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miércoles, 15 de febrero de 2012

Los arbëreshë del sur de Italia y su papel en el desarrollo de la literatura albanesa moderna

Piana degli Albanesi (Hora e Arbëreshëvet en arbërëshe), 
localidad siciliana fundada a mediados del siglo XV por 
cristianos grecoalbaneses de rito bizantino procedentes del Epiro.  
(Foto: Wikipedia Commons)


 Preámbulo: etnia, minoría, nación y Estado 

El lingüista italiano Fiorenzo Toso, autor de numerosas obras de dialectología y sobre las lenguas minorizadas y minoritarias de Europa, intenta establecer la distinción, siempre resbaladiza, entre etnia y nación [1]: la palabra etnia –viene a decir, refiriéndose al ámbito europeo– entró a formar parte del léxico político sólo a finales del siglo XIX para identificar genéricamente una comunidad caracterizada por su homogeneidad lingüística, cultural, religiosa, tradicional y de memoria histórica circunscrita a un territorio en el que es mayoritaria. Esta aseveración, sin embargo, como él mismo reconoce, no es aplicable en todos los casos, como cuando nos referimos a los gitanos, los sami (lapones) o a pueblos de los Balcanes, donde grupos étnicos diversos conviven en los mismos territorios, incluso en las mismas ciudades. 

No siempre resulta sencillo establecer la distinción entre etnia y nación, aunque ambos conceptos se solapen con frecuencia. Lo más habitual es que el término nación –al menos en Europa– “se asocie a una organización político-social dotada de instituciones reconocidas, aspecto que no representa, evidentemente, un elemento constitutivo del concepto de etnia”. Por otro lado, dice Toso, “el concepto de minoría, extendido también a otros aspectos de la vida (por lo que se habla corrientemente de minorías religiosas, políticas, sexuales, etc.) es especialmente adecuado para definir la situación sociopolítica de las etnias, en el sentido de que, frente a la equivalencia nación (Estado)-mayoría, el término minoría indica perfectamente la condición que tipifica, desde un punto de vista histórico, cultural y muy particularmente jurídico el estatus de la población reconocible como etnia, la cual, de hecho, se encuentra en condiciones de inferioridad con respecto al resto de la población del Estado […]”. 

De ahí se puede inferir que, con frecuencia, haya realidades sociales que se distorsionen por intereses superiores, es decir, por la resistencia de los Estados a reconocer como naciones a comunidades presentes en sus territorios que, sin duda, lo son, temerosos de que esas naciones puedan optar por la autodeterminación. Temor que lleva incluso a la ridiculez de considerar dialectos a lenguas diferenciadas de la estatal, aunque hayan sido reconocidas como tales, sin ningún género de dudas, por la disciplina lingüística. Se trata, en todos los casos, de naciones con rasgos identificativos bien definidos y con una historia que da fe de su condición. 

Dejando al margen consideraciones que nos llevarían al terreno de la polémica –y no es esa, ahora mismo, la intención de quien esto firma–, se ha podido observar en las últimas décadas, y en algunos Estados europeos, una “relajación” de las resistencias para aceptar plenamente la existencia de algunas comunidades nacionales. Es el caso de Italia con respecto a sus minorías y, en concreto, para centrarnos en el contexto que ahora nos concierne, la de los arbëreshë, cuya lengua está tutelada por una ley del Estado italiano desde diciembre de 1999.

Mujeres arbërshë bailando la vallja [2] el martes de
Pascua de 2009 en San Basile (Shën Vasil), Calabria.

(Foto © Marzio Altimari / Wikimedia Commons)


Los arbëreshë 

¿Quiénes son los arbëreshë (que hasta hace muy pocas décadas eran designados como albaneses de Italia o ítalo-albaneses)? Ni más ni menos que una minoría nacional formada por más de 200.000 personas, dispersas por las regiones meridionales de Italia (Calabria, con 33 comunidades, y con algunas menos Sicilia, Basilicata, Apulia, Molise, los Abruzos y la Campania, regiones que habían integrado el antiguo Reino de Nápoles y, entre 1816 y 1861, el de las Dos Sicilias). 80.000 de esas personas, por lo menos, tienen actualmente el arbëreshë (gluha arbëreshe, en albanés; arberesco, comúnmente, en italiano) como primera lengua. 

