domingo, 31 de enero de 2016

Los judíos en Rumanía: pasado y presente

La Sinagoga Mare (Gran Sinagoga) de Bucarest, tras su restauración 
completa y su reapertura en julio de 2007.

Introducción

En Rumanía, cuya población es de unos veintiún millones de habitantes, la comunidad judía, antes numerosa, ha quedado reducida a alrededor de 14.000 individuos. La mayoría de éstos son judíos asquenazíes, pero en algunas de las principales ciudades del país (Bucarest, Iași, Cluj, Oradea...) se encuentran todavía pequeñas comunidades sefardíes: son reliquias del pasado, e incluso muchos sefardíes rumanos han abandonado el judaísmo. La Federación de Comunidades Judías (Federaţia Comunităţilor Evreieşti din România), con sede en Bucarest, es el principal órgano de coordinación de las actividades de los judíos rumanos y publica la revista mensual Realitatea Evreiască (‘La Realidad Judía’) fundada en 1956 por el rabino Moses Rosen con el nombre de Revista Cultului Mozaic (‘Revista del Culto Mosaico’).


Desde la Edad Media, los judíos se asentaron en los principados de Valaquia (Țara Românească), Moldavia (Moldova) y Transilvania (Erdély, en húngaro; Siebenbürgen, en alemán), que entre los siglos XV y XIX (hasta finales del XVII, en el caso de Transilvania) fueron estados vasallos del Imperio otomano y más tarde, tras diversas vicisitudes, se integraron en el Reino de Rumanía (1881-1947), y sucesivamente en la República Popular Rumana (1947-1958), la República Socialista de Rumanía (1958-1989) y la República de Rumanía actual. Situadas en una zona de intersección de fronteras y limítrofe con reinos e imperios poderosos, las tierras de aquellos principados fueron un área de controversias y, al mismo tiempo, de confluencia cultural.

La evolución del Imperio otomano según un mapa diseñado por Ilya U. Topper.
(Fuente: www.mediterraneosur.es)

El tratado de paz de Karlowitz entre Austria y Turquía sancionó en 1699 la anexión de Transilvania, como un principado autónomo, al Imperio austriaco de los Habsburgo, y el Imperio otomano, por su parte, introdujo en Moldavia (1711) y Valaquia (1716) el régimen fanariota, que se mantuvo hasta 1821 con voivodas griegos corruptos y fieles a los turcos que incrementaron el control político y económico otomanos.

Violenta imagen del levantamiento popular de 1821 en Bucarest, 
que puso fin al odiado régimen fanariota (grabado alemán de la época).

El actual suelo rumano fue, durante mucho tiempo, campo de batalla en las numerosas guerras que enfrentaron a los imperios austriaco y ruso desde 1710 hasta 1856, enfrentamientos que no sólo devastaron el territorio, sino que produjeron amputaciones territoriales y no pocos desplazamientos de población. El mosaico étnico de la Rumanía actual da fe de ello. Desde principios del siglo XIX los principados rumanos (con la excepción ya mencionada de Transilvania) se fueron distanciando del Imperio otomano y se inició un proceso de identificación durante el cual la población fue concienciándose de su pertenencia a una misma nación, hasta que en 1862 se fundó la nación rumana moderna, se estableció su capitalidad en Bucarest y se inició la lucha por la independencia con el respaldo de Rusia.

Tropas rumanas cruzando el Danubio para ocupar la Dobruja en 1878, 
durante la guerra ruso-turca (pintura de Henryk Dembitzky).

La Rumanía sefardí y la inmigración de los asquenazíes

La llegada a Valaquia de los primeros judíos sefardíes (del hebreo ספרדים [Yehudei Sfarad], literalmente “los judíos de España”) está documentada por primera vez en 1496. La migración de los judíos ibéricos a los Balcanes fue favorecida por el sultán otomano Beyazid II, quien envió incluso buques de su Armada para transportar desde las costas españolas a numerosos judíos expulsados por los Reyes Católicos en 1492.

Alexandros Ypsilantis.

La convivencia de las comunidades judías con los habitantes de las regiones balcánicas ocupadas por los turcos fue siempre respetuosa e incluso, con frecuencia, valorada: en 1818, por ejemplo, el príncipe Alexandros Ypsilantis (fanariota griego) nombró primer hahambaşı (‘gran rabino’) de Valaquia y Moldavia (con residencia en Iași) a Betalel Cohen, hijo del rabino Naftalí Cohen, que había sido hombre de confianza del sultán Mustafa III. A partir de 1834, los propios judíos fueron autorizados a elegir a sus rabinos, aunque ya sin el título oficial de hahambaşı.

