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martes, 21 de septiembre de 2010

Sándor Petőfi

La casa natal de Sándor Petőfi, tal como se conserva hoy en Kiskőrös.
(Foto © Csanády / Wikimedia Commons)

Referirse a Petőfi y a su obra, creada en sus escasos veintiséis años y medio de vida, requiere muchísimo más espacio del que podemos dedicarle aquí, además de numerosos puntos de vista de los innumerables estudiosos y exégetas de su obra. Considerado el poeta y, a la vez, el héroe nacional de Hungría, es la referencia por antonomasia del pueblo al que perteneció y pertenece.

Daguerrotipo de Sándor Petőfi.

Nacido con el nombre de Sándor Petrovics –hungarizó su apellido en 1842– en Kiskőrös (Hungría centro-meridional) el 1 de enero de 1823, en el seno de una familia luterana de ascendencia eslovaca, murió después de ser malherido en la batalla de Segesvár (hoy Sighişoara, en Rumanía), durante la guerra por la independencia húngara contra las tropas austriacas, el 31 de julio de 1849.

Imagen romántica de Petőfi en plena batalla,
en un sello postal húngaro de 1972.


Su patriotismo, como uno de los artífices principales de la revolución de 1848, y su obra, que es la más representativa del romanticismo húngaro, han mitificado su figura y han hecho de él, desde su muerte, objeto de más de una manipulación partidista. Sin embargo, su obra poética siempre ha sido respetada por los húngaros de todas las ideologías, y su Nemzeti dal (‘Canto nacional’), compuesto dos días antes del estallido de la revolución de Pest, es conocido de memoria por todos los húngaros, al igual que otras muchas composiciones suyas.

Petőfi recitando su revolucionario Canto nacional,
el 15 de marzo de 1838, junto a la escalinata
del Museo
Nacional, según un dibujo de Miklós Szerelmey


Presentamos a continuación un texto sobre Sándor Petőfi, escrito con motivo del 150 aniversario de su nacimiento por otra gran figura de la poesía húngara, Ágnes Nemes Nagy (1922-1991; véanse aquí algunos datos biográficos y unos poemas suyos vertidos al castellano), y a continuación transcribimos las traducciones de siete poemas de Petőfi.

Albert Lázaro-Tinaut


Los poemas de Petőfi en una edición publicada por
la editorial Athenaeum de Budapest en 1888.



Petőfi, demoledor de formas


Por Ágnes Nemes Nagy


Al igual que los Alpes, los poetas de 1848 no conocen fronteras. Podemos considerar a Petőfi, con toda certeza, la cumbre de los Alpes de la poesía de la Europa central: a buen seguro que el público extranjero no pondrá objeciones a esta afirmación. Pero es siempre, y en primer lugar, su propia nación la que debe medir la calidad de un poeta. Sin embargo, pueden producirse interesantes interferencias: basta una traducción genial, una gran afinidad, para que un poeta extranjero (Baudelaire o Poe, por ejemplo) consiga devolverlo inesperadamente a la actualidad en un ámbito lingüístico ajeno al suyo. Creo que no debemos renunciar jamás a la energía latente que guarda en sí un gran poeta conocido en un círculo restringido, ninguna literatura debe hacerlo. Un poeta es siempre un centro de energía, lo que se descubre en él es uranio puro, ése que se extrae sólo muy de tarde en tarde. Y cuando ello ocurre en la literatura, el filón no se agota nunca, sino que su tamaño aumenta paradójicamente bajo los picos de los mineros.


Y cuando digo que la dimensión del poeta aumenta a medida que se le consume, pienso sobre todo en nosotros, los húngaros, que somos los primeros a quienes concierne ese consumo. ¿Consumimos suficientemente a Petőfi? La respuesta no es unívoca. La imagen de la marca Petőfi en Hungría ha permanecido singularmente estática durante los últimos 125 años. Nos hemos limitado a fijar su imagen fotográfica cuando él era todo dinamismo. ¿Cuántos adjetivos aplicados a él han cambiado en 125 años? Petőfi es revolucionario, un ardiente realista, cada poeta debiera parecerse a él. Sí, es cierto. Pero esa serie de calificativos, como los de todos los clásicos, acaban convirtiéndose en una amenaza de esclerosis. Podríamos decir que fatalmente es así en algunos casos, pero no en el de él, ni muchísimo menos. En nuestro país no se ha reflexionado lo suficiente sobre Petőfi. Su vida póstuma carece de tantos matices como cualidades le han sido atribuidas.