Los albaneses del sur de la península Itálica y de Sicilia se establecieron en aquellas tierras desde el siglo XV, huyendo de los turcos otomanos que fueron invadiendo e islamizando progresivamente los territorios del antiguo Imperio bizantino y, en su caso particular, el noroeste de Grecia y la actual Albania. Cristianos, gran parte de los arbëreshë conservan el rito bizantino y dependen de dos eparquías [3]: la de Lungro (Ungra), para las comunidades de la Italia peninsular, y la de Piana degli Albanesi (Hora e Arbëreshëvet) para las de Sicilia.

Pese a ser uno de los mayores grupos étnicos de Italia, los arbëreshë, a causa de su dispersión, no constituyen un auténtico grupo unitario nacional, al menos en el sentido al que se refiere el profesor Toso, pese a que definen su “nación” como Arbëria, topónimo en el que suelen incluir también a la Albania histórica, es decir, la nación de los Balcanes que comprende las repúblicas de Albania y Kosovo y parte del territorio de Macedonia. 

Topónimos bilingües en Calabria. 
(Foto © Barbara / The Espresso Break) 

La lengua arbëreshë (denominada también arbëresh o arbërisht) es, de hecho, un dialecto arcaico del albanés que ha ido incorporando, a lo largo de los siglos, préstamos lingüísticos tanto griegos como de los dialectos del sur de Italia [4]. Ello ha dado lugar, en las últimas décadas, a un nuevo fenómeno: el de la comunicación con los inmigrantes albaneses que, por millares, a la caída del régimen comunista huyeron de la deprimida Albania para buscar nuevas oportunidades de vida en la “rica” y próxima Italia. Algunos recordarán las abarrotadas embarcaciones que cruzaban clandestinamente de este a oeste el denominado canal de Otranto para alcanzar la costa más oriental de la península Itálica, separada del territorio albanés por apenas setenta kilómetros. 

En efecto, los recién llegados que se pusieron en contacto con los arbëreshë hablaban una lengua más o menos comprensible para éstos, pero con marcadas diferencias tanto léxicas como fonéticas, y en la mayoría de los casos acababan usando el italiano como lingua franca: hay que recordar que durante los largos años de la dictadura comunista, la mayoría de los ciudadanos de Albania que vivían en las zonas costeras del país encaraba sus antenas parabólicas al oeste para recibir las emisiones de la televisión italiana, lo cual hizo que el italiano se popularizara en Albania y facilite ahora la comunicación de quienes visitan la renovada república balcánica. 

Son numerosas las localidades que incluyen el adjetivo albanese en su topónimo, aunque todas ellas tienen su correspondiente denominación en lengua arbëreshë (escrupulosamente respetada en rótulos e inscripciones). Quien desee profundizar más en este tema puede encontrar la lista completa de esas localidades a través de este enlace, en el apartado “Comunità di lingua arbëreshë in Italia”.

Cabecera de la revista cultural Jeta Arbëreshe ('Vida Arbëreshë'), 
que se publica trimestralmente en Eianina (Purçill), provincia 
de Cosenza (Calabria).


La aportación arbëreshe a la literatura albanesa moderna 

No puede obviarse la riqueza literaria de la comunidad arbëreshë, que se inició con la obra del eclesiástico greco-bizantino Lekë Matrënga (Luca Matranga en italiano, 1567-1619), nacido en la localidad siciliana de Piana degli Albanesi, próxima a Palermo –conocida en aquel tiempo como Piana dei Greci–, quien, además de traducir y publicar en 1592 la Doctrina Cristiana (E Mbësuame e Krështerë) del jesuita español Diego de Ledesma (donde se incluye el primer poema conocido en lengua arbëreshë), dejó varios textos religiosos. Hemos de llegar, sin embargo, al siglo XVIII para encontrar otras interesantes composiciones de tema folklórico y religioso, debidas a una nutrida legión de escritores menores, y ya al siglo XIX para descubrir a una de las máximas figuras de la literatura albanesa en su conjunto, Jeronim De Rada (Girolamo De Rada en italiano, 1814-1903), sobre quien hay que detenerse. 

