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domingo, 29 de septiembre de 2013

Los imazighen de Marruecos, un pueblo maquiavélicamente engañado

Baile amazigh, obra de la pintora y activista Chama Mechtaly, 
exiliada en los Estados Unidos.

Desde la frontera entre Egipto y Libia hasta las costas marroquíes del Atlántico, en las tierras del norte de África se asienta el pueblo amazigh (más conocido por la ya clásica denominación europea de bereber), formado por diversos grupos étnicos pero con una lengua común, el tamazight, [1] con sus correspondientes variantes dialectales. Son los descendientes del pueblo aborigen de ese extenso territorio, y también de las islas Canarias (los denominados genéricamente guanches, establecidos allí a partir del siglo V antes de nuestra era y castellanizados desde la conquista y cristianización forzadas de aquellas islas en el siglo XVI). 

Las islas Canarias con sus nombres en lengua tamazight.
(Fuente: http://samirajamal.blogspot.com.es, 2011)

También los tuareg, un pueblo nómada del desierto del Sáhara y el Sahel que se localiza sobre todo en el sur de Argelia y de Libia, en Malí, en el Níger y el norte de Burkina Faso, y habla una variedad propia del tamazight, son imazighen.

Caravana tuareg en Malí.
(Fuente: http://afriqasia.wordpress.com)

La presencia de imazighen es muy importante sobre todo en Argelia y Marruecos; la falta de censos (signo de la marginación de que han sido objeto, tanto en la época colonial como tras la independización de los países donde están establecidos), imposibilita la cuantificación de los individuos de los grupos étnicos imazighen que pueblan el norte de África: las cifras son confusas y varían, según las fuentes, entre los 25 y los 45 millones. Hay que sumarles los aproximadamente 2,2 millones que han emigrado a Europa.

Mapa de de los grupos dialectales bereberes,
según Davius / Benutzer:Kapitän Nemo (2008).

Las primeras invasiones militares árabes de los territorios poblados por imazighen –nómadas en su mayoría–, a partir del año 642, para someterlos e islamizarlos, tuvieron distinto éxito. No fue hasta el año 711 cuando los omeyas, a quienes se unieron numerosos imazighen convertidos a la fe mahometana, consiguieron dominar todo el norte del continente africano y, cruzando el estrecho de Gibraltar, iniciaron la conquista de la península Ibérica: la dinastía de los almorávides y, luego, la de los almohades, eran bereberes. 

El cromlech de M'Soura (o Mzora)
es uno de los escasos monumentos
preárabes que se 
conservan en 
Marruecos. Aquí lo vemos en un 
dibujo de 1830.

Fueron muchos, sin embargo, los enfrentamientos que dificultaron la conquista del Magreb (Tamazgha, en tamazight) por los musulmanes; lucharon unidas contra el invasor diversas tribus, y entre estos hechos destaca la revuelta de los años 739 y 740 y otros actos desesperados de resistencia, que resultaron inútiles. El desprecio por los imazighen nació en aquella época y continúa vigente aún en nuestros días, pese a que la convivencia entre ambos pueblos es aparentemente pacífica. El número de imazighen que se han arabizado es incalculable, y casi todos están islamizados.

Ouarzazate, al pie de las montañas
del Atlas, es una de las ciudades
marroquíes de mayoría amazigh.

Ahora se pueden contabilizar más de veinte grupos de imazighen, la mayoría de ellos localizados, como se ha dicho, en tierras argelinas y marroquíes. En las últimas décadas se han hecho muchos esfuerzos para recuperar la cultura tradicional amazigh y para adaptar y unificar distintas variedades de la lengua, usando caracteres latinos que sustituyen el peculiar alfabeto tifinagh. Con ello se facilita no sólo la difusión escrita de la lengua, sino también la enseñanza en las escuelas que la adoptan.

El alfabeto tifinagh tradicional.
(Fuente: Tlaxcala, 2010)

Para terminar esta sucinta presentación del pueblo amazigh, dejamos constancia de algunos personajes célebres que tienen en él su origen familiar: el emperador romano Septimio Severo; Yugurta, rey de Numidia que combatió a los romanos; Agustín de Hipona (san Agustín), uno de los padres de la Iglesia; Tertuliano, otro padre de la Iglesia; san Cipriano de Cartago y el papa san Melquíades.

