats diverses vegades, però el que atreu més d’ell és que parla dels dilemes lingüístics sense exaltar-se, contràriament al que fan habitualment, avui dia, els eslaus del sud quan s’enceta una discussió sobre la llengua.

Vosté ha participat en una trobada científica dedicada a les qüestions actuals de la llengua que s’ha celebrat recentment a Split, oi?

He tingut l’honor i el plaer d’haver estat convidat al congrés anual de la Societat Croata de Lingüística Aplicada que es va celebrar a final de maig a Split, de l’organització del qual es va ocupar la meva col·lega Jagoda Granić, del departament d’Humanitats de la Universitat de Split. Lamentablement, va ser la darrera vegada que vaig veure el meu bevolgut col·lega Dubravko Škiljan, un lingüista excepcional, i no tan sols en l’àmbit croat. Des del punt de vista professional, aquesta invitació ha significat molt per a mi, sobretot perquè em sembla un símptoma important dels avenços que s’estan fent per a la normalització de la cooperació cultural en el territori de l’ex Iugoslàvia. El tema general de la trobada ha estat la relació entre la política lingüística i la realitat de la llengua, i jo vaig parlar sobre “La política lingüística europea entre la globalització i la diversitat”, tot intentant respondre a la pregunta sobre la manera com aquesta política apareix en els programes i les activitats de les institucions europees, i sobre quins són els seus objectius i les indicacions per als membres de la Unió i de la comunitat europea.

Quins resultats ha obtingut el seu compromís?

He intentat aconseguir un equilibri dins les tendències contradictòries que s’acostumen a posar sobre la taula: d’una banda tenim l’avenç de la globalització, que té com a símbol principal la llengua anglesa; d’una altra banda, tendim cap a la diversificació, que afecta també l’anglès i que s’ha descompost en diverses variants nacionals. He posat l’èmfasi en la necessitat de mantenir la varietat lingüística dins de cada país i també en la necessitat de la diversitat en l’àmbit de la comunicació internacional. Pel que fa a això, és important la qüestió del multilingüisme, i encara que molts diferencien les grans llengües de les petites, cal que ens acostumem a una manera de pensar que prevegui no tan sols el manteniment, sinó també el desenvolupament de les diverses llengües. Les institucions europees s’han fixat l’objectiu d’aconseguir que en un determinat termini de temps tots els ciutadans d’Europa siguin capaços d’utilitzar dues llengües a més de la llengua materna, i això vol dir que, en el futur, els ciutadans pertanyents a les minories nacionals coneixeran quatre llengües. Per a molts, aquesta exigència és excessiva, però suposa l’únic camí per superar l’etnocentrisme i el “linguacentrisme”, és a dir, el tancament en un ethnos, una nació i una llengua. Aquesta manera de veure les coses és molt benvinguda en l’ambit ex iugoslau on, a causa les guerres recents, som menys proclius a pensar d’aquesta manera.

Què representa per a vostè el concepte d’identitat nacional i lingüística?

Avui dia la identitat ja no es determina de la manera tradicional, sinó que està estretament vinculada a l’ètnia o a la llengua. Es tracta d’un fenomen dinàmic i estratificat que no és determinat per sempre més en funció del lloc de naixement.

La identitat lingüística també és un fenomen complex, molt més del que els sembla als qui no són especialistes en la matèria, perquè hi ha moltes persones en el món que tenen més d’una llengua materna. La gent sol creure que quan un és bilingüe, és que és fill d’un matrimoni mixt, però aquesta norma monolingüística no és altra cosa que l’expressió de la ideologia del romanticisme i del nacionalisme del segle XIX. La meva identitat lingüística personal, per exemple, és molt més àmplia que la meva orientació nacional, i em sembla que viure amb tres llengües i dos alfabets, si més no desenvolupa la tolerància. És més fàcil viure amb diverses llengües que en l’estretor d’una sola llengua.

Una vegada, Miroslav Krleža va dir que croats i serbis són dos pobles dividits per una llengua i un Déu comuns. Des del seu punt de vista, existeix la llengua serbocroata o el serbi i el croat són dues llengües diferents?

Hi ha tres nivells d’observació que permeten respondre aquesta pregunta. En el primer nivell, que seria el lingüístico-comunicacional, no hi ha dubte que el croat, el serbi, el bosnià i el montenegrí són una sola llengua. Les diferències lingüístiques entre aquestes llengües són ben poques: totes quatre utilitzen el noranta per cent de la mateixa base lingüística, i des del punt de vista fonètic, morfològic i sintàctic són molt semblants; podem dir, per tant, que parlem de la mateixa llengua. Aquest grau de semblança tan alt es reflecteix, per exemple, en el fet que els habitants del territori de l’ex Iugoslàvia amb una educació mitjana o baixa es comuniquen entre ells sense cap dificultat.