Jeronim de Rada representado en un sello 
emitido por el servicio postal de la República 
de Macedonia en 2003, con motivo del 
centenario de su muerte en la ciudad 
albanesa de Shkodër. 

Nacido en San Demetrio Corone (Shën Mitri), en Calabria, una de las localidades más importantes de población arbëreshë, De Rada se distinguió en un principio como folklorista, pero su nombre empezó a sonar con fuerza en todo el ámbito albanófono en 1836, cuando publicó en Nápoles un poema que se hizo inmediatamente célebre, Këngët e Milosaos (‘Cantos de Milosao’), que apareció en su primera edición con el título en italiano Poesie albanesi del XV secolo. Canti di Milosao, figlio del despota di Scutari. Su segunda obra, Serafina Topia (su título completo, en italiano, era Canti storici albanesi di Serafina Thopia, moglie del principe Nicola Ducagino), publicada también en Nápoles en 1839, fue confiscada por las autoridades borbónicas del Reino de las Dos Sicilias, que acusaron a su autor de conspirar al servicio de los intereses del Risorgimento italiano. 

Pese a la subrepticia vigilancia a que era sometido, De Rada continuó dando a conocer sus obras, y en 1848 fundó incluso el periódico político L’Albanese d’Italia, en el que publicaba también artículos en albanés; por su carácter bilingüe es considerado el primer periódico albanés del mundo (no hay que olvidar que por entonces Albania estaba sometida al Imperio otomano y el turco era la única lengua oficial del país). 

Precursor del romanticismo en el ámbito cultural albanófono, De Rada acabó convirtiéndose en uno de los pioneros de la literatura albanesa moderna, de la que sentó las primeras bases sólidas, y es, pues, una de sus figuras más destacadas y reconocidas. Y no sólo eso: también fue el precursor del primer alfabeto de la lengua albanesa, que sustituyó a la escritura árabe introducida por los turcos otomanos, la cual era ampliamente utilizada por los bejtexhi (versificadores populares) ente los siglos XVIII y XIX, aunque luego ese alfabeto se modificara hasta el establecimiento del actual (véase al respecto el artículo “Los cumpleaños de las lenguas”). 

Una de las escasísimas imágenes que se 
conservan de Zef Serembe, otra de las figuras 
clave de la literatura arbëreshë y albanesa.
 
La antigua diáspora cristiana albanesa ha supuesto un punto de apoyo esencial para el desarrollo de la literatura de la Albania moderna, en la que también han sobresalido nombres como el de otro arbëreshë calabrés, Zef (Giuseppe) Serembe (1844-1901), Naim Frashëri (1846-1900), Andon Zako Çajupi (1866-1930), Ndre Mjeda (1866-1937), Gjergj Fishta (1871-1940), Millosh Gjergj Nikolla (1911-1938) y Theofan Stilian Noli (1882-1965). [5] 

La comunidad arbëreshë goza actualmente de un auge jamás conocido anteriormente, y las manifestaciones culturales de las comunidades albanófonas del sur de Italia proliferan al amparo de asociaciones que las impulsan. No se trata en este caso de la decadencia de una cultura y una lengua, sino más bien de su expansión y de su descubrimiento en otros ámbitos gracias, en buena medida, al desarrollo de las nuevas tecnologías. 

