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sábado, 23 de julio de 2011

La literatura eslovena contemporánea desde la perspectiva del año 1976 (y III)

Una puerta abierta de par en par a los aires del porvenir (Liubliana, 2006).
(Foto © Albert Lázaro-Tinaut)

Por Jean-Charles Lombard

Traducción de Albert Lázaro-Tinaut


[Las dos partes anteriores de este artículo se publicaron en
IMPEDIMENTA el 27 de junio y el 11 de julio pasados. En esta tercera y última parte, al igual que en la primera y la segunda, se han escrito los nombres con los correspondientes signos diacríticos y, en algunos casos, se han añadido vínculos, en castellano o inglés, para facilitar la búsqueda a quien desee obtener más información. También se han añadido
(entre corchetes y en cursiva) algunos datos que no aparecen en el artículo original.]

Hay un novelista sobre cuya obra merece la pena detenerse, ya que supone una excepción en la literatura eslovena: se trata de Lovro Kuhar (1893-1950), más conocido por su seudónimo: Prežihov Voranc. Autodidacta, se formó imitando a Gorki, y aunque empezó a escribir antes de la segunda guerra mundial, hasta fechas muy recientes no ha sido reconocido como uno de los “faros” eslovenos que iluminan la segunda mitad del siglo XX. Sensibilizado por los cambios que se produjeron en su país, muy atento a las fluctuaciones sociológicas, económicas y políticas de ese microcosmos que es Eslovenia, Voranc consiguió, sin producir una obra partidista o moralizadora, mostrar un alma eslovena dubitativa, a veces azorada pero siempre desgarrada y llena de contradicciones. Su novela Požganica [1939] es sin duda una de sus mejores obras, o al menos una de las más logradas. En sus relatos demuestra también unas finas dotes de observador y una gran sensibilidad, asimilando el realismo sin llegar a convertirlo en dogma, cosa que sí hicieron algunos contemporáneos suyos.

Busto de Prežihov Voranc
(Podgora, 1893 - Maribor, 1950),
obra del escultor Milan Vojsk.


En el mismo orden de ideas hay que citar a France Bevk (Pavle Sedmak [1890-1970]), un escritor que tuvo como compañeros de viaje a literatos de varias generaciones y que supo imponer una visión muy personal del mundo; su obra más notable es El vicario Martin Čedermac [1938].

Se puede observar que después de la segunda guerra mundial los novelistas eslovenos se van alejando del realismo social y empiezan a tratar problemas menos vinculados a los acontecimientos históricos. Ciril Kosmač [citado en la primera parte de este artículo], por ejemplo, aunque basó parte de su obra en la resistencia, supo deshacerse del pesado lastre que se suele encontrar en las novelas realistas con obras como La balada de una trompeta y una nube [1957] o Día de primavera [1953].


Mira Mihelič [1912-1985], sin duda una de las mejores escritoras yugoslavas, fue una excelente observadora de la sociedad eslovena y retrató magníficamente la burguesía decadente.


Mira Mihelič (Split, Croacia, 1912 -
Liubliana, 1985), retratada en un
mosaico por Barbara Ravnikar.


Beno Zupančič (1925 [-1980]), cuyas primeras obras tenían como telón de fondo la ocupación y la resistencia de los partisanos, se centró más tarde en la descripción de la vida de las gentes sencillas y sus anhelos de felicidad.


Andrej Hieng [1925-2000], uno de los escasos escritores eslovenos surgidos de la burguesía, también trató la temática de la resistencia, pero presentada desde un punto de vista fantástico que roza con el absurdo; más tarde se dedicó al teatro, aunque en ese terreno ha sido reconocido más como teórico que como dramaturgo.


Smiljan Rozman [1927-2007], por su parte, más verista que realista, escribió obras interesantes sobre el pequeño mundo de los suburbios industriales y excelentes diálogos para piezas teatrales y televisivas, y se decantó sobre todo hacia la literatura juvenil.


