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jueves, 19 de agosto de 2021

Cómo se toma el café en Bosnia y Herzegovina

(Fuente de la foto: Jet Set Together)

Enisa Bukviċ es una escritora bosnia de religión musulmana (es decir, bosnia y bosniaca a la vez) que reside en Roma desde que se casó con un italiano, en 1987. Su prosa no tiene pretensiones literarias, lo que escribe son más bien unas memorias autobiográficas donde habla de su país y de temas sociales, expresa sus puntos de vista acerca de las diferencias culturales con respecto a Italia, y denuncia las mentiras, las tergiversaciones y la desinformación divulgadas por los mass media (discúlpeseme el anglicismo) acerca de lo sucedido en la extinta Yugoslavia y, en particular, en Bosnia y Herzegovina durante los trágicos años entre 1991 y 2001 en que aquella parte de los Balcanes se vio envuelta en guerras sangrientas que hubieran sido inimaginables apenas una década antes.

En su libro Il nostro viaggio, prologado por Predrag Matvejeviċ, desgrana los recuerdos de sus “años felices” de infancia y juventud en una Yugoslavia federada, en la que el mariscal Tito sin duda el menos tiránico de los dictadores europeossupo evitar (salvo alguna que otra excepción) los enfrentamientos entre las distintas comunidades del país, y colma las páginas de anécdotas e informaciones curiosas, sobre todo para quienes no se han acercado a lo que se ha dado en llamar “espacio yugoslavo”, ocupado actualmente por siete estados independientes.

En el texto que sigue se percibe el ritmo de la vida en el país de origen de la autora, donde la sensación de agobio y estrés parece no existir: el tiempo da para mucho más de lo que se pudiera creer, algo que me sorprendió gratamente cuando visité Bosnia y Herzegovina durante varios días, hace unos cuantos años, tiempos en los que aún eran muy recientes y evidentes, física y psíquicamente, las terribles cicatrices de la guerra y muy claros los ámbitos de confrontación.

Albert Lázaro-Tinaut


El ritual del café en Bosnia y Herzegovina

Por Enisa Bukviċ

Al principio no lograba acostumbrarme al café preparado al modo italiano, aun sabiendo que está considerado uno de los mejores del mundo, pero no me gustaba. Era demasiado fuerte y amargo para mi gusto. Mi marido había descubierto un café americano, menos tostado, de una coloración más clara, que yo podía moler en el pequeño molinillo, el mlin, que me había traído de Sarajevo como souvenir. De este modo conseguía un polvo muy fino que me permitía preparar el café como se hace en Bosnia, donde se conoce como turco.

Un 
mlin. 
(© Nomad Barista).

Mientras lo molía recordaba el ritual con el que empezaba la jornada en mi tierra. Recién levantada, lo primero que hacía era poner agua a hervir y, mientras tanto, molía el café. Luego echaba el polvo recién molido en el recipiente apropiado para ello, que se denomina džezva y tiene una forma característica, ancho por abajo y estrecho por arriba, y añadía el agua hirviendo. A continuación, aquella mezcla se hacía hervir de nuevo, pero teniendo cuidado de que la espuma no desbordara, ya que en ese caso el café no sale bueno.

La bebida preparada así se suele servir en unas pequeñas tazas, llamadas fildžan. El café se consume lentamente durante 30 o incluso 90 minutos, siempre en compañía de familiares o vecinos. Ese tiempo permite que cada una de las personas presentes puede expresar sus pensamientos, buenos y malos. Una amiga bosnia ha definido muy bien este ritual con la expresión “café-socialización”, una especie de psicoterapia diaria. Cada persona explica sus preocupaciones, sus temores o algún acontecimiento reciente, incluso si es cómico, y también se hacen chistes; así, el ritual tiene una doble finalidad terapéutica: permite que unos escuchen a otros y se obtengan efectos beneficiosos con las risas.

Una džezva.

