miércoles, 15 de febrero de 2017

Breves apuntes sobre Predrag Matvejević y Dritëro Agolli, ‘in memoriam’


A principios de febrero de 2017 fallecieron dos figuras representativas de las culturas balcánicas: Predrag Matvejević y Dritëro Agolli.
El intelectual yugoslavo Predrag Matvejević, nacionalizado italiano, murió en Zagreb el 2 de febrero. Había nacido en Mostar (Herzegovina, que entonces formaba parte, con Bosnia, del Reino de Yugoslavia) el 7 de octubre de 1932, de padre ruso y madre croatobosnia. En su adolescencia fue partisano titista. Estudió en las universidades de Sarajevo y Zagreb y se licenció en lengua y literatura francesas. Prosiguió sus estudios en la Sorbona de París, donde se doctoró en literatura comparada y estética con una tesis sobre el compromiso en la poesía.
A su regreso a Yugoslavia, ejerció hasta 1991 como profesor de literatura francesa, y entre 1964 y 1974 perteneció al Grupo Praxis, que publicaba una revista de humanismo marxista. Sus ideas críticas y su participación en debates políticos pusieron de manifiesto su disidencia con respecto al régimen del mariscal Tito, por lo que fue expulsado de la Liga de los Comunistas Yugoslavos.
En su libro Istočni epistolar (1992), publicado originalmente en Italia con el título Epistolario dell'altra Europa. Un panorama culturale e politico dell'Europa Centrale e Orientale. Una poetica per il dissenso di ieri e di oggi [1], pasa de la ironía a la paradoja, invitando al mariscal Tito –presdidente de la República Federativa Socialista de Yugoslavia– a dimitir por el bien del país, y a otros dos dirigentes del régimen a suicidarse para evitar la guerra. Su osadía le llevó a ser acusado de alta traición a los ideales comunistas y recibió amenazas de muerte (el buzón de su casa de Zagreb apareció un día con tres balazos), por lo que tuvo que abandonar el país y exiliarse, primero a París y después a Roma, donde ejerció como profesor de eslavística en la Universidad La Sapienza.
Su obra más famosa y divulgada en toda Europa es Mediteranski brevijar (1987), donde utiliza un vocabulario propio de las capas bajas de la sociedad, la gente modesta; y su último libro, Kruh naš, publicado en 2009 [2], se refiere básicamente a la alimentación popular y tradicional. Tanto en sus libros como en sus clases insistía en la idea de derribar los muros erigidos por los nacionalistas, tanto en la literatura como en la política. Su antinacionalismo lo llevó a crear el concepto de jugoslavenstvo, el ideal yugoslavo en el que siempre creyó, “como idea románticamente generosa de convivencia de las diversidades y del derribo de las fronteras, tanto mentales como culturales, además de las físicas”. Así lo refiere Vittorio Filippi en su artículo “Addio a Predrag Matvejevic, l’ultimo jugoslavo”, publicado en East Journal el 4 de febrero de 2017.
Cuenta la escritora y economista corsa Serena Luciani que “el reino de los encuentros con Matvejević” en Roma era el café de la plaza Mazzini, donde “recibía”. Después de haberse comprometido a orientar a Serena en la redacción de su novela Terremoto a Tirana, ésta explica: “Me citó precisamente en aquel café y se empeñó en invitarme a una buena comida. Me había hecho prometer que no le encargaría el prólogo, porque estaba muy harto de las numerosas peticiones en ese sentido que recibía, pero aquel día me dijo: ‘He leído los primeros capítulos y me sentiré honrado de escribirte un prólogo, porque esta no es una novela histórica, sino una novela de la historia’. Aquel elogio inesperado fue el mejor aliciente para continuar trabajando en el libro”.


