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sábado, 20 de octubre de 2012

La personalidad musical de Aram Jachaturián



Por Egon Friedler *

Aram Jachaturián, de origen armenio (su apellido suele escribirse en la transcripción anglosajona, Khachaturian, o bien en la francesa, Khatchatourian; en armenio su nombre es Արամ Խաչատրյան) fue uno de los compositores más destacados de la Unión Soviética. Nació el 6 de junio de 1903 en Tbilisi (Georgia) y falleció el 1 de mayo de 1978 en Moscú.

Hijo de un encuadernador de libros establecido en la capital georgiana, demostró interés por la música desde muy joven, pero no se distinguió por su precocidad. Su talento musical sólo se puso en evidencia cuando a los dieciocho años se trasladó a Moscú. Pese a no tener ningún conocimiento formal, en 1922 fue admitido en la Academia Musical Gnesin y comenzó a estudiar violonchelo. Sus dotes creativas, sin embargo, se manifestaron rápidamente, y en 1925 accedió a las clases de composición de Mijaíl Gnesin [1].

Mijaíl Gnesin.

Entre 1926 y 1927 ejecutó con éxito sus primeras obras, para violín y piano y piano solo, y en 1929 fue admitido en el Conservatorio de Moscú, donde tuvo como maestro al destacado y prolífico compositor Nikolái Miaskovski [2]. Después de obtener su diploma en 1934 continuó estudios de posgrado hasta 1937.

Sus obras tempranas incluyen el Trío para clarinete, violín y piano (Opus 30, 1932) que Serguéi Prokófiev recomendó para ser ejecutado en París, la Primera sinfonía (Opus 35, su obra de graduación, de 1934, dedicada al 15.º aniversario de la República Socialista Soviética de Armenia) y el Concierto para piano (Opus 38, 1936), que le valió fama internacional. Le siguió el igualmente exitoso Concierto para violín (Opus 46, 1940).

En 1937 Jachaturián se convirtió en uno de los activistas de la recientemente creada Unión de Compositores Soviéticos, en la que desempeñó diferentes cargos. Incluso cumplió con lo que se esperaba de todo compositor soviético “respetable”: compuso una cantata en honor a Stalin. Pero su fidelidad a la ortodoxia no le sirvió de mucho cuando en 1948 un decreto emitido por Andréi Zhdánov –consuegro de Stalin y férreo defensor del realismo socialista (su código ideológico, de 1950, se conoce como zhdanovismo)–, atacó a un grupo de prominentes compositores acusándolos de formalismo. Jachaturián estuvo entre los autores censurados, junto a Prokófiev y Dmitri Shostakóvich, pese a que su música tenía un claro colorido nacionalista y carecía de las complejidades que habían irritado al dictador soviético.     


Aram Jachaturián en la década de 1930.

Para evitar medidas que pudieran poner en peligro su carrera, Aram Jachaturián hizo un simulacro de autocrítica y durante los dos años siguientes se dedicó a componer partituras para películas (una de ellas sería reelaborada por él mismo en 1949 como una “Oda funeraria en homenaje a Lenin”). Durante aquella misma década compuso, además, el ballet Gayaneh (Opus 50, 1942), que incluye la celebérrima “Danza del sable”, la Segunda sinfonía (Opus 56, 1943), el Concierto para violonchelo (Opus 65, 1946) y la Tercera sinfonía (conocida como Sinfonía poema, Opus 67, 1947).

En 1950 expandió sus actividades musicales dedicándose a la dirección de orquesta y la enseñanza de la composición. Después de la muerte de Stalin, en 1953, fue el primero entre los compositores soviéticos más eminentes en reclamar una mayor libertad creativa a través de las páginas de la revista Sovietskaia Muzyka [3].

Al año siguiente terminó la composición del ballet en cuatro actos Espartaco (Opus 82), que se convertiría en uno de sus mayores éxitos y por el que obtuvo el Premio Lenin en 1959. Previamente había recibido el Premio Stalin por su Concierto para violín. A partir de 1954 también se le permitió viajar a Occidente para actuar como director de orquesta, casi siempre con obras propias. 

Representación de Espartaco por la compañía 
del Ballet Mijailovski en el Coliseum de Londres (2008).

