
Por Mohsen Emadi
Antes del 12 de junio de 2009, algunos de nosotros habíamos previsto ya el golpe, pero no esperábamos que el gobierno llegase en su imprudencia a jugar con nuestras esperanzas y nuestro entusiasmo. Antes del 12 de junio yo escribí en alguna parte que los iraníes teníamos “Che Guevaras”, pero nos faltaban los “Martin Luther King”, y sería cuando tuviésemos un profesor King que podríamos encontrar el camino a la libertad. Después del golpe, aunque teníamos ya millones de “Martin Luther King”, nos quedaba todavía un largo camino hacia la libertad.
Me di cuenta de esto en la calle de la Libertad, el 15 de junio, después de dos días de carreras, persecuciones, gases lacrimógenos, balas y fuego. Después de dos días de incredulidad, bajo el impacto terrible de la mentira, un viejo escritor de los años setenta se puso en contacto conmigo para decirme: “Chicos, quiero unirme a vosotros en la protesta, a mí no me harán daño por lo del respeto a las canas”. Yo sabía que él había visto la brutalidad del Shah, que había vivido las masacres políticas de principios de los ochenta y que respiraba aún el recuerdo de la matanza de 1989, pero aun así insistió en venir con nosotros a la calle. La única excusa que le pude dar era que nos iba a retrasar, por viejo.
Al día siguiente me di cuenta de que los golpistas eran más descarados que ningún otro tirano de nuestra historia anterior. No sólo no mostraban consideración alguna hacia los ancianos, sino que tampoco les daba vergüenza matar niños. En la calle de la Libertad, tres millones de “Martin Luther King”, unidos, corearon: “Tengo un sueño”. Nuestro color era el verde; todos éramos verdes. La gente agitaba las manos desde lo alto de los edificios. Había cintas verdes, risas coloridas de mujeres hermosas y un entusiasmo extraordinario por parte de los hombres.
Llegó la puesta de sol. Enlazados como habíamos quedado por las ataduras verdes de nuestros sueños comunes, nos íbamos de vuelta a casa. Y entonces se oyó el ruido de las balas, se vio el color de la sangre, justo en el momento de volver de regreso.
Llegué a un callejón cubierto de humo y fuego. Estaban retirando a los heridos. Alguien disparó desde las alturas de su cólera. Recogí una piedra y quise tirarla a la misma altura en la que estaba su ira…, pero no pude. Llevé de nuevo, poco a poco, la piedra hacia abajo. El trozo de roca me quedó atorado en la garganta, como un pesar. Aquella noche, en aquel mismo callejón, mataron a siete personas. Las ambulancias tuvieron que llevarse a los heridos a los hospitales, sin que pudiésemos sospechar que sus sirenas eran las de la muerte. La mayoría de los heridos fueron trasladados directamente a la cárcel; muchos murieron.
El día en que habíamos sido “Che Guevara”, al llegar la noche nos mataron y nos enterraron en fosas comunes. Nadie supo de nuestras tumbas arrasadas, o que habían construido carreteras encima de nuestro recuerdo. Y el día en que en la calle nos convertimos todos en “Martin Luther King”, frente a los ojos mismos de la historia y la memoria, ante la mirada misma de las cámaras, dispararon contra nosotros.

Sobre el autor
El poeta, escritor y traductor Mohsen Emadi (محسن عمادی) nació en Sári, capital de la provincia de Mazandarán, en el norte de Irán, cerca de las orillas del mar Caspio, el 29 de octubre de 1976. Escribe poesía desde su infancia y ya en su juventud publicó poemas en varias revistas de su país, aunque éstas no fueron recogidas en un libro hasta que Clara Janés publicó en España su primer poemario bilingüe, en farsi y castellano: La flor de los renglones (Lola Editorial, Zaragoza, 2003). En 2007 publicó en su país una antología de sus poemas, No hablamos de sus ojos (از چشمهایش نمیگفتیم).
Mohsen Emadi leyendo uno de sus poemas
en el Museo del Vino del Monasterio de
Veruela (Aragón) durante el IX Festival
Internacional de Poesía del Moncayo
(31 de julio de 2010).