Después de la consumición incluso hasta cinco fildžan de café se da vuelta a las tacitas y, cuando se secan, se lee el futuro en los posos que han quedado al fondo del pequeño recipiente. Todos los bosnios conocen alguna figura y su significado, y algunos son muy habilidosos para ello, por lo que se les suele invitar en ocasiones, o se va directamente a sus casas a tomar el café para poderles preguntar acerca de lo que ha quedado al fondo del fildžan y saber si el día que tenemos por delante será bueno o malo.

Vertido del café en un fildžan.
(Fuente de la foto: Jet Set Together

Aprendí a interpretar el futuro escrito en las tacitas de café durante mis estudios universitarios, en la Casa del Estudiante de Sarajevo, y desde que llegué a Italia, de vez en cuando leía los posos de café de mis amistades italianas; pero como insistían en que lo hiciera siempre, acabé abandonando ese pequeño ritual porque me parecía demasiado repetitivo y aburrido. Así pues, dejé de preparar el café al modo bosnio y al cabo de un año pasé a la tradición italiana; sin embargo, aún consumo mi café como se hace en Bosnia. Todos los días me levanto temprano, alrededor de las 6 de la mañana, preparo el café y me lo llevo a la cama para ir sorbiéndolo despacio, mientras reflexiono y planeo las tareas del día. Es un buen rato entre 30 minutos y una hora que me dedico a mí misma, para alimentar positiva y constantemente mi espíritu. Si tengo que ir a algún sitio y he de salir temprano, me levanto una hora antes para poder dedicarme ese tiempo y saborear el café como estaba acostumbrada a hacerlo. Y si tomo un café en un bar, lo pido siempre en tacita, nunca en vaso de cristal, y lo voy saboreando despacio, a pequeños sorbos, y si puede ser, sentada. Quienes están conmigo esperan pacientemente a que concluya con sosiego ese ritual tan importante para mí. Mis amigos ya conocen esa costumbre, y a quienes todavía no la conocen, les explico que no sé tomarme un café deprisa, como suelen hacer los italianos.

El poso de café en el fildžan.
(Foto 
© itanari.com)

Otro recuerdo estrechamente relacionado con el café es el tueste. Nosotros lo compramos crudo, casi siempre a granel y por kilos. En casa se tostaba cada vez que se iba a tomar. Mi abuela, cuando yo era muy pequeña, lo tostaba en un šiš, encima de las brasas de la cocina económica de leña. Ese instrumento, de hierro, tenía forma cilíndrica y se manejaba con un largo mango, que era también de hierro. El šiš se cerraba por arriba mediante una pequeña tapa que servía para abrirlo y volverlo a cerrar: no creo que cupiera en él más de medio kilo de café. Durante el tueste, había que ir girando el šiš, para lo cual era utilísimo el mango, que permitía estar un poco lejos del calor. De vez en cuando había que sacarlo de las brasas para mezclar bien el contenido, agitándolo, pero sin abrirlo: eso evitaba que los granos de café se quemaran por un solo lado.

Un šiš.
(Foto © Dragutin Matoseviċ)

Durante esa operación, el café desprendía un aroma tan intenso que se propagaba por toda la casa y se difundía incluso fuera. Mi abuela me permitía participar solamente en esta última fase del tueste para que no me quemara. Durante el procedimiento, los granos de café producían un sonido muy agradable. Esos sonidos y esos aromas fueron muy importantes durante mi infancia.

Enisa Bukviċ nació en Bijelo Polje (Montenegro) y pasó su infancia y su juventud, excepto durante sus estudios universitarios en Sarajevo, en la ciudad de Brčko, situada en el noreste de Bosnia, a orillas del río Sava, que la separa de Croacia. Está licenciada en ciencias agroalimentarias. Reside en Roma desde 1989 y escribe sus obras en italiano. No se la debe confundir con una modelo bosnio-sueca del mismo nombre.