Monumento a Sándor Petőfi en Rimavská
Sobota (Rimaszombat, en húngaro), Eslovaquia.
(Foto © Bojars / Wikimedia Commons)


Nuestra concepción con respecto a él apenas ha evolucionado desde que apareció su primer libro de poemas. Sólo una vez ha sido puesto entre paréntesis: durante la revolución poética de principios de del siglo [XX], cuando este mismo siglo irrumpió en la literatura húngara. Pero casi al mismo tiempo estalló una lucha para arrancar al poeta de la academia. Únicamente podemos mencionar un renacimiento de Petőfi: el que se produjo en la década de 1930, que rehabilitó las cualidades del poeta, aunque muy pronto fueron, una vez más, olvidadas. Así pues, una nueva capa de cal se interpuso entre él y sus lectores.

¿Qué podemos hacer por Petőfi, por ese modelo tan elogiado, proclamado hasta la saciedad y que es –no lo olvidemos– un modelo a escala universal? Por mi parte, no puedo hacer otra cosa que depositar un modesto ramo de epítetos –ligeramente ladeado– sobre ese pedestal que ya ha cumplido 150 años. Éstos son los adjetivos que me vienen ahora a la mente: surrealista, innovador, demoledor y creador de formas. No pretendo, ni mucho menos, sorprender. Evitaré incluso esa maquinación ingenua que consiste en sobrevalorar lo inmortal aplicándole a la estatua las palabras que ahora están de moda. Me basta comunicar mi experiencia, difícilmente conquistada o reconquistada. Nido de cigüeñas, puszta, albergue, caballo, águila, relámpago, bandera… Con esas palabras de Petőfi dibujo el paisaje poético que me gustaría describir.

Imagen de la puszta, con uno de sus característicos
pozos y abrevaderos para el ganado.

(Foto © Accoramboni / Wikimedia Commons)

No es fácil. Nosotros, los húngaros, al igual que otros pueblos, de vez en cuando debemos arrancar las palabras de nuestro poeta de los folletos turísticos. Una razón más para explicarme. Al calificar de surrealistas las descripciones de la puszta de Petőfi –fragmentos chocantes del pretendido realismo–, hago entrar en mis cálculos el factor del tiempo. Ese paisaje no existe; si acaso, existe únicamente en los mencionados folletos, en pequeñas publicaciones dedicadas a los turistas. Y sin embargo, ese paisaje existe, se extiende a lo largo y ancho de la obra de un poeta con la ventaja –ilícita, podría decirse–, de habérsele aplicado esa pátina suplementaria que siempre va unida a la caducidad de los objetos más reales.

Dejemos, sin embargo, el tiempo a un lado. Tomemos el texto. Los textos de Petőfi son precisos, pero todos conocemos, ¿no es cierto?, ese fenómeno que consiste en la transformación repentina de la descripción más precisa, lo cual ocurre, precisamente, gracias a su precisión. La acacia, el juncar, el campanario, empiezan a hacerse iridiscentes cuando se los contempla con intensidad. Esa esfera de radiación extraordinariamente delicada que se produce alrededor de los objetos es una característica de Petőfi. Su estación es el verano, y su hora favorita, el mediodía, cuando la luz es más brillante y, por tanto, deslumbrante hasta el punto de que el centelleo distorsiona los contornos de los objetos. Es ese minúsculo desplazamiento, ese espejismo –en sentido propio y figurado–, lo que añade algo más a los croquis del poeta, a sus acuarelas transparentes, y así es como surge el poema de Petőfi.


Paisaje de la puszta según una pintura del artista
húngaro contemporáneo Lajos Paszthory.


Pero, ¿cómo lo hace? ¿Cómo traslada lo que ha visto y sentido al plano de las realidades textuales, con sus imágenes tan veladas, con sus irisaciones, con los constantes primeros planos de los objetos y las pasiones? Sería difícil decirlo y, sin embargo, hay que decirlo una vez más, porque es precisamente eso lo que constituye esa fuerza que le permite demoler y recrear las formas (y no pretendo afirmar que la demolición de las formas tenga que ver con las relaciones entre el verso libre y el verso impuesto, sino que me refiero más bien a la proporción del espectáculo y de la visión, a la interferencia entre lo concreto y lo abstracto).


Situado entre el romanticismo y el simbolismo, Petőfi nos ha hecho creer que la realidad válida es la que se ve, la que se dice, dejando en la sombra su gesto transformador; ese gran gesto con el que ha presentado el mundo idéntico, ajustado a sus propias palabras. Nosotros no podemos caer en un olvido tan grande. Nosotros debemos separar los planos de Petőfi a la manera del siglo XX, discernir entre el plano emocional y el concreto del del texto para darnos cuenta, precisamente, de la calidad de su innovación.