El novelista y poeta albanés Dritëro Agolli murió en Tirana el 3 de febrero. Había nacido el 13 de octubre de 1931 en la aldea de Menkulas, junto a la frontera griega, cerca de la ciudad de Korça. Licenciado en filología en la Universidad de Leningrado, la actual San Petersburgo, desde 1974 presidió la Liga Albanesa de Escritores.
Agolli quiso conservar en sus novelas el lenguaje popular de su tierra, desafiando el desprecio de los albaneses por todo lo que se refería al mundo rural (en las ciudades estaba arraigada la idea de que los campesinos eran gente astuta que se enriquecía incluso en los tiempos de crisis y de miseria). Y aunque en Leningrado había estudiado con maestros de la categoría de Vladímir Propp, se mantuvo siempre muy próximo campo albanés, del que jamás renegó, pues le inspiraba. Ello no impidió, sin embargo, que se aproximara a las modernas tendencias culturales europeas, atraído sobre todo por el formalismo ruso y el estructuralismo.
El antropólogo cultural albanés Rigels Halili afirma que Agolli escribió su novela Njeriu me top (‘El hombre con el arma’, 1975) “de un modo más bien rústico y humorístico”. Pero él nunca fue rústico en sus maneras, aunque así ha sido juzgado su estilo en Albania por su obsesión en el uso del vocabulario popular. Eso era una singularidad y una contradicción en un país comunista donde, como ya ha quedado dicho, quienes sobresalían socialmente, en particular los ciudadanos de la capital, Tirana, siempre han menospreciado a los katundar (‘pueblerinos’ o ‘paletos’).
Sentido del humor, desde luego, no le faltaba a Dritëro Agolli. Cuando Serena Luciani lo entrevistó para Il Manifesto, describió “con efectos gogolianos” muchos episodios de su vida que le contó (con los que, dice, hubiera podido construir no una, sino diez entrevistas). El escritor rememoró, entre otras cosas, su desasosiego cuando fue una vez a casa de Propp. Lo acompañaba un coterráneo suyo muy ignorante, que apenas sabía hablar ruso. Habían dejado sus botas, empapadas por la lluvia, en la entrada, y después del ridículo que hizo aquel estudiante en el examen casero que Propp se había prestado a hacerle, salieron a toda prisa olvidando las botas. Ya en la calle, el frío hizo que se dieran cuenta del descuido, y aquel desgraciado propuso volver a casa del profesor para recuperarlas; pero Dritëro se negó en redondo, “y desde entonces aquellas botas se habrán estado balanceando tristemente, colgadas en la entrada de la casa de Propp…”.
Otra anécdota recogida en su entrevista por Serena: cuando Jruschov visitó Albania después de que se reanudaran las relaciones con la Unión Soviética, interrumpidas en 1961, fue invitado a comer en la ciudad costera de Durrës. Después de muchos brindis, ebrio, el mandatario soviético se zambulló, vestido, en el mar, sin que el KGB y la Sigurimi (la policía secreta albanesa) pudieran evitarlo. Los agentes “también se echaron al agua, vestidos y con sus gorros –explicaba Agolli–, y ya puedes imaginarte aquellos gorros balanceándose en perfecta fila, mecidos por las olas, como barquitas negras”. Sin embargo, el escritor no le dijo cuánto había sufrido, como otros, cuando a causa de la rotura de relaciones tuvo que separarse de su esposa rusa y del hijo de ambos: no volvió a verlos hasta 1990. Nunca hablaba de sus aflicciones, y se tardó años en conocer fuera de sus círculos más próximos aquel dramático episodio de su vida.
Probablemente Agolli fue de los únicos que, tras la caída del régimen comunista, hicieron enmienda pública de muchas cosas silenciadas, asumiendo la responsabilidad, algo que otros, más implicados políticamente que él, jamás se prestaron a hacer. Entre las muchas personas que le rindieron tributo a su muerte y durante su funeral, algunas sin duda disimularon su complacencia sin hacerle la más mínima concesión: todos, o casi todos (excepto los que fueron a prisión u optaron por el exilio sin formular jamás ninguna crítica), permanecieron callados hasta el final, incluso después de la muerte de Enver Hoxha y la apertura política de Ramiz Alia. [3]
Por oportunismo o por miedo, para evitar problemas o por convicción, poquísimos fueron los que se atrevieron a manifestar su oposición al régimen: cualquier crítica, por pequeña que fuera, o cualquier idea divergente podían comportar pena de muerte en aquella Albania sometida a la tiranía. Sin embargo, quienes trabajaron con Agolli en la Liga de Escritores afirman que su actitud fue siempre moderada y prudente, y que jamás manifestó simpatía alguna por el régimen, aunque, por supuesto, se guardó mucho de criticarlo. El miedo y el lavado de cerebro que inculcó la rígida dictadura hizo que incluso después de la caída del comunismo, el director del Teatro de la Ópera de Tirana mantuviera conscientemente el retrato de Hoxha en su despacho con esta justificación: “No escupo en el plato del que he comido”, palabras que Agolli utilizó literalmente en su poema “Sobre la valentía y el miedo”.
Albert Lázaro-Tinaut

[1] Fue publicado en español con el título Entre asilo y exilio: epistolario oriental. Traducción de Luisa Fernanda Garrido Ramos y Tihomir Pištelek. Editorial Pre-Textos, Valencia, 2003.
[2] Ediciones en español: Breviario mediterráneo. Traducción de Luisa Fernanda Garrido Ramos. Ediciones Destino, Barcelona, 2008. Nuestro pan de cada día. Traducción de Luisa Fernanda Garrido Ramos y Tihomir Pištelek. Editorial Acantilado, Barcelona, 2013.
[3] Enver Hoxha (1908-1985) fue Primer Ministro de la República Popular de Albania desde 1944 hasta 1954 y Secretario General del Partido del Trabajo albanés desde 1941 hasta su muerte. Fue un dictador de obediencia estalinista que ejerció el poder con mano de hierro y mantuvo a Albania aislada durante muchos años, convirtiendo el país en una auténtica prisión para sus habitantes. Ramiz Alia (1925-2011), alto dirigente del Partido del Trabajo, fue presidente de Albania entre 1982 y 1992 y dio el paso decisivo para la democratización del país mediante reformas liberalizadoras que culminaron con la privatización de la economía y la convocatoria de elecciones multipartidistas en 1991.
Este texto está basado, en gran parte, en el artículo de Serena Luciani “Per Dritëro Agolli, Tullio De Mauro, Predrag Matvejevic”, publicado en Albania News el 11 de febrero de 2017.

martes, 13 de septiembre de 2016

Marko Škop, un valor en alza del cine eslovaco

Marko Škop en 2015.
(Foto 
© Ľuboš Pilc / Pravda)

El realizador Marko Škop, nacido en Prešov, al este de Eslovaquia, en 1974, se doctoró en Medios de Comunicación en la Facultad de Filosofía de la Universidad Comenius (Univerzita Komenského) de Bratislava en 2005, y al mismo tiempo estudió dirección de cine en la Academia de las Artes Escénicas (Vysoká škola múzických umení) de la capital eslovaca.

