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martes, 10 de septiembre de 2019

Un cuento popular búlgaro

Sonata para dos y unicornio, pintura de la artista búlgara Albena Vatcheva.


Explica Denitza Bogomilova Atanassova (1) en el prólogo a su traducción de los Cuentos populares búlgaros (2), que “en los Balcanes siempre ha existido una disposición de las masas a abandonar la oficial cosmovisión cristiana, y por eso la huella que los bogomilos (3) dejaron en la memoria del pueblo fue tan profunda que, muchos siglos después de la extinción de su ideología, seguían existiendo y gozando de amplia difusión varios cuentos populares con elementos bogomilianos. […] En los conceptos de los bogomilos –combatir la riqueza, declararse contra las guerras y predicar la paz y la justicia social– se manifiestan elementos de racionalismo y de humanismo impropios de la Edad Media. El bogomilismo se propagó no solo en Bulgaria sino que, desde el siglo XI hasta el XIII, penetró también en otros países (Bizancio, Serbia, Bosnia) y encontró terreno abonado en la Italia septentrional y la Francia meridional donde influyó en los valdenses y los albigenses o cátaros (4)".

Asimismo, la traductora hace esta interesante puntualización: “Un texto que ha sido considerado ‘central’ en su propia cultura casi nunca puede llegar a ocupar la misma posición en la cultura de llegada, entre otras razones porque las expectativas genéricas no son las mismas en las distintas sociedades, con la casi única salvedad de los cuentos populares que formaron su estructura básica en unos tiempos tan remotos que las distinciones genéricas todavía estaban flotando en el mar común de la expresión verbal. Su validez general funcionó durante siglos hasta que las crecientes diferencias entre etnias y naciones impusieron también al cuento ciertas marcas diferenciadoras no pudiendo, a pesar de todo, hacer que la convergencia sucumba ante la divergencia”.

El ámbito de la literatura popular, fundamentada en la tradición oral, ha sido objeto de multitud de estudios que, en efecto, concluyen en cierta universalidad de los orígenes, que para los europeos se sitúan en la mitología india y del Próximo Oriente. Como señala acertadamente la citada autora, “cuando los hermanos Grimm publicaron su primer volumen de cuentos populares pertenecientes a la tradición oral alemana, los eruditos de Alemania creyeron que esos cuentos se encontraban solo en la tradición oral de aquel país. Creían que mayor parte de cuentos alemanes eran restos de la mitología indoeuropea. Unas teorías que fueron perdiendo valor cuando empezaron a publicarse colecciones de cuentos populares de otros países y cuando se descubrió que la mayoría de los cuentos de los hermanos Grimm se hallaba en versiones semejantes en otras partes de Europa”.

Presentamos a continuación uno de los cuentos traducidos del búlgaro por la Dra. Atanasova, en el que queda patente el espíritu bogomiliano al que se refiere.

Albert Lázaro-Tinaut


Tres muchachas de perfil, del artista alemán Otto Mueller (1921).


Los hijos del voivoda

Estas eran tres hermanas cuyo padre tenía un molino de agua. Las dos mayores eran guapitas, aunque no tanto, mientras que la menor brillaba por su belleza como el lucero vespertino. Vivían las tres molineras en la casa paterna, el tiempo pasaba e iba convirtiéndolas en mozas casaderas. Una noche se sentaron con sus ruecas a la puerta del molino para hilar a la luz de la luna, empezaron a hablar y, de palabra en palabra, la primera dijo:
     –Si el hijo del voivoda gustase tomarme por esposa, le hilaría una madeja de lana con la que le tejería tanto paño como para vestir a toda su tropa.
     Entonces dijo la segunda:
     –Si gustase tomarme a mí, le amasaría una hogaza tan blanca como para dar de comer a toda su tropa.
     –Si gustase el hijo del voivoda casarse conmigo –dijo entonces la menor– le daría dos hijos de cabellos de oro y dientes de plata.
     Todas las noches el hijo del voivoda pasaba junto al molino, camino del río, adonde iba a abrevar su caballo blanco. Justo cuando charlaban las tres hilanderas, cruzó por ahí, paró su caballo y las escuchó. Luego, al volver, entró en el molino a buscar al viejo molinero y le dijo:
     –Abuelo, déjame tomar por esposa a una de tus tres hijas.
     –¿A cuál quieres? –preguntó alegrado el molinero.
     –A la menor.
     –Es tuya, hijo, pero antes te preguntaré qué oficio tienes.
     –Soy el hijo del voivoda, abuelo, mi padre ya es viejo y, cuando me case, me hará comandante de toda la tropa. Seré voivoda.
     –Ah, bueno, si es así, está bien –dijo el molinero.


Por fin te encontré, pintura de Albena Vatcheva.

     Al día siguiente, que era viernes, el hijo del voivoda celebró la boda. Fue a buscar a la hija menor, se la llevó al palacio de su padre en una carroza dorada y empezaron a vivir felices. Al cabo de cierto tiempo, el viejo voivoda, que ya iba perdiendo fuerzas, cedió el puesto a su hijo, quien llegó a ser un buen voivoda. Un día se presentaron en el palacio las dos hermanas mayores y comenzaron a decir:
     –Hermana voivodisa, recógenos en tu palacio para que nos demos un poco de buena vida nosotras también. Estamos hasta la coronilla de ir todo el día cubiertas de harina, ya nos hemos hartado del molino de papá. Es mucho mejor vuestro palacio.
     –Veníos, pues –les dijo la voivodisa invitándoles a su palacio.
   La hermana mayor, que era muy envidiosa, no se podía estar tranquila ni de día ni de noche, paseaba por el palacio tramando planes de cómo echar a su hermana y casarse con el voivoda. Un día la voivodisa tuvo dos hijos, dos niños maravillosos de cabellos de oro y dientes de plata. Miraba a sus hijos con lágrimas de emoción en los ojos y no cabía en sí de gozo. El marido había salido de caza e iba a volver tarde por la noche. La hermana mayor, la envidiosa, permanecía cerca del lecho de la parturienta reventando de rabia y de pronto dijo:
     –Hermana voivodisa, mira lo cansada que estás, ¿por qué no te echas un sueño?
     –¿Y mis hijos? –preguntó la madre.
     –Yo los acunaré y los meceré hasta que se duerman.
     La madre, fatigada como estaba, cerró los ojos y se adormeció. Entonces la envidiosa agarró a los recién nacidos, salió corriendo, se adentró en lo más tupido del parque y los mató. Luego, después de enterrarlos en medio del jardín, se fue donde la perra, le quitó dos cachorrillos y los acomodó en la cuna. Mientras la voivodisa seguía dormida, se puso a mecerlos y a cantarles. Tarde por la noche volvió el voivoda y la hermana salió a su encuentro diciéndole:
     –¡Enhorabuena, que ya eres padre!