A continuación presentamos un texto que nos ha hecho llegar el poeta y militante del Movimiento Amazigh Ali Khadaoui con ruego de difusión, en el que se aprecia la hipocresía y el desprecio con que el Estado marroquí trata a los imazighen tras una sonada (y falsa) campaña propagandística internacional en la que se reconocían “oficialmente”, en la nueva Constitución, los derechos de ese pueblo.


Albert Lázaro-Tinaut

[1] Para aclarar conceptos: amazigh es la forma singular, imazighen, su plural, y tamazight el femenino, que se aplica habitualmente a la lengua de este pueblo.


La letra yaz del alfabeto tifinagh, que representa al hombre libre, es el símbolo de la nación amazigh.


Los imazighen, rehenes
de las leyes orgánicas marroquíes


Por Ali Khadaoui

Durante más de medio siglo, el pueblo amazigh y su cultura, en todas sus manifestaciones, no sólo ha sufrido la incomprensible negación de su reconocimiento, sino también una marginación que tenía mucho de desprecio y no poco de muerte programada. Esta situación de claro apartheid tuvo como consecuencia el surgimiento del Movimiento Amazigh, social y político, que se inscribía a la vez en una continuidad identitaria del norte de África y en la modernidad a través de los valores de la democracia, la ciudadanía y los derechos humanos.

La lucha de ese movimiento, que conoció momentos difíciles cuando no desesperados bajo el régimen de Hasán II (1961-1999), encontró por primera vez una respuesta en el discurso que el nuevo rey, Mohamed VI, pronunció en Ajdir en 2001. En efecto, aquel discurso que entonces se consideró histórico y que dio pie a la creación del IRCAM (Institut Royal de la Culture Amazighe), alimentó enormes esperanzas con respecto a la resolución definitiva y equitativa de la cuestión amazigh en Marruecos. No se tuvieron en cuenta, sin embargo, los privilegios de quienes se beneficiaron a costa de la resistencia amazigh a la colonización francesa: así, todas las medidas tomadas por las más altas instancias del Estado han tardado diez años en materializarse mediante la oficialización de la lengua y la identidad de los imazighen, recogida en la Constitución marroquí de 2011. Ocultada durante mucho tiempo por el pensamiento dominante árabo-islámico, la cultura, la lengua y las tradiciones del pueblo amazigh eran reconocidas en su territorio histórico.


Manifestantes imazighen mostrando su bandera.

Sin embargo, la oficialización efectiva está sometida a unas leyes orgánicas que aún ha de redactar el gobierno y aprobar el Parlamento. El problema radica en que ni el gobierno ni el Parlamento son democráticos, y se muestran hostiles a los derechos del pueblo amazigh, lo cual supone que, de hecho, éste, su lengua y lo que ella implica son rehenes de las instituciones de un Estado que se proclama de derecho, en las que no pueden integrarse; al contrario, los derechos de los ciudadanos autóctonos imazighen son burlados permanentemente.

Al cabo de dos años de la “aprobación” por el pueblo marroquí de la Constitución de 2011, las leyes orgánicas correspondientes no han sido sometidas al Parlamento. El 2 de julio de 2013 se celebró en la capital del país, Rabat, una conferencia nacional sobre esta cuestión. En ella estuvieron presentes e hicieron uso de la palabra, sucesivamente, el Consejero del Rey, el Primer Ministro, el Presidente del Parlamento, los ministros de Comunicación y de Cultura, y después de haber escuchado los discursos de todos esos dignatarios del régimen, todos los afectados por la cuestión replicaron unánimemente que el gobierno ni tan siquiera ha empezado a reflexionar sobre ninguna iniciativa que permitiera iniciar el proceso de redacción de las leyes orgánicas que han de presentarse al Parlamento. En otras palabras, y contrariamente a lo que afirmaron unos y otros responsables, la traducción de la oficialización de la lengua tamazight en hechos no es, ahora mismo, una prioridad del gobierno; algunos llegaron incluso a mencionar que la intención del gobierno presidido desde noviembre de 2011 por Abdelilah Benkirán no tenía el propósito de presentar esas leyes orgánicas al Parlamento hasta el último año de la legislatura, con el claro propósito de ganar tiempo.