Este texto, traducido del italiano por Albert Lázaro-Tinaut, está extraído del libro de Enisa Bukviċ Il nostro viaggio, Infinito edizioni, Marino (Roma), 2008.

martes, 20 de julio de 2010

Música balcánica: la sevdah y la sevdalinka

Mirsad Zulic (Kozarac, Bosnia noroccidental, 1952),
célebre intérprete de saz y cantante de sevdalinke.


Presentamos a continuación un artículo y una entrevista en los que se explica qué es la sevdah, un género de música tradicional de Bosnia-Herzegovina extendido a otros países de la antigua Yugoslavia, y en qué consisten las sevdalinke, esas canciones melancólicas e íntimas del mundo urbano en aquella región balcánica. La terrible guerra de Bosnia (1992-1995) y el éxodo que ésta produjo han dado como resultado, precisamente, la adaptación de esas canciones por parte de algunos músicos contemporáneos mediante arreglos más o menos atrevidos, que han servido para internacionalizarlas.

Se ha tendido a comparar la sevdah tradicional con el fado portugués –aunque la difusión de este género se produjo en el siglo XIX, pero su espíritu, sin duda, es muy anterior–, y razones no faltarían para que existiera una correspondencia sentimental entre ambos géneros, habida cuenta de las influencias sefardíes en la sevdah, motivadas por la presencia de judíos procedentes de toda la península Ibérica en Bosnia después de que fueran expulsados por Isabel I de Castilla, “la Católica”, en 1492, a instanscias del primer Inquisidor General, Tomás de Torquemada, y por la Corona portuguesa en 1497. Muchos de estos judíos desterrados se establecieron en los Balcanes, y Sarajevo –ciudad conocida durante siglos por los sefardíes como el “Yerusalayim chico”– fue uno de sus principales centros: la capital de Bosnia-Herzegovina conserva, precisamente, uno de los tesoros de la comunidad sefardí: la preciosa
Hagadá miniada, probablemente realizada en Barcelona en el siglo XIV, que se guarda actualmente en una cámara blindada del Museo Nacional de la capital de Bosnia-Herzegovina.


Al final de cada uno de los textos, el lector encontrará enlaces a YouTube que le permitirán escuchar interpretaciones diversas, desde las más clásicas hasta las que se están divulgando actualmente por todo el planeta, como un producto más de la globalización.

Albert Lázaro-Tinaut


Intérpretes de sevdalinke en la década de 1960.
(Foto ©londonsevdah.com)



Un sentimiento bosnio


Por Dario Terzić

Mostar, 31 de octubre de 2008


La historia de la sevdah, desde sus lejanísimos orígenes hasta la actualidad. El vínculo y el lento proceso de evolución hacia ideas y sonoridades nuevas. Las canciones, los intérpretes, los instrumentos de esta música melancólica típicamente bosnia.

Transmitir emociones es un empeño bastante difícil de conseguir. Traducir y transportar las emociones tampoco es fácil, pero sí posible. Estamos inmersos en la globalización, la era de la world music. En Suecia la gente puede escuchar bossa nova, puede escuchar fado aun sintiéndose muy lejos de Portugal: la música traspasa fronteras.


Bosnia-Herzegovina también tiene una música propia, muy característica: se llama sevdah, y las canciones de este género se denominan sevdalinke. ¿Qué es la sevdah y de dónde procede?

La sevdah nació en la época otomana, y la sevdalinka es una canción que se canta sobre todo en las ciudades. Es muy lenta, melancólica y meliodosa. Se trata de una combinación de elementos orientales, europeos y sefardíes, y suena de una manera muy particular. El principal instrumento de la antigua sevdalinka es el saz (una especie de mandolina oriental); hoy, en cambio, están muy presentes tanto el violín como la armónica.

Hay varias interpretaciones y explicaciones de la palabra sevdah. Según algunos procedería de la palabra turca sevda (‘amor’). Otros atribuyen su etimología a la palabra persa soda, que significa ‘melancolía’, o bien al término árabe sawda, con el que se denomina a la bilis negra. Pero quienes conocen bien la sevdah sostienen que recuerda mucho al fado portugués, con el sentimiento que lleva implícito, la saudade. Es una especie de nostalgia, pero la palabra no tiene traducción. De hecho, hay quien dice que la sevdah es la saudade algo modificada en el transcurso de largos viajes...