Petőfi es uno de esos grandes espíritus del siglo XIX que llevaban intrínseco el germen del estallido que se produciría en el siglo XX. La región que él recorrió no es ajena a los caminos reales y poéticos que le sitúan entre Victor Hugo y Rimbaud. Podría afirmar que él sembró a los cuatro vientos, y por eso nosotros no podemos permitir que esos caminos se conviertan en tierras baldías.



Versión de Albert Lázaro-Tinaut a partir de la versión francesa de Géza Kardos y Pierre Waline publicada en el Almanaque Internacional de Poesía Arion 6 (Editorial Corvina, Budapest, 1973).


Uno de los retratos más conocidos de Sándor Petőfi
(óleo de Soma Orlai Petrics, pintado en la década de 1840).


Siete poemas de Sándor Petőfi


La Llanura


Romántico paisaje de pinares

en los abruptos Cárpatos,

tus valles admirables y montañas
no iluminan mis sueños.


Es en el llano extenso como el mar

donde mi hogar está

y mi alma libre vuela como un águila

por la estepa infinita.


Vuelan mis sueños sobre la ancha tierra,

desde las nubes veo

el sonriente paisaje que se extiende

desde el Tisza al Danubio.


Gordos rebaños, al son de los cencerros,

avanzan bajo el sol.

El pozo les espera, en Kis-Kunság

con amplios bebederos.


Galopa la yeguada, su redoble

viene en alas del viento,

resuenan las pezuñas entre los gritos

y el chasquido del látigo.

El trigo ondea, junto a las aldeas

bajo la brisa suave,

con sus vivos colores de esmeralda

el panorama brilla.


Del cañaveral vecino, en el crepúsculo,

llegan tímidos gansos,

si las cañas se agitan con el viento

alzan el vuelo pronto.


Más allá de los pueblos, en la estepa,

solitaria posada

espera a los sedientos bandoleros

camino a Kecskemét.


Tras la posada, un breve bosque de álamos

se alza en el arenal,

libre allí mora el chillador cernícalo

y nadie lo persigue.


Tristemente vegeta la mimosa
y las flores del cardo

sombra y descanso dan a los lagartos

cuando arde el mediodía.


Desde lejanos árboles frutales

se alza la bruma azul

y unas torres remotas se dibujan

como iglesias de niebla.


Llanura hermosa, al menos para mi alma,
aquí nací, mi cuna
se meció aquí, cuando un día me muera

aquí mi tumba quede.


(Pest, julio de 1844)


Versión de Washington Delgado

Az Alföld

Mit nekem te zordon Kárpátoknak / Fenyvesekkel vadregényes tája! / Tán csodállak, ámde nem szeretlek, / S képzetem hegyvölgyedet nem járja. // Lenn az alföld tengersík vidékin / Ott vagyok honn, ott az én világom; / Börtönéből szabadúlt sas lelkem, / Ha a rónák végtelenjét látom. // Felröpűlök ekkor gondolatban / Túl a földön felhők közelébe, / S mosolyogva néz rám a Dunától / A Tiszáig nyúló róna képe. // Délibábos ég alatt kolompol / Kis-Kunságnak száz kövér gulyája; / Deleléskor hosszu gémü kútnál / Széles vályu kettős ága várja. // Méneseknek nyargaló futása / Zúg a szélben, körmeik dobognak, / S a csikósok kurjantása hallik / S pattogása hangos ostoroknak. // A tanyáknál szellők lágy ölében / Ringatózik a kalászos búza, / S a smaragdnak eleven szinével / A környéket vígan koszorúzza. // Idejárnak szomszéd nádasokból / A vadlúdak esti szürkületben, / És ijedve kelnek légi útra, / Hogyha a nád a széltől meglebben. // A tanyákon túl a puszta mélyén / Áll magányos, dőlt kéményü csárda; / Látogatják a szomjas betyárok, / Kecskemétre menvén a vásárra. // A csárdánál törpe nyárfaerdő / Sárgul a királydinnyés homokban; / Odafészkel a visító vércse, / Gyermekektől nem háborgatottan. // Ott tenyészik a bús árvalyányhaj / S kék virága a szamárkenyérnek; / Hűs tövéhez déli nap hevében / Megpihenni tarka gyíkok térnek. // Messze, hol az ég a földet éri, / A homályból kék gyümölcsfák orma / Néz, s megettök, mint halvány ködoszlop, / Egy-egy város templomának tornya. - // Szép vagy, alföld, legalább nekem szép! / Itt ringatták bölcsőm, itt születtem. / Itt borúljon rám a szemfödél, itt / Domborodjék a sír is fölöttem.