Dmitri Shostakovich escribió en 1955: “La individualidad de Jachaturián, derivada de su gran talento creador, se revela no sólo en su lenguaje, en la impresión que deja en cada compás; esta individualidad es mayor e implica algo más que tecnología musical: comprende también la visión del mundo de Jachaturián, que es basicamente optimista. […] El carácter nacional y popular de su música es evidente en todas sus composiciones, por más diferentes que sean entre sí”.

Pero el carácter popular y la inspiración folklórica de las obras de Aram Jachaturián también han motivado juicios críticos negativos. Por ejemplo, el compositor y musicólogo español Tomás Marco considera que su colorido orquestal no es sino un pálido remedo de la obra de Rimski-Kórsakov, mientras el musicólogo británico Robert Stevens elogia su Trío para clarinete, violín y piano (1932) precisamente porque evita “el orientalismo a la Rimski-Kórsakov que se encuentra en algunas de sus obras más tardías”. Por su parte, el austriaco Otto Maria Carpeaux reprochó a Jachaturián que “se conformara con acumular melodías de manera rapsódica, sin intentar crear arquitecturas musicales”.

Jachaturián representado en un billete de banco armenio 
de 50 drams (1998).

Una posición más favorable es la del musicólogo italiano Armando Gentilucci, para quien “la música de Jachaturián, generosa, impulsiva, desenvuelta, a menudo ilustrativa, expresa con bastante fidelidad un realismo socialista, aunque en su acepción menos problemática y menos ‘gorkiana’ del término”. 

Sin embargo, quien ha definido mejor a Jachaturián es el musicólogo neoyorquino Boris Schwartz, autor de un libro fundamental sobre la vida musical soviética: Music and Musical Life in Soviet Russia 1917-1970 (1972). Escribe Schwartz en su artículo sobre el compositor en el diccionario Grove: “La exitosa carrera de Jachaturián representa la feliz implementación de la política soviética básica en materia artística: la conjunción del folklorismo regional y la gran tradición rusa. Su herencia armenia (y en un sentido más amplio, transcaucásica) se refleja en sus lánguidas melodías, sus ritmos animados y la sugestiva vitalidad de su lenguaje musical, aunque su imaginación fue disciplinada por un academismo basado en Rimski-Kórsakov. El orientalismo de un Borodin o un Balákirev [4] parece artificial frente a la genuina fogosidad de Jachaturián. Entre los compositores anteriores que influyeron sobre él figuran los armenios Gomidas y Spendarián [5], y también asimiló ciertos rasgos de Ravel y Gershwin. Siempre que utilizó el folklore lo reelaboró de manera muy personal (por ejemplo, en el movimiento lento del Concierto para piano). Su orquesta tiene un sonido rico y sensual, esencialmente postromántico, enriquecido por una colorida percusión”.


Caricatura de Aram Jachaturián
por 
el artista gráfico armenio
contemporáneo 
Ara Aslayan.



Jachaturián vivió hasta el final de sus días como un respetado y reconocido compositor soviético. Su esposa, Nina Makarova (1908-1976) también fue compositora, al igual que su sobrino Karen (1920-2011).

Puede visitarse a través de internet el Museo virtual dedicado a su memoria.

He aquí los enlaces a algunos vídeos con interpretaciones de sus obras más destacadas:

- El segundo movimiento del Concierto para piano (1936) interpretado por Lev Oborin con la Orquesta de la Radio de Moscú, dirigida por el propio Jachaturián.
- El primer movimiento del Concierto para violín (1940) interpretado por Antal Zalai con la Orquesta Sinfónica del Estado de México, dirigida por Félix Carrasco.
- El “Vals” de la obra escénica Masquerade (1941) interpretado por la Orchestra Mandolinistica di Lugano, dirigida por Mauro Pacchin.
- La “Danza del sable”, del ballet Gayaneh (1942) interpretada por la Berliner Philharmoniker, dirigida por Seiji Ozawa.
- La Segunda sinfonía (1943) interpretada por la Royal Scottish National Orchestra, dirigida por Neeme Järvi. El “Adagio” de Espartaco (1954) interpretado al piano por Matthew Cameron.