En un segon nivell, el que anomenaríem político-simbòlic, la llengua serbocroata ha estat sepultada juntament amb Iugoslàvia, de la qual era l’expressió simbòlica i el principal mitjà de cohesió. Dit amb altres paraules, ha estat sepultada perquè les llengües croata, sèrbia, i més tard la bosniana i la montenegrina, van emergir com a llengües dels estats que van néixer de la desintegració de Iugoslàvia, i funcionen com a indicadors simbòlics importants de les noves sobiranies.

El tercer nivell seria el sociopsicològic, i aquí és important observar de quina manera una persona normal i corrent es relaciona amb la llengua que parla i com l’anomena. Avui, la major part de la gent us dirà que parla serbi o croat, però també hi ha algú que diu que parla serbocroat, i viceversa (croatoserbi), i quan ho diu no pensa pas en la política. Si us pot ser útil, jo mateix considero que la meva llengua materna és el serbocroat, però no per una mena de “iugonostàlgia” o per provocació política, sinó perquè vaig créixer, vaig anar a escola i em vaig formar a Sarajevo, en un ambient excepcionalment multicultural on la llengua havia estat sempre el serbocroat, i no veig cap motiu per canviar la denominació de la llengua que parlo pel fet que hagin canviat les circumstàncies polítiques.

Des del punt de vista científic, què ha passat amb aquestes llengües en els darrers quinze anys?

És difícil dir, per exemple, si la llengua sèrbia s’ha enriquit o s’ha empobrit; en tot cas, ha esdevingut més sèrbia. Amb la independització dels estats i de les seves llengües nacionals, s’ha evidenciat la necessitat dels pobles de demostrar que cadascun té una llengua diferent de la dels altres, per tal de justificar simbòlicament la seva denominació nacional. L’exemple més significatiu és el que s’ha vist amb la llengua croata, que és la que ha anat més lluny pel que fa a la introducció d’arcaïsmes i neologismes; però també és interessant el cas de la llengua bosniana, que ha hagut de mostrar-se diferent tant del serbi com del croat. L’única manera que ha tingut d’aconseguir-ho ha estat buscant suport en la tradició oriental, tot introduint turquismes i arabismes; aquesta “islamització” parcial de la llengua, tanmateix, és molt irrellevant des del punt de vista lingüístic. Els fets lingüístics reals demostren que aquesta gent, a l’hora de comunicar-se, parla una mateixa llengua, i a partir de la seva parla és impossible dilucidar de quina nacionalitat és cadascú. Si ara tinguéssiu la possibilitat d’escoltar, a Sarajevo, una conversa entre tres joves -un croat, un serbi i un bosnià-, no tindríeu pas la sensació que parlen llengües diferents; però si els preguntéssiu quina llengua parlen, probablement us respondrien: “la nostra” o, fent broma, us dirien que parlen croat, serbi i bosnià.

D’altra banda, els membres de les elits necessiten legitimar-se en clau nacional també pel que fa a la llengua, però no pas perquè aquestes llengües siguin diferents, sinó per a promoure’s ells mateixos com a polítics. Per tenir èxit, un polític “serbi” a Bòsnia i Herzegovina ha de parlar serbi, un “bon” bosnià ha de parlar bosnià, i un polític croat ha de parlar “més croatament” que no algú de Zagreb.

És per això que fa poc heu parlat d’“esquizofrènia lingüística” a Bòsnia i Herzegovina?

La conseqüència de tot plegat és que hi ha molta gent que ha començat a témer la seva llengua i a sentir-se insegura quan es comunica públicament: tenen por d’utilitzar paraules “equivocades”. I això, per a la llengua, és una situació perjudicial. Quan s’obliga per decret a la població que utilitza habitualment la forma ijekava, com és el cas dels serbis de Bòsnia i Herzegovina, a usar la forma ekava i a escriure amb caràcters ciríl·lics, es provoca una situació de deteriorament per al desenvolupament normal d’aquella llengua i perillosa per al desenvolupament polític d’aquell Estat. Dit en termes lingüístics: la barreja de les varietats de les llengües a l’hora de parlar-les desestabilitza la llengua com a sistema.

Què es pot dir de la proposta d’una llengua diferent anomenada montenegrí?

