sábado, 6 de octubre de 2018

Nota sobre el poeta letón Pēters Brūveris (seguida de cinco poemas)

Pēters Brūveris (Foto © LETA).


Por Pietro U. Dini, Universidad de Pisa
El 16 de julio del 2011 moría a la edad de 54 años, en la ciudad de Ventspils, el poeta y traductor letón Pēters Brūveris. De su obra, todavía prácticamente desconocida e inédita en las lenguas románicas ―aunque sí traducida al alemán, lituano, inglés, sueco, búlgaro, ucraniano, turco y azerí― no podrá, desde luego, dar cuenta la breve selección que presentamos a continuación. Conviene, pues, ofrecer unos apuntes que permitan al lector acercarse a la figura intelectual de uno de los mayores poetas letones de la postguerra.

Pēters Brūveris nació en Riga el 24 de abril de 1957 y estudió en la Facultad de Cultura, Artes y Ciencias del Conservatorio Estatal de Letonia. Sus pinitos poéticos datan de 1977, aunque su primer poemario aparecería sólo diez años más tarde. Para no perder la cordura, en los años oscuros del ‘estancamiento’ conocido hoy como la “época Brézhnev”, Brūveris siguió el consejo del poeta Knuts Skujenieks, veintiún años mayor que él: “Aprenda dos o tres lenguas extranjeras”. De este modo ―según él mismo― se convirtió en traductor al letón de literaturas tan poco familiares como la azerí, la turca, la osetia, la gagauza, la mordvina y la de los tártaros de Crimea, así como los textos chamánicos de Tuvá, en el sur de Siberia.

Brūveris ha traducido también del ruso (Aleksei Kruchonyj y Iosip Brosdky), del alemán (Georg Trakl) y sobre todo del lituano (Kornelijus Platelis, Sigitas Geda, Henrikas Radauskas, Tomas Venclova y muchos más) conformando de este modo una suerte de pastiche lingüístico interbáltico al incorporar en sus composiciones en letón voces lituanas e incluso formas de la lengua de los antiguos prusianos, y mostrando a menudo un gran interés por las otras lenguas bálticas hoy desaparecidas (el galindo, el yatvingio, el curonio, el selonio o el semigalo): con razón, pues, ha sido calificado como un poeta “de inspiración panbáltica”.

Entre los textos que aquí se presentan da fe del profundo interés lingüístico de Brūveris el poema que empieza con el verso “escribir en una lengua que muere”, con nítidas referencias al destino de su lengua materna. Debe tenerse en cuenta que actualmente en Letonia solamente habla en letón el 58 % de una población total de alrededor de dos millones de habitantes (otro 34 % habla ruso; un 4,5 %, bielorruso y un 3,5 %, ucraniano). Y también es oportuno señalar que, si comparamos las estadísticas actuales con las del período de la primera independencia del país ―cuando en la década de 1930 los letones representaban el 73 % de la población, y eran todavía el 62 % en 1959― los datos evidencian el “declive étnico” proyectado en Moscú y puesto en práctica con éxito durante los años de la ocupación soviética de la nación.

Tras sus estudios, entre los años 1989 y 1991, Brūveris, además de trabajar como traductor, realizó diversas tareas relacionadas con la literatura: por ejemplo, fue asesor literario del periódico Latvijas Jaunatne (‘La Juventud Letona’) y director de la sección de literatura de la revista Literatūra un Māksla (‘Literatura y Arte’), la principal publicación cultural de Letonia.
Fueron aquellos unos años decisivos para la historia de Letonia, durante los que se desarrollaron con toda su intensidad, al igual que en el resto de las naciones del Báltico oriental, las protestas identitarias hasta que en 1990 las tres repúblicas bálticas ―Lituania, Letonia y Estonia―, sometidas hasta entonces a la Unión Soviética, recuperaron su independencia.
Entre 1987 y 2011 Pēters Brūveris escribió una veintena libros de poesía ―cuya enumeración ahorramos al lector― así como un considerable número de libros infantiles, traducciones (como ha quedado dicho antes) y textos para dibujos animados, composiciones musicales, etcétera. Recibió, además, importantes galardones, como el Premio de la Asamblea Báltica (2004), el Nacional de Literatura (2006) y el Premio Ojārs Vācietis (2006).

Pēters Brūveris y Pietro U. Dini en Nida, Lituania (2006).