El Nouveau Roman no parece haber encontrado en Eslovenia a su Robbe-Grillet. Entre los intentos, más bien fallidos, que se han podido constatar en los últimos años sólo son dignas de mención las obras de Rudi Šeligo [1935-2004], entre las que destaca El tríptico de Agata Schwarzkobler [1968].*


Rudi Šeligo (Sušak, Croacia,
1935 - Liubliana, 2004).


Sería imperdonable no mencionar el teatro en el panorama de la literatura eslovena, ya que éste desempeña un papel de primer orden en la vida cultural del país, y para comprobarlo no hay más que enumerar el número de salas teatrales que se encuentran en las principales ciudades de Eslovenia. Liubliana, la capital, cuenta con cinco teatros permanentes, uno de ellos, especialmente activo, dedicado al público joven. En Maribor y Celje, las otras dos ciudades importantes de Eslovenia, existen también teatros permanentes. Todos ellos funcionan mediante el sistema de abonos, y establecen su programación unos comités compuestos por la dirección de cada teatro y algunos actores. Así es como el Teatro Nacional Esloveno de Liubliana, bajo la dirección de Janez Šenk, secundado por Janez Negro, ha podido presentar obras como L'impromptu de Versailles y Les fourberies de Scapin [de Molière], puestas en escena por el austriaco Peter Lotschak; invitó a André Périnetti para dirigir El alcalde de Zalamea [de Calderón de la Barca]; Roger Blin presentó en francés Fin de partie [de Samuel Beckett] y se ocupó del montaje de Divinas palabras [de Valle-Inclán], y Eugène Ionesco hizo una primera lectura de su Macbett (todo ello en el espacio de dos temporadas).

El Teatro Dramático Nacional de Eslovenia, en Liubliana.
(Fuente: http://artoftheatre.wordpress.com.)

Entre los autores dramáticos de posguerra más prometedores figuran Dominik Smole [1929-1992] y Gregor Strniša [1930-1987, citado en la segunda parte de este artículo], aunque no hayan alcanzado el éxito que se podía esperar de ellos. En cambio, sí que han resultado exitosas las piezas del antes mencionado Andrej Hieng y de Primož Kozak [1929–1981]. Aunque “comprometidas”, sus obras no han perdido actualidad, en particular las de Kozak, de poderoso temperamento dramático.

Más próximo a las tendencias teatrales actuales, Jože Javoršek [seudónimo de Jože Brejc, 1920-1990] no ha gozado del éxito que merecía. Por el contrario, Peter Božič (1932 [-2009]) y Dušan Jovanović [Belgrado, 1939] han sido muy bien aceptados por el público. Los necios [1963] y Emilija [1969] de Jovanović se han representado durante más de dos temporadas en el escenario del Mala drama (teatro experimental) del Teatro Nacional Esloveno de Liubliana.

Peter Božič (Bled, 1932 - Liubliana, 2009).
(Foto © Indirekt /Dnevnik)

Entre los “francotiradores” del mundo del teatro, Ivan Mrak (1906 [-1986]), autor de un considerable número de piezas escénicas, no ha sido reconocido hasta después de la representación de su drama histórico Robespierre (1972).

Sin duda más original, y perteneciente a la generación intermedia, Vitomil Zupan [1914-1987], con su obra Alejandro con las manos vacías, ha intentado aunar en el escenario la lengua literaria eslovena y la lengua hablada, bastante alejadas entre sí. Se trata de un trabajo de investigación interesante que, sin embargo, no ha obtenido una aceptación entusiasta por parte del público.


Vitomil Zupan (Liubliana, 1914-1987).
(Fuente: si.wikipedia.org)

Eslovenia ha abierto un camino propio para adentrarse en el concierto de las literaturas europeas, pero tropieza con el obstáculo de una lengua difícil y poco hablada. Buscando permanentemente su reconocimiento por las literaturas más favorecidas, Eslovenia, temerosa de no ser capaz de seguir la evolución de sus propias letras, ha pecado de un exceso de precipitación y ha cometido errores fundamentales tanto por lo que se refiere a la poesía como al teatro y la novela. Es ciertamente difícil afirmar la existencia cultural de un país cuando los obstáculos lingüísticos parecen infranqueables, de modo que algunos errores que pudieran observarse a primera vista resultan comprensibles y se pueden justificar si se reflexiona bien sobre ellos.