Albert Lázaro-Tinaut



[1] Fiorenzo Toso: Lingue d’Europa. La pluralità linguistica dei Paesi europei fra passato e presente. Baldini Castoldi Dalai editore, Milán, 2006, pp. 29 ss.
[2] La
vallja es una antigua danza tradicional albanesa, acompañada de canto, que ha conservado sus viejas raíces en el seno de las comunidades arbëreshë (véase la ejecución de una de ellas en este vídeo).
[3] Circunscripciones dependientes de un obispo, equivalentes a las diócesis católicas.
[4] La lengua arbëreshë, por su parte, y a causa de la dispersión geográfica de sus hablantes, cuenta también con diversas formas dialectales.
[5] Un buen resumen de la literatura arbëreshë (en italiano) es el que presenta la web de Arbitalia. Para conocer otros detalles de la literatura albanesa conviene leer el interesante artículo de Ramón Sánchez Lizarralde: “Una mirada a la literatura albanesa”, publicado en el número 16 (enero de 2004) de Cuadernos del Ateneo de La Laguna y reproducido aquí

Para ampliar las imágenes, haced clic sobre ellas.

miércoles, 2 de junio de 2010

¿Serbio, croata o serbocroata?

Entrevista al prestigioso lingüista
Ranko Bugarski

Por Bojan Munjin
Feral Tribune, Split (Croacia), 6 de septiembre de 2007

Con respecto a las cuestiones lingüísticas que se plantean actualmente, estamos seguros de que no podíamos encontrar mejor interlocutor que el profesor Ranko Bugarski: su biografía profesional es realmente impresionante. Con su Obra completa en doce tomos y una gran cantidad de trabajos en los campos de la lingüística general, la lingüística aplicada y la sociolingüística publicados en diversas revistas científicas europeas, Ranko Bugarski ejerce como profesor de Filología en la Universidad de Belgrado y en una docena de prominentes universidades europeas y norteamericanas, y es miembro de asociaciones profesionales de lingüistas en todo el mundo. Sus libros Jezik od mira do rata (‘La lengua de la paz a la guerra’), Nova lica jezika (‘Los nuevos rostros de la lengua’), Jezik u kontekstu (‘La lengua en su contexto’) Žargon (‘Jerga’) han sido reeditados varias veces, pero lo que más atrae en él es que habla de los actuales dilemas lingüísticos sin exaltarse, contrariamente a lo que es habitual hoy entre los eslavos del sur cuando se enzarzan en una discusión sobre la lengua.

Usted ha participado en un encuentro científico dedicado a las cuestiones actuales de la lengua que se ha celebrado recientemente en Split, ¿verdad?

He tenido el honor y el placer de haber sido invitado al congreso anual de la Sociedad Croata de Lingüística Aplicada, que se celebró a finales de mayo en Split, de cuya organización se ocupó mi colega Jagoda Granić, del departamento de Humanidades de la Universidad de Split. Lamentablemente, fue la última vez que vi a mi estimado colega Dubravko Škiljan, un lingüista excepcional, y no tan sólo en el ámbito croata. Desde el punto de vista profesional, esta invitación ha significado mucho para mí, pero aún más porque me parece un síntoma importante de los avances que se están haciendo con respecto a la normalización de la cooperación cultural en el territorio de la ex Yugoslavia. El tema general del encuentro ha sido la relación entre la política lingüística y la realidad de la lengua, y yo hablé sobre “La política lingüística europea entre la globalización y la diversidad”, intentando responder a la pregunta sobre el modo como esta política aparece en los programas y las actividades de las instituciones europeas, y sobre cuáles son sus objetivos y las indicaciones para los miembros de la Unión y de la comunidad europea.

¿Qué resultados ha obtenido su compromiso?

He intentado conseguir un equilibrio entre las tendencias contradictorias que suelen ponerse sobre la mesa: por un lado nos encontramos ante el avance de la globalización, cuyo símbolo principal es la lengua inglesa; por otro lado, tendemos hacia la diversificación, que afecta también al inglés y que se ha descompuesto en diversas variantes nacionales. He puesto el acento en la necesidad de mantener la variedad lingüística dentro de cada país y también en la necesidad de la diversidad en el ámbito de la comunicación internacional. En relación con ello, es importante la cuestión del multilingüismo, y aunque muchos diferencian las grandes lenguas de las pequeñas, hemos de acostumbrarnos a una manera de pensar que prevea no sólo el mantenimiento, sino también el desarrollo de las diversas lenguas. Las instituciones europeas se han fijado el objetivo de conseguir que en un determinado plazo de tiempo todos los ciudadanos de Europa sean capaces de utilizar dos lenguas además de su lengua materna, lo cual significa que, en el futuro, los ciudadanos pertenecientes a las minorías nacionales conocerán cuatro lenguas. A muchos esta exigencia les parece excesiva, pero supone el único camino para superar el etnocentrismo y el “linguacentrismo”, es decir, el encierro en un ethnos, una nación y una lengua. Ese modo de ver las cosas es muy bienvenido en el ámbito ex yugoslavo, donde a causa de las recientes guerras somos menos proclives a pensar así.

