domingo, 28 de febrero de 2016

El concepto de tiempo entre algunos pueblos africanos

(Fuente: cliffhangertv.com)

El concepto de tiempo siempre ha sido huidizo: ya Aristóteles lo identificaba de algún modo con el número (o medida) del movimiento, y Agustín de Hipona, uno de los padres de la Iglesia católica, escribe en sus Confesiones: “¿Quién podrá explicar con claridad y concisión lo que es el tiempo? ¿Quién podrá comprender en su pensamiento para poder luego decir sobre él una palabra? Y sin embargo, nada en nuestro lenguaje nos es tan conocido y familiar como él; entendemos muy bien lo que decimos o lo que nos dicen hablando del tiempo, pero, ¿qué es él en sí? Cuando nadie me lo pregunta, lo sé; pero si me lo preguntan y quiero explicarlo no lo sé”.

Jan Vansina.
(© Catherine A. Reiland)

Desde entonces mucho se ha dicho y escrito sobre el tiempo; sin embargo, no todas las culturas dan el mismo tratamiento o identifican de igual modo este concepto. En el texto que se reproduce a continuación lo podemos comprobar a través de la experiencia del etnólogo e historiador belga Jan Vansina (Amberes, 1929), especializado en las tradiciones, sobre todo orales, de los pueblos del África central y oriental. Doctorado en la Universidad Católica de Lovaina en 1957, ha sido profesor de la Universidad de Wisconsin en Madison (Estados Unidos) y ha publicado numerosos artículos, ensayos y libros en francés e inglés que se han convertido en referencia para muchos estudiosos del continente africano. Entre sus obras es obligado citar De la tradition orale: essai de méthode historique (1961, de cuya versión castellana se ha extraído este texto), Oral Tradition as History (1985), Sur les sentiers du passé en forêt. Les cheminements de la tradition politique ancienne de l’Afrique équatoriale (1991), Living With Africa (1994), Le Rwanda ancien: le royaume Nyiginya (2001) y How Societies Are Born: Governance in West Central Africa Before 1600 (2004).

Debe tenerse en cuenta, por supuesto, que las sociedades africanas han evolucionado de un modo sustancial desde principios de la década de 1960, cuando Vansina escribió esto, y que después de la publicación de esta obra otros etnólogos y antropólogos han dado a conocer sus propias experiencias: en más de medio siglo, en África se han producido cambios muy significativos que han afectado a las tradiciones de los pueblos indígenas.

Albert Lázaro-Tinaut

 (Fuente: Enkosi Africa)

La medida del tiempo

Por Jan Vansina

Los pueblos sin escritura no conocen la división del tiempo basada en conceptos de física matemática. El tiempo está dividido entre ellos según normas ecológicas o estructurales [1]. El tiempo ecológico está dividido según los fenómenos naturales que se manifiestan en ciertos momentos y regulan la actividad humana; esta forma de tiempo es cíclica y sólo raramente excede la duración de una estación o un año.

De esta forma los kongo dividen el año en estaciones. Existen dos estaciones principales: la de las lluvias y la seca. Cada una de éstas se subdivide en relación a la cantidad de lluvia que cae en la estación de las lluvias y en relación a la temperatura en la estación seca. Los nombres de las subdivisiones derivan de la lluvia misma, de la floración de ciertas plantas, del comportamiento de ciertos animales, etc. La división del día se efectúa según la posición del sol, el canto del gallo y los trabajos que se realizan en una hora determinada. Así se hablará de “primer canto del gallo”, de “el sol está inclinado”, de los “extractores del vino de palma que descienden de los árboles”, de “el tiempo en el que se habla”, etc. Existen algunos términos específicos para indicar el día, la noche, la mañana y la tarde. La semana consta de cuatro días, que tienen su origen en el nombre de las localidades donde había mercado aquel día. El mes es lunar y se subdivide en cinco partes según las fases de la luna. N0 existe interrelación entre la semana y el mes, y el mes y las estaciones.

Mujeres kongo.
(© Charline Burton / OCHA)

Esta división etiológica del tiempo es típica para la mayor parte de los pueblos de África central y las técnicas utilizadas así como la ausencia de coordinación entre los diversos sistemas parciales de cómputo del tiempo lo son también para casi todos los demás pueblos de la Tierra.

Para calcular el pasado más alejado de un año o de una estación se usa un calendario estructural. Un elemento recurrente de la estructura social sirve de punto de referencia en el tiempo. De ahí las costumbres de datar los acontecimientos en relación a los años de reinado, a una periodicidad de mercados, a una clase de tiempo, a la duración de la existencia del establecimiento de un pueblo en un lugar determinado, etc.