Pronto cosechó éxitos con sus primeros filmes documentales: en 2006 obtuvo del Premio del Público en el Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary, y en 2009 su realización Osadné fue galardonada con el premio al Mejor Documental en el mismo certamen. Aquel año la misma película fue nominada para el premio Grierson en el Festival de Cine de Londres. Eva Nová, su primer largometraje, ganó el premio de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (FIPRESCI) en el Festival de Toronto.

Fotograma del documental Osadné.

Además de las películas citadas ha rodado Ochrana úradu (‘Autoridad de protección’, 1999), Rómsky dom (‘Roma casa’, 2001), Slávnosť osamelej palmy (‘Celebración de una palma sola’, 2005) y Svety iné (‘Otros mundos’, 2006), y ha ejercido de productor en Slepe lásky (‘Amores ciegos’, 2008), Nový život (‘Nueva vida’, 2012) y Zázrak (‘Milagro’, 2013).

Marko Škop, casado con una croata, vive entre Bratislava y Zagreb, aunque profesionalmente sigue vinculado a Eslovaquia. Actualmente es profesor de Artes en la universidad donde se formó y realiza documentales para las televisiones eslovaca, checa e italiana (RAI).
Albert Lázaro-Tinaut

Fotograma del documental Svety iné (‘Otros mundos’), rodado en la región de Šariš, en los Cárpatos eslovacos, habitada por rutenos, gitanos y judíos.

Marko Škop abordará el extremismo y la xenofobia
en su próximo proyecto

Por Martin Kudláč

Tras filmar varios documentales que tuvieron muy buena acogida por parte de la crítica, el realizador eslovaco Marko Škop dio el salto a la fama internacional con su primer largo de ficción, Eva Nová. Esta película del año 2015 gira en torno a una actriz en decadencia obsesionada por salvar la relación con su hijo, al que ha descuidado durante mucho tiempo.

La actriz Emília Vášáryová, protagonista de 
Eva Nová, en una escena de la película.

Después de haber cosechado galardones en su país y en el extranjero, Škop prepara ahora su próximo largometraje, Budiž světlo (‘Hágase la luz’). “Me interesa el tema del hombre corriente que contribuye inconscientemente, con su pequeñísima porción de culpa, al alma colectiva xenofóbica cuando se enfrenta directamente a las consecuencias del odio a través de los eventos que suceden en el marco de una familia. Me interesa el choque entre el mundo del individuo y su familia y el mundo más vasto de la familia humana. También me interesa demostrar que la corrección no es solamente una palabra, sino que significa algo: hay valores humanos que están por encima y más allá del individuo y de su propio miedo y frustración”, ha manifestado el cineasta. 

Marko Škop planea explorar esta temática a través de la historia de un Gastarbeiter (en alemán, trabajador inmigrante, literalmente, ‘trabajador invitado’) eslovaco que descubre que su hijo adolescente, integrado en un grupo nacionalista y paramilitar, ha sido acusado de maltratar y asesinar a un compañero de clase. El padre comienza una investigación para esclarecer los hechos; finalmente, acabará descubriendo toda la verdad sobre la situación y sobre sí mismo. Škop ya ha comenzado a investigar sobre el tema hablando con Gastarbeiters eslovacos en Baviera mientras trabaja en el guion, que planea completar en enero de 2017.
Budiž světlo entrará en fase de producción durante el invierno de 2017 o en el año 2018.

(Este artículo se publicó en Cineuropa el 20 de julio de 2016. Aquí se reproduce con ligeras modificaciones en la traducción del inglés.)

jueves, 26 de mayo de 2016

La personalidad y la obra del poeta estonio Juhan Liiv (1864-1913)

Monumento a Juhan Liiv en Tartu.
(Foto © Postimees / Scanpix)

(Con siete poemas de Liiv traducidos al castellano)

Por Jüri Talvet, Universidad de Tartu

Juhan Liiv es un poeta singular tanto en el contexto estonio como europeo y mundial. Perteneciente a una modestísima familia campesina, nació el 30 de abril de 1864 en la localidad de Alatskivi, muy cerca del lago Peipus, en la Estonia oriental, y nunca pudo acceder a los estudios universitarios.

Empleado durante un tiempo como redactor por el diario Olevik de Tartu, compaginó esa tarea con otros trabajos que le aseguraban la subsistencia, hasta que en 1892 decidió abandonar el periódico y, pese a su penuria, se propuso sobrevivir únicamente con el fruto de sus escritos. Se puso manos a la obra y en apenas ocho días dejó lista su mejor obra en prosa, la novela corta Vari (‘La sombra’), una apasionada protesta contra la hegemonía germánica en su país, no exenta de sutiles rasgos psicológicos.