Cachorros, óleo del artista chino T. F. Lu.

     –¿Dónde están mis hijos? –gritó alegre el joven voivoda corriendo hacia la cuna, pero al ver los dos perritos, palideció de ira y ordenó:
     –¡Fuera de aquí! Echad a esos perros y expulsad del palacio a su madre, hacedle una cabaña de paja por ahí, por el río, y que de ahora en adelante cuide de mis patos.
     –Y tú, ¿cómo te apañarás sin mujer? –preguntó la envidiosa.
     –Eso es pan comido –dijo el voivoda enfadado–: me casaré contigo.
     Sus órdenes fueron cumplidas aquella misma noche.
    Al día siguiente el voivoda salió a dar un paseíto por el jardín y ¡vaya sorpresa!: allí donde la envidiosa enterró a los dos niños habían crecido dos maravillosos árboles de hojas de plata y flores de oro. El voivoda se quedó asombrado y llamó a su nueva mujer:
     –Ven a ver. ¡Ha obrado un milagro!
     Primero pasó bajo de los árboles el voivoda y estos se inclinaron para acariciarle la cabeza. Luego pasó la voivodisa y los árboles se doblaron azotándole la cara.
     –El voivoda llamó a unos carpinteros y les dijo:
     –Colocad dos camas entre el ramaje de esos árboles que esta noche la voivodisa y yo vamos a dormir ahí arriba, en medio de las flores de oro y las hojas de plata.
     Los carpinteros armaron las camas y a la noche el voivoda y su mujer se acostaron a dormir bajo el runrún de las hojas de plata.
     El voivoda se durmió enseguida porque las flores le acariciaban la cara mientras que la voivodisa estaba en ascuas y no podía pegar ojo, pues las ramas le hacían daño. Cerca de medianoche los dos árboles hablaron con voces humanas:
     –Hermano –dijo uno–, ¿puedes con el voivoda?
     –Sí, no me pesa –contestó el otro– porque es mi padre. Le encuentro más liviano que una pluma. Y tú, ¿qué tal con la voivodisa?
     –Me pasa más que una vaca en brazos y me hace crujir las ramas.
     La voivodisa los oyó, se bajó del árbol y pasó la noche entera tiritando tumbada en la hierba húmeda.
     Al día siguiente, cuando el voivoda bajó y se fue otra vez a cazar, la voivodesa agarró un hacha, cortó los árboles y los quemó hasta reducirlos a un montoncito de ceniza.


Ovejas 3, pintura de Jesús Fernández Escobar.

     La pastora de patos, que era la madre de los niños asesinados, cogió un puñado de ceniza y lo esparció por los arriates, en los que aquella misma noche brotaron tallitos de albahaca dorados y plateados. La envidiosa se dio cuenta de que la albahaca había crecido de la ceniza de los árboles y dejó entrar en el jardín a una oveja para que se comiera la albahaca. Durante la noche esta oveja parió dos corderitos de lana de plata y cuernecillos de oro. Al verlos, la envidiosa los metió deprisa en un canasto y, embreándolo, lo arrojó al río. Los corderitos flotaron a la deriva pero, por suerte, el canasto encalló justo en el salcedo que había delante de la cabaña de paja donde vivía la pastora de patos. Hambrientos como estaban, se pusieron a dar balidos lastimeros, y la mujer al oírlos se levantó y se acercó al salcedo con una vela encendida en la mano. Halló el canasto embreado, lo abrió y ¡vaya sorpresa!: se encontró con los dos corderitos de plata con cuernecillos de oro. Enseguida reconoció en ellos a sus hijitos, se los llevó a la cabaña y les dio el pecho. Tan pronto empezó a mamar el primer corderito, se convirtió en niño. Entonces la madre se alegró, dio de mamar al segundo y este también se convirtió en niño.
     Los dos chicos de cabellos de oro y dientes de plata se quedaron a vivir en la cabaña de paja, fueron creciendo, dieron los primeros pasos, empezaron a hablar. A menudo salían a jugar a la puerta de casa y todos quienes por ahí pasaban se detenían maravillados a mirarlos. Una vez pasó la voivodisa y los niños se pusieron a tirarle piedras. Pasó el voivoda y salieron corriendo a barrer el sendero por el que iba a pasar su caballo.
     El voivoda, al verlos, se quedó pasmado: ¿de dónde habrían salido esos dos muchachos de dientes de plata y cabellos de oro? Precisamente así serían los que prometió darle en su día la mujer que ahora cuidaba de sus patos. Tuvo una corazonada y salió en su busca. Ella estaba junto al río, apoyada en un largo cayado, cuidando de los patos.
     –¿Cómo es que tienes a esos niños? –inquirió el voivoda.
     –Me los trajo el río en un canasto embreado –contestó la mujer y se metió en la cabaña.
     El voivoda regresó al palacio y encontró a la voivodisa intentando atrapar al gato y darle una paliza por haber pegado unas lengüetadas a la leche.


Gato, pintura de la artista estadounidense Debbie Crawford.

     –No me pegues que le contaré al voivoda cómo mataste a sus hijos y los cambiaste por unos perritos –maulló el gato.
     Al escuchar esto, el voivoda arrebató el palo a su mujer y lo tiró por la ventana, luego se agachó. Cogió el gato en brazos y se puso a interrogarlo. El gato, como no duerme de noche, conocía toda la historia y le contó al voivoda de cabo a rabo qué fue lo que hizo la envidiosa con los niños, los árboles, la albahaca y los corderitos.
     –¿Y cómo fue que los corderitos se convirtieron en niños? –preguntó el voivoda.
     –Eso también lo vi –habló el gato–, me encontraba cazando ratones en la cabaña de la pastora de patos cuando ella sacó los corderitos del canasto. En cuanto les dio el pecho, enseguida se convirtieron en niños.
     Entonces el voivoda se llevó consigo al palacio a su primera mujer y a los niños de ambos, mientras que a la envidiosa bien que la arrojaron al mar.


Tres, ilustración de Albena Vatcheva.

