Por Albert Lázaro-Tinaut
(14 de febrero de 2008)
Ediciones Minúscula, de Barcelona, acaba de presentar un libro que despertará sin duda el interés tanto de los devotos de Franz Kafka como de los cinéfilos: se titula Kafka va al cine (traducido de la edición original alemana, Kafka geht im Kino, por Jorge Seca) y su autor, Hanns Zischler (Nuremberg, 1947), no es un desconocido para los cinéfilos, pues además de persona erudita (ha estudiado filosofía, etnología, musicología y filología germánica) es crítico de cine, director teatral, autor de diversos artículos y libros de ensayo, traductor y, sobre todo, actor sobradamente conocido por sus interpretaciones en filmes como Im Lauf der Zeit, de Wim Wenders; Dr. M, de Claude Chabrol; Europa Europa, de Agnieszka Holland; Munich, de Steven Spielberg y Sunshine, de István Szabó, entre otros.
(14 de febrero de 2008)
Ediciones Minúscula, de Barcelona, acaba de presentar un libro que despertará sin duda el interés tanto de los devotos de Franz Kafka como de los cinéfilos: se titula Kafka va al cine (traducido de la edición original alemana, Kafka geht im Kino, por Jorge Seca) y su autor, Hanns Zischler (Nuremberg, 1947), no es un desconocido para los cinéfilos, pues además de persona erudita (ha estudiado filosofía, etnología, musicología y filología germánica) es crítico de cine, director teatral, autor de diversos artículos y libros de ensayo, traductor y, sobre todo, actor sobradamente conocido por sus interpretaciones en filmes como Im Lauf der Zeit, de Wim Wenders; Dr. M, de Claude Chabrol; Europa Europa, de Agnieszka Holland; Munich, de Steven Spielberg y Sunshine, de István Szabó, entre otros.
No es arriesgado decir que Kafka va al cine entraría en la categoría de los libros insólitos. Entre otras cosas, porque es fruto de un intenso trabajo de investigación por parte de Zischler, que ha removido decenas de archivos y aporta a la obra, además de datos interesantísimos sobre la personalidad de Kafka y su afición al cine, numerosas imágenes, la mayoría de ellas inéditas, que ilustran las páginas del libro, procedentes de diecisiete archivos públicos y privados, bibliotecas, museos, filmotecas, etc. Un material precioso y útil como referencia para el lector.
Hanns Zischler ha indagado en la obra de Kafka para ir extrayendo de ella retazos referidos a su pasión por el llamado séptimo arte, pero también ha rastreado las obras de otros autores e incluso la prensa de la época, en las hemerotecas, donde ha hallado valiosas referencias que utiliza a lo largo de este ensayo e incluso en algunas citas. Es el caso de los escritos de Max Brod, otro praguense y judío germanófono, amigo inseparable de Kafka y luego editor de su obra, que con frecuencia se veía arrastrado por el autor de El proceso a las salas cinematográficas: “Adoraba las primeras películas que aparecían por aquel entonces. Le gustaba especialmente una que en checo se titulaba Táta Dlouhán, que podría traducirse por ‘padre zanquilargo’. Arrastró a sus hermanas a verla, luego a mí, siempre lleno de entusiasmo, y durante horas no había manera de hacerle hablar de otra cosa que no fuera esta magnífica película”, dice Brod en una de sus obras.
Siguiendo el rastro de Kafka en Praga, Múnich, Berlín, Milán y París, Zischler nos describe los efectos que generaron en el escritor checo las películas que vio en las salas de aquellas ciudades y cómo éstas suponen un contrapunto a su atormentada cotidianidad y un poderoso estímulo para su escritura. Y, por supuesto, en el recorrido por esta pasión de Kafka no faltan las anécdotas, como ésta, narrada también por Brod, que aconteció en el París de 1911, después de que fuera robada del Louvre la Mona Lisa de Leonardo: “Justo la noche que nos habíamos propuesto descansar, después de tantas fatigas nocturnas […] dimos en el bulevar con un portal lleno de bombillitas incandescentes y un pregonero no muy apasionado que digamos. Pero la inscripción que llevaba en la gorra nos atrajo con una magia superior a la que habrían podido suscitar todas sus palabras: Omnia Pathé…”, y después de algunas consideraciones sobre su decisión de acudir a aquella sala, concluye: “Una chica con uniforme militar de opereta, que lleva en la gorra la inscripción ‘Omnia’, que ahora apenas se lee bien, nos acompaña a nuestros asientos y nos vende un programa (inexacto, como es costumbre en París). Y ya estamos hechizados ante aquella pantalla temblorosa deslumbradoramente blanca. Nos golpeamos con el codo el uno al otro. ‘Oye, aquí los cines son mejores que los de casa.’ Por supuesto, en París todo tiene que ser mejor”; y ambos se disponen a ver el sketch de cinco minutos titulado Nick Winter y el robo de La Mona Lisa.