En la sevdalinka, la letra es muy importante. La mayoría de los autores de sevdalinke son anónimos. Muchas sevdalinke son canciones de amor, pero al mismo tiempo representan el testimonio de una época. Hablan de costumbres, modos de vida... En la sevdalinka está escrita la historia del pueblo de Bosnia-Herzegovina.


Geográficamente, la sevdah está vinculada al territorio de Bosnia-Herzegovina, pero no se limita a éste, sino que se encuentra presente también en Serbia, Montenegro y Macedonia. Pertenece especialmente a los bosniacos*, pero muchos de los autores de canciones e intérpretes eran miembros de otros pueblos. Una de las sevdalinke más famosas, por ejemplo, “Emina”, fue escrita por un famoso poeta de Mostar, Aleka Šantić, que era de religión ortodoxa. Y entre los intérpretes más destacados de sevdalinke encontramos a otro serbio ortodoxo: Nadeljko Bilkić.


Nada Mamula en 1965. Nacida en Belgrado
el 9 de enero de 1927, murió en la misma
ciudad el 11 de octubre de 2001. Empezó
a cantar sevdilanke en Sarajevo en 1951.


Últimamente, la sevdah ha evolucionado. La vieja sevdalinka era muy tradicional, lenta y con arreglos “limpios”. Los intérpretes más famosos de esta modalidad de sevdalinka ya han fallecido: Zaim Imamović, Himzo Polovina, Safet Isović... Este último murió el año pasado [2007]. Entre las mujeres destacan Beba Selimović, Zehra Deović y Nada Mamula. Fueron grandes intérpretes, y en ese tipo de sevdalinka era precisamente la voz la que arrancaba emociones. Pero esta música llegaba solamente a quienes la conocían y la entendían bien. Es imprescindible conocer la lengua, lo mismo que en el caso de los cantautores franceses. Los puntos fuertes de esta modalidad musical son, precisamente, las palabras de las canciones y la interpretación de éstas.

La globalización y la world music, sin embargo, han hecho que todo cambie. Ahora se hacen arreglos más atrevidos, más alegres, más cautivadores para atraer la atención del público, y la sevdah no es una excepción, también está sufriendo una metamorfosis.


Los primeros que exportaron esta nueva sevdah fuera de los Balcanes fueron los componentes del grupo Mostar Sevdah Reunion. Todos ellos son originarios de Mostar, como el nombre de la formación indica. La idea fue de Dragi Šestić, que durante la guerra trabajó como redactor musical en la radio de Mostar y en 1994 consiguó huir de la ciudad y establecerse en Ámsterdam. Durante la guerra, aquella misma emisora de radio de Mostar tenía una pequeña orquesta con Ilijaz Delić como vocalista.


Después de la guerra, Dragi Šestić regresó varias veces a Mostar, y allí formó un pequeño grupo musical en el que se integró también Delić. Puesto que vivía en Ámsterdam, Šestić consiguió presentar el nuevo producto en Holanda, y poco después en Bélgica, Alemania y Francia. Curiosamente, en sus dos primeros años de actividad toda la actividad de la Mostar Sevdah Reunion se desarrolló en el extranjero. El primer CD que grabaron resultaba muy caro para la gente del país (costaba 32 marcos bosnios**), por lo que lo compraban sobre todo los extranjeros. Al final, tras esos años, la Mostar Sevdah consiguió hacer una gira de conciertos en su país.


De hecho, la Mostar Sevdah Reunion no es una banda: es, sobre todo, un proyecto personal de Šestić. Además del mencionado Delić, han actuado con la Mostar Sevdah Reunion otros cantantes populares, como el famoso Šaban Bajramović y la no menos célebre Ljiljana Petrović Butler, y también intérpretes de canciones rom [gitanas]. En 1999, cuando salió su primer CD, los intérpretes del “balkan blues” dieron la vuelta al mundo: Europa, América, Australia..., y consiguieron crear su propio sello: MSR.