Tú fuiste mi única flor


Tú fuiste mi única flor;

Ya, marchita, mi vida es un desierto.

Tú fuiste luz de mi esplendente sol;

Apagada, yo en noche me convierto.

Tú fuiste el ala de mi inspiración;

Rota, ni puedo ni volar ansío.

Tú fuiste de mi sangre único ardor;

Ya fría estás, y muérome de frío.


(Pest, enero de 1845)

Versión de Juan Luis Estelrich

Te voltál egyetlen virágom…

Te voltál egyetlen virágom; / Hervadt vagy: puszta életem. / Te voltál fényes napvilágom; / Zementél: éj van körülem. / Te voltál képzeményim szárnya; / Megtörve vagy: nem szállhatok. / Te voltál vérem forrósága; / Meghűltél: oh, majd megfagyok.


Días ensangrentados los que sueño


Días ensangrentados los que sueño,

días que el mundo van a derrumbar

y sobre los escombros de este mundo

vetusto, el mundo nuevo erigirán.


¡Ojalá que ya suene, que ya suene

la tronante trompeta de batalla!

¡El son de la pelea, el son guerrero

cuánto lo anhela mi alma arrebatada!


¡De un salto me coloco alegremente

en el lomo ensillado de mi potro,
entre las huestes de los adalides

galoparé borracho de alborozo!


Si mi pecho llegara a ser herido,

alguien sin duda vendará mi pecho,
alguien capaz de suturar sus bordes
con el bálsamo dulce de su beso.


Y si me atrapan alguien ha de haber

que venga hasta mi oscura bartolina

y la ilumine toda con sus ojos

brillantes como estrellas matutinas.


(Berkesz, 6 de noviembre de 1846)

Versión de Fayad Jamís

Véres napokról álmodom…

Véres napokról álmodom, / Mik a virágot romba döntik, / S az ó világnak romjain / Az új világot megteremtik. // Csak szólna már, csak szólna már / A harcok harsány trombitája! / A csatajelt, a csatajelt / Zajongó lelkem alig várja! // Örömmel vágom én magam / Föl paripámra a nyeregbe! / A bajnokok sorába én / Szilaj jókedvvel nyargalok be! // Ha megvagdalják mellemet, / Fog lenni, aki bekötözze, / Fog lenni, aki sebemet / Csókbalzsammal forrasztja össze. // Ha rabbá tesznek, lesz aki / Homályos börtönömbe jő el, / S föl fogja azt deríteni / Fényes hajnalcsillag-szemével. // Ha meghalok, ha meghalok / A vérpadon vagy csatatéren, / Lesz, aki majd holttestemről / Könyűivel lemossa vérem!



Tiembla el arbusto…


Tiembla el arbusto, porque

Se posa la avecilla;

Si a mi recuerdo llegas,

¡Ah!, tiembla el alma mía.

A mi recuerdo llegas,

Chiquilla, como el ave,

Y eres de este gran mundo

El más grueso diamante.


Henchido va el Danubio,

Sus márgenes rebasa;

Tampoco hay en mi pecho

Lugar para mis ansias.

¿Me quieres, mi rosal?

Es tanto lo que te amo

Que ni tu padre y madre

Pueden quererte tanto.


Cuando nos vimos juntos,

¡Qué grande era tu afecto

En el ardiente estío…;

Mas hoy es frío invierno!

Si es que ya no me quieres,

El Señor te bendiga;

Mas si aún amor me guardas,

Mil veces más bendita.


(Pest, 20 de noviembre de 1846)


Versión de Juan Luis Estelrich

Reszket a bokor, mert…

Reszket a bokor, mert / Madárka szállott rá. / Reszket a lelkem, mert / Eszembe jutottál, / Eszembe jutottál, / Kicsiny kis leányka, / Te a nagy világnak / Legnagyobb gyémántja! // Teli van a Duna, / Tán még ki is szalad. / Szivemben is alig / Fér meg az indulat. / Szeretsz, rózsaszálam? / Én ugyan szeretlek, / Apád-anyád nálam / Jobban nem szerethet. // Mikor együtt voltunk, / Tudom, hogy szerettél. / Akkor meleg nyár volt, / Most tél van, hideg tél. / Hogyha már nem szeretsz, / Az isten áldjon meg, / De ha még szeretsz, úgy / Ezerszer áldjon meg!