Notas

1. Denitza Bogomilova Atanassova (Sofía, 1969) es licenciada en Filología Hispánica y Filología Eslava por la Universidad de su ciudad natal y doctora en Traducción e Interpretación por la Universidad de Salamanca. Además de dedicarse a la docencia y la interpretación, desde 1997 es traductora jurada para las lenguas castellana y búlgara.
2. Cuentos populares búlgaros contados en castellano. Traducción, introducción y notas de Denitza Bogomilova Atassanova. Secretariado de Publicaciones e Intercambio Editorial, Universidad de Valladolid, 2002. Colección “Disbabelia”, núm. 4.
3. Czesław Miłosz se refiere así a los bogomilos: “Una secta maniquea de la Bulgaria de la Edad Media, que surgió en estas tierras porque Bizancio, en cuyas provincias orientales de Asia se propagaba la religión herética del profeta Mani, intentó deshacerse de los maniqueos expulsándolos hacia el sur. Los bogomilos se refugiaron en los monasterios. La tendencia de las sectas rusas a presentar el mundo material como un dominio del diablo, cuando no directamente como una creación suya, podría ser una herencia búlgara, tal y como lo es el dialecto eslavo eclesiástico” (en Abecedario. Fondo de Cultura Económica, México, 2003, pp. 67-68).
4. Sobre las influencias de los bogomilos en los cátaros, véase https://www.loscataros.com/influencias-de-bogomilos-sobre-los-cataros/.


jueves, 10 de septiembre de 2015

Liberland o un poco de “Surrealpolitik” en los Balcanes

El acto de proclamación de la independencia de Liberland, el 13 de abril de 2015.

(Fuente: losdespertadores.com)
La disputa, no resuelta, entre Croacia y Serbia por minúsculas parcelas de territorio fronterizo y pequeñas islas fluviales, ha dado lugar a un hecho insólito: 7,37 kilómetros cuadrados a orillas del Danubio, en el noreste de Croacia, que forman un espacio boscoso conocido como Gornja Siga, no reclamados hasta ahora por ninguno de los dos países y convertidos, pues,  en tierra de nadie (Terra nullius en términos jurídicos clásicos, o No man’s land, en inglés, como se suele denominar internacionalmente), fueron ocupados por el político y activista checo Vít Jedlička y algún militante más de su partido, Strana svobodných občanů (‘Partido de los Ciudadanos Libres’), más conocido como Svobodní –de ideología liberal derechista–. El 13 de abril de 2015 (fecha elegida en honor al natalicio de Thomas Jefferson) Jedlička y sus acompañantes proclamaron la República Libre de Liberland.  

Vít Jedlička.
(Foto © Jan Husák, 2014)

La proclamación de la independencia de la República Libre de Liberland tuvo lugar junto a la única edificación que se levanta en aquel reducido territorio, una pequeña casa rural abandonada; Jedlička, acompañado por su novia, Jana Markovičevá, y un compañero de escuela, hincó en el suelo la bandera diseñada al afecto y pronunció el lema nacional: Žít a nechat žít (‘Vivir y dejar vivir’); el himno aún no está compuesto. La unidad monetaria de la nueva república es, al menos de momento, el bitcoin.

Jedlička, elegido presidente del nuevo “Estado” balcánico, anunció el envío de mensajes diplomáticos a Zagreb y Belgrado para informar del hecho y pidió formalmente a todos los gobiernos que reconocieran su república. Los primeros en responder no fueron autoridades de país alguno, sino miembros de dos formaciones políticas checas: el Partido Democrático Cívico (Občanská demokratická strana, fundado por el expresidente de la República, Václav Klaus) y la rama checa del Partido Pirata. Más tarde se unió a ellas el “Reino” de Sudán del Norte. Croacia calificó el “caso”  de broma, y Serbia, de frívolo, aunque ambos países coincidieron en que Liberland no infringía ningún tratado fronterizo.

La situación geográfica de Liberland, en el noreste de Croacia, 
a orillas del Danubio, que lo separa de Serbia.

En declaraciones a la BBC, Jedlička dijo que “quería fundar un país distinto, donde se vivieran todas las libertades, fuera del alcance de las fuerzas políticas, algo que ya existe en otras partes del mundo, como Singapur o Hong Kong, pero no en Europa”. Según la la web oficial de Liberland “se aceptan peticiones de ciudadanía”, de las que quedan excluidos comunistas, neonazis y “otros extremistas”.

El artículo que sigue proporciona información obtenida in situ por un colaborador del think tank (laboratorio de ideas) italiano Osservatorio Balcani e Caucaso.

Albert Lázaro-Tinaut

(con información tomada en parte de Wikipedia)



Vista aérea de Liberland y de su único territorio insular: 
la isla de Libertad, en el Danubio.

(Fuente: Liberland.org)



Liberland, la tierra de todos y de nadie

Por Giovanni Vale

Al principio todo hacía pensar que se trataba de una broma, un fake que circulaba por internet para engañar a los crédulos en las redes sociales y reírse de ellos. Sin embargo, van pasando las semanas y el “globo” de Liberland no parece tener visos de desinflarse.

El 13 de abril de este año, un grupito de ciudadanos checos declaró la independencia de un pequeñísimo pedazo de tierra situado en la frontera entre Serbia y Croacia, en la orilla derecha del Danubio; un minúsculo territorio que, según ellos (y oficialmente no les falta razón) no pertenece a nadie. La creación de Liberland se anunció a través de la web oficial creada para la ocasión. Siete kilómetros cuadrados de superficie, un solo edificio, un lema… En pocas horas el nuevo país se dotó de todos los símbolos tradicionales de la estatalidad, y el jefe de aquella pandilla, un joven militante del partido euroescéptico checo Svobondí, Vít Jedlička, de 31 años, fue elegido presidente.

Vít Jedlička junto a su novia en un acto de presentación de Liberland.

(Fuente: Liberland.org)
Durante los primeros días, Liberland se limitó a dar a conocer al mundo sus intenciones: convertirse en el tercer Estado más pequeño del mundo, después del Vaticano y el Principado de Mónaco, y acoger a todas las “personas honestas” que deseen “prosperar sin ser oprimidas por los gobiernos mediante restricciones e impuestos inútiles”…, es decir, convertir el territorio en el que Jedlička y los suyos habían izado su novísima bandera gualdinegra en un paraíso fiscal.