Damir Imamović también ha obtenido un éxito similar. Con su Trío, es famoso en toda la región balcánica. Damir es nieto del famosísimo cantante Zaim Imamović. Su padre, Nedžad, también cantaba sevdalinke. La sevdah de Damir es la versión moderna del género: juega con distintos ritmos, desde el rock hasta el jazz pasando por la música india, de modo que los viejos arreglos han sido sustituidos por nuevas interpretaciones. Hay versiones de sevdah todavía más fuertes, agresivas, como las de los Kultur Shock, una banda nacida en los Estados Unidos cuyo frontman, Srdjan Jevdjević, conocido antes de la guerra en la antigua Yugoslavia como Gino Banana, se había centrado mucho en las músicas balcánicas. Ahora, sin embargo, las interpreta de manera más transgresora.

Aún puede encontrarse otro tipo de sevdah en la música de Adi Lukovac, muerto en 2006. Su sevdah es más bien electrónica. Y no falta una legión de cantantes de música ligera en Bosnia-Herzegovina y en Croacia, como es el caso de Josipa Lisac, que se han atrevido con la sevdah.

Los músicos contemporáneos han conseguido vestir la sevdah con otros ropajes, le han dado un ritmo mucho más alegre. Así es como la sevdah despierta ahora la atención de jóvenes de todo el mundo, movidos por la curiosidad de conocer músicas nuevas con un toque de exotismo. La sevdah lo es. Para muchos, Bosnia es un país lejano, y la sevdalinka les resulta a la vez fascinante, romántica, melancólica y exótica. Se han creado coros de sevdalinke en Suecia, Noruega y los Estados Unidos, compuestos por gente de aquellos países que ha conocido la sevdah a través de exiliados bosnios y se han enamorado de ella.


Lo que falta, como en todos los terrenos, es una buena estrategia de marketing. Existen los recursos: buenos músicos, intérpretes extraordinarios, música fascinante... El problema es cómo vender esa música. Es un proceso lento, pero poco a poco la sevdah va conquistando los rincones más remotos del Planeta.


* Bošnjaci (en singular, bošnjak) es la denominación oficializada de los musulmanes de Bosnia-Herzegovina. Los demás habitantes del país son mayoritariamente bosniocroatas (católicos) o serbobosnios (ortodoxos)
[N. del T.].
** Unos 16 euros al cambio actual [N. del T.].


Audiciones en YouTube:


Zaim Imamović: Djevojka sokolu zulum učinila

Safet Isović: Ðul Zulejha

Mostar Sevdah Reunion: Gondže ružo

Mostar Sevdah Reunion y Ljiljana Buttler: Ciganine sviraj, sviraj

Damir Imamovi
ć Trio: Sjećaš li se kad si lani
Kultur Shock: Sarajevo

Adi Lukovac feat. Emina Zečaj "Il' je vedro, il' oblačno" by eccosphere


Artículo publicado en Osservatorio Balcani en octubre de 2008.
Traducción del italiano: Albert Lázaro-Tinaut.



Refik Ahmetović improvisando una sevdalinka
durante una fiesta bosnia en Nueva York.
(Foto © Jelena Kopanja)


El amor en tiempos de la sevdah

Entrevista a Adem Djuliman, cantante de sevdalinke
y animador de los lunes de la sevdah en el Kino Bosna
de Sarajevo


Por Andrea "Paco" Mariani y Federico Sicurella

–¿Qué es la sevdah y qué son las sevdalinke? ¿Cuál es la diferencia con respecto a otros tipos de música popular, por ejemplo la kafanska muzika?