¿Qué representa para usted el concepto de identidad nacional y lingüística?

Hoy en día la identidad ya no se determina de manera tradicional, sino que está estrechamente vinculada a la etnia o la lengua. Se trata de un fenómeno dinámico y estratificado que no se determina una vez para siempre en función del lugar de nacimiento.

La identidad lingüística también es un fenómeno complejo, mucho más de lo que les parece a quienes no son especialistas en la materia, porque hay muchas personas en el mundo que tienen más de una lengua materna. La gente suele creer que cuando uno es bilingüe, lo es porque es hijo de un matrimonio mixto, pero esta norma monolingüística no es más que la expresión de la ideología romántica y del nacionalismo del siglo XIX. Mi identidad lingüística personal, por ejemplo, es mucho más amplia que mi orientación nacional, y me parece que vivir con tres lenguas y dos alfabetos, al menos desarrolla la tolerancia. Es más fácil vivir con diversas lenguas que en la estrechez de una sola lengua.

Miroslav Krleža dijo una vez que croatas y serbios son dos pueblos con una lengua y un Dios compartidos. Desde su punto de vista, ¿existe la lengua serbocroata o el serbio y el croata son dos lenguas distintas?

Hay tres niveles de observación que permiten responder a esta pregunta. En el primer nivel, que sería el lingüístico-comunicacional, no hay duda de que el croata, el serbio, el bosnio y el montenegrino son una sola lengua. Las diferencias lingüísticas entre estas lenguas son poquísimas: las cuatro utilizan el noventa por ciento de un mismo léxico y desde el punto de vista fonético, morfológico y sintáctico son muy parecidas: podemos decir, pues, que hablamos la misma lengua. Este grado tan alto de similitud se refleja, por ejemplo, en el hecho de que los habitantes del territorio de la ex Yugoslavia con una educación media o baja se comunican entre sí sin dificultad alguna.

En un segundo nivel, que definiríamos como político-simbólico, la lengua serbocroata fue sepultada juntamente con Yugoslavia, de la que era expresión simbólica y el principal medio de cohesión. Dicho de otro modo, fue sepultada porque las lenguas croata, serbia y, más tarde, bosnia y montenegrina, emergieron como lenguas de los estados que nacieron de la desintegración de Yugoslavia, y funcionan como indicadores simbólicos de las nuevas soberanías.

El tercer nivel sería el socio-psicológico, y aquí es importante comprobar cómo cualquier persona normal y corriente se relaciona con la lengua que habla. Hoy en día, la mayoría de la gente os dirá que habla serbio o croata, pero también hay quienes dicen que hablan serbocroata, o viceversa (croataserbio); y cuando lo dicen, no piensan en la política. Por si puede ser útil, yo mismo considero que mi lengua materna es el serbocroata, pero no por “yugonostalgia” o por provocación política, sino porque crecí, fui a la escuela y me formé en Sarajevo, en un ambiente excepcionalmente multicultural donde la lengua había sido siempre el serbocroata, y no veo ningún motivo para cambiar la denominación de la lengua que hablo por el hecho de que hayan cambiado las circunstancias políticas.

Desde el punto de vista científico, ¿qué ha ocurrido con estas lenguas en los últimos quince años?