En 1893 se le diagnosticó una enfermedad mental incurable, debida sin duda a factores genéticos, que le producía ataques y, sobre todo, manía persecutoria y alucinaciones en las que imaginaba ser hijo del zar Alejandro II y de la poeta estonia Lydia Koidula, así como el heredero del trono de Polonia… No cabe duda de que le afectaba la falta de reconocimiento de su obra por parte de la crítica.

Interior del Museo Juhan Liiv, instalado en la granja 
donde nació, a las afueras de la localidad de Alatskivi.
(Fuente: muusa.ee)

Volvió a vivir en el campo, ayudando a sus parientes en las labores agrícolas mientras se sometía a tratamiento psiquiátrico (estuvo incluso internado en un sanatorio para enfermos mentales), y hasta principios del siglo XX no reapareció en Tartu. Fue en aquella época cuando compuso sus mejores poemas, que forman el canon poético más celebrado en Estonia. Pero nunca publicó un libro preparado por él mismo.

No fue hasta el año 1904, al publicarse por entregas en los suplementos del periódico Uus Aeg sus obras en prosa y algunos de sus poemas –muchos de los cuales pertenecían a su época juvenil, anterior a su enfermedad– cuando un grupo de jóvenes escritores que formaron el movimiento intelectual y cultural Noor Eesti (‘Joven Estonia’) empezaron a interesarse por la obra de Liiv, en quien vieron un precursor de sus propias ambiciones de creación simbolista, inspiradas en el incipiente modernismo francés. En el primer álbum que publicaron, en 1905, incluyeron el poema “Noor-Eestile” (‘A la Joven Estonia’), que Liiv había compuesto para ellos. Al mismo tiempo una de las revistas más populares del país, Linda, dio a conocer varios de sus poemas más destacados.

Busto del poeta en la plaza principal de Alatskivi, la localidad donde nació.
(© JannoE / Panoramio, 2012)

En 1909 y 1910 algunos miembros de Noor Eesti seleccionaron 45 poemas de Liiv, que publicaron en dos antologías: la primera, plagada de erratas, tuvo que ser destruida, y la segunda, que fue sometida al poeta para que la diera por buena, tampoco satisfizo a éste.

A principios de 1913, unos revisores arrojaron al escritor enfermo a un terreno pantanoso desde el tren Tartu-Valga, tomándolo por un vagabundo. Este episodio, junto con su hábito de fumar, le produjo la neumonía tuberculosa que acabó con su vida el 1 de diciembre del mismo año en la aldea de Kavastu-Koosa. En 1924 fue erigido sobre la tumba de Liiv, en Alatskivi, un monumento con un bajorrelieve y su poema “Kui tume veel kauaks ka sinu maa” (‘Aunque la oscuridad permanezca mucho tiempo sobre tu tierra’).

La tumba de Juhan Liiv en el cementerio de Alatskivi.
(Fuente: dic.academic.ru)

No fue hasta después de la muerte de Juhan Liiv cuando un miembro destacado de Noor Eesti, Friedebert Tuglas –autor entre otras obras de Teekond Hispaania (‘Viaje a España’, 1918)–, decidió revisar los manuscritos del poeta que se habían conservado –y se conservan actualmente en el Museo de la Literatura de Tartu– y publicó dos selecciones (1919 y 1926) y dos monografías (1914 y 1927). A partir de aquel concienzudo trabajo los poemas de Liiv empezaron a incluirse en libros escolares, se imprimieron numerosas veces y se popularizaron. Todos, en Estonia, saben de memoria algunos de esos poemas.

A la labor de Tuglas se sumó, después de la segunda guerra mundial, la de Aarne Vinkel (1918-2006), que dejó publicada la antología Sinuga ja sinuta (‘Contigo y sin ti’, 1989, con 363 poemas), y más recientemente yo mismo ofrecí nuevas interpretaciones de la obra de Liiv y publiqué la monografía Juhan Liivi luule (‘La poesía de Juhan Liiv’, 2012) y la mayor antología editada hasta ahora de su obra poética, Lumi tuiskab, mina laulan (‘La nieve cae, mi voz canta’, 2013), con 370 poemas transcritos directamente de los manuscritos.

Juhan Liiv retratado por Nikolai Triik 
en 1909.

Sin duda, Liiv ocupa un lugar muy destacado tanto entre los poetas-filósofos europeos como mundiales. Hay una gran semejanza entre Juhan Liiv y Walt Whitman: ambos fueron prácticamente autodidactas, pese a lo cual, sin ninguna formación sistemática en filosofía ni en estética, formaron su propio sistema estético-conceptual, irreducible a modelos concretos anteriores. Les une la rebelión contra los modelos y las corrientes existentes en la poesía y la busca constante de una expresión original.

Liiv, por supuesto, no sabía nada de Whitman. Conocía a Byron a través de traducciones alemanas, pues no sabía inglés, y las de aquel entonces escasas e incipientes versiones al estonio del bardo británico, de escasa calidad. En uno de sus poemas, “Puusärk” (‘Ataúd’), Liiv ataca incluso la traducción como fenómeno, en general –la consideraba una especie de imitación que ahoga y mata la fuerza creativa e imaginativa del poeta–, comparándola precisamente con un ataúd.