Els qui sostenen que el montenegrí és una llengua a part tenen un espai molt exigu per a la “diferència”, de manera que han fet un gran pas enrere en la història i, per mitjà d’una mena de “folklorització”, han introduït en la llengua els antics dialectes i les característiques regionals. Han proposat que s’introdueixin algunes formes morfològiques, casos i arcaïsmes en la llengua estàndard i, concretament, han intentat introduir en la llengua fonemes completament nous, com ara el fonema específic ž (žjenica en comptes de zjenica [‘pupil·la’]), o bé šj (šjekira en comptes de sjekira [‘destral’]) i dz (jedzero en comptes de jezero [‘llac’]). Aquesta és una direcció totalment equivocada des del punt de vista lingüístic i no mereix cap atenció, ja que es tracta de dialectalismes o de la simple pronúncia dialectal d’algunes paraules. Aquest dz (a la Voïvodina, per exemple, es troba en la comunicació col·loquial l’expressió popular dzevdzek – šaljivčina [‘bufó’]) podeu sentir-lo, però no escriure’l. Si Montenegro vol una llengua moderna i estàndard, no té cap sentit tornar al passat i al folklore. I per tancar aquesta discussió, val la pena precisar que el nom d’una llengua és una cosa i la seva substància lingüística, una altra completament diferent.

Què vol dir que la llengua sèrbia ha esdevingut “més sèrbia” que abans?

La llengua sèrbia no ha patit tants intents de diferenciació respecte de les altres, almenys no tants com s’hauria pogut esperar, ja que està vinculada a la creença política que els serbis van suposar una mena de pilar històric del reagrupament iugoslau; si de cas, la diferenciació ha afectat sobretot l’alfabet. Mentre que la Constitució sèrbia de 1990 encara permetia l’ús oficial de l’alfabet llatí, la nova Constitució de 2006 diu, en l’article 10: “En la República de Sèrbia s’utilitzen oficialment la llengua sèrbia i l’alfabet ciríl·lic. L’ús oficial d’altres llengües i escriptures es regula segons la llei…”. Pel que fa a aquesta llei, encara haurem d’esperar una mica, com si tinguéssim no sé quantes “altres llengües i escriptures”. No obstant això, jo mateix he vist l’altra versió de la Constitució, que incloïa com a oficial també l’escriptura llatina; per tant, crec que la versió resultant de la llengua és fruit d’un acord amb els partits polítics conservadors, que volen declarar l’exclusivitat de Sèrbia com a Estat independent. I això obre les portes a la manipulació política que diu que els serbis han escrit “des de sempre” en ciríl•·ic, que l’alfabet llatí va ser intrudiït més tard i des de fora per raons polítiques, quan es tractava d’integrar Sèrbia en Iugoslàvia i en Europa… Sigui com sigui, actualment podeu veure pels carrers de Belgrad alguns lletraferits que van amb una llibreteta sota el braç, apuntant els noms de les botigues escrits amb caràcters llatins, per demostrar que la llengua sèrbia i el ciríl·lic estan amenaçats.

Li sembla que avui dia val la pena l’esforç de fer exclusiu el ciríl·lic a Sèrbia?

Els defensors de la idea l’exclusivitat del ciríl·lic diuen que “enlloc del món hi ha cap poble que escrigui amb dos alfabets”, o bé proclamen: “mireu els grecs, el nostre fraternal poble ortodox, que escriuen amb el seu propi alfabet i no necessiten res més”. Obliden, però, que escriure en dos alfabets significa riquesa, i no pas decadència. El perill que això origina avui dia a Sèrbia és que a les persones que utilitzen l’alfabet llatí se les consideri “mals serbis” o fins i tot traïdors nacionals, cosa que ens torna a portar a la situació dels anys noranta, quan s’institucionalitzà la separació entre patriotes i traïdors. Al cap i a la fi, ni l’alfabet llatí és d’origen croat ni el ciríl·lic és autènticament serbi: observem que en els temps del glagolític el ciríl·lic s’utilitzava en les illes de la Dalmàcia i l’alfabet llatí a Sèrbia, molt abans de totes les divisions recents.

Quin és el problema més important de llengües (nacionals) en el territori de l’ex Iugoslàvia?

Hi ha dos fets de dimensió catastròfica quan es tracta de la llengua, i no únicament a Sèrbia; tanmateix, cap debat actual els esmenta. El primer és que, pel que fa a Sèrbia, entre un terç i la meitat de la població sèrbia és funcionalment analfabeta. Això significa que una gran part de la població adulta està en condicions de signar amb el seu nom, distingir les lletres i llegir els titulars més senzills dels diaris, però té dificultats importants per entendre textos una mica més llargs, sense parlar, és clar, de la seva capacitat per redactar qualsevol mena de text. El segon fet és que el nivell de cultura lingüística és inadmissiblement baix, i no em refereixo únicament a l’ús de la llengua oral i escrita, sinó també a la capacitat d’escoltar els altres i de reconèixer les variants lingüístiques. Una persona culta no pot ser aquella que utilitza amb facilitat la llengua literària estàndard i menysprea alhora l’argot i els dialectes. A partir de la posició que s’adopta sobre la llengua i sobre les llengües es veu molt bé què es pensa en general dels altres; està profundament vinculada a la qüestió de la tolerància entre les persones.