No obstante, eso tiene muy poca importancia si lo comparamos con la vitalidad de la creación literaria eslovena de nuestros días. Despreocupada por las escuelas, la poesía es hoy un conjunto de individualidades que se complementan oponiéndose entre sí, de generaciones que avanzan en el mismo sentido pese a resistencias aparentemente irreductibles.


Fachada de la Biblioteca Nacional y Universitaria de Eslovenia
(Narodna in univerzitetna knjižnica), en Liubliana, obra
del arquitecto Jože Plečnik, construida entre 1936 y 1941.

(Foto © Jaime Silva / Flickr)

Por fortuna, desde hace unos veinte años el aislamiento lingüístico esloveno parece diluirse: en Inglaterra, Alemania, Francia…, la literatura eslovena resulta cada vez más accesible a un público más amplio en la medida en que, sin renunciar a las características propias de su historia y de su etnia, supone una contribución nada despreciable a las letras europeas. Sería deseable que los editores franceses no se limitaran, como de hecho ocurre, a publicar a autores que escriben en serbocroata. En Eslovenia hay numerosos escritores de talento demostrado cuya originalidad no dejaría ciertamente indiferentes a los lectores.


* En 1987 Rudi Šeligo fue elegido presidente de la Asociación de Escritores de Eslovenia, y en 1989 estuvo entre los fundadores del partido liberal Unión Democrática Eslovena (Slovenska demokratična zveza, SDZ), muy activo durante la secesión de la República de Eslovenia de Yugoslavia. Tras la disolución de dicha formación política, se afilió al Partido Democrático Esloveno (Slovenska demokratska stranka, SDS). Fue Ministro de Cultura de Eslovenia del 7 de junio al 11 de noviembre del año 2000. (N. del T.)


Este artículo se publicó originalmente, en francés, en la revista Cahiers de l’Est, Éditions Albatros, París, Nº 5 (Printemps 1976), pp. 93-101.


NOTA: IMPEDIMENTA no comparte necesariamente todos los puntos de vista del autor de este artículo, aunque se ha considerado interesante traducirlo y publicarlo por lo que supone de difusión de una cultura, aunque sea de una manera parcial (en todos los sentidos); debe tenerse en cuenta, además, que fue escrito en una época y unas circunstancias políticas superadas. Sin duda, sería necesaria una actualización para que se entendiera mejor la evolución de la literatura eslovena en los últimos cuarenta años.

Haced clic sobre las imágenes para ampliarlas.

lunes, 11 de julio de 2011

La literatura eslovena contemporánea desde la perspectiva del año 1976 (II)

El centro de Liubliana, la capital de Eslovenia, visto desde el castillo.
(Foto © Albert Lázaro-Tinaut)

Por Jean-Charles Lombard
Traducción de Albert Lázaro-Tinaut


[La primera parte de este artículo se publicó en IMPEDIMENTA el pasado 27 de junio. La tercera y última parte aparecerá aquí próximamente. Al igual que en la primera parte, se han escrito los nombres con los correspondientes signos diacríticos y, en algunos casos, se han añadido vínculos, en castellano o inglés, para facilitar la búsqueda a quien desee obtener más información. También se han añadido, en cursiva, algunos datos que no aparecen en el artículo original.]

Es evidente que las preocupaciones de los poetas que no habían empezado a escribir antes de la guerra eran diferentes de las de sus padres. Más libres por lo que respecta a una literatura comprometida, aquellos jóvenes poetas pudieron orientar su obra hacia una temática subjetiva e irse liberando del romanticismo revolucionario, y también del realismo social. Se abría ante ellos un mundo que jamás habían conocido, que los deslumbraba pero al mismo tiempo, a veces, los decepcionaba. Aquella generación podría tildarse perfectamente de “generación perdida”, en el sentido de que los poetas que la formaban se tuvieron que enfrentar a una realidad tanto económica como mental que cuestionaba –o corría el riesgo de cuestionar– todo un pasado entrañablemente conservado como punto de referencia. Por fortuna no se produjo una ruptura total entre padres e hijos, de modo que éstos se esforzaron por comprender a aquéllos y aprovechar su experiencia.