Se sabe que el poeta predilecto de Liiv era Heinrich Heine. Efectivamente, en muchos de sus poemas recurría a la forma poética del verso tradicional alemán, habitual en la obra de Heine, sobre todo porque le permitía más libertad expresiva que la poesía escrita en rimas puras. La rebelión de Liiv contra la rima era muy consciente: quería que el pensamiento, en la creación poética, buscara su propia forma sin someterse a formas pre-establecidas. Ello hace que en su poesía haya mucha irregularidad formal: encontramos poemas que empiezan con una métrica y un ritmo y continúan con otro ritmo. Y si utilizaba rimas –no podía ignorar los gustos del público de su tiempo–, éstas eran intencionadamente simples, pues sabía que la lengua estonia, con su gran riqueza de formas, se prestaba poco a las rimas puras y exactas.

Liiv según un grabado del artista 
estonio Ernst Kollom (1908-1974).

Desde una perspectiva filosófica, además de los paralelismos con Heine y Whitman, Liiv seguía de algún modo, aun sin ser consciente de ello, el ejemplo del gran pensador renacentista Michel de Montaigne: ridiculizaba la corriente predominante del pensamiento occidental que había tratado de proclamar la preeminencia del intelecto y la razón sobre los sentidos y los sentimientos y, como consecuencia, establecer para el hombre –el “ser racional”– privilegios especiales en la totalidad de la naturaleza, sobre todo, irónicamente, el derecho a destruir la naturaleza en torno a él, la base misma de su existencia.

Liiv se ha hecho famoso por sus poemas patrióticos, pero el suyo era un patriotismo difícil de asumir por los nacionalistas fundamentalistas, ya que al tiempo que afirmaba el derecho a la individualidad e independencia de toda nación, grande o pequeña, incluyendo la propia, Estonia, criticaba duramente la vulgaridad y la avidez materialista de los estonios. Por otra parte, afirmaba la totalidad vital, espiritual y corporal al mismo tiempo, en la que todo elemento era indispensable y en la que no debía haber “primeros” o “amos” que aspiraran a establecer su superioridad y su dominio sobre “otros”, socialmente “segundos” o “terceros”, o sobre la naturaleza del entorno de los humanos. El fermento de esta totalidad es el amor, que mucho más que con las aspiraciones racionalistas y materialistas de la estirpe humana tiene que ver, según el ideario de Liiv, con su ser profundo y la parte más noble de su creación.

Como pocos poetas contemporáneos, Juhan Liiv logró sintetizar su filosofía con una imagen poética original e irrepetible. Creó una larga serie de poemas líricos, de gran sensibilidad y concentración, que transmitían el sentimiento trágico de la existencia y, a la par, lo bello y lo purificador, en el sentido espiritual, cuya fuente sempiterna es la naturaleza. Otra parte de la creación poética de Liiv es irónica y humorística: observa con una sonrisa melancólica situaciones humanas y paradojas de nuestra vida cotidiana, y al mismo tiempo derrumba los falsos ideales de la humanidad, que en nombre del “progreso” materialista han ido aniquilando o socavando las bases de su propia existencia.


Sello emitido por el correo de Estonia en 2014 para conmemorar 
el 150.º aniversario del nacimiento de Juhan Liiv.

Siete poemas de Juhan Liiv


Vuela hacia la colmena

Revolotea de flor en flor
y vuela hacia la colmena;
mientras se yerguen nubes de tormenta, 
vuela hacia la colmena.
Son miles las que caen en el camino
y miles las que alcanzan su destino.
Llevan consigo el cuidado y la pena
y vuelan hacia la colmena.

Así, alma mía, en horas tan severas,
cómo ansías la patria;
ya sea aquí o en tierras extranjeras:
¡cómo ansías la patria!          
Y aunque desde ella sople un viento letal
aunque te amenace una bala fatal,
olvidas la muerte y las amarguras
y en pos de la patria te apresuras.

(1905)

Ta lendab mesipuu poole
Ta lendab lillest lillesse, / ja lendab mesipuu poole; / kui kõuepilv tõuseb ülesse, / ta lendab mesipuu poole. / Ja langevad teele tuhanded –  / neist koju jõuavad tuhanded. / Ja viivad vaeva ja hoole / ja lendavad mesipuu poole. // Nii hing, oh hing, sa raskel a’al – / kuis ihkad sa isamaa poole; / kas kodu sa, kas võõral maal: / kuis ihkad sa isamaa poole! / Ja puhugu sulle säält surmatuul / ja lennaku vastu surmakuul: / sa unustad surma ja hoole / ja tõttad isamaa poole!


A la Joven Estonia

¡No me alaben!
A mí no me alaben,    
sería seguramente
un penoso error.

Terribles son mis poemas
y mi corazón también,
como aciago es mi destino,
¡no, no me alaben!

Mejor alaben
a aquellos que lucen
engalanados de ciencia
su diáfano quehacer.

Y si no los hubiese,
imagínenlos,
sumen todas sus virtudes,
no, no me alaben.

Tomen todas las raleas,
a nuestros ancestros,
a sus muy queridas tumbas,  
a sus propios padres,       
     
luego quizás encuentren 
en su madurez
jóvenes que les alaben,
pero a mí no, no me alaben.