Cinco poemas de Pēters Brūveris
traducidos del letón por Pietro U. Dini y Albert Lázaro-Tinaut

[escribir en una lengua que muere]

escribir en una lengua que muere
sólo arena en los labios en los dedos
escribir en una lengua que muere
puentes en el mar a la deriva

escribir en una lengua que muere
susurro de hojas y chapoteo de olas
escribir en una lengua que muere
solamente dibujos de raíces sin tronco

contar en una lengua que muere
sobre un deseo inane y silencioso
contar en una lengua que muere
algo a las hierbas que el hielo estremece

hablar en una lengua que muere
apoyando la mejilla en troncos de tilos
sólo resuenan en la detonación del trueno
crujidos de vigas en un museo

vivir en una lengua que muere
hablar desde dentro como en un pozo
que pronto se llena y en canos tejos
el viento colgará brumosos destellos

soñar en una lengua que muere
soñar con tus compatriotas
rodeado de noche por remotos espíritus
despertar bajo vigas heladas

escribir en una lengua que muere
sintiendo en el costado el soplo de un potrillo
con un dedo encima de tus párpados
para que se refleje en un liviano espejo

[izmirstošā valodā rakstīt]
izmirstošā valodā rakstīt / uz lūpām uz pirkstiem smiltis / izmirstošā valodā rakstīt / aizpeld jūriņā tilti // izmirstošā valodā rakstīt / lapu čukstus un viļņu šļakstus / izmirstošā valodā rakstīt / bez stumbra vien sakņu rakstus // izmirstošā valodā stāstīt / par klusām un veltīgām ilgām / izmirstošā valodā stāstīt / ziemelī sanošām smilgām // izmirstošā valodā runāt / piespiest vaigu pie liepu krijas / atbalsosies vien pērkona dunā / nočīkstēs muzeja sijās // izmirstošā valodā dzīvot / runāt uz iekšu kā akā / drīz aizbērs un sirmajās īvēs / vējš miglainus atspulgus sakārs // izmirstošā valodā sapņot / sapņot līdz tautas biedriem / naktsvidū urguču apņemtam / mosties zem ledainiem dziedriem // izmirstošā valodā rakstīt / ar dvašu uz kumeļa sāna / ar pirkstu uz paša plakstiem / kas atspīdot spogulī plānā


Los primeros copitos de nieve

El primer copito de nieve
baja bailando,
el segundo cae en el río
para visitar al pez siluro.

El tercero se posa en un oso
silencioso y somnoliento,
el cuarto cae sobre el techo
de un autobús azul.

El quinto copito de nieve
se sienta en la rama de un abeto,
el sexto va a parar a un cálido
bordillo negro.

El séptimo, quién sabe por qué,
busca la madriguera de un ratón,
el octavo como la perla de un collar
me da en la punta de la nariz.

El noveno y el décimo
y así todos los demás
caen uno tras otro sin cesar
para que pueda hacer bolas con ellos.

Pirmās sniegpārsliņas
Pirmā sniegpārsliņa / Nokrīt dejodama, / Otra iekrīt upē / Ciemoties pie sama. // Trešā uzkrīt lācim, / Miegainam un klusam, / Ceturtā uz jumta uzsnieg / Zilam autobusam. // Piektā sniegpārsliņa / Sēž uz egles zara, / Sestā tup uz siltā, / Melnā trotuārā. // Septītā nez kāpēc / Meklē peles alu, / Astotā kā pērle rotā / Manu degungalu. // Devītā un desmitā, / Un tās visas citas, / Lai es varu pikoties, / Krīt un krīt bez mitas.


Cada uno vive su vida

Las muchachas del fuego bailan en la estufa,
los muchachos de los vientos giran alrededor,
las serpientes, astutas, se desperezan al sol,
la cabra se tambalea en un barrote del puente.

El gato persigue a los ratones,
el tábano le pica al buey en el carrillo,
los tritones apacientan a los peces
creyendo pasar desapercibidos.

¿Oyes quién alborota detrás de los molinos?
De repente ladra y de repente enmudece,
allí, al otro lado del río, mientras conversan,
estiran las piernas cinco espectros.

Se desvanecen espectros en el lejano azul,
risas de espectros resplandecen en la hierba
mientras el sapo bebe aguardiente
y cada uno vive su vida.