El rey Mohamed VI anunciando solemnemente la nueva Constitución
marroquí en Rabat, el 17 de junio de 2011.
(Foto © AFP/Azzouz Boukallouch)

Por otra parte, todos los altos cargos presentes en la mencionada conferencia repitieron los mismos conceptos, que los militantes imazighen consideran bombas de efecto retardado: “la cuestión amazigh afecta a todos los marroquíes”, es decir, también a quienes la combaten por todos los medios; “supone, por consiguiente, una responsabilidad de todos” (entiéndase de nadie); “no debe utilizarse políticamente”, lo cual significa que es el pueblo amazigh quien no debe utilizarla, ya que, de hecho, todos los partidos políticos la utilizan, igual que lo hace el poder, para sacar todo el provecho político de ello.

Lo más grave es que se constata la puesta en cuarentena, de facto, de las promesas escuchadas en el discurso real de Ajdir y la creación del IRCAM con el pretexto de que previamente es necesaria la aprobación de las leyes orgánicas. Así pues, nueve años de enseñanza de la lengua tamazight se retrasan ad calendas graecas. La programación televisiva limita a un 20 % los programas folklóricos dedicados a la comunidad amazigh, mientras que el 80 % de la misma se destina a programas de variedades y propagandísticos de la arabicidad. Añádase a eso que todavía están prohibidos por el Registro Civil los nombres en tamazight, que muchos militantes imazighen permanecen en prisión y que las actividades de las asociaciones imazighen están sometidas a limitaciones, cuando no a prohibiciones administrativas. Por si fuera poco, no se concede ninguna subvención a las asociaciones consideradas independientes de los partidos legalizados y del poder establecido.

Está claro que el objetivo del poder y sus aliados consiste únicamente en ganar tiempo y más tiempo para que el proceso de arabización de la sociedad amazigh, iniciado desde lo que en Marruecos se denomina “la independencia”, prosiga y se consolide, ya que en los últimos cincuenta años una política criminal de arabización ha destruido gran parte del patrimonio inmaterial amazigh. Cuando nadie sepa hablar la lengua tamazight llegará el momento de reconocer los derechos de los imazighen, que ya no podrán disfrutarlos. Varias generaciones de imazighen arabizados ni siquiera entienden lo que dicen sus parientes que han conservado la lengua autóctona. En las ciudades, e incluso en el medio rural, la comunicación familiar ya resulta más que paradójica: los padres hablan tamazight con sus hijos y éstos les responden en darija, el árabe coloquial marroquí.

De todo lo dicho se puede sacar una conclusión: la gestión marroquí de la cuestión amazigh –una gestión presentada como ejemplo en todo el norte de África por los medios de comunicación, a veces bienintencionados–, es de lo más maquiavélico: todo lo que se dice de cara a la opinión pública extranjera es fantástico y nada tiene que ver con la realidad, como se explica en esta denuncia. Ante las instancias internacionales que inquieren sobre la situación en el Estado marroquí, éste se presenta como paladín los derechos humanos, culturales y lingüísticos y proclama el ejemplo de la comunidad amazigh como pueblo autóctono respetado; la propaganda oficial se refiere a los progresos registrados al respecto en el reino, aludiendo a la Constitución, el IRCAM, el supuesto pluralismo, etc.



La sede del IRCAM (Institut Royal de la Culture Amazighe) en Rabat.

Hace pocos meses, una de las escasas diputadas que tienen la valentía de referirse a la lengua tamazight en el Parlamento marroquí fue llamada al orden, y su audacia dio como resultado la prohibición del uso del tamazight “oficial”, incluso oralmente, en dicho Parlamento con el pretexto de que la representación del pueblo (sic!) no dispone de medios de traducción, cuando es bien sabido que al reino le satisface enormemente organizar coloquios, encuentros en la cumbre y reuniones de diversos foros internacionales, que explota como tribunas propagandísticas, y en tales ocasiones sí que dispone de traductores y de los materiales necesarios en cualquier lengua del mundo. Los responsables estatales saben perfectamente que hay centenares de personas imazighen perfectamente capacitadas para traducir instantáneamente la lengua realmente autóctona del país a todas y cada una de las lenguas presentes en Marruecos: el árabe, el francés, el español e incluso el inglés.