Máscara congoleña de principios del siglo XX.
(Fuente: artenegro.com)

Todo el pasado puede ser finalmente concebido estructuralmente. El tiempo es dividido entonces siguiendo las escisiones de la humanidad en grupos sociales o políticos después del primer ser humano; resulta de ello que el tiempo es medido por y en relación a las conexiones estructurales existentes actualmente entre diversos grupos. Estas conexiones son expresadas por una genealogía que sirve por sí misma como medida del tiempo. Toda medida del tiempo depende, pues, de un estado de sociedad actual, y el pasado sólo es el reflejo de las condiciones políticas y sociales actuales.

Pero sucede frecuentemente que el calendario estructural no remonta muy lejos en el tiempo. La cronología de los acontecimientos históricos alejados es entonces indicada por una suputación [cómputo o cálculo] del tiempo en épocas históricas, y el calendario estructural no se aplica más que en la última época. Así, para los kuba el pasado se compone de tres períodos: uno de origen, otro de migraciones y un tercero, estético, durante el cual no se han producido cambios fundamentales. El primer período no conoce divisiones de tiempo, en el segundo las listas de nombres de lugares de migración sirven de división del tiempo, y el tiempo del tercero sigue un calendario estructural.

Ceremonia ritual kuba en la República Democrática del Congo.
(Fuente: blog Trip Down Memory Lane, 2014)

Entre los alur, existen dos períodos separados uno de otro por el paso del Nilo, cuando la migración de este pueblo. La época pre-Nilo está sometida a un tiempo mítico y la pos-Nilo a un tiempo estructural. En estos dos ejemplos el tiempo mítico precede al histórico, lo cual no sucede así entre los  lugbara ni entre los habitantes de las Trobriand, donde las dos épocas subsisten colateralmente.

Los cómputos ecológicos, estructurales o por épocas, son sistemas diferentes de medir el tiempo que pueden coexistir y de hecho coexisten normalmente en un mismo pueblo. Sólo el primero de estos sistemas tiene una base física, los otros dos están enteramente condicionados por la estructura de la sociedad y los valores culturales y es particularmente claro para el sistema de la división del tiempo en épocas. Éstas representan siempre fases que los mantenedores de la cultura ven en el desarrollo de la misma: el caos, la organización de la sociedad, el establecimiento de la sociedad. Es evidente que estas concepciones deforman las tradiciones. Allí donde un período mítico se halla opuesto a un período histórico, la duración del primero está reducida a un momento y toda cronología se hace imposible. De esta forma los acontecimientos de la época mítica kuba –su estancia en el océano, sus guerras en Kwango contra los poom y los imbangala–, están situadas una al lado de otra, y la tradición no otorga una sucesión a estos acontecimientos.

En rio Kwango, en la República Democrática del Congo, 
a cuyas orillas tuvieron lugar varios enfrentamientos tribales 
durante la segunda mitad del siglo XIX.
(Fuente: Federation of the Free States of Africa)

El tiempo estructural deforma igualmente muy a menudo la cronología. Cuando está basado en una genealogía etiológica, que comprende el nacimiento de la humanidad y su división en grupos sociales existentes, la duración del tiempo no sólo se reduce a medida que se remonta más lejos de la actualidad en relación al tiempo transcurrido sino que se encuentran también superposiciones. Los antepasados que no han originado una escisión de grupos son omitidos, puesto que no tienen ninguna importancia para explicar las conexiones actuales entre los diferentes grupos.

Dietrich Westermann.

Se puede, además, afirmar en general que el tiempo estructural divide el tiempo en unidades cuya duración no es constante. La duración de un reinado o de una generación en las genealogías son ejemplos sorprendentes de este hecho. Una de las dificultades mayores en el estudio de las sociedades sin historia es la ausencia de una división de tiempo ecológico para períodos muy largos. Resulta, como dice Dietrich Westermann en el tratado sobre el valor histórico de las tradiciones africanas [2], que hay muchas malas atribuciones, mucho desorden y confusión.

[1] El tiempo estructural responde a las teorías sobre antropología estructuralista de Claude Lévi-Strauss; quien desee documentarse sobre este concepto puede leer el trabajo de Eckart Leiser: “La estructura del tiempo en historiografía”.

[2] Dietrich Westermann: Geschichte Afrikas. Staatenbildungen südlich der Sahara. Greven-Verlag, Colonia, 1952.


(Este texto se ha extraído del libro de Jan Vansina: La tradición oral. Traducción de Miguel María Llongueras. Editorial Labor, Barcelona, 1966.)

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