(Foto: Albert Lázaro-Tinaut)
Estudió informática y cine, y se considera discípulo y seguidor de otro importante poeta y escritor iraní, Ahmad Shamlou (احمد شاملو, 1925-2000), gran estudioso del folklore autóctono. Creó y dirigió varios sitios web iraníes, como el sitio oficial de Ahmad Shamlou y The House of World Poets, y editó una antología en farsi, La casa de los poetas del mundo (خانه شاعران جهان, 2007), que recoge poemas de más de cien poetas modernos de diversos países, y otra de mujeres poetas afganas, Canciones de amor y guerra (آوازهای عشق و مرگ, 2008). Prepara una antología de poesía finlandesa en farsi con una beca de la fundación finesa para la literatura FILI.
Como traductor, ha vertido al farsi, sobre todo, poetas eslavos, entre los que figuran los checos Vladimir Holan y Vítězslav Nezval, la polaca Anna Świrszczyńska, la rusa Katia Kapovich y el serbio Vasko Popa. También ha traducido a su lengua poemas de Clara Janés, del rumano Nichita Stănescu, el turco İlhan Berk, la palestina Nathalie Handal y los estadounidenses Denise Levertov y Mark Strand.
Se considera anarquista y ateo, y es miembro del Movimiento Verde iraní, enfrentado con el régimen teocrático y totalitario instaurado en Irán. Actualmente trabaja en su tesis doctoral en el departamento de Cultura Digital de la Universidad de Jyväskylä (Finlandia).
Antes del 12 de junio de 2009, algunos de nosotros habíamos previsto ya el golpe, pero no esperábamos que el gobierno llegase en su imprudencia a jugar con nuestras esperanzas y nuestro entusiasmo. Antes del 12 de junio yo escribí en alguna parte que los iraníes teníamos “Che Guevaras”, pero nos faltaban los “Martin Luther King”, y sería cuando tuviésemos un profesor King que podríamos encontrar el camino a la libertad. Después del golpe, aunque teníamos ya millones de “Martin Luther King”, nos quedaba todavía un largo camino hacia la libertad.
Me di cuenta de esto en la calle de la Libertad, el 15 de junio, después de dos días de carreras, persecuciones, gases lacrimógenos, balas y fuego. Después de dos días de incredulidad, bajo el impacto terrible de la mentira, un viejo escritor de los años setenta se puso en contacto conmigo para decirme: “Chicos, quiero unirme a vosotros en la protesta, a mí no me harán daño por lo del respeto a las canas”. Yo sabía que él había visto la brutalidad del Shah, que había vivido las masacres políticas de principios de los ochenta y que respiraba aún el recuerdo de la matanza de 1989, pero aun así insistió en venir con nosotros a la calle. La única excusa que le pude dar era que nos iba a retrasar, por viejo.
Al día siguiente me di cuenta de que los golpistas eran más descarados que ningún otro tirano de nuestra historia anterior. No sólo no mostraban consideración alguna hacia los ancianos, sino que tampoco les daba vergüenza matar niños. En la calle de la Libertad, tres millones de “Martin Luther King”, unidos, corearon: “Tengo un sueño”. Nuestro color era el verde; todos éramos verdes. La gente agitaba las manos desde lo alto de los edificios. Había cintas verdes, risas coloridas de mujeres hermosas y un entusiasmo extraordinario por parte de los hombres.
Llegó la puesta de sol. Enlazados como habíamos quedado por las ataduras verdes de nuestros sueños comunes, nos íbamos de vuelta a casa. Y entonces se oyó el ruido de las balas, se vio el color de la sangre, justo en el momento de volver de regreso.
Llegué a un callejón cubierto de humo y fuego. Estaban retirando a los heridos. Alguien disparó desde las alturas de su cólera. Recogí una piedra y quise tirarla a la misma altura en la que estaba su ira…, pero no pude. Llevé de nuevo, poco a poco, la piedra hacia abajo. El trozo de roca me quedó atorado en la garganta, como un pesar. Aquella noche, en aquel mismo callejón, mataron a siete personas. Las ambulancias tuvieron que llevarse a los heridos a los hospitales, sin que pudiésemos sospechar que sus sirenas eran las de la muerte. La mayoría de los heridos fueron trasladados directamente a la cárcel; muchos murieron.
El día en que habíamos sido “Che Guevara”, al llegar la noche nos mataron y nos enterraron en fosas comunes. Nadie supo de nuestras tumbas arrasadas, o que habían construido carreteras encima de nuestro recuerdo. Y el día en que en la calle nos convertimos todos en “Martin Luther King”, frente a los ojos mismos de la historia y la memoria, ante la mirada misma de las cámaras, dispararon contra nosotros.