Los sefardíes, sin embargo, empezaron a perder influencia a partir de finales del siglo XIX, cuando comenzaron a llegar a Valaquia y Moldavia oleadas de asquenazíes (del hebreo יהודי אשכנז [Yehudei Ashkenaz], literalmente “los judíos de Alemania”), de lengua yiddish, huyendo de las persecuciones de que eran objeto en Rusia y Galitzia.

Puerta de la sinagoga de Gherla 
(Szamosújvár), Transilvania.
(Fuente: Flickr Hive Mind)

Los judíos sefardíes están documentados por primera vez en tierras del Principado de Transilvania, concretamente en la ciudad de Alba Iulia (Gyulafehérvár, en húngaro; Carlsburg, en alemán), en 1591. La emigración de los judíos a Transilvania continuó hasta el año 1848, cuando se impusieron restricciones de residencia: el número de judíos censados en aquella región histórica pasó de unos 2000 en 1766 a más de 30.000 en 1880. La ciudad fronteriza de Timișoara (Temesvár, en húngaro; en alemán, Temeschburg) fue colonizada por judíos sefardíes antes de la llegada de los asquenazíes. Las dos sinagogas de la ciudad, la sefardí y la asquenazí, se construyeron en 1762.

Desde principios del siglo XIX, el norte de Moldavia se convirtió en el centro cultural y de la vida judía, sobre todo a causa de las migraciones de asquenazíes desde Rusia: en 1803 sólo había 15.000 judíos en Moldavia, y en 1899 ya eran 197.000. En Valaquia, los judíos eran apenas 4000 en 1831, habían aumentado hasta unos 9000 en 1859 y llegaron a ser 61.000 en 1899. Desde finales del siglo hasta 1914 emigraron más de 75.000 judíos rumanos, sobre todo a los Estados Unidos.

Familia de judíos rumanos establecida en Filadelfia (Pensilvania,
Estados Unidos) a finales del siglo XIX.
(Fuente: www.jewhishgen.org)

Fueron numerosos los judíos que rumanizaron sus apellidos: Avramescu, Isacescu, Iacobescu; Aroneanu, Ocneanu, Podoleanu. O bien los adoptaron a partir de sus oficios: Ciubotaru o Ciubotarul (‘zapatero’), Fieraru (‘herrero’), Pescaru (‘pescador’)… Los apellidos específicos sefardíes muestran las raíces multiétnicas de éstos o sus antiguas procedencias: Aftalion, Alcaly, Alfandari, Behar, Granini, Medina, Mitani, Nahmias, Papo, Semo, etc., según hubieran llegado directamente de la península Ibérica o a través de Italia, Grecia, Turquía y los países del norte de África.

El ladino o judeoespañol se habló durante mucho tiempo en tierras de la actual Rumanía, sobre todo en las ciudades portuarias del Danubio y en la Dobruja Meridional.

Localización de las principales comunidades sefardíes
en Moldavia y Valaquia a finales del siglo XIX.
(Fuente: Sephardic Studies)

El Holocausto y sus consecuencias

En el verano de 1940 Rumanía sucumbió a la presión alemana, y luego Besarabia y la mitad septentrional de la Bucovina quedaron integradas en la Unión Soviética; el norte de Transilvania pasó a Hungría, y el sur de Dobruja, a Bulgaria. El antisemitismo se extendió por todo el país, primero tras la proclamación del Estado Nacional Legionario (Statul Naţional-Legionar Român), y especialmente tras la llegada al poder del dictador filonazi Ion Antonescu y la acción de la organización ultranacionalista y antisemita Garda de Fier (‘Guardia de Hierro’).

La gran sinagoga sefardí de Bucarest (el Kahal Grande), 
destruida por la Guardia de Hierro en enero de 1941.

Muchísimos hogares de judíos fueron saqueados, sus tiendas incendiadas, numerosas sinagogas profanadas; durante el pogromo de Bucarest de enero de 1941, dos de ellas quedaron incluso arrasadas: el Kahal Grande, la gran sinagoga sefardí de Bucarest, y la vieja bet ha-midrash (‘casa de estudios). Algunos líderes de la comunidad bucarestina fueron encarcelados y los fieles, expulsados de las sinagogas por la fuerza, torturados y asesinados.

Más de 264.000 judíos y gitanos perecieron en los campos de exterminio nazis durante la segunda guerra mundial, víctimas del denominado Holocausto rumano. La mayoría de los supervivientes huyeron luego de la Rumanía comunista y emigraron a Israel o los Estados Unidos. Solamente unos 14.000 judíos, la mayoría mayores de sesenta años, viven hoy en Rumania.

Albert Lázaro-Tinaut




[Este texto está basado en varias fuentes, pero sobre todo en el artículo (sin firma) “Sephardic Jewish community in Romania”, publicado en Sephardic Studies, del Stroum Center for Jewish Studies de la Universidad de Washington y reproducido en el boletín eSefarad el 2 de enero de 2016.]

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