Es evidente, pues, que la voluntad política de revalorizar la lengua y la cultura del pueblo amazigh, de integrarla realmente en las instituciones del Estado, no existe en absoluto en el reino cherifiano. Esa falta de voluntad, no obstante, queda camuflada tras un discurso aterciopelado que, curiosamente, siempre ha admirado a las elites imazighen, tan ingenuas e incrédulas ante el maquiavelismo de un majzén [1] que suele manejar con soltura las riendas del poder mediante la demagogia y basándose en la corrupción, del mismo modo que el pueblo llano no ve más que lo aparentemente positivo de una política que ni siquiera los politólogos mejor informados acaban de comprender.

Ante ese maquiavelismo heredado de los tiempos de Hasán II, que muchos de los responsables políticos de aquella época han conservado, el Movimiento Amazigh debe revisar su estrategia, sus tácticas e incluso su organización.

Como se ha dicho, parece evidente que los dirigentes marroquíes se amparan en la Constitución para conseguir que algunos asuntos se prolonguen en el tiempo y vayan pasando los años sin que se resuelvan. Mientras tanto, los ancianos que sobrevivan habrán ido desapareciendo juntamente con un importante patrimonio; lo mismo irá ocurriendo con quienes todavía hablan tamazight. Quedarán aquellos que no hablen ni comprendan esa vieja lengua, los darijófonos dispuestos a proclamarse “árabes”, aunque un decenio antes sus familias hablaran tamazight.

La política cultural genocida iniciada hace medio siglo ha dado, sin duda, los resultados que se deseaban, y continúa dándolos. Pero esta constatación no hace más que confirmar la tesis de que han sido los propios imazighen quienes han favorecido esa política: hay muchos instrumentos que permiten a los diferentes poderes del norte de África llevar a cabo una política suicida que aún no ha encontrado su lugar, en el pensamiento psicoanalítico, en su acepción de “suicidio colectivo” de un pueblo que tiene tras de sí una historia milenaria.

Traducción del francés: Albert Lázaro-Tinaut

[1] Palabra árabe (المخزن) que antiguamente designaba al Estado marroquí y que ahora se aplica corrientemente a la oligarquía y la elite dirigente –e influyente– e intelectual del país, cercana al rey y a la familia real de Marruecos. [N. del T.]

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miércoles, 2 de junio de 2010

¿Serbio, croata o serbocroata?

Entrevista al prestigioso lingüista
Ranko Bugarski

Por Bojan Munjin
Feral Tribune, Split (Croacia), 6 de septiembre de 2007

Con respecto a las cuestiones lingüísticas que se plantean actualmente, estamos seguros de que no podíamos encontrar mejor interlocutor que el profesor Ranko Bugarski: su biografía profesional es realmente impresionante. Con su Obra completa en doce tomos y una gran cantidad de trabajos en los campos de la lingüística general, la lingüística aplicada y la sociolingüística publicados en diversas revistas científicas europeas, Ranko Bugarski ejerce como profesor de Filología en la Universidad de Belgrado y en una docena de prominentes universidades europeas y norteamericanas, y es miembro de asociaciones profesionales de lingüistas en todo el mundo. Sus libros Jezik od mira do rata (‘La lengua de la paz a la guerra’), Nova lica jezika (‘Los nuevos rostros de la lengua’), Jezik u kontekstu (‘La lengua en su contexto’) Žargon (‘Jerga’) han sido reeditados varias veces, pero lo que más atrae en él es que habla de los actuales dilemas lingüísticos sin exaltarse, contrariamente a lo que es habitual hoy entre los eslavos del sur cuando se enzarzan en una discusión sobre la lengua.

Usted ha participado en un encuentro científico dedicado a las cuestiones actuales de la lengua que se ha celebrado recientemente en Split, ¿verdad?

He tenido el honor y el placer de haber sido invitado al congreso anual de la Sociedad Croata de Lingüística Aplicada, que se celebró a finales de mayo en Split, de cuya organización se ocupó mi colega Jagoda Granić, del departamento de Humanidades de la Universidad de Split. Lamentablemente, fue la última vez que vi a mi estimado colega Dubravko Škiljan, un lingüista excepcional, y no tan sólo en el ámbito croata. Desde el punto de vista profesional, esta invitación ha significado mucho para mí, pero aún más porque me parece un síntoma importante de los avances que se están haciendo con respecto a la normalización de la cooperación cultural en el territorio de la ex Yugoslavia. El tema general del encuentro ha sido la relación entre la política lingüística y la realidad de la lengua, y yo hablé sobre “La política lingüística europea entre la globalización y la diversidad”, intentando responder a la pregunta sobre el modo como esta política aparece en los programas y las actividades de las instituciones europeas, y sobre cuáles son sus objetivos y las indicaciones para los miembros de la Unión y de la comunidad europea.