La primera manifestación de los “poetas perdidos” fue la publicación, en 1953, de la antología
Pesmi štirih ['Poemas de los cuatro'] (Kajetan Kovič, 1931; Janez Menart, 1929 [-2004]; Tone Pavček, 1928; y Ciril Zlobec, 1925). A través de esta obra, toda una nueva generación de poetas se proponía situar al individuo en el lugar preeminente que le corresponde, sin caer por ello en un lirismo gratuito. Como fue el caso de sus mayores y como ocurre con frecuencia en Eslovenia, estos poetas han demostrado también sus excelentes cualidades como traductores; a Kovič se debe una sobresaliente versión de las Elegías de Duino de Rilke, así como versiones de Pasternak. Zlobec es autor de numerosas traducciones del italiano, y Menart, de excelentes versiones y adaptaciones del francés y el inglés. Esa actividad como traductores revela el interés que han demostrado siempre los intelectuales eslovenos por la vida cultural que se desarrolla más allá de las fronteras de su país.

Ciril Zlobec (Sežana, 1925), de pie,
con Kajetan Kovič (Maribor, 1931).

(Foto © STA)

Aunque los Poemas de los cuatro supusieran una especie de catalizador de la nueva poesía eslovena, hay unos cuantos poetas de edad algo mayor que participaron en la guerra y que, en cierto modo, configuraron la poesía de posguerra. Entre éstos destacan Matej Bor, Cene Vipotnik (1914-1973), Ivan Minatti (1924), Peter Levec (1923 [-1999]), Jože Šmit [1922-2004] y Lojze Krakar (1926 [-1995]). A diferencia de Kovič y de los otros poetas de la antología de los cuatro, éstos ya tenían una obra considerable antes de la guerra y sin duda vivieron el período 1940-1945 mucho más intensamente que los de la generación posterior. Su inspiración es a menudo más lírica, como si trataran así de desembarazarse de toda aquella violencia vivida en su juventud.

La generación que siguió a la de Kovič, Zlobec, Pavček, etc. no ha dado ninguna sorpresa, pero parece haber introducido ciertos elementos que aún no estaban presentes en la poesía eslovena, como las imágenes del surrealismo. Con más claridad, si cabe, que la precedente, ha reflejado con plena consciencia la alienación del hombre de hoy, enfrentado a un mundo que lo supera y lo precipita hacia un absurdo donde parece carecer de significado cualquier valor moral. Dane Zajc (1929 [-2005]), Gregor Strniša (1930 [-1987]), Veno Taufer (1933) y Saša Vegri (1934 [-2010]) son los representantes más representativos de ese período.



Dane Zajc (Zgornja Javoršica,
1929 - Golnik, 2005).

(Foto © Tomaž Skale)


De la generación más joven, es decir, la que ya ha publicado lo suficiente para que podamos citar algunos nombres, hay que destacar a varios poetas, como Svetlana Makarovič (1939), Ervin Fritz (1940), Niko Grafenauer (1940), Tomaž Šalamun (1941) [1], Erich Prunč (1941) y Vladimir Gajšek (1946). Entre los recién llegados a la poesía mencionaremos también a Tone Kuntner [1943] y Marko Kravos [1943]. Este último vive en Trieste y pertenece al pequeño grupo de escritores eslovenos residentes en Italia, cuyos representantes más destacados son Alojz Rebula [1924] y Boris Pahor [1913].

Svetlana Makarovič
(Maribor, 1939).

(Foto © Miha Fras)

Se trata, pues, de cuatro generaciones muy imbricadas y enriquecidas por una historia en incesante movimiento, que constituyen el panorama de la poesía eslovena contemporánea.

Por supuesto, no sorprende constatar que la novela eslovena tenga un desarrollo prácticamente paralelo a la línea trazada por la poesía, y que entre los novelistas contemporáneos hallemos a unos cuantos poetas ya citados sobre cuya personalidad no nos detendremos.