La canción de los perros


Ruge y retumba ronca la tormenta

Por la enlutada bóveda del cielo,

Y sobre el dorso de impetuosas ráfagas

Cabalgan las deidades del invierno.


¿Qué nos importa?... Un rincón

Tenemos en la cocina,

Que, graciosamente, el dueño
Nos señaló por guarida.


No nos inquieta el sustento,

Que así que el amo se harta

Quedan sobras en la mesa

Y esos mendrugos nos bastan.


Verdad que a ratos, sin causa,

Puntapiés nos lanza fiero;

Pero, ¿qué importa?... ¡Muy pronto
Sana la carne de perro!


Y al cabo se va la ira

Y entonces riendo nos llama,

Y vamos quedos…, queditos

Y le lamemos las plantas.


(Pest, enero de 1847)


Versión de Eugenio de Escalante

A kutyák dala

Süvölt a zivatar / A felhős ég alatt; / A tél iker fia, / Eső és hó szakad. // Mi gondunk rá? Mienk / A konyha szöglete. / Kegyelmes jó urunk / Helyheztetett ide. // S gondunk ételre sincs. / Ha gazdánk jóllakék, / Marad még asztalán, / S mienk a maradék. // Az ostor, az igaz, / Hogy pattog némelykor, / És pattogása fáj, / No de: ebcsont beforr. // S harag multán urunk / Ismét magához int, / S mi nyaljuk boldogan / Kegyelmes lábait!



Canción de lobos


Ruge y retumba ronca la tormenta
Por la enlutada bóveda del cielo,
Y sobre el dorso de impetuosas ráfagas

Cabalgan las deidades del invierno.


En el frígido erial donde vagamos

Sin acierto buscando alguna senda,

Ni un arbusto descubre la mirada

Que el suspirado abrigo nos ofrezca.


Allá en la cueva el hambre que nos mata,

Y fuera de ella el frío que nos hiela:

Entrambos, como rudos cazadores,

Sin piedad nos acosan por doquiera.


Y júntaseles otro en la batida:

Del cargado fusil la saña fiera
Deja sobre la nieve señaladas

Con nuestra roja sangre nuestras huellas…


Tenemos frío, sí; tenemos hambre

Y el morífero plomo nos asedia;

Pero, ¿qué importa?... En cambio somos libres
¡Oh santa Libertad! ¡Bendita seas!

(Buda, enero de 1847)


Versión de Isaías E. Muñoz

A farkasok dala

Süvölt a zivatar / A felhős ég alatt, / A tél iker fia, / Eső és hó szakad. // Kietlen pusztaság / Ez, amelyben lakunk; / Nincs egy bokor se', hol / Meghúzhatnók magunk. // Itt kívül a hideg, / Az éhség ott belül, / E kettős üldözőnk / Kinoz kegyetlenül; // S amott a harmadik: / A töltött fegyverek. / A fehér hóra le / Piros vérünk csepeg. // Fázunk és éhezünk / S átlőve oldalunk, / Zészünk minden nyomor... / De szabadok vagyunk!



Canto nacional


¡Alzad, madgiares, que la Patria os llama!
¡Ahora o nunca! El momento ha llegado
Y hay que elegir, pues éste es el dilema,

Entre ser libres o seguir esclavos.

¡Por el Dios de los húngaros juremos,

Que ya en la esclavitud no seguiremos!

Si siervos fuimos ya, y nuestros mayores

A esclavitud se vieron condenados,

Los que libres vivieron y murieron
Yacer no pueden bajo suelo esclavo
.
¡Por el Dios de los húngaros juremos,

Que ya en la esclavitud no seguiremos!

Hombre ruin ha de ser y miserable

El que no ose morir, si es necesario;

El que egoísta, acaso haya antepuesto

Su despreciable vida al honor patrio.

¡Por el Dios de los húngaros juremos,
Que ya en la esclavitud no seguiremos!


¡Cuánto es mejor que la cadena el sable!
¡Cuánto más noblemente adorna el brazo!

En lugar de arrastrar más las cadenas,

El viejo sable esgrima nuestra mano.

¡Por el Dios de los húngaros juremos,

Que ya en la esclavitud no seguiremos!


Y volverá otra vez el nombre húngaro

Digno a ser ya de su esplendor pasado,

y de baldón y oprobio lavaremos

Aquello que los siglos mancillaron.

¡Por el Dios de los húngaros juremos,

Que ya en la esclavitud no seguiremos!


Y allí donde se eleven vuestras tumbas,

Nuestros nietos caerán arrodillados,

Y allí, a la par que la oración bendita,

El nombre nuestro asomará a los labios.