¿Qué resultados ha obtenido su compromiso?

He intentado conseguir un equilibrio entre las tendencias contradictorias que suelen ponerse sobre la mesa: por un lado nos encontramos ante el avance de la globalización, cuyo símbolo principal es la lengua inglesa; por otro lado, tendemos hacia la diversificación, que afecta también al inglés y que se ha descompuesto en diversas variantes nacionales. He puesto el acento en la necesidad de mantener la variedad lingüística dentro de cada país y también en la necesidad de la diversidad en el ámbito de la comunicación internacional. En relación con ello, es importante la cuestión del multilingüismo, y aunque muchos diferencian las grandes lenguas de las pequeñas, hemos de acostumbrarnos a una manera de pensar que prevea no sólo el mantenimiento, sino también el desarrollo de las diversas lenguas. Las instituciones europeas se han fijado el objetivo de conseguir que en un determinado plazo de tiempo todos los ciudadanos de Europa sean capaces de utilizar dos lenguas además de su lengua materna, lo cual significa que, en el futuro, los ciudadanos pertenecientes a las minorías nacionales conocerán cuatro lenguas. A muchos esta exigencia les parece excesiva, pero supone el único camino para superar el etnocentrismo y el “linguacentrismo”, es decir, el encierro en un ethnos, una nación y una lengua. Ese modo de ver las cosas es muy bienvenido en el ámbito ex yugoslavo, donde a causa de las recientes guerras somos menos proclives a pensar así.

¿Qué representa para usted el concepto de identidad nacional y lingüística?

Hoy en día la identidad ya no se determina de manera tradicional, sino que está estrechamente vinculada a la etnia o la lengua. Se trata de un fenómeno dinámico y estratificado que no se determina una vez para siempre en función del lugar de nacimiento.

La identidad lingüística también es un fenómeno complejo, mucho más de lo que les parece a quienes no son especialistas en la materia, porque hay muchas personas en el mundo que tienen más de una lengua materna. La gente suele creer que cuando uno es bilingüe, lo es porque es hijo de un matrimonio mixto, pero esta norma monolingüística no es más que la expresión de la ideología romántica y del nacionalismo del siglo XIX. Mi identidad lingüística personal, por ejemplo, es mucho más amplia que mi orientación nacional, y me parece que vivir con tres lenguas y dos alfabetos, al menos desarrolla la tolerancia. Es más fácil vivir con diversas lenguas que en la estrechez de una sola lengua.

Miroslav Krleža dijo una vez que croatas y serbios son dos pueblos con una lengua y un Dios compartidos. Desde su punto de vista, ¿existe la lengua serbocroata o el serbio y el croata son dos lenguas distintas?

Hay tres niveles de observación que permiten responder a esta pregunta. En el primer nivel, que sería el lingüístico-comunicacional, no hay duda de que el croata, el serbio, el bosnio y el montenegrino son una sola lengua. Las diferencias lingüísticas entre estas lenguas son poquísimas: las cuatro utilizan el noventa por ciento de un mismo léxico y desde el punto de vista fonético, morfológico y sintáctico son muy parecidas: podemos decir, pues, que hablamos la misma lengua. Este grado tan alto de similitud se refleja, por ejemplo, en el hecho de que los habitantes del territorio de la ex Yugoslavia con una educación media o baja se comunican entre sí sin dificultad alguna.

En un segundo nivel, que definiríamos como político-simbólico, la lengua serbocroata fue sepultada juntamente con Yugoslavia, de la que era expresión simbólica y el principal medio de cohesión. Dicho de otro modo, fue sepultada porque las lenguas croata, serbia y, más tarde, bosnia y montenegrina, emergieron como lenguas de los estados que nacieron de la desintegración de Yugoslavia, y funcionan como indicadores simbólicos de las nuevas soberanías.