Cubierta de un disco ruso con dos de las obras más conocidas de Jachaturián: Espartaco y Gayaneh.

[1] Mijaíl Fabianovich Gnesin (Михаил Фабианович Гнесин, 1883-1957) fue un destacado compositor y pedagogo musical judío ruso, hijo de un rabino de la ciudad meridional de Rostov del Don. Formado en el Conservatorio de San Petersburgo, tuvo entre sus maestros a Nikolai Rimski-Kórsakov y Alexandr Glazunov. Destacó también como conferenciante y a él se debe la edición de la obra literaria de Rimski-Kórsakov.
[2] Nikolái Yákovlevich Miaskovski (Николай Яковлевич Мясковский, 1881-1950), miembro de una familia polaca radicada en Kazán (Tataristán),  fue uno de los músicos más notables de la Rusia soviética. Militar de profesión, contribuyó a reconstruir e impulsar el Conservatorio de San Petersburgo, y en 1921 fue contratado como profesor por el de Moscú. Comparado en su tiempo con Piotr Chaikovski, se plegó a las exigencias del realismo socialista, pero una de sus composiciones, El Kremlin de noche, molestó a Stalin, por lo que sufrió represalias hasta su muerte.
[3] Sovietskaia Muzyka, Moscú, núm. 11, 1953.
[4] Alusiones al gran compositor romántico ruso Alexandr Borodin (1833-1897), autor de las conocidas Danzas polovesianas y de la ópera El príncipe Ígor, y a otro clásico de la composición y la pedagogía musical, Mili Balákirev (1837-1910), maestro de Rimski-Kórsakov y de Músorgski y autor de una notable colección de canciones folclóricas rusas.
[5] Gomidas Vartabed (Կոմիտաս Վարդապետ, conocido también como Komidas, 1869-1935) fue un monje nacido en Anatolia y considerado el fundador de la música clásica armenia; a partir de 1915 fue víctima de las persecuciones de los armenios en Turquía y murió en París, adonde consiguió huir. Alexandr Spendarián (Ալեքսանդր Սպենդիարյան, 1871-1928), por su parte, nacido en Kajovka (Cáucaso ruso), fue alumno de Rimski-Kórsakov y se le considera el padre de la música armenia moderna.


* Este texto es una adaptación y ampliación del que escribió el musicólogo uruguayo Egon Friedler en 2003 con motivo del centenario del nacimiento de Aram Jachaturián.

Clicar sobre las imágenes para ampliarlas.

domingo, 1 de abril de 2012

Shostakovich, ajedrecista

Dmitri Dmitrievich Shostakovich (Дмитрий Дмитриевич Шостакович) 
 retratado en 1963 por el pintor armenio Martiros Saryan (1880-1972).

Por Juan María Solare 

Lejos de circunscribirse exclusivamente a la música, el abanico de aficiones de Dmitri Shostakovich (San Petersburgo, 25 de septiembre de 1906 – Moscú, 9 de agosto de 1975) era extremadamente variado. Aunque no aprendió ninguna lengua extranjera (sus conocimientos del inglés eran bastante rudimentarios y se limitaban a una comprensión pasiva) en compensación era un apasionado del fútbol y del ajedrez. Además, le producía un inmenso placer relatar anécdotas que lo presentaran en situaciones insólitas. 

A propósito de su gusto por el ajedrez, gozaba narrando, a todo quien quisiera oír, la siguiente anécdota, recogida en la exhaustiva biografía sobre Shostakovich del compositor polaco Krzysztof Meyer [1]: 

“En la época en que yo vivía en Leningrado, en los primeros años después de la Revolución, no me perdía ni una sola película. Me gustaba apasionada y profundamente el cine. Incluso trabajé como pianista en un cine y así musicalicé varias películas mudas. Un día fui al cine. En el foyer, los espectadores hojeaban apaciblemente los diarios allí expuestos. En eso aparece un hombre de aspecto discreto, vestido sobriamente. Arroja una mirada melancólica sobre una de las mesas, en la que una partida de ajedrez había quedado descuidadamente interrumpida. Estaba examinando atentamente la posición de las figuras; exclamo entonces, como a la pasada: 

 –¿Y si nos jugamos una partida? 