(Continuará.)

[1] De Tomaž Šalamun se ha publicado una Selección de poemas (1968-1998), traducidos al castellano por Pablo Juan Fajdiga (Madrid, Visor, colección ‘Visor de poesía’ núm. 410, 1999). Anteriormente habían aparecido una antología de Poesía eslovena contemporánea, a cargo de Juan Octavio Prenz (Madrid-Concepción [Chile], LAR, 1986) y, en Liubliana (Litterae Slovenicae XXXIII/2, 1995), una selección de “Poesía eslovena contemporánea”, que incluye a Aleš Debeljak, Milan Dekleva, Alojz Ihan, Milan Jesih, Kajetan Kovič, Svetlana Makarovič, Brane Mozetič, Boris A. Novak, Jure Potokar, Tomaž Šalamun, Dane Zajc y Uroš Zupan, traducidos por Marjeta Drobnič, Pablo Juan Fajdiga, Nina Kovič, Jasmina Markič, Damjana Pintarič, Antonio Preciado, Barbara Pregelj y Francisco Javier Uriz. (N. del T.)

Este artículo se publicó originalmente, en francés, en la revista Cahiers de l’Est, Éditions Albatros, París, Nº 5 (Printemps 1976), pp. 93-101.

Haced clic sobre las imágenes para ampliarlas.

lunes, 27 de junio de 2011

Un panorama de la literatura eslovena desde la perspectiva del año 1976

El edificio renacentista del Ayuntamiento
de Maribor, en el noreste de Eslovenia.

(Foto © Albert Lázaro-Tinaut)

En 1976, la revista parisina Cahiers de l’Est, fundada y dirigida por la escritora rumana Sanda Stolojan (nieta de otro notable escritor, Duiliu Zamfirescu, y exiliada en Francia por razones políticas) para difundir las literaturas de la parte de Europa sometida entonces a los regímenes comunistas, publicaba el artículo cuya primera parte presentamos a continuación, firmado por el poeta y novelista francés Jean-Charles Lombard, traductor de algunas obras de la literatura eslovena a su lengua. La segunda parte aparecerá en IMPEDIMENTA próximamente.

Conviene, pues, leer este texto desde la perspectiva de aquella época, cuando Eslovenia era una de las naciones que formaban la República Federativa Socialista de Yugoslavia (a la que el autor se refiere erróneamente, al principio de su artículo, como República Federativa Popular de Yugoslavia, denominación que tuvo el Estado federal yugoslavo únicamente entre 1946 y 1963). En la traducción se han actualizado algunos datos, como las fechas de fallecimiento de autores que aún vivían cuando se publicó el artículo original. También se han escrito los nombres y los topónimos con los correspondientes signos diacríticos. En algunos casos se han añadido vínculos, en castellano o inglés, para facilitar la búsqueda de quienes deseen obtener más información.
A.L.-T.


La literatura eslovena contemporánea (I)

Por Jean-Charles Lombard
Traducción de Albert Lázaro-Tinaut


Situada en el noroeste de Yugoslavia, limitada al norte por los Alpes Julianos y las montañas Karavanke, al oeste por unos cuarenta kilómetros de costa adriática y al sur por Croacia, Eslovenia es, con Montenegro, una de las dos repúblicas más pequeñas de las seis que forman la República Socialista Popular Federativa de Yugoslavia. Zona de paso hacia la Europa central e Italia, esta región poblada por eslavos del sur estuvo siempre sometida a la influencia de los mundos latino y germánico. Esta república, que constituye uno de los grupos lingüísticos más pequeños de Europa (aproximadamente 1.600.000 eslovenos) no se ha librado de los avatares de la historia, y su literatura, que ha evolucionado en función de los regímenes políticos y de los ocupantes del país, es tan diversa como sus paisajes.

Sometida durante siglos a una poderosa presión germánica, gracias al esfuerzo permanente de sus gentes Eslovenia ha conseguido preservar su lengua y sus tradiciones, elementos esenciales de su independencia y su afirmación como entidad cultural. Aunque sin detenernos en datos históricos antiguos, conviene que conozcamos algunas particularidades para comprender mejor los distintos aspectos del fenómeno literario esloveno actual.