Sembla que l’escena pública a Sèrbia s’hagi omplert massa amb els discursos dels polítics, curulls de llocs comuns, i que la comunicació entre ells estigui plena d’excessos verbals i d’agressivitat. Què en pensa?

Sí, té raó, i per això, en aquest sentit, penso que el que és important de debò és el to d’aquesta comunicació. El llenguatge agressiu de polítics ben coneguts (d’alguns partits) i també el llenguatge dels mitjans de comunicació són l’expressió lingüística de l’atmosfera que es respira en la societat, i no fa altra cosa que contaminar tant la llengua com les relacions polítiques. En aquest sentit son característics els excessos verbals, que han estat sempre presents en el “folklore” dels eslaus del sud; la novetat és que això ha entrat en el vocabulari polític i arriba a milions de telespectadors. Lamentablement, no podem esperar millores en el “saber estar” de la comunicació lingüística correcta mentre no canviïn les relacions polítiques, encara que aquestes relacions vinguin imposades des de l’exterior mitjançant la implantació dels estàndards de comunicació europeus.

El seu últim llibre es titula Argot. En la comunicació actual, quina relació hi ha entre la llengua estàndard i l’argot?

Primer de tot hem de posar-nos d’acord sobre el concepte d’argot que, òbviament, no és únicament la llengua del carrer. En el llibre he intentat estratificar aquest concepte en tres sentits: l’argot dels joves (que, a grans trets, per a mi és l’slang), l’argot subcultural dels estrats socials més pobres i dels grups criminals (que és el que correspon exactament a l’expressió francesa argot) i l’argot professional, al qual pertany el llenguatge dels mecànics, els juristes, els metges, els polítics, etc.

Podríem dir que l’argot professional perjudica la llengua estàndard perquè no conté gens d’imaginació, sovint és repetitiu i està ple de llocs comuns, sobretot en el cas dels polítics. Els dos primers grups, en canvi, són vius, creatius, enginyosos i actuals. Moltes formes argòtiques s’introdueixen en la llengua literària estàndard a través de la terminologia urbana i subcultural, i això les salva de l’oblit, ja que són de naturalesa efímera. […]

Hem començat aquesta conversa amb la globalització, i voldria que l’acabéssim amb el que vosté pensa de les paraules alienes (estrangeres) en la llengua.

No m’agrada la paraula alié, perquè té una connotació negativa sobre els altres; m’estimo més parlar de préstec (lèxic) o “prestats”, com es diria en la llengua estàndard croata. Des que el món és món, els pobles s’han anat prestant recíprocament les paraules, deixant a banda els antics grecs, que no teníen ningú a qui manllevar les paraules. Avui dia no es pot viure sense paraules d’origen estranger, però fent-ne un ús local. Al costat de centenars de paraules de les quals cap poble de l’espai iugoslau és conscient que són turquismes, per exemple, actualment el punt de mira és la llengua anglesa, a la qual es manlleven moltes expressions. No hi ha cap dubte que l’anglès és ara mateix la llengua més difosa al món i influeix sobre moltes altres llengües; però cal dir també, de passada, que l’anglès “retorna” ara molts préstecs d’altres llengües que va anar incorporant durant segles. No podem defugir l’anglicització, però tampoc no hi ha cap necessitat de fer-ho; el que sí que hem de fer és utilitzar els anglicismes de manera adequada i conscient. Si avui aneu pel carrer a Zagreb o a Belgrad i pregunteu a una persona normal i corrent que és el gay pride, no us entendrà i no us podrà respondre, tot i que aquesta expressió anglesa identifica una desfilada de persones que tenen una determinada orientació sexual i apareix amb freqüència en els mitjans de comunicació, perquè als periodistes els fa mandra esbrinar què significa qualsevol paraula anglesa. Aquest tipus d’ignorància sobre l’ús dels anglicismes és el que ofega l’espai públic de comunicació, i no pas el fet que existeixin anglicismes en aquest espai. Per tant, està bé utilitzar paraules estrangeres, però amb mesura i coneixement de causa.

Títol original: “Svaki je naški 90 posto vaški”
(http://nwbih.com/news.cgi?ref1=1222)

Traducció de Marija Djurdjevich i Albert Lázaro-Tinaut

Traducció publicada originalment en el fòrum de la Casa de l’Est el 28 de setembre de 2007
(http://www.casadelest.org/foro/topic.asp?TOPIC_ID=986).