¡Por el Dios de los húngaros juremos,

Que ya en la esclavitud no seguiremos!


(Pest, 13 de marzo de 1848)


Versión de Eugenio de Escalante

Nemzeti dal

Talpra magyar, hí a haza! / Itt az idő, most vagy soha! / Rabok legyünk, vagy szabadok? / Ez a kérdés, válasszatok! - / A magyarok istenére / Esküszünk, / Esküszünk, hogy rabok tovább / Nem leszünk! // Rabok voltunk mostanáig, / Kárhozottak ősapáink, / Kik szabadon éltek-haltak, / Szolgaföldben nem nyughatnak. / A magyarok istenére / Esküszünk, / Esküszünk, hogy rabok tovább / Nem leszünk! // Sehonnai bitang ember, / Ki most, ha kell, halni nem mer, / Kinek drágább rongy élete, / Mint a haza becsülete. / A magyarok istenére / Esküszünk, / Esküszünk, hogy rabok tovább / Nem leszünk! // Fényesebb a láncnál a kard, / Jobban ékesíti a kart, / És mi mégis láncot hordunk! / Ide veled, régi kardunk! / A magyarok istenére / Esküszünk, / Esküszünk, hogy rabok tovább / Nem leszünk! // A magyar név megint szép lesz, / Méltó régi nagy hiréhez; / Mit rákentek a századok, / Lemossuk a gyalázatot! / A magyarok istenére / Esküszünk, / Esküszünk, hogy rabok tovább / Nem leszünk! // Hol sírjaink domborulnak, / Unokáink leborulnak, / És áldó imádság mellett / Mondják el szent neveinket. / A magyarok istenére / Esküszünk, / Esküszünk, hogy rabok tovább / Nem leszünk!



Fuentes de las traducciones


- El poema “La Llanura”, traducido por el destacado poeta peruano Washington Delgado (Cusco, 1927 - Lima, 2003) está tomado del libro de Sándor Petőfi Libertad, amor, editado por el hispanista Mátyás Horányi (1928-1995) y publicado por la Editorial Corvina de Budapest en 1974.

- “Tu fuiste mi única flor” y “Tiembla el arbusto…” fueron traducidos por Juan Luis Estelrich (Artà, Mallorca, 1856 - Palma de Mallorca, 1923) a partir de unas versiones literales del hispanófilo y catalanófilo húngaro Albin Kőrösi (1860-1936), y publicados en la Revista Contemporánea de Madrid (año XXXIII, tomo 134, 1907). Posteriormente aparecieron en el libro Petöfi (Editorial Cervantes, Barcelona, ca. 1921), del que han sido transcritos.

- “Días ensangrentados los que sueño”, en versión del poeta y pintor cubano de origen mexicano-libanés Fayad Jamís (Ojocaliente, Zapatecas, México, 1930 - La Habana, 1988), fue publicado en el Almanaque Internacional de Poesía Arion 6 (Editorial Corvina, Budapest, 1973) y ha sido transcrito de éste.
- “Canción de los perros” y “Canto nacional”, traducidos por Eugenio de Escalante (Santander, ? - Madrid, 1951), aparecieron en el Boletín de la Biblioteca Menéndez y Pelayo de Santander (tomo 1, julio-agosto de 1919, págs. 202-204) y fueron recogidos en el libro Petöfi (Editorial Cervantes, Barcelona, ca. 1921), del que han sido transcritos.

- La traducción de “Canción de lobos”, debida al poeta venezolano Isaías E. Muñoz, se publicó en La Ilustración, Revista Hispano-Americana de Barcelona (tomo VIII, año IX, 1888) y también está recogida en el libro Petöfi (Editorial Cervantes, Barcelona, ca. 1921), de la que se ha transcrito. La coincidencia de la primera estrofa revela, sin duda, que Escalante conocía esta versión cuando tradujo la “Canción de los perros”.


IMPEDIMENTA agradece a Zsigmond Kovács la supervisión de estos textos.

Con un clic sobre las imágenes, éstas pueden ampliarse.


lunes, 9 de agosto de 2010

El difícil camino de los iraníes hacia la libertad


Por Mohsen Emadi

Antes del 12 de junio de 2009, algunos de nosotros habíamos previsto ya el golpe, pero no esperábamos que el gobierno llegase en su imprudencia a jugar con nuestras esperanzas y nuestro entusiasmo. Antes del 12 de junio yo escribí en alguna parte que los iraníes teníamos “Che Guevaras”, pero nos faltaban los “Martin Luther King”, y sería cuando tuviésemos un profesor King que podríamos encontrar el camino a la libertad. Después del golpe, aunque teníamos ya millones de “Martin Luther King”, nos quedaba todavía un largo camino hacia la libertad.