(1905)

Noor-Eestile
Mind ärge austage – / ei iial iganes! / Üks valus vale mõiste / on liikvel aja sees. // Nad hirmsad on, mu laulud, / ja hirmus mu süda sees, / nii hirmus nagu mu saatus – / ei, mind mitte iganes! // Te austage mehi, / kes kasvand valguses, / kes teaduses krooni saanud, / kel töö on selguses. // Ja kui neid mehi ei ole, / siis endil’ nad mõelge, / kõik voorused mõelge kokku – / ei mind mitte tõesti! // Kõik voorused mõelge kokku, / me esivanemad, / me kallid, kallid kalmud – / ja endi vanemad: // siis leiate ehk mehe, / kui üles kasvate, / kes oleks noorte ehe, / ei, mind mitte tõesti!


Una boca

Una boca, tan vieja
como una triza de mi terruño;
y un rostro pensativo,
de dulce cuño.

Y el rostro pensativo,
de tanto aprecio;
tan quedo, doloroso
en su silencio.

Tan preciado, tan tranquilo
y tan quebrado,
tan claro y bondadoso
y tan dorado.

Así es mi madre,
mi trocito de arcilla;
así es mi madre,
¡alhaja que tanto brilla!

(1909-1910)

Üks suu
Üks suu, nii vana / kui mullake; / ja mõtteis nägu / nii vagune. // Ja mõtteis nägu, / nii aus ta; / nii vaikne, valulja sõnata. // Nii aus, nii vaikne, / nii mullane, / nii selge ja õige / ja kullane. // See on mu ema, / mu mullake, see on mu ema, / mu kullake!


La hija del gitano

Del gitano soy la hija
que de pueblo en pueblo va.
Perlas en el pelo, oro en la pechera,
hambrienta y sin hogar.

No tengo patria,
no conozco parentela.
Perlas me coronan, piojos en el pelo,
¡mi belleza es digna de alabar!

Me ensalzan canto y poema
–dos gitanos sin hogar–,
nada tienen en el mundo,
y yo, gitana, tampoco.

(1910)

Mustlase tütar
Mustlase tütar olen ma, / käin külast külasse, linna ka. / Mul pärlid pääs, kuld rinnassa, / ma ise näljas ja – koduta! // Ei minul ole isamaad, / ei tunne ma, kes mu vanemad. / Mul pärlid juustes, täid juuste all – / mu ilu on kiitustest kõlaval! / Mind kiidab luule ja lauluhääl – / kaks koduta mustlast maailma pääl: / neil enestel pole midagi / ja mustlasel nõndasamuti!


¡Ayer vi Estonia!

¡Ayer vi Estonia!        
Vi casuchas, saunas,
vi maletas y bolsas,
en el campo montones de piedras,
¡ayer vi Estonia!

¡Ayer vi Estonia!
Las granjas en ruinas,
¡oh qué inciertas sus veredas!
Enebro y aliso, malas hierbas.
¡Ayer vi Estonia!

¡Ayer vi Estonia!
Todo setos y rastrojos,
un lugar de fealdad y sueño,
un mundo soñado, oscuro y quieto.
¡Ayer vi Estonia!

(Publicado póstumamente, en 1926)

Eile nägin ma Eestimaad!
Eile nägin ma Eestimaad! / Nägin hurtsikuid, saunasid, / nägin bagaaži ja paunasid, / väljal kivivõsa aunasid – / eile nägin ma Eestimaad! // Eile nägin ma Eestimaad! / Lagunud talumajasid! / Oh kui rammetuid rajasid! / Kadaka-, lepavõsasid! / Eile nägin ma Eestimaad! // Eile nägin ma Eestimaad! / Põõsastikud ja võsad kõik / suikumise ja näotuse paik, / vaimuilm nii hämaras, vaik – / eile nägin ma Eestimaad!

Manuscrito del poema “Eile nägin ma Eestimaad!” (‘¡Ayer vi Estonia!’), 
conservado en el Museo de la Literatura de Tartu.


Mi partido

Soy cada día de muchas opiniones:
republicano, conservador, burgués,
obrero, sí, incluso noble,
y quién sabe dónde vagaría mi mente
si olvidara una parte: mi lengua estonia.

Por tanto, mi partido es la lengua estonia.

(Publicado póstumamente, en 1926)

Minu erakond
Ma olen iga päev nii mitu-mitu-meelne, / ka vabameelne, vana-, kodanlane, / kas töömees, jah, ka aadel mõnikord. / Ja kes veel teab, kuhu rändaks meel, / kui ununeks üks erakond: mu eesti keel. // Nii järelikult: minu erakond on eesti keel.


Al lago por el bosque      

Los hijos del pescador van
al lago por el bosque,
mejillas rosadas, descalzos…             
Al lago por el bosque.

Los hijos del pescador van
al lago por el bosque,
un pececillo nada hacia la red
al lago por el bosque.

Pobreza, penas, pescadores
al lago por el bosque.
Un general grita, brillan espadas
al lago por el bosque.

Varios pueblos caen, sucumben
al lago por el bosque.
Los hijos del pescador van
al lago por el bosque.