El tercer nivel sería el socio-psicológico, y aquí es importante comprobar cómo cualquier persona normal y corriente se relaciona con la lengua que habla. Hoy en día, la mayoría de la gente os dirá que habla serbio o croata, pero también hay quienes dicen que hablan serbocroata, o viceversa (croataserbio); y cuando lo dicen, no piensan en la política. Por si puede ser útil, yo mismo considero que mi lengua materna es el serbocroata, pero no por “yugonostalgia” o por provocación política, sino porque crecí, fui a la escuela y me formé en Sarajevo, en un ambiente excepcionalmente multicultural donde la lengua había sido siempre el serbocroata, y no veo ningún motivo para cambiar la denominación de la lengua que hablo por el hecho de que hayan cambiado las circunstancias políticas.

Desde el punto de vista científico, ¿qué ha ocurrido con estas lenguas en los últimos quince años?

Es difícil decir, por ejemplo, si la lengua serbia se ha enriquecido o se ha empobrecido; en todo caso, se ha vuelto más serbia. Con la independización de los estados y de sus lenguas nacionales se ha evidenciado la necesidad de los pueblos de demostrar que cada uno tiene una lengua distinta de las demás, con el fin de justificar simbólicamente su nueva denominación nacional. El ejemplo más significativo es el que se ha visto en el caso de la lengua croata, que es la que ha llegado más lejos con la introducción de arcaísmos y neologismos; pero también es interesante el caso de la lengua bosnia, que ha tenido que diferenciarse tanto del serbio como del croata. El único recurso para lograr la diferencia ha consistido en rebuscar en la tradición oriental e introducir turquismos y arabismos; esta “islamización” parcial de la lengua, sin embargo, resulta irrelevante desde el punto de vista lingüístico. Los hechos lingüísticos reales demuestran que esta gente, a la hora de comunicarse, habla una misma lengua, y a partir de su habla es imposible dilucidar de qué nacionalidad es cada cual. Si ahora, en Sarajevo, tuviéramos ocasión de escuchar una conversación entre tres jóvenes -un croata, un serbio y un bosnio-, no tendríamos la sensación de que hablaran lenguas distintas; pero si les preguntarais qué lengua hablan, probablemente os responderían: “la nuestra” o dirían, en broma, que hablan croata, serbio y bosnio.

Por otra parte, los miembros de las élites necesitan legitimarse en clave nacional también en cuanto a la lengua, pero no porque esas lenguas sean diferentes, sino por su promoción personal como políticos. Para tener éxito, un político “serbio” de Bosnia y Hercegovina ha de hablar serbio, un “buen” bosnio ha de hablar bosnio, y un político croata ha de hablar “más croatamente” que otro de Zagreb.

¿Es por eso que usted habló hace poco de “esquizofrenia lingüística” en Bosnia y Herzegovina?

La consecuencia de esta situación es que hay mucha gente que empieza a temer a su propia lengua y a sentirse insegura cuando se comunica públicamente: temen utilizar palabras “equivocadas”. Eso no es una situación sana. Cuando se obliga por decreto a la población que utiliza habitualmente la forma ijekava, como es el caso de los serbios de Bosnia y Herzegovina, a usar la forma ekava y a escribir con caracteres cirílicos, se provoca una situación de deterioro para el desarrollo normal de esa lengua y peligrosa para el desarrollo político de ese Estado. Dicho en términos lingüísticos: mezclar las variedades de una misma lengua en el habla desestabiliza la lengua como sistema.

¿Qué se puede decir de la propuesta de una lengua distinta llamada montenegrino?

Quienes sostienen que el montenegrino es una lengua aparte tienen un espacio muy exiguo para la “diferencia”, de modo que han tenido que dar un gran paso atrás en la historia para introducir, mediante una especie de “folklorización”, los antiguos dialectos y características regionales. Han propuesto que algunas formas morfológicas, casos y arcaísmos se introduzcan en la lengua estándar y, concretamente, han intentado introducir en la lengua fonemas completamente nuevos, como por ejemplo el fonema específico ž (žjenica en lugar de zjenica [‘pupila’]), o bien šj (šjekira en lugar de sjekira [‘hacha’]) y dz (jedzero en lugar de jezero [‘lago’]). Esta es una dirección totalmente equivocada desde el punto de vista lingüístico y no merece especial atención, ya que se trata de dialectalismos o de la simple pronunciación dialectal de algunas palabras. Este dz (en el habla coloquial de Voivodina se encuentra, por ejemplo, en la expresión popular dzevdzek – šaljivčina [‘bufón’]) se puede oír, pero no se escribe. Si Montenegro quiere tener una lengua moderna estandarizada, no tiene sentido regresar al pasado y al folklore. Y para cerrar esta discusión, conviene precisar que el nombre de una lengua es una cosa y su sustancia lingüística, otra completamente diferente.