Es difícil decir, por ejemplo, si la lengua serbia se ha enriquecido o se ha empobrecido; en todo caso, se ha vuelto más serbia. Con la independización de los estados y de sus lenguas nacionales se ha evidenciado la necesidad de los pueblos de demostrar que cada uno tiene una lengua distinta de las demás, con el fin de justificar simbólicamente su nueva denominación nacional. El ejemplo más significativo es el que se ha visto en el caso de la lengua croata, que es la que ha llegado más lejos con la introducción de arcaísmos y neologismos; pero también es interesante el caso de la lengua bosnia, que ha tenido que diferenciarse tanto del serbio como del croata. El único recurso para lograr la diferencia ha consistido en rebuscar en la tradición oriental e introducir turquismos y arabismos; esta “islamización” parcial de la lengua, sin embargo, resulta irrelevante desde el punto de vista lingüístico. Los hechos lingüísticos reales demuestran que esta gente, a la hora de comunicarse, habla una misma lengua, y a partir de su habla es imposible dilucidar de qué nacionalidad es cada cual. Si ahora, en Sarajevo, tuviéramos ocasión de escuchar una conversación entre tres jóvenes -un croata, un serbio y un bosnio-, no tendríamos la sensación de que hablaran lenguas distintas; pero si les preguntarais qué lengua hablan, probablemente os responderían: “la nuestra” o dirían, en broma, que hablan croata, serbio y bosnio.

Por otra parte, los miembros de las élites necesitan legitimarse en clave nacional también en cuanto a la lengua, pero no porque esas lenguas sean diferentes, sino por su promoción personal como políticos. Para tener éxito, un político “serbio” de Bosnia y Hercegovina ha de hablar serbio, un “buen” bosnio ha de hablar bosnio, y un político croata ha de hablar “más croatamente” que otro de Zagreb.

¿Es por eso que usted habló hace poco de “esquizofrenia lingüística” en Bosnia y Herzegovina?

La consecuencia de esta situación es que hay mucha gente que empieza a temer a su propia lengua y a sentirse insegura cuando se comunica públicamente: temen utilizar palabras “equivocadas”. Eso no es una situación sana. Cuando se obliga por decreto a la población que utiliza habitualmente la forma ijekava, como es el caso de los serbios de Bosnia y Herzegovina, a usar la forma ekava y a escribir con caracteres cirílicos, se provoca una situación de deterioro para el desarrollo normal de esa lengua y peligrosa para el desarrollo político de ese Estado. Dicho en términos lingüísticos: mezclar las variedades de una misma lengua en el habla desestabiliza la lengua como sistema.

¿Qué se puede decir de la propuesta de una lengua distinta llamada montenegrino?

Quienes sostienen que el montenegrino es una lengua aparte tienen un espacio muy exiguo para la “diferencia”, de modo que han tenido que dar un gran paso atrás en la historia para introducir, mediante una especie de “folklorización”, los antiguos dialectos y características regionales. Han propuesto que algunas formas morfológicas, casos y arcaísmos se introduzcan en la lengua estándar y, concretamente, han intentado introducir en la lengua fonemas completamente nuevos, como por ejemplo el fonema específico ž (žjenica en lugar de zjenica [‘pupila’]), o bien šj (šjekira en lugar de sjekira [‘hacha’]) y dz (jedzero en lugar de jezero [‘lago’]). Esta es una dirección totalmente equivocada desde el punto de vista lingüístico y no merece especial atención, ya que se trata de dialectalismos o de la simple pronunciación dialectal de algunas palabras. Este dz (en el habla coloquial de Voivodina se encuentra, por ejemplo, en la expresión popular dzevdzek – šaljivčina [‘bufón’]) se puede oír, pero no se escribe. Si Montenegro quiere tener una lengua moderna estandarizada, no tiene sentido regresar al pasado y al folklore. Y para cerrar esta discusión, conviene precisar que el nombre de una lengua es una cosa y su sustancia lingüística, otra completamente diferente.

¿Qué significa que la lengua serbia se ha vuelto “más serbia” que antes?