Traducción del farsi por Manuel Llinás

پیش از دوازدهم جولای گروهی از ما کودتا را پیشبینی میکردیم، گروهی هنوز نمیدانستیم که وقاحت حاکمیت چطور میتواند با شور و امیدمان بازی کند. پیش از دوازدهم جولای، جایی نوشتهبودم که ما چهگوارا داریم، اما مارتین لوتر کینگ نداریم و روزی که مارتین لوتر کینگ داشته باشیم میتوانیم راه آزادی را پیدا کنیم. پس از
کودتا، ما میلیونها مارتین لوتر کینگ داریم، اما تا آزادی هنوز راه درازی درپیش است.
این را در خیابان آزادی فهمیدم، روز پانزدهم جولای، پس از دو روز تعقیب و گریز،گاز اشک آور، گلوله و آتش. پس از دو روز ناباوری و ضربهی هولناک دروغ. نویسندهی هفتاد سالهای با من تماس میگیرد که من هم با شما به راهپیمایی میآیم، آنها به موی سفید و پیری من کاری ندارند. میدانستم که او وقاحت شاه را دیدهبود، کشتار سیاسی اوایل سالهای هشتاد را زندگی کردهبود و قتل عام سال هشتاد و نه در خاطراتش نفس میکشید و با این حال هنوز اصرار میکرد که با ما به خیابان بیاید. تنها بهانهای که برای او داشتم این بود که سن و سالش سرعت همهی ما را در تعقیب و گریز کند میکند. فردای آن روز فهمیدیم که کودتاچیان، از جباران همهی تاریخمان وقیحترند. نه برای پیرزنان و پیرمردان حرمتی قائلند و نه از کشتن کودکان ابایی دارند. در خیابان آزادی اما، سه میلیون مارتین لوترکینگ به هم پیوستند و همه یکصدا میگفتند که من رویایی دارم. سبز رنگ ما بود، همه سبز بودیم. مردم از بالای خانهها برایمان دست تکان میدادند، روبانهای سبز، خندههای رنگی دخترکان زیبا، اشتیاق پرشکوه پسران. غروب بود، یکصدا نخهای سبز رویاهایمان را به هم گره زده بودیم و سرخوش قصد خانه میکردیم. صدای گلوله بود، رنگ خون بود، درست در لحظهای که همه به خانههایشان بر میگشتند. به کوچهای میرسم که پر از دود و آتش است. زخمیها را میبرند. یک نفر از بلندای خشماش شلیک میکند. تکه سنگی را بر میدارم، میخواهم سنگ را تا اوج خشمش پرتاب کنم و نمیتوانم. سنگ را آرام بر زمین میگذارم. این سنگ چون بغضی در گلوی من گیر کردهاست. آن غروب، هفت نفر کشته شدند و بسیاری زخمی. آمبولانسها باید زخمیها را به بیمارستان میبردند،نمیدانستیم که آنها آژیر مرگ میکشند. زخمیهای بسیاری یکراست راهی زندان شدند،گروهی کشته شدند. روزی که همهی ما چهگوارا بودیم، ما شبانه میکشتند، در گورهای دستهجمعی دفن میکردند. هیچکس خبر نداشت، مزارمان را ویران میکردند و بزرگراهها بر خاطرهی ما احداث میشد. روزی که همه مارتین لوتر کینگ شدیم، در خیابانها، پیش چشم خاطره و تاریخ، خیره در نگاه دوربینها بر ما آتش گشودند. هنوز تا آزادی راه درازی در پیش داریم.
کودتا، ما میلیونها مارتین لوتر کینگ داریم، اما تا آزادی هنوز راه درازی درپیش است.