¿Qué significa que la lengua serbia se ha vuelto “más serbia” que antes?

La lengua serbia no ha sufrido tantos intentos de diferenciación de las otras, o al menos no tantos como habría podido esperarse, ya que está vinculada a la creencia política de que los serbios supusieron una especie de pilar histórico del reagrupamiento yugoslavo; la diferenciación ha afectado sobre todo al alfabeto. Mientras que la Constitución serbia de 1990 aún permitía el uso oficial del alfabeto latino, la nueva Constitución de 2006 dice, en su artículo 10: “En la República de Serbia se utilizan oficialmente la lengua serbia y el alfabeto cirílico. El uso oficial de otras lenguas y escrituras se regula según la ley…”. Con respecto a esta ley, todavía tendremos que esperar un poco, como si tuviéramos no sé cuántas “otras lenguas y escrituras”. No obstante, yo mismo he visto la otra versión de la Constitución, que incluía como oficial también la escritura latina, así que creo que esa visión resultante de la lengua es fruto de un acuerdo con los partidos políticos conservadores que quieren marcar la exclusividad de Serbia como Estado independiente. Y eso abre puertas a la manipulación política, a decir que los serbios han escrito “desde siempre” en cirílico, que el alfabeto latino fue introducido más tarde y desde fuera por razones políticas, cuando se trataba de integrar a Serbia en Yugoslavia y en Europa… Sea como fuere, hoy podemos encontrar por las calles de Belgrado a literatos de segunda que van con una libretita bajo el brazo apuntando los letreros de las tiendas escritos con caracteres latinos para demostrar que la lengua serbia y el cirílico están amenazados.

¿Le parece útil hoy el esfuerzo para exclusivizar el cirílico en Serbia?

Los defensores de la idea de la exclusividad del cirílico dicen que “en ningún lugar del mundo existe ningún pueblo que escriba con dos alfabetos”, o bien proclaman: “mirad a los griegos, nuestro fraternal pueblo ortodoxo: escriben en su propio alfabeto y no necesitan nada más”. Olvidan, sin embargo, que escribir en dos alfabetos significa riqueza, y no decadencia. El peligro que esto origina actualmente en Serbia es que a quienes utilizan el alfabeto latino se les considere “malos serbios” o, incluso, traidores nacionales, algo que nos conduce nuevamente a la situación de los años noventa, cuando se institucionalizó la separación entre patriotas y traidores. Al fin y al cabo, ni el alfabeto latino es de origen croata, ni el cirílico es auténticamente serbio: observemos que en los tiempos del glagolítico el cirílico se utilizaba en las islas de Dalmacia y el alfabeto latino se usaba en Serbia mucho antes de que se produjeran las divisiones recientes.

¿Cuál es el problema más importante de las lenguas (nacionales) en el territorio de la ex Yugoslavia?

Se dan dos hechos de dimensión catastrófica cuando se trata de la lengua, y no sólo en Serbia; no obstante, ningún debate actual los menciona. El primero es que, por lo que respecta a Serbia, entre un tercio y la mitad de la población es funcionalmente analfabeta. Eso significa que una gran parte de la población adulta está en condiciones de firmar con su nombre, distinguir las letras y leer los titulares más sencillos de los diarios, pero tiene serias dificultades para entender textos un poco más largos, y ya no hablemos, claro está, de su capacidad para redactar cualquier tipo de texto. El segundo de estos hechos es que el nivel de cultura lingüística es inadmisiblemente bajo, y no me refiero únicamente al uso de la lengua oral y escrita, sino también a la capacidad de escuchar a los demás y de reconocer las variedades lingüísticas en la propia lengua. Una persona culta no puede ser aquella que utiliza con facilidad la lengua estándar mientras que desprecia la jerga y los dialectos. A partir de la posición que se adopta sobre la lengua y sobre las lenguas se ve muy bien qué se piensa en general de los demás; está profundamente vinculada a la cuestión de la tolerancia entre las personas.