–La sevdah es la música de las familias bosnias, cada familia bosnia tiene su propia sevdalinka. Cada sevdalinka es una historia de amor o una tragedia de alguno de los miembros de la familia. Todos la sienten como propia y la cantan en los patios, en las casas, en las fiestas de cumpleaños y cuando visitan a los amigos. La sevdah, pues, es una bella canción bosnia, íntima y discreta. Es algo autóctono que vive con nosotros y dentro de nosotros, aquí en Bosnia. Existe, además, un género musical moderno, una industria musical, que combina la sevdah con los sonidos actuales. Yo no puedo concebir este tipo de música, esas canciones se olvidan al cabo de un mes. La sevdalinka auténtica, en cambio, se canta desde hace trescientos años, es algo hermoso y está presente en todos los acontecimientos festivos.


–Hay pocos que dicen conocer las sevdalinke, pero luego todos acaban cantándolas…


–Las sevdalinke están hechas para ser cantadas. Se ocultan en algún rincón de nuestro subconsciente, y basta que alguien les dé un poco de aliento para que salgan y todos descubran que las conocen. Cada sevdalinka es una historia de amor de uno de nosotros, es la vida…, la infancia, cuando tienes dieciséis años y te enamoras por primera vez, y luego ese amor continúa, y se llega a la vejez… La sevdalinka recoge todo eso, o cada uno tiene una sevdalinka en su interior que narra una historia de amor que ha vivido.


–¿Es cierto que la sevdalinka es algo urbano, no del mundo rural?


–La sevdalinka es una canción urbana, pertenece a las ciudades y a los bosnios urbanos. Existe también una música rural, el kolo, que pertenece a los pueblos donde se baila, pero la sevdalinka es una canción de ciudad. Pertenece a los bosnios musulmanes, serbios, croatas, judíos, porque no se reconoce en una “nación” determinada. Si una sevdalinka narra mi historia de amor, no incluye mi nombre. No importa si me llamo Adem o Petar… Es una canción de amor, indiferente a las nacionalidades.


–¿Qué significa la palabra sevdah? ¿Cuáles son los instrumentos de la sevdalinka?


–Aquí, en Bosnia, la sevdah significa una rakija [aguardiente] que se bebe con placer, un buen plato (que llamamos meza), una muchacha a tu lado y una canción que te acompaña. La unión de estos cuatro elementos produce la sevdah. La sevdah no es sólo lo que cantas, es un auténtico ritual… No sé cómo llamáis eso en Italia… llevar a una chica a bailar, comer una pizza, beber un poco de vino, ponerse a cantar, hacerse mimos y besarse… Todo eso es la sevdah, que nació hace unos cuatrocientos años. Y, al igual que la sociedad, evoluciona, de modo que los instrumentos cambian. Al principio se tocaba el saz, un instrumento de cuerda característico de Bosnia. Luego la armónica se convirtió en la base de la sevdalinka, que se acompaña también con el tambor, la guitarra, el bas, el basprim, y a veces el violín.

–¿Cuáles son sus intérpretes favoritos y qué opinión tiene de artistas que, como Damir Imamović, interpretan la sevdah en clave moderna?

Damir Imamović.

–El abuelo de Damir, Zaim, fue un excelente intérprete de sevdalinke. Recuerdo, además, al imprescindible Safet Isović, a Nada Mamula, Zora Dubljević e Beba Selimović, intérpretes que han dado a conocer la sevdalinka al resto del mundo. Damir Imamović es un chico extraordinario que ha revitalizado muy bien la sevdah, introduciendo en ella algo de jazz y un poco de interpretación. Esto me parece bien, porque la sevdalinka no debe mantenerse idéntica a sí misma durante trescientos años. Es evidente que hay que conservarla, pero también se ha de actualizar, hay que aproximarla a las nuevas generaciones y a las distintas civilizaciones. Damir, pues, ha lanzado una buena moda, y yo lo respeto porque supone una bocanada de aire fresco. No me opongo a que algunas canciones se modifiquen un poco para adaptarlas a los nuevos tiempos, a las modas, a la juventud. Si hay buenos músicos capaces de hacerlo, ¿por qué no? Pero al mismo tiempo se debe conservar la sevdah tradicional. Es como una institución y ha de continuar siendo la base de nuestra cultura musical.