A continuación el país recién independizado abrió sus puertas a los primeros colonos. “La República libre de Liberland acepta peticiones de ciudadanía, los requisitos aparecen en nuestra web oficial”, decía Jedlička en su primer comunicado de prensa. Quienes deseen convertirse en ciudadanos de Liberland tan sólo han de rellenar un formulario online, especificando sus creencias religiosas, el importe de su último salario y, si es posible, adjuntar un curriculum vitae en PDF.

Página de inicio de la web oficial de Liberland.

Mientras se multiplicaban las peticiones (más de 300.000, según los últimos datos), el nuevo Estado, como es tradición, enviaba notas diplomáticas a las autoridades de Belgrado y Zagreb, a las Naciones Unidas y a otros países. Y es ahí donde aparecieron los primeros obstáculos: no sólo Serbia y Croacia ignoraron los correos electrónicos de Jedlička, sino que consideraron el caso como una necedad que no merecía la mínima atención.

“Las bromas online no son más que bromas online”, manifestaron desde el ministerio de Asuntos Exteriores croata. Y sus colegas de Belgrado se limitaron a decir que Liberland no se había fundado en territorio serbio. Además, según los mapas oficiales croatas la Gornja Siga, ese pedazo de tierra convertido en un nuevo Estado, no está considerado territorio croata. Desde este punto de vista, esa zona fronteriza situada entre los dos países balcánicos figura entre los No man’s land relacionados en Wikipedia (que fue donde Jedlička “se inspiró”).

La casa junto a la que se proclamó la independencia 
de Liberland, único edificio del territorio.
(Fuente: Liberland.org)

A finales de abril, ante la evidencia de que no se producía ningún acontecimiento, las autoridades de Liberland organizaron “visitas oficiales” a Zagreb para entrevistarse con “algunos empresarios interesados” (aunque no los identificaron) y con los croatas que habían solicitado la ciudadanía del nuevo Estado. Inmediatamente después Jedlička acudió dos veces al país que preside: el 1 y el 9 de mayo, para celebrar la victoria en la segunda guerra mundial.

Pero he aquí que al regreso de un fin de semana de festejos, Vít Jedlička fue detenido por la policía croata. “El presidente de Liberland ha sido detenido al cruzar la frontera legalmente, sin haber violado la ley”, hicieron saber en Facebook las “autoridades” del nuevo pequeño país. En efecto, desde que las visitas a orillas del Danubio se incrementaron, las fuerzas del orden croatas impidieron entrar “por vía terrestre” a Liberland, obligando a los curiosos a alquilar barcas. Además –insistían los independentistas–, “no es cierto que el territorio de Liberland haya sido reivindicado por algún país fronterizo”: si lo reivindicara Croacia, la policía no podría detener a nadie por “cruzar ilegalmente una frontera”. Y por lo que respecta a Serbia, se recordaba que el ministerio de Asuntos Exteriores de Belgrado había declarado oficialmente que aquel territorio no era de su competencia.

La "frontera" de la República Libre de Liberland con el municipio 
croata de Zmajevac, cuya iglesia aparece al fondo.

(Fuente: limescroatia.eu)
Los habitantes de las localidades croatas vecinas –Batina, Zmajevac y Kneževi Vinogradi– no saben a quién pertenece aquel pedazo de tierra, pero eso no parece preocuparles mucho: “Yo creo que ese lugar no es de nadie –afirma un poco sorprendido por la pregunta Kovač, un campesino de la zona–: mi casa está a orillas del Danubio, de manera que ahora tengo un vecino checo…”, prosigue encogiéndose de hombros y sonriendo. A pocos metros está Zoran sentado en su tractor, y se ríe divertido: “Ese tipo está chiflado –asegura, refiriéndose al presidente a Liberland–: Croacia y Serbia todavía no han resuelto el problema de pertenencia de ese territorio y él ha deducido que no es de nadie”.

El domingo 10 de mayo, el presidente de Liberland emitió un comunicado asegurando que “había percibido cierto apoyo por parte de la policía y el sistema judicial croatas”. Pero hasta ahora las autoridades de Croacia no han expresado de ninguna manera su voluntad de colaborar con su nuevo vecino.

© Giovanni Vale / Osservatorio Balcani e Caucaso.

(Este artículo se publicó originalmente en Osservatorio Balcani e Caucaso el 15 de mayo de 2015. Ha sido traducido del italiano por Albert Lázaro-Tinaut.)

martes, 20 de julio de 2010

Música balcánica: la sevdah y la sevdalinka

Mirsad Zulic (Kozarac, Bosnia noroccidental, 1952),
célebre intérprete de saz y cantante de sevdalinke.


Presentamos a continuación un artículo y una entrevista en los que se explica qué es la sevdah, un género de música tradicional de Bosnia-Herzegovina extendido a otros países de la antigua Yugoslavia, y en qué consisten las sevdalinke, esas canciones melancólicas e íntimas del mundo urbano en aquella región balcánica. La terrible guerra de Bosnia (1992-1995) y el éxodo que ésta produjo han dado como resultado, precisamente, la adaptación de esas canciones por parte de algunos músicos contemporáneos mediante arreglos más o menos atrevidos, que han servido para internacionalizarlas.

Se ha tendido a comparar la sevdah tradicional con el fado portugués –aunque la difusión de este género se produjo en el siglo XIX, pero su espíritu, sin duda, es muy anterior–, y razones no faltarían para que existiera una correspondencia sentimental entre ambos géneros, habida cuenta de las influencias sefardíes en la sevdah, motivadas por la presencia de judíos procedentes de toda la península Ibérica en Bosnia después de que fueran expulsados por Isabel I de Castilla, “la Católica”, en 1492, a instanscias del primer Inquisidor General, Tomás de Torquemada, y por la Corona portuguesa en 1497. Muchos de estos judíos desterrados se establecieron en los Balcanes, y Sarajevo –ciudad conocida durante siglos por los sefardíes como el “Yerusalayim chico”– fue uno de sus principales centros: la capital de Bosnia-Herzegovina conserva, precisamente, uno de los tesoros de la comunidad sefardí: la preciosa
Hagadá miniada, probablemente realizada en Barcelona en el siglo XIV, que se guarda actualmente en una cámara blindada del Museo Nacional de la capital de Bosnia-Herzegovina.


Al final de cada uno de los textos, el lector encontrará enlaces a YouTube que le permitirán escuchar interpretaciones diversas, desde las más clásicas hasta las que se están divulgando actualmente por todo el planeta, como un producto más de la globalización.