(Publicado póstumamente, en 1953)

Järve kaldal, nõmme all
Kalamehe lapsed jooksvad / järve kaldal, nõmme all, / punapõsksed, paljasjalgsed ... / Järve kaldal, nõmme all. // Kalamehe lapsed jooksvad / järve kaldal, nõmme all, / kalakesed võrku jooksvad / järve kaldal, nõmme all. // Vaesus, hädad, kalamehed / järve kaldal, nõmme all. / Kindral ajab, mõõgad läikvad / järve kaldal, nõmme all. // Mitmed riigid kokku langvad / järve kaldal, nõmme all: / kalamehe lapsed jooksvad / järve kaldal, nõmme all.

Cubierta de la antología poética de Juhan Liiv, en estonio y castellano, La nieve cae, mi voz canta, publicada por Ediciones Xorki, de Madrid, en 2014.















(El texto es una adaptación resumida de la introducción escrita por el Prof. Jüri Talvet para la antología bilingüe de Juhan Liiv, en estonio y castellano, La nieve cae, mi voz canta, publicada por Ediciones Xorki,
de Madrid, en 2014, con un centenar de poemas traducidos por Ángela Artero Navarro y Albert Lázaro-Tinaut en colaboración con el propio 
Jüri Talvet. Los poemas han sido reproducidos de la misma antología; 
las versiones de “Vuela hacia la colmena” y “Una boca” son de Albert Lázaro-Tinaut; las otras cinco, de Ángela Artero Navarro.)

Clic sobre las imágenes para ampliarlas.


domingo, 28 de febrero de 2016

El concepto de tiempo entre algunos pueblos africanos

(Fuente: cliffhangertv.com)

El concepto de tiempo siempre ha sido huidizo: ya Aristóteles lo identificaba de algún modo con el número (o medida) del movimiento, y Agustín de Hipona, uno de los padres de la Iglesia católica, escribe en sus Confesiones: “¿Quién podrá explicar con claridad y concisión lo que es el tiempo? ¿Quién podrá comprender en su pensamiento para poder luego decir sobre él una palabra? Y sin embargo, nada en nuestro lenguaje nos es tan conocido y familiar como él; entendemos muy bien lo que decimos o lo que nos dicen hablando del tiempo, pero, ¿qué es él en sí? Cuando nadie me lo pregunta, lo sé; pero si me lo preguntan y quiero explicarlo no lo sé”.

Jan Vansina.
(© Catherine A. Reiland)

Desde entonces mucho se ha dicho y escrito sobre el tiempo; sin embargo, no todas las culturas dan el mismo tratamiento o identifican de igual modo este concepto. En el texto que se reproduce a continuación lo podemos comprobar a través de la experiencia del etnólogo e historiador belga Jan Vansina (Amberes, 1929), especializado en las tradiciones, sobre todo orales, de los pueblos del África central y oriental. Doctorado en la Universidad Católica de Lovaina en 1957, ha sido profesor de la Universidad de Wisconsin en Madison (Estados Unidos) y ha publicado numerosos artículos, ensayos y libros en francés e inglés que se han convertido en referencia para muchos estudiosos del continente africano. Entre sus obras es obligado citar De la tradition orale: essai de méthode historique (1961, de cuya versión castellana se ha extraído este texto), Oral Tradition as History (1985), Sur les sentiers du passé en forêt. Les cheminements de la tradition politique ancienne de l’Afrique équatoriale (1991), Living With Africa (1994), Le Rwanda ancien: le royaume Nyiginya (2001) y How Societies Are Born: Governance in West Central Africa Before 1600 (2004).

Debe tenerse en cuenta, por supuesto, que las sociedades africanas han evolucionado de un modo sustancial desde principios de la década de 1960, cuando Vansina escribió esto, y que después de la publicación de esta obra otros etnólogos y antropólogos han dado a conocer sus propias experiencias: en más de medio siglo, en África se han producido cambios muy significativos que han afectado a las tradiciones de los pueblos indígenas.

Albert Lázaro-Tinaut

 (Fuente: Enkosi Africa)

La medida del tiempo

Por Jan Vansina

Los pueblos sin escritura no conocen la división del tiempo basada en conceptos de física matemática. El tiempo está dividido entre ellos según normas ecológicas o estructurales [1]. El tiempo ecológico está dividido según los fenómenos naturales que se manifiestan en ciertos momentos y regulan la actividad humana; esta forma de tiempo es cíclica y sólo raramente excede la duración de una estación o un año.

De esta forma los kongo dividen el año en estaciones. Existen dos estaciones principales: la de las lluvias y la seca. Cada una de éstas se subdivide en relación a la cantidad de lluvia que cae en la estación de las lluvias y en relación a la temperatura en la estación seca. Los nombres de las subdivisiones derivan de la lluvia misma, de la floración de ciertas plantas, del comportamiento de ciertos animales, etc. La división del día se efectúa según la posición del sol, el canto del gallo y los trabajos que se realizan en una hora determinada. Así se hablará de “primer canto del gallo”, de “el sol está inclinado”, de los “extractores del vino de palma que descienden de los árboles”, de “el tiempo en el que se habla”, etc. Existen algunos términos específicos para indicar el día, la noche, la mañana y la tarde. La semana consta de cuatro días, que tienen su origen en el nombre de las localidades donde había mercado aquel día. El mes es lunar y se subdivide en cinco partes según las fases de la luna. N0 existe interrelación entre la semana y el mes, y el mes y las estaciones.