Katrs savu dzīvi dzīvo
Uguns meitas krāsnī dejo, / Vēju zēni apkārt klejo, / Čūskas saulē gudri staipās, / Āzis šūpojas uz laipas. // Kaķis pelēm pakaļ staigā, / Dundurs iekož bullim vaigā, / Ūdensvīri zivis gana, / It neviens to nepamana. // Dzi, kas tur aiz meldriem čalo? / Brīžiem tumst un brīžiem balo, / Tur, pār upi staipot kājas, / Pieci spoki sarunājas. // Spoki izkūp zilā tālē, / Spoku smiekli nomirdz zālē, / Tikām krupis iedzer sīvo, / Katrs savu dzīvi dzīvo.

¿Dónde?

¿Dónde crecen más altos los árboles?
¿Dónde son más blancas las nubes?
¿Dónde es más sonoro el canto de los pájaros?
¿Dónde verdea más verde la hierba?
En mi patria.
¿Dónde son más cristalinas las fuentes?
¿Dónde son más astutas las cornejas?
¿Dónde maúllan más mimosos los gatos?
¿Dónde nadan a más profundidad los peces?
En mi patria.
¿Dónde saltan más infernales los diablos?
¿Dónde son más negras las moras?
¿Dónde florecen más diáfanos los prados?
¿Dónde es que el mundo es más cierto?
En mi patria.
Entre mi gente.

Kur?
Kur koki aug visstaltākie? / Kur mākoņi visbaltākie? / Kur putni dzied visskaļāk? / Kur zāle zeļ viszaļāk? / Dzimtenē. / Kur avoti visdzidrākie? / Kur kovārņi visgudrākie?/ Kur kaķi ņaud vismīļāk? / Kur zivis peld visdziļāk? / Dzimtenē. / Kur velli lec visellīgāk? / Kur mellenes vismellīgāk? / Kur pļavas zied viskošāk? / Kur pasaulē vis drošāk? / Dzimtenē. / Savā tautā.


[Tan bella]

Tan bella
como un manuscrito de Hölderlin
en la ventana al atardecer
se pone
más allá de las ruinas;

a lo largo de tus
en los cristales impresos
labios
se deslizan los meses
y los años,
se derrama tu cabello
por los suburbios,
a lo largo de los cercados, y se enreda
en aislados postes de farolas;

así en la ventana de una torre en ruinas
sempiterno y bello con Hölderlin sellado
tu rostro.

[Tik skaists]
Tik skaists / kā Helderlīna rokrasts / aiz loga vakars / klājas / pāri drupām; // gar tavām/ rūtij piespiestajām / lūpām / slīd mēneši / un gadi, / plūst tavi mati / cauri nomalei, / gar žogmalēm un apvijas / ap retiem laternstabiem; // tik mūžam skaista sagruvuša torņa logā / ar Helderlīnu zīmogotā/ tava seja.


[Estos textos se publicaron originalmente en el número 9 de la revista Liburna, Valencia, noviembre de 2016, pp. 169-184. El de presentación del poeta ha sido ligeramente reducido y adaptado.]

miércoles, 15 de febrero de 2017

Breves apuntes sobre Predrag Matvejević y Dritëro Agolli, ‘in memoriam’