Albert Lázaro-Tinaut


Intérpretes de sevdalinke en la década de 1960.
(Foto ©londonsevdah.com)



Un sentimiento bosnio


Por Dario Terzić

Mostar, 31 de octubre de 2008


La historia de la sevdah, desde sus lejanísimos orígenes hasta la actualidad. El vínculo y el lento proceso de evolución hacia ideas y sonoridades nuevas. Las canciones, los intérpretes, los instrumentos de esta música melancólica típicamente bosnia.

Transmitir emociones es un empeño bastante difícil de conseguir. Traducir y transportar las emociones tampoco es fácil, pero sí posible. Estamos inmersos en la globalización, la era de la world music. En Suecia la gente puede escuchar bossa nova, puede escuchar fado aun sintiéndose muy lejos de Portugal: la música traspasa fronteras.


Bosnia-Herzegovina también tiene una música propia, muy característica: se llama sevdah, y las canciones de este género se denominan sevdalinke. ¿Qué es la sevdah y de dónde procede?

La sevdah nació en la época otomana, y la sevdalinka es una canción que se canta sobre todo en las ciudades. Es muy lenta, melancólica y meliodosa. Se trata de una combinación de elementos orientales, europeos y sefardíes, y suena de una manera muy particular. El principal instrumento de la antigua sevdalinka es el saz (una especie de mandolina oriental); hoy, en cambio, están muy presentes tanto el violín como la armónica.

Hay varias interpretaciones y explicaciones de la palabra sevdah. Según algunos procedería de la palabra turca sevda (‘amor’). Otros atribuyen su etimología a la palabra persa soda, que significa ‘melancolía’, o bien al término árabe sawda, con el que se denomina a la bilis negra. Pero quienes conocen bien la sevdah sostienen que recuerda mucho al fado portugués, con el sentimiento que lleva implícito, la saudade. Es una especie de nostalgia, pero la palabra no tiene traducción. De hecho, hay quien dice que la sevdah es la saudade algo modificada en el transcurso de largos viajes...


En la sevdalinka, la letra es muy importante. La mayoría de los autores de sevdalinke son anónimos. Muchas sevdalinke son canciones de amor, pero al mismo tiempo representan el testimonio de una época. Hablan de costumbres, modos de vida... En la sevdalinka está escrita la historia del pueblo de Bosnia-Herzegovina.


Geográficamente, la sevdah está vinculada al territorio de Bosnia-Herzegovina, pero no se limita a éste, sino que se encuentra presente también en Serbia, Montenegro y Macedonia. Pertenece especialmente a los bosniacos*, pero muchos de los autores de canciones e intérpretes eran miembros de otros pueblos. Una de las sevdalinke más famosas, por ejemplo, “Emina”, fue escrita por un famoso poeta de Mostar, Aleka Šantić, que era de religión ortodoxa. Y entre los intérpretes más destacados de sevdalinke encontramos a otro serbio ortodoxo: Nadeljko Bilkić.


Nada Mamula en 1965. Nacida en Belgrado
el 9 de enero de 1927, murió en la misma
ciudad el 11 de octubre de 2001. Empezó
a cantar sevdilanke en Sarajevo en 1951.


Últimamente, la sevdah ha evolucionado. La vieja sevdalinka era muy tradicional, lenta y con arreglos “limpios”. Los intérpretes más famosos de esta modalidad de sevdalinka ya han fallecido: Zaim Imamović, Himzo Polovina, Safet Isović... Este último murió el año pasado [2007]. Entre las mujeres destacan Beba Selimović, Zehra Deović y Nada Mamula. Fueron grandes intérpretes, y en ese tipo de sevdalinka era precisamente la voz la que arrancaba emociones. Pero esta música llegaba solamente a quienes la conocían y la entendían bien. Es imprescindible conocer la lengua, lo mismo que en el caso de los cantautores franceses. Los puntos fuertes de esta modalidad musical son, precisamente, las palabras de las canciones y la interpretación de éstas.

La globalización y la world music, sin embargo, han hecho que todo cambie. Ahora se hacen arreglos más atrevidos, más alegres, más cautivadores para atraer la atención del público, y la sevdah no es una excepción, también está sufriendo una metamorfosis.


Los primeros que exportaron esta nueva sevdah fuera de los Balcanes fueron los componentes del grupo Mostar Sevdah Reunion. Todos ellos son originarios de Mostar, como el nombre de la formación indica. La idea fue de Dragi Šestić, que durante la guerra trabajó como redactor musical en la radio de Mostar y en 1994 consiguó huir de la ciudad y establecerse en Ámsterdam. Durante la guerra, aquella misma emisora de radio de Mostar tenía una pequeña orquesta con Ilijaz Delić como vocalista.


Después de la guerra, Dragi Šestić regresó varias veces a Mostar, y allí formó un pequeño grupo musical en el que se integró también Delić. Puesto que vivía en Ámsterdam, Šestić consiguió presentar el nuevo producto en Holanda, y poco después en Bélgica, Alemania y Francia. Curiosamente, en sus dos primeros años de actividad toda la actividad de la Mostar Sevdah Reunion se desarrolló en el extranjero. El primer CD que grabaron resultaba muy caro para la gente del país (costaba 32 marcos bosnios**), por lo que lo compraban sobre todo los extranjeros. Al final, tras esos años, la Mostar Sevdah consiguió hacer una gira de conciertos en su país.


De hecho, la Mostar Sevdah Reunion no es una banda: es, sobre todo, un proyecto personal de Šestić. Además del mencionado Delić, han actuado con la Mostar Sevdah Reunion otros cantantes populares, como el famoso Šaban Bajramović y la no menos célebre Ljiljana Petrović Butler, y también intérpretes de canciones rom [gitanas]. En 1999, cuando salió su primer CD, los intérpretes del “balkan blues” dieron la vuelta al mundo: Europa, América, Australia..., y consiguieron crear su propio sello: MSR.


Damir Imamović también ha obtenido un éxito similar. Con su Trío, es famoso en toda la región balcánica. Damir es nieto del famosísimo cantante Zaim Imamović. Su padre, Nedžad, también cantaba sevdalinke. La sevdah de Damir es la versión moderna del género: juega con distintos ritmos, desde el rock hasta el jazz pasando por la música india, de modo que los viejos arreglos han sido sustituidos por nuevas interpretaciones. Hay versiones de sevdah todavía más fuertes, agresivas, como las de los Kultur Shock, una banda nacida en los Estados Unidos cuyo frontman, Srdjan Jevdjević, conocido antes de la guerra en la antigua Yugoslavia como Gino Banana, se había centrado mucho en las músicas balcánicas. Ahora, sin embargo, las interpreta de manera más transgresora.