Da la impresión de que en Serbia el espacio público se haya llenado de los discursos de los políticos, plagados de lugares comunes, que se comunican entre sí con excesos verbales y de forma agresiva. ¿Qué opina?

Sí, tiene razón, y por eso pienso que no importa demasiado en la actuación pública si se conocen las reglas de correcta acentuación de las palabras, sino que lo que verdaderamente importa es el tono de la comunicación. El lenguaje agresivo de políticos (de algunos partidos) así como el lenguaje de los medios de comunicación son la expresión lingüística de la atmósfera política que reina en la sociedad, y no hacen más que contaminar tanto la lengua como las relaciones políticas. En este sentido son característicos los excesos verbales, que han estado siempre presentes en el “folklore” de los eslavos del sur; la novedad es que se han introducido en el vocabulario político y llegan a millones de telespectadores. Lamentablemente, no podemos esperar mejoras en el “saber estar” de la comunicación lingüística mientras no cambien las relaciones políticas, aunque éstas sean impuestas desde el exterior mediante la implantación de los estándares de comunicación europeos.

Su último libro se titula Jerga. En la comunicación de hoy, ¿qué relación hay entre la lengua estándar y la jerga?

Ante todo hemos de ponernos de acuerdo sobre el concepto de jerga que, obviamente, no es sólo la lengua de la calle. En el libro he intentado estratificar este concepto en tres sentidos: la jerga de los jóvenes (que, a grandes rasgos, para mí es el slang), la jerga subcultural de los estratos sociales más pobres y de los grupos criminales (a la que corresponde la expresión francesa argot) y la jerga profesional, a la que pertenece el lenguaje de los mecánicos, los juristas, los médicos, los políticos, etc.

Podríamos decir que la jerga profesional perjudica a la lengua estándar porque carece de imaginación, suele ser repetitiva y está llena de lugares comunes, sobre todo en el caso de los políticos. Los dos primeros grupos, en cambio, son vivos, creativos, ingeniosos y actuales. Muchas formas jergales se introducen en la lengua literaria estándar a través de la terminología urbana y subcultural, salvándose del olvido, ya que son de naturaleza efímera. […]

Hemos empezado esta conversación con la globalización, y me gustaría que la termináramos con lo que usted piensa de las palabras ajenas (extranjeras) en la lengua.

No me gusta la palabra ajeno, porque tiene una connotación negativa respecto a los demás; me gusta más hablar de préstamos (léxicos) o de “prestados”, como se diría en la lengua estándar croata. Desde que el mundo es mundo, los pueblos se han prestado recíprocamente las palabras, excepto en el caso de los antiguos griegos, que no tenían a nadie de quien tomarlas. Hoy en día no se puede vivir sin palabras de origen extranjero, pero de uso local. Además de centenares de palabras de las que ningún pueblo del espacio yugoslavo ni siquiera es consciente de que son turquismos, por ejemplo, el punto de mira es actualmente la lengua inglesa, de la que se toman muchas expresiones. No hay duda de que el inglés es hoy por hoy la lengua más difundida del mundo y de que influye sobre muchas otras lenguas; pero conviene decir, de paso, que el inglés “devuelve” ahora muchos préstamos de otras lenguas que ha ido incorporando durante siglos. No podemos evitar la anglización, pero tampoco hay necesidad de hacerlo; lo que sí que hemos de hacer es utilizar los anglicismos de forma adecuada. Si vamos por la calle en Zagreb o Belgrado y preguntamos a una persona normal y corriente qué es el gay pride, no nos entenderá y no podrá respondernos, aunque esta expresión inglesa identifique un desfile de personas que tienen una determinada orientación sexual y aparezca con frecuencia en los medios de comunicación, porque a los periodistas les da pereza averiguar qué significa cualquier palabra inglesa. Este tipo de ignorancia sobre el uso de los anglicismos es lo que ahoga el espacio público de comunicación, y no el hecho de que existan anglicismos. Por consiguiente, está bien que se utilicen palabras extranjeras, pero con mesura y conocimiento de causa.

Título original: “Svaki je naški 90 posto vaški”
(http://nwbih.com/news.cgi?ref1=1222)

Traducción de Marija Djurdjevich y Albert Lázaro-Tinaut

Traducción publicada originalmente en el foro de la Casa de l’Est el 28 de septiembre de 2007
(http://www.casadelest.org/foro/topic.asp?TOPIC_ID=986).