A principios de febrero de 2017 fallecieron dos figuras representativas de las culturas balcánicas: Predrag Matvejević y Dritëro Agolli.
El intelectual yugoslavo Predrag Matvejević, nacionalizado italiano, murió en Zagreb el 2 de febrero. Había nacido en Mostar (Herzegovina, que entonces formaba parte, con Bosnia, del Reino de Yugoslavia) el 7 de octubre de 1932, de padre ruso y madre croatobosnia. En su adolescencia fue partisano titista. Estudió en las universidades de Sarajevo y Zagreb y se licenció en lengua y literatura francesas. Prosiguió sus estudios en la Sorbona de París, donde se doctoró en literatura comparada y estética con una tesis sobre el compromiso en la poesía.
A su regreso a Yugoslavia, ejerció hasta 1991 como profesor de literatura francesa, y entre 1964 y 1974 perteneció al Grupo Praxis, que publicaba una revista de humanismo marxista. Sus ideas críticas y su participación en debates políticos pusieron de manifiesto su disidencia con respecto al régimen del mariscal Tito, por lo que fue expulsado de la Liga de los Comunistas Yugoslavos.
En su libro Istočni epistolar (1992), publicado originalmente en Italia con el título Epistolario dell'altra Europa. Un panorama culturale e politico dell'Europa Centrale e Orientale. Una poetica per il dissenso di ieri e di oggi [1], pasa de la ironía a la paradoja, invitando al mariscal Tito –presdidente de la República Federativa Socialista de Yugoslavia– a dimitir por el bien del país, y a otros dos dirigentes del régimen a suicidarse para evitar la guerra. Su osadía le llevó a ser acusado de alta traición a los ideales comunistas y recibió amenazas de muerte (el buzón de su casa de Zagreb apareció un día con tres balazos), por lo que tuvo que abandonar el país y exiliarse, primero a París y después a Roma, donde ejerció como profesor de eslavística en la Universidad La Sapienza.
Su obra más famosa y divulgada en toda Europa es Mediteranski brevijar (1987), donde utiliza un vocabulario propio de las capas bajas de la sociedad, la gente modesta; y su último libro, Kruh naš, publicado en 2009 [2], se refiere básicamente a la alimentación popular y tradicional. Tanto en sus libros como en sus clases insistía en la idea de derribar los muros erigidos por los nacionalistas, tanto en la literatura como en la política. Su antinacionalismo lo llevó a crear el concepto de jugoslavenstvo, el ideal yugoslavo en el que siempre creyó, “como idea románticamente generosa de convivencia de las diversidades y del derribo de las fronteras, tanto mentales como culturales, además de las físicas”. Así lo refiere Vittorio Filippi en su artículo “Addio a Predrag Matvejevic, l’ultimo jugoslavo”, publicado en East Journal el 4 de febrero de 2017.
Cuenta la escritora y economista corsa Serena Luciani que “el reino de los encuentros con Matvejević” en Roma era el café de la plaza Mazzini, donde “recibía”. Después de haberse comprometido a orientar a Serena en la redacción de su novela Terremoto a Tirana, ésta explica: “Me citó precisamente en aquel café y se empeñó en invitarme a una buena comida. Me había hecho prometer que no le encargaría el prólogo, porque estaba muy harto de las numerosas peticiones en ese sentido que recibía, pero aquel día me dijo: ‘He leído los primeros capítulos y me sentiré honrado de escribirte un prólogo, porque esta no es una novela histórica, sino una novela de la historia’. Aquel elogio inesperado fue el mejor aliciente para continuar trabajando en el libro”.