La lengua serbia no ha sufrido tantos intentos de diferenciación de las otras, o al menos no tantos como habría podido esperarse, ya que está vinculada a la creencia política de que los serbios supusieron una especie de pilar histórico del reagrupamiento yugoslavo; la diferenciación ha afectado sobre todo al alfabeto. Mientras que la Constitución serbia de 1990 aún permitía el uso oficial del alfabeto latino, la nueva Constitución de 2006 dice, en su artículo 10: “En la República de Serbia se utilizan oficialmente la lengua serbia y el alfabeto cirílico. El uso oficial de otras lenguas y escrituras se regula según la ley…”. Con respecto a esta ley, todavía tendremos que esperar un poco, como si tuviéramos no sé cuántas “otras lenguas y escrituras”. No obstante, yo mismo he visto la otra versión de la Constitución, que incluía como oficial también la escritura latina, así que creo que esa visión resultante de la lengua es fruto de un acuerdo con los partidos políticos conservadores que quieren marcar la exclusividad de Serbia como Estado independiente. Y eso abre puertas a la manipulación política, a decir que los serbios han escrito “desde siempre” en cirílico, que el alfabeto latino fue introducido más tarde y desde fuera por razones políticas, cuando se trataba de integrar a Serbia en Yugoslavia y en Europa… Sea como fuere, hoy podemos encontrar por las calles de Belgrado a literatos de segunda que van con una libretita bajo el brazo apuntando los letreros de las tiendas escritos con caracteres latinos para demostrar que la lengua serbia y el cirílico están amenazados.

¿Le parece útil hoy el esfuerzo para exclusivizar el cirílico en Serbia?

Los defensores de la idea de la exclusividad del cirílico dicen que “en ningún lugar del mundo existe ningún pueblo que escriba con dos alfabetos”, o bien proclaman: “mirad a los griegos, nuestro fraternal pueblo ortodoxo: escriben en su propio alfabeto y no necesitan nada más”. Olvidan, sin embargo, que escribir en dos alfabetos significa riqueza, y no decadencia. El peligro que esto origina actualmente en Serbia es que a quienes utilizan el alfabeto latino se les considere “malos serbios” o, incluso, traidores nacionales, algo que nos conduce nuevamente a la situación de los años noventa, cuando se institucionalizó la separación entre patriotas y traidores. Al fin y al cabo, ni el alfabeto latino es de origen croata, ni el cirílico es auténticamente serbio: observemos que en los tiempos del glagolítico el cirílico se utilizaba en las islas de Dalmacia y el alfabeto latino se usaba en Serbia mucho antes de que se produjeran las divisiones recientes.

¿Cuál es el problema más importante de las lenguas (nacionales) en el territorio de la ex Yugoslavia?

Se dan dos hechos de dimensión catastrófica cuando se trata de la lengua, y no sólo en Serbia; no obstante, ningún debate actual los menciona. El primero es que, por lo que respecta a Serbia, entre un tercio y la mitad de la población es funcionalmente analfabeta. Eso significa que una gran parte de la población adulta está en condiciones de firmar con su nombre, distinguir las letras y leer los titulares más sencillos de los diarios, pero tiene serias dificultades para entender textos un poco más largos, y ya no hablemos, claro está, de su capacidad para redactar cualquier tipo de texto. El segundo de estos hechos es que el nivel de cultura lingüística es inadmisiblemente bajo, y no me refiero únicamente al uso de la lengua oral y escrita, sino también a la capacidad de escuchar a los demás y de reconocer las variedades lingüísticas en la propia lengua. Una persona culta no puede ser aquella que utiliza con facilidad la lengua estándar mientras que desprecia la jerga y los dialectos. A partir de la posición que se adopta sobre la lengua y sobre las lenguas se ve muy bien qué se piensa en general de los demás; está profundamente vinculada a la cuestión de la tolerancia entre las personas.

Da la impresión de que en Serbia el espacio público se haya llenado de los discursos de los políticos, plagados de lugares comunes, que se comunican entre sí con excesos verbales y de forma agresiva. ¿Qué opina?