–¿Qué opinión tiene del público (jóvenes, extranjeros) que vienen a escucharles aquí, al Kino Bosna / Prvi Maj?

–La edad no tiene importancia, porque lo que sientes está en ti, y has de estar predispuesto a aceptar todo esto. Nosotros, aquí en el Kino, hemos dado vida a estos “lunes” de la sevdalinka, y la experiencia ya ha durado diez años. Hemos visto que los jóvenes no han tardado en apropiársela, y ahora son ellos los que vienen a cantar. Y vosotros, los extranjeros, estáis con ellos y con nosotros. Hemos promovido algo que es urbano, sarajevano, y lo habéis aceptado. Pero no lo habéis aceptado porque os lo he impuesto, sino probablemente porque habéis sentido que esto es Sarajevo, es Bosnia, es calidad musical y textual, y que, además, es una ocasión para divertirnos juntos, beber, charlar, cantar y bailar… sin límites.


–¿Cómo se acercan los jóvenes a la sevdah? Y usted, ¿cómo se inició?


–Soy hijo de esta ciudad y no había nada que me ligara a la música. No soy músico, pero he sido amante de la montaña, he ido siempre a la montaña con mis amigos para relajarme un poco. Y cuando mis amigos, que hacían música, se dieron cuenta de que tengo buena capacidad vocal, que canto bien… Así es como empecé. Hubo un tiempo, antes de la guerra, en que venía hasta aquí gente de Eslovenia, de Croacia, de Belgrado y de Skopje, y nos encontraba en la Treskavica, en la Bjelašnica*, y se organizaban fiestas maravillosas donde todo el mundo cantaba. Yo no he aprendido la sevdah en la academia, sale simplemente de mí según mi estado de ánimo, cuando me siento feliz en compañía de mis amigos… Y en honor al placer de sentimos, en honor a mis amigos, sale sola, empieza. Es lo mismo que me ocurre aquí, en el Kino.

–¿Qué encuentra el público en su música?

–Sin duda, sosiego y paz. En esto consiste el espíritu de la sevdah. Puedes proponerme cualquier música americana o inglesa, hard-rock, heavy metal…, pero no es lo mío. Los jóvenes que acuden aquí pertenecen a este lugar, y cada lunes vienen a cargar las pilas, espontáneamente, sin que nadie se lo imponga. Y se sienten sarajlije, sarajevanos. Ser sarajevano es un concepto amplio, algo que debe aprenderse, porque el culto de vivir en Sarajevo supone un compromiso. Aquí nadie te impone nada, puedes cantar, estarte callado, boicotear o participar, puedes contribuir y tocar algún instrumento: “aquí tienes una guitarra, échanos una mano”. Aquí deseamos que todo el mundo participe en una velada de sevdah, y aquí todo el mundo se siente como en casa. Es bonito, espontáneo y no supone compromiso alguno. Que quieres cantar, ¡pues canta! Que no quieres, ¡pues no cantes! Aunque estés callado, participas.


* La Treskavica es una montaña situada a las afueras de Sarajevo, yendo hacia el sur. La Bjelašnica es otra montaña, al sudoeste de la ciudad, muy popular entre los sarajevanos para practicar el esquí; en ella se celebraron, precisamente, muchas de las pruebas de los Juegos Olímpicos de invierno de 1984. [N. del T.]

Audiciones en YouTube:


Nada Mamula: Omer momče na kuli sjeđaše
Zora Dubljević: Šećer Mujo

Beba Selimović: U srcu mome samo živiš ti

Damir Imamović: Teško meni u Sarajevo samoj


Entrevista publicada en Osservatorio Balcani e Caucaso el 10 de marzo de 2009.
Traducción del italiano: Albert Lázaro-Tinaut.