Aún puede encontrarse otro tipo de sevdah en la música de Adi Lukovac, muerto en 2006. Su sevdah es más bien electrónica. Y no falta una legión de cantantes de música ligera en Bosnia-Herzegovina y en Croacia, como es el caso de Josipa Lisac, que se han atrevido con la sevdah.

Los músicos contemporáneos han conseguido vestir la sevdah con otros ropajes, le han dado un ritmo mucho más alegre. Así es como la sevdah despierta ahora la atención de jóvenes de todo el mundo, movidos por la curiosidad de conocer músicas nuevas con un toque de exotismo. La sevdah lo es. Para muchos, Bosnia es un país lejano, y la sevdalinka les resulta a la vez fascinante, romántica, melancólica y exótica. Se han creado coros de sevdalinke en Suecia, Noruega y los Estados Unidos, compuestos por gente de aquellos países que ha conocido la sevdah a través de exiliados bosnios y se han enamorado de ella.


Lo que falta, como en todos los terrenos, es una buena estrategia de marketing. Existen los recursos: buenos músicos, intérpretes extraordinarios, música fascinante... El problema es cómo vender esa música. Es un proceso lento, pero poco a poco la sevdah va conquistando los rincones más remotos del Planeta.


* Bošnjaci (en singular, bošnjak) es la denominación oficializada de los musulmanes de Bosnia-Herzegovina. Los demás habitantes del país son mayoritariamente bosniocroatas (católicos) o serbobosnios (ortodoxos)
[N. del T.].
** Unos 16 euros al cambio actual [N. del T.].


Audiciones en YouTube:


Zaim Imamović: Djevojka sokolu zulum učinila

Safet Isović: Ðul Zulejha

Mostar Sevdah Reunion: Gondže ružo

Mostar Sevdah Reunion y Ljiljana Buttler: Ciganine sviraj, sviraj

Damir Imamovi
ć Trio: Sjećaš li se kad si lani
Kultur Shock: Sarajevo

Adi Lukovac feat. Emina Zečaj "Il' je vedro, il' oblačno" by eccosphere


Artículo publicado en Osservatorio Balcani en octubre de 2008.
Traducción del italiano: Albert Lázaro-Tinaut.



Refik Ahmetović improvisando una sevdalinka
durante una fiesta bosnia en Nueva York.
(Foto © Jelena Kopanja)


El amor en tiempos de la sevdah

Entrevista a Adem Djuliman, cantante de sevdalinke
y animador de los lunes de la sevdah en el Kino Bosna
de Sarajevo


Por Andrea "Paco" Mariani y Federico Sicurella

–¿Qué es la sevdah y qué son las sevdalinke? ¿Cuál es la diferencia con respecto a otros tipos de música popular, por ejemplo la kafanska muzika?

–La sevdah es la música de las familias bosnias, cada familia bosnia tiene su propia sevdalinka. Cada sevdalinka es una historia de amor o una tragedia de alguno de los miembros de la familia. Todos la sienten como propia y la cantan en los patios, en las casas, en las fiestas de cumpleaños y cuando visitan a los amigos. La sevdah, pues, es una bella canción bosnia, íntima y discreta. Es algo autóctono que vive con nosotros y dentro de nosotros, aquí en Bosnia. Existe, además, un género musical moderno, una industria musical, que combina la sevdah con los sonidos actuales. Yo no puedo concebir este tipo de música, esas canciones se olvidan al cabo de un mes. La sevdalinka auténtica, en cambio, se canta desde hace trescientos años, es algo hermoso y está presente en todos los acontecimientos festivos.


–Hay pocos que dicen conocer las sevdalinke, pero luego todos acaban cantándolas…


–Las sevdalinke están hechas para ser cantadas. Se ocultan en algún rincón de nuestro subconsciente, y basta que alguien les dé un poco de aliento para que salgan y todos descubran que las conocen. Cada sevdalinka es una historia de amor de uno de nosotros, es la vida…, la infancia, cuando tienes dieciséis años y te enamoras por primera vez, y luego ese amor continúa, y se llega a la vejez… La sevdalinka recoge todo eso, o cada uno tiene una sevdalinka en su interior que narra una historia de amor que ha vivido.


–¿Es cierto que la sevdalinka es algo urbano, no del mundo rural?


–La sevdalinka es una canción urbana, pertenece a las ciudades y a los bosnios urbanos. Existe también una música rural, el kolo, que pertenece a los pueblos donde se baila, pero la sevdalinka es una canción de ciudad. Pertenece a los bosnios musulmanes, serbios, croatas, judíos, porque no se reconoce en una “nación” determinada. Si una sevdalinka narra mi historia de amor, no incluye mi nombre. No importa si me llamo Adem o Petar… Es una canción de amor, indiferente a las nacionalidades.


–¿Qué significa la palabra sevdah? ¿Cuáles son los instrumentos de la sevdalinka?


–Aquí, en Bosnia, la sevdah significa una rakija [aguardiente] que se bebe con placer, un buen plato (que llamamos meza), una muchacha a tu lado y una canción que te acompaña. La unión de estos cuatro elementos produce la sevdah. La sevdah no es sólo lo que cantas, es un auténtico ritual… No sé cómo llamáis eso en Italia… llevar a una chica a bailar, comer una pizza, beber un poco de vino, ponerse a cantar, hacerse mimos y besarse… Todo eso es la sevdah, que nació hace unos cuatrocientos años. Y, al igual que la sociedad, evoluciona, de modo que los instrumentos cambian. Al principio se tocaba el saz, un instrumento de cuerda característico de Bosnia. Luego la armónica se convirtió en la base de la sevdalinka, que se acompaña también con el tambor, la guitarra, el bas, el basprim, y a veces el violín.

–¿Cuáles son sus intérpretes favoritos y qué opinión tiene de artistas que, como Damir Imamović, interpretan la sevdah en clave moderna?

Damir Imamović.