Me di cuenta de esto en la calle de la Libertad, el 15 de junio, después de dos días de carreras, persecuciones, gases lacrimógenos, balas y fuego. Después de dos días de incredulidad, bajo el impacto terrible de la mentira, un viejo escritor de los años setenta se puso en contacto conmigo para decirme: “Chicos, quiero unirme a vosotros en la protesta, a mí no me harán daño por lo del respeto a las canas”. Yo sabía que él había visto la brutalidad del Shah, que había vivido las masacres políticas de principios de los ochenta y que respiraba aún el recuerdo de la matanza de 1989, pero aun así insistió en venir con nosotros a la calle. La única excusa que le pude dar era que nos iba a retrasar, por viejo.

Al día siguiente me di cuenta de que los golpistas eran más descarados que ningún otro tirano de nuestra historia anterior. No sólo no mostraban consideración alguna hacia los ancianos, sino que tampoco les daba vergüenza matar niños. En la calle de la Libertad, tres millones de “Martin Luther King”, unidos, corearon: “Tengo un sueño”. Nuestro color era el verde; todos éramos verdes. La gente agitaba las manos desde lo alto de los edificios. Había cintas verdes, risas coloridas de mujeres hermosas y un entusiasmo extraordinario por parte de los hombres.

Llegó la puesta de sol. Enlazados como habíamos quedado por las ataduras verdes de nuestros sueños comunes, nos íbamos de vuelta a casa. Y entonces se oyó el ruido de las balas, se vio el color de la sangre, justo en el momento de volver de regreso.

Llegué a un callejón cubierto de humo y fuego. Estaban retirando a los heridos. Alguien disparó desde las alturas de su cólera. Recogí una piedra y quise tirarla a la misma altura en la que estaba su ira…, pero no pude. Llevé de nuevo, poco a poco, la piedra hacia abajo. El trozo de roca me quedó atorado en la garganta, como un pesar. Aquella noche, en aquel mismo callejón, mataron a siete personas. Las ambulancias tuvieron que llevarse a los heridos a los hospitales, sin que pudiésemos sospechar que sus sirenas eran las de la muerte. La mayoría de los heridos fueron trasladados directamente a la cárcel; muchos murieron.

El día en que habíamos sido “Che Guevara”, al llegar la noche nos mataron y nos enterraron en fosas comunes. Nadie supo de nuestras tumbas arrasadas, o que habían construido carreteras encima de nuestro recuerdo. Y el día en que en la calle nos convertimos todos en “Martin Luther King”, frente a los ojos mismos de la historia y la memoria, ante la mirada misma de las cámaras, dispararon contra nosotros.