Sí, tiene razón, y por eso pienso que no importa demasiado en la actuación pública si se conocen las reglas de correcta acentuación de las palabras, sino que lo que verdaderamente importa es el tono de la comunicación. El lenguaje agresivo de políticos (de algunos partidos) así como el lenguaje de los medios de comunicación son la expresión lingüística de la atmósfera política que reina en la sociedad, y no hacen más que contaminar tanto la lengua como las relaciones políticas. En este sentido son característicos los excesos verbales, que han estado siempre presentes en el “folklore” de los eslavos del sur; la novedad es que se han introducido en el vocabulario político y llegan a millones de telespectadores. Lamentablemente, no podemos esperar mejoras en el “saber estar” de la comunicación lingüística mientras no cambien las relaciones políticas, aunque éstas sean impuestas desde el exterior mediante la implantación de los estándares de comunicación europeos.

Su último libro se titula Jerga. En la comunicación de hoy, ¿qué relación hay entre la lengua estándar y la jerga?

Ante todo hemos de ponernos de acuerdo sobre el concepto de jerga que, obviamente, no es sólo la lengua de la calle. En el libro he intentado estratificar este concepto en tres sentidos: la jerga de los jóvenes (que, a grandes rasgos, para mí es el slang), la jerga subcultural de los estratos sociales más pobres y de los grupos criminales (a la que corresponde la expresión francesa argot) y la jerga profesional, a la que pertenece el lenguaje de los mecánicos, los juristas, los médicos, los políticos, etc.

Podríamos decir que la jerga profesional perjudica a la lengua estándar porque carece de imaginación, suele ser repetitiva y está llena de lugares comunes, sobre todo en el caso de los políticos. Los dos primeros grupos, en cambio, son vivos, creativos, ingeniosos y actuales. Muchas formas jergales se introducen en la lengua literaria estándar a través de la terminología urbana y subcultural, salvándose del olvido, ya que son de naturaleza efímera. […]

Hemos empezado esta conversación con la globalización, y me gustaría que la termináramos con lo que usted piensa de las palabras ajenas (extranjeras) en la lengua.

No me gusta la palabra ajeno, porque tiene una connotación negativa respecto a los demás; me gusta más hablar de préstamos (léxicos) o de “prestados”, como se diría en la lengua estándar croata. Desde que el mundo es mundo, los pueblos se han prestado recíprocamente las palabras, excepto en el caso de los antiguos griegos, que no tenían a nadie de quien tomarlas. Hoy en día no se puede vivir sin palabras de origen extranjero, pero de uso local. Además de centenares de palabras de las que ningún pueblo del espacio yugoslavo ni siquiera es consciente de que son turquismos, por ejemplo, el punto de mira es actualmente la lengua inglesa, de la que se toman muchas expresiones. No hay duda de que el inglés es hoy por hoy la lengua más difundida del mundo y de que influye sobre muchas otras lenguas; pero conviene decir, de paso, que el inglés “devuelve” ahora muchos préstamos de otras lenguas que ha ido incorporando durante siglos. No podemos evitar la anglización, pero tampoco hay necesidad de hacerlo; lo que sí que hemos de hacer es utilizar los anglicismos de forma adecuada. Si vamos por la calle en Zagreb o Belgrado y preguntamos a una persona normal y corriente qué es el gay pride, no nos entenderá y no podrá respondernos, aunque esta expresión inglesa identifique un desfile de personas que tienen una determinada orientación sexual y aparezca con frecuencia en los medios de comunicación, porque a los periodistas les da pereza averiguar qué significa cualquier palabra inglesa. Este tipo de ignorancia sobre el uso de los anglicismos es lo que ahoga el espacio público de comunicación, y no el hecho de que existan anglicismos. Por consiguiente, está bien que se utilicen palabras extranjeras, pero con mesura y conocimiento de causa.

Título original: “Svaki je naški 90 posto vaški”
(http://nwbih.com/news.cgi?ref1=1222)

Traducción de Marija Djurdjevich y Albert Lázaro-Tinaut

Traducción publicada originalmente en el foro de la Casa de l’Est el 28 de septiembre de 2007
(http://www.casadelest.org/foro/topic.asp?TOPIC_ID=986).