No vamos a desvelar más delicias de las que el lector disfrutará con la lectura de este libro que, entre otras virtudes (su indudable calidad, por supuesto, y su cuidada edición), tiene la de contribuir a deshacer el tópico universal que relaciona a Kafka con ese mundo, conocido ya como “kafkiano”, que él creó en muchas de sus obras. Franz Kafka fue también un hombre apasionado, dotado de un sutil sentido del humor del cual pocas veces se habla. Kafka va al cine es, pues, también una magnífica ocasión para aproximarse a la auténtica personalidad de un escritor único, dotado de una imaginación desbordante, pero también de una riqueza interior sorprendente.
KAFKA VA AL CINE
de Hanns Zischler
Traducción de Jorge Seca
Barcelona, Ediciones Minúscula, 2008
Colección "Con vuelta de hoja", núm. 4
206 páginas, ilustrado
ISBN: 978-84-95587-36-7
Reseña publicada originalmente en el foro de la Casa de l’Est (http://www.casadelest.org/foro/topic.asp?TOPIC_ID=1117) y reproducida posteriormente, sin autorización de su autor, en otros medios.
Hanns Zischler ha indagado en la obra de Kafka para ir extrayendo de ella retazos referidos a su pasión por el llamado séptimo arte, pero también ha rastreado las obras de otros autores e incluso la prensa de la época, en las hemerotecas, donde ha hallado valiosas referencias que utiliza a lo largo de este ensayo e incluso en algunas citas. Es el caso de los escritos de Max Brod, otro praguense y judío germanófono, amigo inseparable de Kafka y luego editor de su obra, que con frecuencia se veía arrastrado por el autor de El proceso a las salas cinematográficas: “Adoraba las primeras películas que aparecían por aquel entonces. Le gustaba especialmente una que en checo se titulaba Táta Dlouhán, que podría traducirse por ‘padre zanquilargo’. Arrastró a sus hermanas a verla, luego a mí, siempre lleno de entusiasmo, y durante horas no había manera de hacerle hablar de otra cosa que no fuera esta magnífica película”, dice Brod en una de sus obras.
Siguiendo el rastro de Kafka en Praga, Múnich, Berlín, Milán y París, Zischler nos describe los efectos que generaron en el escritor checo las películas que vio en las salas de aquellas ciudades y cómo éstas suponen un contrapunto a su atormentada cotidianidad y un poderoso estímulo para su escritura. Y, por supuesto, en el recorrido por esta pasión de Kafka no faltan las anécdotas, como ésta, narrada también por Brod, que aconteció en el París de 1911, después de que fuera robada del Louvre la Mona Lisa de Leonardo: “Justo la noche que nos habíamos propuesto descansar, después de tantas fatigas nocturnas […] dimos en el bulevar con un portal lleno de bombillitas incandescentes y un pregonero no muy apasionado que digamos. Pero la inscripción que llevaba en la gorra nos atrajo con una magia superior a la que habrían podido suscitar todas sus palabras: Omnia Pathé…”, y después de algunas consideraciones sobre su decisión de acudir a aquella sala, concluye: “Una chica con uniforme militar de opereta, que lleva en la gorra la inscripción ‘Omnia’, que ahora apenas se lee bien, nos acompaña a nuestros asientos y nos vende un programa (inexacto, como es costumbre en París). Y ya estamos hechizados ante aquella pantalla temblorosa deslumbradoramente blanca. Nos golpeamos con el codo el uno al otro. ‘Oye, aquí los cines son mejores que los de casa.’ Por supuesto, en París todo tiene que ser mejor”; y ambos se disponen a ver el sketch de cinco minutos titulado Nick Winter y el robo de La Mona Lisa.
No vamos a desvelar más delicias de las que el lector disfrutará con la lectura de este libro que, entre otras virtudes (su indudable calidad, por supuesto, y su cuidada edición), tiene la de contribuir a deshacer el tópico universal que relaciona a Kafka con ese mundo, conocido ya como “kafkiano”, que él creó en muchas de sus obras. Franz Kafka fue también un hombre apasionado, dotado de un sutil sentido del humor del cual pocas veces se habla. Kafka va al cine es, pues, también una magnífica ocasión para aproximarse a la auténtica personalidad de un escritor único, dotado de una imaginación desbordante, pero también de una riqueza interior sorprendente.
KAFKA VA AL CINE de Hanns Zischler
Traducción de Jorge Seca
Barcelona, Ediciones Minúscula, 2008
Colección "Con vuelta de hoja", núm. 4
206 páginas, ilustrado
ISBN: 978-84-95587-36-7
Reseña publicada originalmente en el foro de la Casa de l’Est (http://www.casadelest.org/foro/topic.asp?TOPIC_ID=1117) y reproducida posteriormente, sin autorización de su autor, en otros medios.