El novelista y poeta albanés Dritëro Agolli murió en Tirana el 3 de febrero. Había nacido el 13 de octubre de 1931 en la aldea de Menkulas, junto a la frontera griega, cerca de la ciudad de Korça. Licenciado en filología en la Universidad de Leningrado, la actual San Petersburgo, desde 1974 presidió la Liga Albanesa de Escritores.
Agolli quiso conservar en sus novelas el lenguaje popular de su tierra, desafiando el desprecio de los albaneses por todo lo que se refería al mundo rural (en las ciudades estaba arraigada la idea de que los campesinos eran gente astuta que se enriquecía incluso en los tiempos de crisis y de miseria). Y aunque en Leningrado había estudiado con maestros de la categoría de Vladímir Propp, se mantuvo siempre muy próximo campo albanés, del que jamás renegó, pues le inspiraba. Ello no impidió, sin embargo, que se aproximara a las modernas tendencias culturales europeas, atraído sobre todo por el formalismo ruso y el estructuralismo.
El antropólogo cultural albanés Rigels Halili afirma que Agolli escribió su novela Njeriu me top (‘El hombre con el arma’, 1975) “de un modo más bien rústico y humorístico”. Pero él nunca fue rústico en sus maneras, aunque así ha sido juzgado su estilo en Albania por su obsesión en el uso del vocabulario popular. Eso era una singularidad y una contradicción en un país comunista donde, como ya ha quedado dicho, quienes sobresalían socialmente, en particular los ciudadanos de la capital, Tirana, siempre han menospreciado a los katundar (‘pueblerinos’ o ‘paletos’).
Sentido del humor, desde luego, no le faltaba a Dritëro Agolli. Cuando Serena Luciani lo entrevistó para Il Manifesto, describió “con efectos gogolianos” muchos episodios de su vida que le contó (con los que, dice, hubiera podido construir no una, sino diez entrevistas). El escritor rememoró, entre otras cosas, su desasosiego cuando fue una vez a casa de Propp. Lo acompañaba un coterráneo suyo muy ignorante, que apenas sabía hablar ruso. Habían dejado sus botas, empapadas por la lluvia, en la entrada, y después del ridículo que hizo aquel estudiante en el examen casero que Propp se había prestado a hacerle, salieron a toda prisa olvidando las botas. Ya en la calle, el frío hizo que se dieran cuenta del descuido, y aquel desgraciado propuso volver a casa del profesor para recuperarlas; pero Dritëro se negó en redondo, “y desde entonces aquellas botas se habrán estado balanceando tristemente, colgadas en la entrada de la casa de Propp…”.
Otra anécdota recogida en su entrevista por Serena: cuando Jruschov visitó Albania después de que se reanudaran las relaciones con la Unión Soviética, interrumpidas en 1961, fue invitado a comer en la ciudad costera de Durrës. Después de muchos brindis, ebrio, el mandatario soviético se zambulló, vestido, en el mar, sin que el KGB y la Sigurimi (la policía secreta albanesa) pudieran evitarlo. Los agentes “también se echaron al agua, vestidos y con sus gorros –explicaba Agolli–, y ya puedes imaginarte aquellos gorros balanceándose en perfecta fila, mecidos por las olas, como barquitas negras”. Sin embargo, el escritor no le dijo cuánto había sufrido, como otros, cuando a causa de la rotura de relaciones tuvo que separarse de su esposa rusa y del hijo de ambos: no volvió a verlos hasta 1990. Nunca hablaba de sus aflicciones, y se tardó años en conocer fuera de sus círculos más próximos aquel dramático episodio de su vida.
Probablemente Agolli fue de los únicos que, tras la caída del régimen comunista, hicieron enmienda pública de muchas cosas silenciadas, asumiendo la responsabilidad, algo que otros, más implicados políticamente que él, jamás se prestaron a hacer. Entre las muchas personas que le rindieron tributo a su muerte y durante su funeral, algunas sin duda disimularon su complacencia sin hacerle la más mínima concesión: todos, o casi todos (excepto los que fueron a prisión u optaron por el exilio sin formular jamás ninguna crítica), permanecieron callados hasta el final, incluso después de la muerte de Enver Hoxha y la apertura política de Ramiz Alia. [3]
Por oportunismo o por miedo, para evitar problemas o por convicción, poquísimos fueron los que se atrevieron a manifestar su oposición al régimen: cualquier crítica, por pequeña que fuera, o cualquier idea divergente podían comportar pena de muerte en aquella Albania sometida a la tiranía. Sin embargo, quienes trabajaron con Agolli en la Liga de Escritores afirman que su actitud fue siempre moderada y prudente, y que jamás manifestó simpatía alguna por el régimen, aunque, por supuesto, se guardó mucho de criticarlo. El miedo y el lavado de cerebro que inculcó la rígida dictadura hizo que incluso después de la caída del comunismo, el director del Teatro de la Ópera de Tirana mantuviera conscientemente el retrato de Hoxha en su despacho con esta justificación: “No escupo en el plato del que he comido”, palabras que Agolli utilizó literalmente en su poema “Sobre la valentía y el miedo”.
Albert Lázaro-Tinaut

[1] Fue publicado en español con el título Entre asilo y exilio: epistolario oriental. Traducción de Luisa Fernanda Garrido Ramos y Tihomir Pištelek. Editorial Pre-Textos, Valencia, 2003.
[2] Ediciones en español: Breviario mediterráneo. Traducción de Luisa Fernanda Garrido Ramos. Ediciones Destino, Barcelona, 2008. Nuestro pan de cada día. Traducción de Luisa Fernanda Garrido Ramos y Tihomir Pištelek. Editorial Acantilado, Barcelona, 2013.
[3] Enver Hoxha (1908-1985) fue Primer Ministro de la República Popular de Albania desde 1944 hasta 1954 y Secretario General del Partido del Trabajo albanés desde 1941 hasta su muerte. Fue un dictador de obediencia estalinista que ejerció el poder con mano de hierro y mantuvo a Albania aislada durante muchos años, convirtiendo el país en una auténtica prisión para sus habitantes. Ramiz Alia (1925-2011), alto dirigente del Partido del Trabajo, fue presidente de Albania entre 1982 y 1992 y dio el paso decisivo para la democratización del país mediante reformas liberalizadoras que culminaron con la privatización de la economía y la convocatoria de elecciones multipartidistas en 1991.
Este texto está basado, en gran parte, en el artículo de Serena Luciani “Per Dritëro Agolli, Tullio De Mauro, Predrag Matvejevic”, publicado en Albania News el 11 de febrero de 2017.