این را در خیابان آزادی فهمیدم، روز پانزدهم جولای، پس از دو روز تعقیب و گریز،گاز اشک آور، گلوله و آتش. پس از دو روز ناباوری و ضربهی هولناک دروغ. نویسندهی هفتاد سالهای با من تماس میگیرد که من هم با شما به راهپیمایی میآیم، آنها به موی سفید و پیری من کاری ندارند. میدانستم که او وقاحت شاه را دیدهبود، کشتار سیاسی اوایل سالهای هشتاد را زندگی کردهبود و قتل عام سال هشتاد و نه در خاطراتش نفس میکشید و با این حال هنوز اصرار میکرد که با ما به خیابان بیاید. تنها بهانهای که برای او داشتم این بود که سن و سالش سرعت همهی ما را در تعقیب و گریز کند میکند. فردای آن روز فهمیدیم که کودتاچیان، از جباران همهی تاریخمان وقیحترند. نه برای پیرزنان و پیرمردان حرمتی قائلند و نه از کشتن کودکان ابایی دارند. در خیابان آزادی اما، سه میلیون مارتین لوترکینگ به هم پیوستند و همه یکصدا میگفتند که من رویایی دارم. سبز رنگ ما بود، همه سبز بودیم. مردم از بالای خانهها برایمان دست تکان میدادند، روبانهای سبز، خندههای رنگی دخترکان زیبا، اشتیاق پرشکوه پسران. غروب بود، یکصدا نخهای سبز رویاهایمان را به هم گره زده بودیم و سرخوش قصد خانه میکردیم. صدای گلوله بود، رنگ خون بود، درست در لحظهای که همه به خانههایشان بر میگشتند. به کوچهای میرسم که پر از دود و آتش است. زخمیها را میبرند. یک نفر از بلندای خشماش شلیک میکند. تکه سنگی را بر میدارم، میخواهم سنگ را تا اوج خشمش پرتاب کنم و نمیتوانم. سنگ را آرام بر زمین میگذارم. این سنگ چون بغضی در گلوی من گیر کردهاست. آن غروب، هفت نفر کشته شدند و بسیاری زخمی. آمبولانسها باید زخمیها را به بیمارستان میبردند،نمیدانستیم که آنها آژیر مرگ میکشند. زخمیهای بسیاری یکراست راهی زندان شدند،گروهی کشته شدند. روزی که همهی ما چهگوارا بودیم، ما شبانه میکشتند، در گورهای دستهجمعی دفن میکردند. هیچکس خبر نداشت، مزارمان را ویران میکردند و بزرگراهها بر خاطرهی ما احداث میشد. روزی که همه مارتین لوتر کینگ شدیم، در خیابانها، پیش چشم خاطره و تاریخ، خیره در نگاه دوربینها بر ما آتش گشودند. هنوز تا آزادی راه درازی در پیش داریم.
Sobre el autor
El poeta, escritor y traductor Mohsen Emadi (محسن عمادی) nació en Sári, capital de la provincia de Mazandarán, en el norte de Irán, cerca de las orillas del mar Caspio, el 29 de octubre de 1976. Escribe poesía desde su infancia y ya en su juventud publicó poemas en varias revistas de su país, aunque éstas no fueron recogidas en un libro hasta que Clara Janés publicó en España su primer poemario bilingüe, en farsi y castellano: La flor de los renglones (Lola Editorial, Zaragoza, 2003). En 2007 publicó en su país una antología de sus poemas, No hablamos de sus ojos (از چشمهایش نمیگفتیم).
Mohsen Emadi leyendo uno de sus poemasen el Museo del Vino del Monasterio de
Veruela (Aragón) durante el IX Festival
Internacional de Poesía del Moncayo
(31 de julio de 2010).
(Foto: Albert Lázaro-Tinaut)
Estudió informática y cine, y se considera discípulo y seguidor de otro importante poeta y escritor iraní, Ahmad Shamlou (احمد شاملو, 1925-2000), gran estudioso del folklore autóctono. Creó y dirigió varios sitios web iraníes, como el sitio oficial de Ahmad Shamlou y The House of World Poets, y editó una antología en farsi, La casa de los poetas del mundo (خانه شاعران جهان, 2007), que recoge poemas de más de cien poetas modernos de diversos países, y otra de mujeres poetas afganas, Canciones de amor y guerra (آوازهای عشق و مرگ, 2008). Prepara una antología de poesía finlandesa en farsi con una beca de la fundación finesa para la literatura FILI.
Como traductor, ha vertido al farsi, sobre todo, poetas eslavos, entre los que figuran los checos Vladimir Holan y Vítězslav Nezval, la polaca Anna Świrszczyńska, la rusa Katia Kapovich y el serbio Vasko Popa. También ha traducido a su lengua poemas de Clara Janés, del rumano Nichita Stănescu, el turco İlhan Berk, la palestina Nathalie Handal y los estadounidenses Denise Levertov y Mark Strand.
Se considera anarquista y ateo, y es miembro del Movimiento Verde iraní, enfrentado con el régimen teocrático y totalitario instaurado en Irán. Actualmente trabaja en su tesis doctoral en el departamento de Cultura Digital de la Universidad de Jyväskylä (Finlandia).
Albert Lázaro-Tinaut