El hombre me observa inquisitivamente, sonríe con benévola indulgencia, y acepta. 

La rapidez de mis jugadas parece haber asombrado a mi contrincante; indudablemente no solía jugar con un sprinter como yo. Reflexionó un instante, y antes de que me diese cuenta de nada, mi rey se encontró en una situación catastrófica. 

Nerviosamente busqué la salvación, y sentí la mirada penetrante del desconocido posada sobre mí. En definitiva, el rival me dio jaque mate con increíble facilidad. Nunca había perdido de tal manera. 

Aun así, algo en mi juego parece haber llamado su atención, puesto que me pregunta: 

–¿Hace mucho tiempo que juegas al ajedrez? 

–Tres años –respondo. 

Me dirige una palabra más: 

–¿Y me conoces? 

–No. 

Sonaron las campanas, la película iba a empezar. 

–En este caso, permíteme presentarme: Alexander Aliojin… [2]  –Y entró en la sala. 

Durante la proyección de la película yo no miraba la pantalla, no aparté la vista de Aliojin. Desde aquel momento me convertí en un ardiente seguidor de todas sus partidas. Cuando en 1927 batió al campeón mundial, el célebre Capablanca, en la lejana Argentina, mi alegría no fue en absoluto inferior a la del propio Aliojin. Es que no podía discutirse que yo había sido uno de sus sparrings.” 

Shostakovich jugando al ejedrez, según una foto publicada 
por el British Chess Magazine en noviembre de 1946.
(Fuente: IPlayooChess, 2011)

Lógicamente, el único testigo y relator de esta escena fue el mismo protagonista. Habrá que creerle, aunque se sostiene que Shostakovich era un hombre que con tal de obtener una historia interesante podía inventársela. 

Elizabeth Wilson, una de sus biógrafas [3], no otorga mucha credibilidad a esta anécdota, que Shostakovich solía contarle regularmente “unas dos veces al año”. “No creo en esta historia, particularmente porque tuve la ocasión de narrársela a Borís Spassky. Spassky dijo que Shostakovich debía de haber sido muy joven, pues Aliojin abandonó Rusia en 1919 o 1920.” 

Un extraño razonamiento que no refuta nada. ¿No es perfectamente creíble este episodio en un muchacho de trece años? 

La partida de ajedrez (1940), pintura del artista 
ucraniano Boris Vladimirsky (1878-1950).
(Fuente: Золотой век России, http://zolotoivek.tumblr.com)

Consulté el asunto a Krzysztof Meyer (amigo y biógrafo del compositor). Me aseguró que también a él le había contado Shostakovich este relato y que no encontraba ninguna razón para dudar de su veracidad. Agregó que no tenía nada de particular que Shostakovich jugase al ajedrez, ya que –en contraposición a Polonia o Alemania–, en Rusia el ajedrez es una tradición nacional, y así como las muchachas educadas solían tocar el piano, los muchachos jugaban al ajedrez. Meyer también me comentó que Shostakovich le dijo haber jugado con el compositor Serguéi Prokófiev, el violinista David Óistraj y el director Kíril Kondráshin. 


[1] Krzysztof Meyer: Shostakovich. Traducción de Ambrosio Berasain. Alianza Editorial, Madrid, 1997. 482 pp. 
[2] Célebre ajedrecista ruso (Moscú, 1892 – Estoril, Portugal, 1946). Nacionalizado francés en 1925, adoptó el apellido Alekhine, por el que es conocido internacionalmente. 
[3] Elizabeth Wilson: Shostakovich: A Life Remembered. Faber and Faber, Londres y Boston, 1994. 


Juan María Solare, compositor y pianista argentino (Buenos Aires, 1966), se formó en el Conservatorio Nacional de Música de su ciudad natal, realizó estudios de postgrado en Alemania y ha ejercido la docencia en el Conservatorio de Tandil (Argentina), en la Hochschule für Künste de Bremen, en la universidad de aquella ciudad alemana y en la Complutense de Madrid. Compositor prolífico, ha obtenido diversos premios internacionales. (Más datos biográficos suyos aquí). 


Este artículo se publicó en el núm. 37 (enero de 1998) de la revista Lateral, Barcelona, p. 37.