Traducción del farsi por Manuel Llinás



پیش از دوازدهم جولای گروهی از ما کودتا را پیش‌بینی می‌کردیم، گروهی هنوز نمی‌دانستیم که وقاحت حاکمیت چطور می‌تواند با شور و امیدمان بازی کند. پیش از دوازدهم جولای، جایی نوشته‌بودم که ما چه‌گوارا داریم، اما مارتین لوتر کینگ نداریم و روزی که مارتین لوتر کینگ داشته باشیم می‌توانیم راه آزادی را پیدا کنیم. پس از
کودتا، ما میلیون‌ها مارتین لوتر کینگ داریم، اما تا آزادی هنوز راه درازی درپیش است.
این را در خیابان آزادی فهمیدم، روز پانزدهم جولای، پس از دو روز تعقیب و گریز،‌گاز اشک آور، گلوله و آتش. پس از دو روز ناباوری و ضربه‌ی هولناک دروغ. نویسنده‌‌ی هفتاد ساله‌ای با من تماس می‌گیرد که من هم با شما به راهپیمایی می‌آیم، آن‌ها به موی سفید و پیری من کاری ندارند. می‌دانستم که او وقاحت شاه را دیده‌بود، کشتار سیاسی اوایل سال‌های هشتاد را زندگی کرده‌بود و قتل عام سال هشتاد و نه در خاطراتش نفس می‌کشید و با این حال هنوز اصرار می‌کرد که با ما به خیابان بیاید. تنها بهانه‌ای که برای او داشتم این بود که سن و سالش سرعت همه‌ی ما را در تعقیب و گریز کند می‌کند. فردای آن روز فهمیدیم که کودتاچیان، از جباران همه‌ی تاریخمان وقیح‌ترند. نه برای پیرزنان و پیرمردان حرمتی قائلند و نه از کشتن کودکان ابایی دارند. در خیابان آزادی اما، سه میلیون مارتین لوترکینگ به هم پیوستند و همه یکصدا می‌گفتند که من رویایی دارم. سبز رنگ ما بود، همه سبز بودیم. مردم از بالای خانه‌ها برایمان دست تکان می‌دادند، روبان‌های سبز، خنده‌های رنگی دخترکان زیبا، اشتیاق پرشکوه پسران. غروب بود، یکصدا نخ‌های سبز رویاهایمان را به هم گره زده بودیم و سرخوش قصد خانه می‌کردیم. صدای گلوله بود، رنگ خون بود، درست در لحظه‌ای که همه به خانه‌هایشان بر می‌گشتند. به کوچه‌ای می‌رسم که پر از دود و آتش است. زخمی‌ها را می‌برند. یک نفر از بلندای خشم‌اش شلیک می‌کند. تکه سنگی را بر می‌دارم، می‌خواهم سنگ را تا اوج خشمش پرتاب کنم و نمی‌توانم. سنگ را آرام بر زمین می‌گذارم. این سنگ چون بغضی در گلوی من گیر کرده‌است. آن غروب، هفت نفر کشته شدند و بسیاری زخمی. آمبولانس‌ها باید زخمی‌ها را به بیمارستان می‌بردند،‌نمی‌دانستیم که آن‌ها آژیر مرگ می‌کشند. زخمی‌های بسیاری یک‌راست راهی زندان شدند،‌گروهی کشته شدند. روزی که همه‌ی ما چه‌گوارا بودیم، ما شبانه می‌کشتند، در گورهای دسته‌جمعی دفن می‌کردند. هیچ‌کس خبر نداشت، مزارمان را ویران می‌کردند و بزرگراه‌ها بر خاطره‌ی ما احداث می‌شد. روزی که همه مارتین لوتر کینگ شدیم، در خیابان‌ها،‌ پیش چشم خاطره و تاریخ، خیره در نگاه دوربین‌ها بر ما آتش گشودند. هنوز تا آزادی راه درازی در پیش داریم.


Sobre el autor

El poeta, escritor y traductor Mohsen Emadi (محسن عمادی) nació en Sári, capital de la provincia de Mazandarán, en el norte de Irán, cerca de las orillas del mar Caspio, el 29 de octubre de 1976. Escribe poesía desde su infancia y ya en su juventud publicó poemas en varias revistas de su país, aunque éstas no fueron recogidas en un libro hasta que Clara Janés publicó en España su primer poemario bilingüe, en farsi y castellano: La flor de los renglones (Lola Editorial, Zaragoza, 2003). En 2007 publicó en su país una antología de sus poemas, No hablamos de sus ojos (از چشمهایش نمی‌گفتیم).

Mohsen Emadi leyendo uno de sus poemas
en el Museo del Vino del Monasterio de
Veruela (Aragón) durante el IX Festival
Internacional de Poesía del Moncayo
(31 de julio de 2010).

(Foto: Albert Lázaro-Tinaut)


Estudió informática y cine, y se considera discípulo y seguidor de otro importante poeta y escritor iraní, Ahmad Shamlou (احمد شاملو, 1925-2000), gran estudioso del folklore autóctono. Creó y dirigió varios sitios web iraníes, como el sitio oficial de Ahmad Shamlou y The House of World Poets, y editó una antología en farsi, La casa de los poetas del mundo (خانه شاعران جهان, 2007), que recoge poemas de más de cien poetas modernos de diversos países, y otra de mujeres poetas afganas, Canciones de amor y guerra (آوازهای عشق و مرگ, 2008). Prepara una antología de poesía finlandesa en farsi con una beca de la fundación finesa para la literatura FILI.

Como traductor, ha vertido al farsi, sobre todo, poetas eslavos, entre los que figuran los checos Vladimir Holan y Vítězslav Nezval, la polaca Anna Świrszczyńska, la rusa Katia Kapovich y el serbio Vasko Popa. También ha traducido a su lengua poemas de Clara Janés, del rumano Nichita Stănescu, el turco İlhan Berk, la palestina Nathalie Handal y los estadounidenses Denise Levertov y Mark Strand.

Se considera anarquista y ateo, y es miembro del Movimiento Verde iraní, enfrentado con el régimen teocrático y totalitario instaurado en Irán. Actualmente trabaja en su tesis doctoral en el departamento de Cultura Digital de la Universidad de Jyväskylä (Finlandia).

Albert Lázaro-Tinaut