–El abuelo de Damir, Zaim, fue un excelente intérprete de sevdalinke. Recuerdo, además, al imprescindible Safet Isović, a Nada Mamula, Zora Dubljević e Beba Selimović, intérpretes que han dado a conocer la sevdalinka al resto del mundo. Damir Imamović es un chico extraordinario que ha revitalizado muy bien la sevdah, introduciendo en ella algo de jazz y un poco de interpretación. Esto me parece bien, porque la sevdalinka no debe mantenerse idéntica a sí misma durante trescientos años. Es evidente que hay que conservarla, pero también se ha de actualizar, hay que aproximarla a las nuevas generaciones y a las distintas civilizaciones. Damir, pues, ha lanzado una buena moda, y yo lo respeto porque supone una bocanada de aire fresco. No me opongo a que algunas canciones se modifiquen un poco para adaptarlas a los nuevos tiempos, a las modas, a la juventud. Si hay buenos músicos capaces de hacerlo, ¿por qué no? Pero al mismo tiempo se debe conservar la sevdah tradicional. Es como una institución y ha de continuar siendo la base de nuestra cultura musical.

–¿Qué opinión tiene del público (jóvenes, extranjeros) que vienen a escucharles aquí, al Kino Bosna / Prvi Maj?

–La edad no tiene importancia, porque lo que sientes está en ti, y has de estar predispuesto a aceptar todo esto. Nosotros, aquí en el Kino, hemos dado vida a estos “lunes” de la sevdalinka, y la experiencia ya ha durado diez años. Hemos visto que los jóvenes no han tardado en apropiársela, y ahora son ellos los que vienen a cantar. Y vosotros, los extranjeros, estáis con ellos y con nosotros. Hemos promovido algo que es urbano, sarajevano, y lo habéis aceptado. Pero no lo habéis aceptado porque os lo he impuesto, sino probablemente porque habéis sentido que esto es Sarajevo, es Bosnia, es calidad musical y textual, y que, además, es una ocasión para divertirnos juntos, beber, charlar, cantar y bailar… sin límites.


–¿Cómo se acercan los jóvenes a la sevdah? Y usted, ¿cómo se inició?


–Soy hijo de esta ciudad y no había nada que me ligara a la música. No soy músico, pero he sido amante de la montaña, he ido siempre a la montaña con mis amigos para relajarme un poco. Y cuando mis amigos, que hacían música, se dieron cuenta de que tengo buena capacidad vocal, que canto bien… Así es como empecé. Hubo un tiempo, antes de la guerra, en que venía hasta aquí gente de Eslovenia, de Croacia, de Belgrado y de Skopje, y nos encontraba en la Treskavica, en la Bjelašnica*, y se organizaban fiestas maravillosas donde todo el mundo cantaba. Yo no he aprendido la sevdah en la academia, sale simplemente de mí según mi estado de ánimo, cuando me siento feliz en compañía de mis amigos… Y en honor al placer de sentimos, en honor a mis amigos, sale sola, empieza. Es lo mismo que me ocurre aquí, en el Kino.

–¿Qué encuentra el público en su música?

–Sin duda, sosiego y paz. En esto consiste el espíritu de la sevdah. Puedes proponerme cualquier música americana o inglesa, hard-rock, heavy metal…, pero no es lo mío. Los jóvenes que acuden aquí pertenecen a este lugar, y cada lunes vienen a cargar las pilas, espontáneamente, sin que nadie se lo imponga. Y se sienten sarajlije, sarajevanos. Ser sarajevano es un concepto amplio, algo que debe aprenderse, porque el culto de vivir en Sarajevo supone un compromiso. Aquí nadie te impone nada, puedes cantar, estarte callado, boicotear o participar, puedes contribuir y tocar algún instrumento: “aquí tienes una guitarra, échanos una mano”. Aquí deseamos que todo el mundo participe en una velada de sevdah, y aquí todo el mundo se siente como en casa. Es bonito, espontáneo y no supone compromiso alguno. Que quieres cantar, ¡pues canta! Que no quieres, ¡pues no cantes! Aunque estés callado, participas.


* La Treskavica es una montaña situada a las afueras de Sarajevo, yendo hacia el sur. La Bjelašnica es otra montaña, al sudoeste de la ciudad, muy popular entre los sarajevanos para practicar el esquí; en ella se celebraron, precisamente, muchas de las pruebas de los Juegos Olímpicos de invierno de 1984. [N. del T.]

Audiciones en YouTube:


Nada Mamula: Omer momče na kuli sjeđaše
Zora Dubljević: Šećer Mujo

Beba Selimović: U srcu mome samo živiš ti

Damir Imamović: Teško meni u Sarajevo samoj


Entrevista publicada en Osservatorio Balcani e Caucaso el 10 de marzo de 2009.
Traducción del italiano: Albert Lázaro-Tinaut.


sábado, 10 de julio de 2010

Sobre “Le Firman”, novela de Stefani Sen Senar

Vista parcial de Ohrid (Macedonia), con los muros
de la fortaleza del príncipe Samuel.

(Foto © gzdesigns.net. Projects/dfi/macedonia)
Por Albert Lázaro-Tinaut
(26 de diciembre de 2006)

Los Balcanes, en particular su parte más incógnita (entre Belgrado y Grecia), han estado presentes durante los últimos años en las páginas de la prensa y en la televisión sólo con motivo de la desintegración de Yugoslavia y de las guerras que siguieron a ésta, sobre todo las de Bosnia y Kosovo.

Las antiguas repúblicas yugoslavas, desgajadas de la federación (Montenegro ha sido la última pieza que se ha desprendido del núcleo) eran poco conocidas entre nosotros. Algo sabíamos, si acaso, de Serbia, Croacia y Eslovenia, pero casi nada de un pequeño territorio fronterizo con Bulgaria, Grecia y Albania (y ahora con el sur de Serbia, con el conflictivo y aún políticamente indefinido Kosovo) que se llama Macedonia.


La Macedonia de nuestros libros escolares era la patria de Alejandro el Grande, lejana en el tiempo y situada en las regiones septentrionales de Grecia. Recientemente, tras la ruptura de la federación de Yugoslavia, nos enteramos del contencioso entre la ex república yugoslava de Macedonia y el Estado griego tanto por la denominación del país que accedía a la independencia como por su bandera. Aún hoy, en muchos lugares, la Macedonia eslava aparece con la denominación de Antigua República Yugoslava de Macedonia (en inglés: Former Yugoslav Republic of Macedonia) o con la sigla FYROM.

Stefani Sen Senar, nacida en Francia en 1970 y residente en las proximidades de París, de padre francés y madre de origen macedonio, que estudió balcanología durante tres años en el INALCO de París, ha querido regresar a la cuna de sus orígenes maternos y sondear la convulsa y tormentosa historia de aquellas tierras y de sus habitantes, cuya identidad y cuya lengua han sido cuestionadas muchas veces. Al igual que los pueblos vecinos (a excepción de los montenegrinos), los macedonios estuvieron sometidos durante siglos al Imperio otomano y formaron parte, por consiguiente, de un enorme Estado cuyo centro neurálgico, Istanbul, la antigua Constantinopla, se encontraba entre dos concepciones de la vida y del mundo: la oriental, islamizada, y la occidental, hija de Bizancio y de religión cristiana ortodoxa.