Mujeres kongo.
(© Charline Burton / OCHA)

Esta división etiológica del tiempo es típica para la mayor parte de los pueblos de África central y las técnicas utilizadas así como la ausencia de coordinación entre los diversos sistemas parciales de cómputo del tiempo lo son también para casi todos los demás pueblos de la Tierra.

Para calcular el pasado más alejado de un año o de una estación se usa un calendario estructural. Un elemento recurrente de la estructura social sirve de punto de referencia en el tiempo. De ahí las costumbres de datar los acontecimientos en relación a los años de reinado, a una periodicidad de mercados, a una clase de tiempo, a la duración de la existencia del establecimiento de un pueblo en un lugar determinado, etc.

Máscara congoleña de principios del siglo XX.
(Fuente: artenegro.com)

Todo el pasado puede ser finalmente concebido estructuralmente. El tiempo es dividido entonces siguiendo las escisiones de la humanidad en grupos sociales o políticos después del primer ser humano; resulta de ello que el tiempo es medido por y en relación a las conexiones estructurales existentes actualmente entre diversos grupos. Estas conexiones son expresadas por una genealogía que sirve por sí misma como medida del tiempo. Toda medida del tiempo depende, pues, de un estado de sociedad actual, y el pasado sólo es el reflejo de las condiciones políticas y sociales actuales.

Pero sucede frecuentemente que el calendario estructural no remonta muy lejos en el tiempo. La cronología de los acontecimientos históricos alejados es entonces indicada por una suputación [cómputo o cálculo] del tiempo en épocas históricas, y el calendario estructural no se aplica más que en la última época. Así, para los kuba el pasado se compone de tres períodos: uno de origen, otro de migraciones y un tercero, estético, durante el cual no se han producido cambios fundamentales. El primer período no conoce divisiones de tiempo, en el segundo las listas de nombres de lugares de migración sirven de división del tiempo, y el tiempo del tercero sigue un calendario estructural.

Ceremonia ritual kuba en la República Democrática del Congo.
(Fuente: blog Trip Down Memory Lane, 2014)

Entre los alur, existen dos períodos separados uno de otro por el paso del Nilo, cuando la migración de este pueblo. La época pre-Nilo está sometida a un tiempo mítico y la pos-Nilo a un tiempo estructural. En estos dos ejemplos el tiempo mítico precede al histórico, lo cual no sucede así entre los  lugbara ni entre los habitantes de las Trobriand, donde las dos épocas subsisten colateralmente.

Los cómputos ecológicos, estructurales o por épocas, son sistemas diferentes de medir el tiempo que pueden coexistir y de hecho coexisten normalmente en un mismo pueblo. Sólo el primero de estos sistemas tiene una base física, los otros dos están enteramente condicionados por la estructura de la sociedad y los valores culturales y es particularmente claro para el sistema de la división del tiempo en épocas. Éstas representan siempre fases que los mantenedores de la cultura ven en el desarrollo de la misma: el caos, la organización de la sociedad, el establecimiento de la sociedad. Es evidente que estas concepciones deforman las tradiciones. Allí donde un período mítico se halla opuesto a un período histórico, la duración del primero está reducida a un momento y toda cronología se hace imposible. De esta forma los acontecimientos de la época mítica kuba –su estancia en el océano, sus guerras en Kwango contra los poom y los imbangala–, están situadas una al lado de otra, y la tradición no otorga una sucesión a estos acontecimientos.

En rio Kwango, en la República Democrática del Congo, 
a cuyas orillas tuvieron lugar varios enfrentamientos tribales 
durante la segunda mitad del siglo XIX.
(Fuente: Federation of the Free States of Africa)

El tiempo estructural deforma igualmente muy a menudo la cronología. Cuando está basado en una genealogía etiológica, que comprende el nacimiento de la humanidad y su división en grupos sociales existentes, la duración del tiempo no sólo se reduce a medida que se remonta más lejos de la actualidad en relación al tiempo transcurrido sino que se encuentran también superposiciones. Los antepasados que no han originado una escisión de grupos son omitidos, puesto que no tienen ninguna importancia para explicar las conexiones actuales entre los diferentes grupos.

Dietrich Westermann.

Se puede, además, afirmar en general que el tiempo estructural divide el tiempo en unidades cuya duración no es constante. La duración de un reinado o de una generación en las genealogías son ejemplos sorprendentes de este hecho. Una de las dificultades mayores en el estudio de las sociedades sin historia es la ausencia de una división de tiempo ecológico para períodos muy largos. Resulta, como dice Dietrich Westermann en el tratado sobre el valor histórico de las tradiciones africanas [2], que hay muchas malas atribuciones, mucho desorden y confusión.

[1] El tiempo estructural responde a las teorías sobre antropología estructuralista de Claude Lévi-Strauss; quien desee documentarse sobre este concepto puede leer el trabajo de Eckart Leiser: “La estructura del tiempo en historiografía”.

[2] Dietrich Westermann: Geschichte Afrikas. Staatenbildungen südlich der Sahara. Greven-Verlag, Colonia, 1952.


(Este texto se ha extraído del libro de Jan Vansina: La tradición oral. Traducción de Miguel María Llongueras. Editorial Labor, Barcelona, 1966.)