Eslovenia y los eslovenos en la Federación de Yugoslavia.

Los grandes movimientos que marcaron a Eslovenia durante el siglo XIX son, por una parte, el paneslavismo, y por otra, el ilirismo. Sin extendernos demasiado, diremos que el paneslavismo supuso, en la primera mitad del siglo XIX, el despertar del sentimiento nacional eslavo, y que su desarrollo en Eslovenia puede ser considerado el intento de una minoría lingüística eslava de acercarse a Rusia y hallar de este modo, en un pueblo inmenso, a unos hermanos poderosos, capaces de sostener las reivindicaciones de los más pequeños. Así pues, en el siglo XIX numerosos intelectuales eslovenos confiaron ciegamente en la madre Rusia, convencidos de que el apoyo de ésta permitiría resistir mejor la incesante presión que ejercía el Imperio austrohúngaro. [1]

Casi al mismo tiempo se desarrolló una tendencia opuesta, el ilirismo, que a diferencia del paneslavismo –que podría considerarse una doctrina de filiación consanguínea, por así decirlo–, fue más bien una doctrina basada en intereses políticos. La finalidad declarada del ilirismo consistía, en efecto, en englobar en un único espacio cultural, lingüístico y político al conjunto de los eslavos del sur, y en particular a croatas y eslovenos. Por fortuna para éstos, el movimiento fracasó, pues de tener éxito la lengua eslovena no hubiera podido sobrevivir a la presión croata, luego croatoserbia o serbocroata. [2] El gran poeta romántico France Prešeren (1800-1849), virulento adversario del ilirismo, afirmaba que si bien los eslovenos formaban parte de los pueblos eslavos, se debían a su propia lengua y a su cultura.


Monumento a France Prešeren
en Kranj, su ciudad natal, obra
de los escultores Frančišek Smerdu
y Peter Loboda (1952).

(Foto © Albert Lázaro-Tinaut)


Consciente de que el mundo acababa de sufrir una fuerte sacudida después de la primera guerra mundial, y descontenta, al igual que los demás pueblos eslavos del sur, de la opresión austrohúngara, Eslovenia se unió en 1918 al Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos. Pese a los graves problemas nacionalistas, todavía no resueltos, que oponían a serbios y croatas, Eslovenia, ajena a esa discordia, aprovechó para reforzar su posición y afirmar su propia existencia.

Después del hundimiento de Alemania y la resistencia ejemplar de Yugoslavia ante los nazis, en 1946 se proclamó la República Socialista Popular Federativa de Yugoslavia bajo la presidencia del mariscal Tito. En 1947, Eslovenia aumentó su territorio incorporándole una parte de la Venecia Julia, y en 1954, también una parte del territorio de Trieste. Actualmente, como consecuencia de su desarrollo industrial, se ha convertido en la república más rica de la Federación, y esa riqueza le permite afirmar aún con más energía su existencia y sus particularidades.


Este breve resumen histórico, que necesitaría sin duda algunas matizaciones, debería ser suficiente para ver cómo Eslovenia, profundamente yugoslava y vinculada a la Federación, permanece ante todo eslovena. Como minoría étnica que ha conocido una historia compleja y cambiante, Eslovenia manifiesta su propio carácter sólo por su lengua y a través de ella. Su vida cultural y su literatura en particular se resienten profundamente de tal limitación, y nuestra intención es, precisamente, desentrañar esa particularidad examinando la evolución literaria eslovena desde el final de la segunda guerra mundial.


Desfile de una unidad de partisanos por las calles de Liubliana
el 9 de mayo de 1945, tras la rendición de las tropas alemanas
y las milicias nacionalistas eslovenas que ocupaban
la ciudad desde 1943.