Hasta no hace mucho tiempo, la imagen que teníamos de aquella ciudad multiétnica casi legendaria, de aquel mundo que confundíamos fácilmente con el de Las mil y una noches, del que fluían palabras exóticas como sultán, samovar, baños turcos, odalisca, harén, serrallo o caravanserrallo…, era la que nos habían dejado los pintores románticos y algunas postales antiguas. La realidad, sin embargo, era muy distinta, y de ella pueden dar fe no sólo los pueblos balcánicos que estuvieron sometidos a aquel Imperio, sino también algunas minorías como, sobre todo, los armenios, que fueron objeto de crueles persecuciones y matanzas.


Ese mundo a veces paradójico (pues tampoco fueron tan déspotas algunos sultanes otomanos modernos, al menos hasta finales del siglo XIX) aparece de repente, de forma más fantasmagórica que real, en Le Firman de Stefani Sen Senar. La acción nos lleva a un lugar apacible, maravilloso: el lago Ohrid, en el extremo fronterizo sud-occidental de Macedonia, cuyas aguas comparte con Albania, en la otra orilla. Y asomada al lago Ohrid, la ciudad del mismo nombre, de la que la autora está íntimamente enamorada. Allí, y prácticamente sólo allí, en aquel rincón casi perdido de Europa, se desarrolla la trama de la novela. Allí viven unos lejanos parientes de la muchacha que, desde Francia, ha querido intentar en pleno invierno la aventura de llegar en tren a Istanbul para buscar al asesino de sus padres. Ella, la protagonista, también es estudiante de balcanología, como la autora, con lo que descubrimos pronto cierta identificación entre ellas (y no es arriesgado afirmar que se encuentran muchos elementos autobiográficos en la obra).

El azar decide, sin embargo, que el tren quede bloqueado "un día de diciembre de 1989" por una tempestad de nieve en Skopje, la capital de Macedonia; "y fui a parar a Ohrid, donde aparentemente nada parecía atraerme salvo, tal vez, el fantasma de una lejana abuela macedonia por vía paterna". Y ahí empieza lo imprevisto, de ahí arranca la historia en la que tiene un protagonismo muy importante el misterio que se encierra en los sótanos de la vieja casa donde se hospedará. De ese misterio se desprenderá luego una alucinación en la que tendrá mucho que ver un antiguo firmán (decreto del sultán) que guardaba celosamente la familia, y que unos siniestros personajes surgidos del pozo profundo y oscuro del pasado, pero anclados en un extraño presente, quieren arrebatar.

En medio de todo ello, Sen Senar se recrea en aquel mundo soñado y ahora real ante sus ojos, en aquella Ohrid plácida y brumosa en invierno, bulliciosa y luminosa en verano, cuando se llena de veraneantes. Reproducirá sus propias sensaciones y nos ofrecerá momentos bellísimos y potentes, como cuando asiste a la curación de un cisne herido, con un ala rota, que ha sido llevado a la terraza de la casa donde vive. Y, además, como en un imaginario pesebre, sitúa y describe con gran sensibilidad psicológica a unos personajes que se convierten en prototipos de los habitantes de la Macedonia de hoy, en tránsito desde unos modos de vida aún bastante ancestrales, conservados durante el período de la Yugoslavia comunista, hacia una sociedad moderna y en pleno desarrollo, ejemplarizada por la capital del país, Skopje. Dos mundos paralelos que acaban fundiéndose (o al menos van camino de hacerlo) en la realidad de la nueva Europa. Ohrid, sin embargo, permanece en el imaginario de Stefani Sen Senar como lo que queda del paraíso perdido, como el sueño de una mujer enamorada que se resiste a abrir del todo los ojos.

Soprenden en esta novela la naturalidad con que la autora maneja el lenguaje, un lenguaje rico en matices, elegante y efectivo a la vez, y la madurez con que se enfrenta a un relato complejo, que resuelve eficazmente. Soprende (gratamente) también que un intelectual de la talla de Predrag Matvejevich haya aceptado prologar la obra para poner de manifiesto el talento con que la autora ha sabido sortear las "trampas" en que se suele caer en este tipo de novelas: la cursilería del exotismo, el folklore de bazar, el "color local" chillón… Como dice Matvejevich, Le Firman es el segundo libro de esta joven novelista. "Desde la aparición del primero, Racines barbares", afirma, "hay quien ha visto en ella a 'una Françoise Sagan de los Balcanes'. El paralelismo me parece que se debe sobre todo a su edad. La diferencia entre Bonjour Tristesse y Le Firman es de otra naturaleza. Stefani Sen Senar es, en realidad, más madura que precoz. Cuando uno se aproxima a ella, descubre más malicia que inocencia; una malicia alimentada por la inteligencia". Por su parte, el escritor serbio Vidosav Stevanovic la ha comparado con "una Marguerite Yourcenar eurobalcánica"; alguien ha descubierto en ella el influjo de Tahar Ben Jelloun… Es preferible, sin embargo, prescindir de las siempre inútiles y engañosas comparaciones y otorgarle a la autora una personalidad propia, que con seguridad marcará sus próximas obras. Sin compararla con nadie, el prestigioso poeta y narrador francés Robert Sabatier ha escrito, después de haber leído otra novela suya, Racines Barbares ('Raíces bárbaras'): "Me ha interesado el tono de este libro, por sus acentos de sinceridad y por el perfecto flujo de su estilo". Comparto plenamente esta afirmación.

Alabado por la crítica francesa y de otros países, Le Firman se ha publicado tambien en macedonio y está previsto que aparezca en edición búlgara a principios del año 2007. La edición original francesa está ilustrada con unos magníficos dibujos del artista macedonio Kolé Manev.


Stefani Sen Senar: Le Firman
Prefacio de Predrag Matvejevitch
Con 8 ilustraciones en blanco y negro de Kole Manev

Dorval Éditions, Jargeau (Francia), 2006

196 pp.
Esta novela había sido nominada en la categoría Cultura para el Grand Prix Newropeans for the European Democratisation 2006.



Esta reseña fue publicada originalmente en NewropMag el 10 de abril de 2007.