Hay un dicho popular en Eslovenia que no debe sorprendernos: cuando dos eslovenos se encuentran son un dúo; cuando se encuentran tres, forman un trío; y cuando ya son cuatro se convierten en un coro. Esta fórmula podría aplicarse perfectamente a la literatura eslovena: dos eslovenos son dos poetas; tres poetas son una antología común; cuatro eslovenos se convierten en una tendencia firmemente defendida. Si la literatura halla en Eslovenia un terreno de elección como ese significa –conviene insistir en ello– que cuando más de un esloveno habla o escribe, más fortalecido se siente, y menos amenazado, en cuanto a su existencia. Esta actitud, propia de las lenguas calificadas a veces erróneamente de “vernáculas”, se aplica a todos los géneros de la actividad literaria: la novela, la poesía, el teatro y la crítica.

Una de las características de la poesía eslovena es sin duda su continuidad. No hay una ruptura profunda entre la poesía de antes de la guerra y la actual. Durante la guerra, la experiencia expresionista fuertemente marcada y conformada por el modelo alemán encontró nuevos ingredientes en la lucha partisana contra el invasor y enlazó las tendencias expresionistas de la década de 1920 con las preocupaciones socio-realistas y romántico-revolucionarias que aparecieron durante el período de entreguerras. Entre los poetas surgidos del expresionismo e impregnados de visiones revolucionarias destacan sobre todo Ivan Pregelj (1883-1960), Edvard Kocbek (1904 [-1981]) y Vladimir Pavčič (1913 [-1993]), que escribió bajo el seudónimo de Matej Bor. Todos estos poetas que conocieron una, cuando no las dos guerras mundiales, desempeñaron un papel importante en la literatura partisana y contribuyeron, en un período oscuro, a insuflar el coraje necesario para proseguir la lucha.


Edvard Kocbek (Sveti Jurij
ob Ščavnici
, 27.9.2004 –
Liubliana, 3.11.1981)

retratado por un famoso
artista contemporáneo
suyo, Božidar Jakac.

El más reconocido entre los escritores partisanos o, al menos, uno de los más influyentes, fue Matej Bor, que ya en 1941 dio a conocer el primer libro de poesía “resistente” de toda la Europa ocupada: Gritemos más fuerte que la tempestad. Más que un libro era un folleto que se distribuyó entre los guerrilleros, quienes lo aprendieron de memoria hasta el punto de convertirlo para el conjunto de los partisanos en el símbolo de una poesía sencilla y agitadora. Acabada la guerra, la obra de Matej Bor, que comprende numerosas piezas teatrales, novelas y una magistral traducción de Shakespeare, fue evolucionando hacia una reflexión más profunda sobre el ser humano y su destino.

Matej Bor, seudónimo
de Vladimir Pavšič
(Grgar, 14.4.1913 –
Liubliana, 29.9.1993).


Una de las características de los poetas y escritores eslovenos que vivieron la segunda guerra mundial es el estrecho apego, casi visceral, a su tierra. Un apego que aparece ampliamente en la obra de Ciril Kosmač (1910 [-1980]), cuyo lirismo adquiere con frecuencia una limpidez y una fuerza expresiva considerables. Otro poeta formado también en el expresionismo y el realismo social es Tone Seliškar (1900-1969), que se decantó pronto hacia la literatura juvenil, de la que se ha convertido en un clásico. Esta generación de poetas que ya escribían antes de la segunda guerra mundial es tan rica que resulta imposible presentarla exhaustivamente; sin embargo, hay que tenerla en cuenta, ya que supone un hito en la literatura eslovena, pues la generación siguiente fue a buscar con frecuencia sus primeros modelos en esos poetas nacidos antes de 1920.

(Continuará.)

[1] El autor debería referirse más bien al Imperio austríaco, pues el denominado Imperio austrohúngaro no se constituiría hasta 1867, es decir, en la segunda mitad del siglo. (N. del T.)

[2] Véase el artículo “¿Serbio, croata o serbocroata?” a través del enlace http://impedimentatransit.blogspot.com/search/label/lengua%20serbocroata).

Este artículo se publicó originalmente, en francés, en la revista Cahiers de l’Est, Éditions Albatros, París, Nº 5 (Printemps 1976), pp. 93-101.

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